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Crónica de un fracaso

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Como ocurre habitualmente con las grandes historias, que involucran actores y guionistas de elite, esperamos sentados en el sillón por la genialidad que destruya la monotonía y cambie el libreto. Sin embargo, esta vez, la filosofía del Maestro Zen nunca pudo destruir la crónica de una muerte anunciada. Quizás podemos concluir que no es lo mismo tomar las riendas del equipo que el comando de una franquicia. Quizás haya sido el entorno, esa Gran Manzana reluciente y atractiva, la que lo convirtió en uno más de los Adanes del deporte profesional: fue la tentación de ese bocado inevitable lo que lo expulsó del mundo de los semidioses y lo llevó al cadalso de los hombres de carne y hueso.

Lo cierto es que Phil Jackson fracasó rotundamente como capataz de la franquicia más difícil del básquetbol mundial. Ni siquiera Los Angeles Lakers o los Boston Celtics, ganadores por naturaleza del mundo NBA reciben tantas miradas como los New York Knicks. Es el básquetbol visto con lupa: lo bueno y lo malo se engrandece de tal manera que se transforma en tóxico. Pertenecer a los Knicks es padecer la condena de Atlas: cargar el mundo sobre los hombros como si esa presión invisible tuviese algún sentido constructivo.

El currículum del Maestro Zen nos confundió a todos. Pensamos en un plan maestro detrás de lo evidente que jamás llegó porque, a decir verdad, la hoja de ruta nunca estuvo clara. Se entiende la decisión de James Dolan: ¿quitar del medio a Kristaps Porziņgis después de haberlo llevado de la nada a la estratósfera? ¿Quitar a Carmelo Anthony por migajas? Podrás hacer lo que creas conveniente pero nunca ir en contra del negocio. Menos que menos en New York.

Deberíamos recordar algunas cosas para ver lo que fue el paso de Jackson por los Knicks. Carmelo, el hombre que quiso quitar del medio, firmó contrato con New York en julio de 2014 a cambio de 124 millones de dólares por cinco años con cláusula para evitar intercambios. Quitó del medio a Mike Woodson en 2014 como entrenador pese a haber sido el coach con el tercer mejor porcentaje de triunfos de la historia de la franquicia (.580) y trajo en su lugar al ex base armador Derek Fisher. Pero claro, escoba nueva siempre barre bien y sus pergaminos nos obligaban a esperar por el Eureka que nadie de nosotros alcanzó a ver nunca.

Recordemos algunas cosas más: en enero de 2015, recibió a Lou Amundson, Alex Kirk, Lance Thomas y un pick de segunda ronda en 2019 a cambio de J.R. Smith e Iman Shumpert, campeones con los Cleveland Cavaliers en la temporada siguiente y ese mismo año, en el Draft de 2015, fichó a Porzingis con el pick cuatro de Draft -su mejor movida por escándalo-. Sigamos: en febrero de 2016 echó a Fisher (40 triunfos, 96 derrotas) y trajo como entrenador interino, antes de la llegada de Jeff Hornacek, a Kurt Rambis, quien terminó la Liga con un récord 9-19.

Quizás la gota que colmó el vaso, además de los intentos de movimientos extravagantes que se intentaron en los últimos días, fue el arribo de Derrick Rose y Joakim Noah al equipo, dos jugadores que supieron ser estrellas pero que, acostumbrados más a la enfermería que a los minutos de acción, jamás pudieron ser los líderes que esperaba la gerencia. A decir verdad: ¿por qué New York se empeña en traer SIEMPRE jugadores con mucho cartel y poco presente? ¿No sería mejor construir de manera paulatina? El problema de la ansiedad patológica nunca vio un ejemplo más fehaciente que esta franquicia. Histeria pura, seducir siempre para no concretar nunca.

Jackson, que vio a sus equipos en playoffs en las 20 temporadas que estuvo al frente como entrenador, no pudo alcanzar la postemporada en sus tres años como presidente de los Knicks. Como nos informa el departamento de estadísticas de ESPN, el Maestro Zen tuvo un récord de 90-171 como mandatario de la franquicia (desde marzo de 2014), lo que significó el quinto peor porcentaje de la NBA en ese período de tiempo (76ers .230, Lakers .263, Timberwolves .316, Nets .338 y Knicks .345).

Es interesante el punto de que New York ha sido uno de los peores equipos en eficiencia ofensiva en el período que Jackson fue presidente de Knicks (27 de 30 equipos, sólo 76ers, Lakers y Magic fueron peores) por esa obsesión recurrente de jugar la ofensiva triangular en un básquetbol que hoy es ritmo, vértigo y destrucción masiva a través de las piernas. Piensen un segundo en Golden State Warriors y construyan este dato sobre Knicks: 24º en toda la NBA en ritmo en las últimas tres temporadas y 25º en triples convertidos en el mismo período de tiempo.

De cara al futuro, los Knicks no tienen comprometidos sus picks de primera ronda y tienen disponibles 16 millones para esta agencia libre, lo que no les permitiría, sin soltar algún que otro contrato pesado por la borda, contratar algún agente libre estelar para volver a foja cero. Esto sí podría suceder la temporada que viene. Como nos señala el departamento de estadísticas de ESPN, hoy tienen a Porzingis garantizado por dos años más por su contrato de novato, tienen bajo control del equipo a Carmelo Anthony por una temporada más (se le deberán 26.2 millones en 2017-18 y 27.9 millones en 2018-19, con cláusula de salida en esa segunda temporada), se le deben 55.6 millones a Joakim Noah por las siguientes tres temporadas, 36.8 millones a Courtney Lee por el mismo espacio de tiempo y 13.8 millones a Lance Thomas en las próximas dos temporadas, teniendo su contrato sin garantizar para 2019-20.

¿Qué sigue después de Jackson? James Dolan pretende fichar a Masai Ujiri, presidente de Raptors, quien fue ejecutivo del año en 2012-13 con Denver Nuggets. Ujiri transformó a Toronto en un equipo peligroso, con aspiraciones, cuando antes era un equipo del montón... como ocurre hoy con los Knicks.

La franquicia que apostó y vio fracasar a Isiah Thomas y Phil Jackson como gerentes, debe replantearse de verdad la hoja de ruta. Habiendo fallado en llegar a playoffs en las últimas cuatro temporadas, y en 10 de las últimas 13 con un presupuesto de lujo, es hora de construir desde el silencio, escapando siempre que se pueda de las luces contagiosas. Sólo así será un triunfo genuino y sincero.

Queda claro que todo lo demás, que puede resultar divertido a los ojos de quien no es conocedor, no es otra cosa que forma, pero jamás contenido.