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Martín Bater | ESPN Digital 89d

Red Auerbach fue el genio que elevó a la NBA y los Boston Celtics

Cigarro en mano, sonrisa pícara, vestido de traje y corbata en la banca junto a la duela del parquet del Boston Garden, su escenario predilecto. Así se recuerda a Arnold “Red” Auerbach, quien hubiese cumplido 100 años de edad este miércoles 20 de septiembre del 2017.

Auerbach falleció hace tiempo ya, en octubre del 2006, pero su legado perdura. El ex entrenador de los Boston Celtics supo ser una figura única, un ícono del básquetbol que salió campeón nueve veces para luego convertirse en leyenda de la mejor liga del planeta.

Es más, no sería descabellado decir que la NBA de hoy en día no existiría sin su influencia. Auerbach no solo era un gran estratega, sino que también un maestro mediático capaz de crear términos como el “Orgullo Celtic” que aún perdura y funciona como una torcha entregada de referente a referente, desde Bill Russell a Larry Bird a Paul Pierce y ahora a Kyrie Irving y Jayson Tatum, la promesa que aprecia la historia y posó junto a la estatua de Auerbach..

El “problema” con los entrenadores tan exitosos es que a veces no se los reconoce con galardones individuales, solo con elogios. Es por eso que él solo ganó el premio al Entrenador del Año una vez, en 1965. Aquel año su equipo contó con una marca de 62-18 y derrotó a los Los Ángeles Lakers en las Finales de la NBA en cinco juegos.

Ah, los Lakers, su archirrival eterno. La rivalidad entre ellos no se generó con Larry Bird y Magic Johnson, no señor, sino que con el resentimiento generado ante el hecho de que Auerbach prendía ese bendito cigarro del triunfo una y otra vez cada vez que se enfrentaba a los Lakers en 1959, 1962, 1963, 1965 y 1966.

En otras palabras, el trauma del Utah Jazz con los Chicago Bulls de Phil Jackson en los ’90 o el de los Cleveland Cavaliers con los Golden State Warriors de Steve Kerr en la actualidad es un poroto comparado con como Auerbach tenía alquilados a los angelinos año tras año. Todo un episodio de la trilogía que el documental que “30 for 30” hizo sobre Celtics vs. Lakers fue sobre esa década celestial para Auerbach y todo Boston.

Auerbach tenía pinta de viejo cascarrabias, pero sus jugadores lo adoraban. Él alguna vez le mencionó al Harvard Business Review que su filosofía como entrenador era que sus jugadores “jueguen divirtiéndose y contentos, no con miedo”, y eso se reflejaba dentro de la duela.

Sus Celtics se pasaron 16 años consecutivos sin contar con una marca perdedora, su porcentaje de victorias superó el 60 por ciento cada temporada entre 1956 y 1966, y su récord absoluto de 938 triunfos en la temporada regular se mantuvo vigente por 29 años hasta que Lenny Wilkens lo quebró en 1995 (Wilkens también cuenta con la mayor cantidad de derrotas, pero esa ya es otra historia).

Algunos podrán llegar a argumentar que en aquel entonces la liga contaba con menos talento y menos equipos, pero eso es menospreciar su influencia en grandes jugadores como John Havlicek y Bill Russell, quien eventualmente sería su sucesor como jugador-entrenador de los Celtics.

K.C. Jones, uno de los integrantes de aquellos Celtics de Auerbach y miembro del Salón de la Fama al igual que Russell y Havlicek, también sería entrenador del conjunto verdiblanco en la década de los ’80 y saldría campeón en 1984 y 1986. ¿Ven? Como les dije, la llama ganadora no se extingue, solo se transforma.

Auerbach tampoco le temía a poner las manos en el fuego por sus jugadores. Él y Russell forjaron una amistad que duraría por 50 años a base de decirse las cosas exactamente como eran, sin sutilezas o preocupaciones por sentimientos heridos.

Aquel “30 for 30” sobre los Celtics y los Lakers también reflejaba como Auerbach no dudó en seleccionar a un hombre afroamericano en Chuck Cooper por primera vez en la historia del Draft de la NBA en 1951, en volver a hacer historia con un quinteto titular totalmente afroamericano en 1964 o en nombrar a Russell como entrenador de los Celtics con toda su convicción como gerente general en 1966.

Las tensiones raciales en Estados Unidos estaban en su pico más alto y Boston era un foco de concentración de la pelea por la igualdad liderada por varios referentes históricos, pero él hizo lo suyo para poner su granito de arena.

El legado de Auerbach es indeleble y perdurará como huella inmortal del básquetbol mundial. Les aseguro que alguien más volverá a contar esta historia dentro de 100 años más.

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