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Dinastía Warriors: Golden State prueba que es imparable en la conquista del título

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La dinastía de los Warriors continúa ¡Campeones! (3:47)

Golden State se impuso (108-85) en el cuarto partido de la Final a los Cleveland Cavaliers, para conseguir su tercer cetro en los últimos cuatro años. (3:47)

CLEVELAND -- Antes de los Hamptons, los años luz, y de que los pensadores de basquetbol jurásico admitieran que un equipo pequeño podía ganar un campeonato de la NBA con saltos y tiros, habilidad y defensa, nadie hablaba de los Golden State Warriors como equipo con múltiples miembros del Salón de la Fama, y mucho menos uno.

Los Warriors están celebrando su tercer título, después de vencer el viernes por la noche a los Cavaliers por 108-85, con un tercer cuarto con el sello de la casa que sepultó a su oponente. Para la dinastía de los Warriors, y ahora es una dinastía, la barrida es otro logro. Pero es fácil olvidar que, hace cuatro años, eran un equipo que no pudo sobrevivir a una serie de primera ronda contra los Clippers de Los Ángeles.

Stephen Curry era un incipiente All-Star, un tirador novel que podía deleitar con un estallido de 54 puntos, pero nadie que te llevara muy lejos en los playoffs. Klay Thompson era un potencial canje por Kevin Love, quien era bueno también porque quién quiere pagarle a un guardia tirador que es indiferente a la defensiva y con un juego limitado para driblar en un contrato máximo.

En verano de 2014, el cerebro de operaciones de los Warriors confió en sentarse con el gerente general Bob Myers para realizar un boceto de cómo debería lucir la rotación del equipo para la próxima temporada. Al lado de cada jugador en el pizarrón blanco estaba escrito, con tinta fácil de borrar, un número de minutos designados. Al lado de Draymond Green, había un "12".

El tiempo corrió de prisa en la NBA, e incluso antes de la llegada de Kevin Durant, los Warriors se transformaron a sí mismos en una colección de piezas imperfectas en el Ballet Bolshoi del basquetbol, una exhibición de exclamaciones que ganó el campeonato en 2015, seguida por una temporada con marca de 73-9. Para la mejor parte de las dos semanas pasadas, LeBron James ha resaltado esos logros repetidamente para todo el mundo y después ha recordado que los Warriors, son un equipo que, dice, cuenta con cuatro Hall of Famers y que es el equivalente en el basquetbol a los New England Patriots en la NFL, añadiendo a un grande de todos los tiempos, con Durant.

Las sugerencias de LeBron son claras: Los Warriors son simplemente mejores que cualquier otro, quizá los mejores en la historia, y el jugador más trascendente vio esta disparidad manifestarse por sí misma, otra vez, en el Juego 4. Los Warriors dictaron los términos de cada posesión, un privilegio que James reclama para sí mismo normalmente. Cuando Curry no estaba desahogando tiros engañosos a distancia, Andre Iguodala hacía que los Cavaliers pagaran por su negligencia. Cuando Green no estaba enviando pases extra, Warriors estaban apretando la defensiva en el tercer cuarto.

La cruel ironía para James es que su golpe de autodeterminación en 2010 es gran responsable del segundo aire de Warriors, que han diezmado a Cavaliers por 8-1 en las Finales desde el improbable regreso de los Cleveland en 2016. La adquisición de Durant hace dos veranos se encontró con algo de la misma indignación que creó la formación de los Tres Grandes en Miami durante el verano de 2010, pero con una gran excepción, James aportó cobertura histórica, ¿fue injusto para los Warriors y Durant?, probablemente, ¿sin precedentes?, ciertamente, no.

Históricamente, los equipos de élite pueden tomar una o dos rutas hacia la grandeza. La primera es por el camino de la gracia, un sistema con buena ingeniería que maximiza las fortalezas y atenúa las debilidades de cada jugador. Los Spurs de San Antonio imprimieron su marca en 2013 y 2014, y lo que los Warriors designaron en 2015 y 2016 fue una pieza de belleza. Replicaron a los Spurs de Mike D'Antoni, a los Chicago Bulls de Steve Kerr que jugaron en los años 90, e incluso a Jerry Sloan. El movimiento del balón, el movimiento del jugador, el swing del balón, de fuerte a débil, y a la inversa otra vez. Para Golden State no fue sólo una receta para ganar, era una medida de gran orgullo, una ofensiva en la que todo el mundo participó y prosperó.

La segunda estrategia es conducir la fuerza bruta a los talentos particulares, los muchachos que pueden realizar un tiro cuando y como quieran. La ciencia de la creación de tiros al más alto nivel, algunas veces, convirtiéndo tiros difíciles y otras veces creando los fáciles. Éste es el 'sistema' en el que creció Durant y con el que ganó el trofeo MVP en 2014. Es un sistema que ofende las sensibilidades de Warriors, como sucedió cuando vieron el video de James Harden del Juego 1 contra Houston, agradecidos de aspirar a una marca de balón más orientada al equipo.

Aunque los Warriors ejecutaron su pieza de ballet en la temporada regular y en los playoffs -- el Juego 2 fue un recital -- ésa es la forma en la que los Warriors operan frecuentemente hoy día, en particular, en ausencia de Curry. Durant ha hecho a los Warrios indomables algunas veces, como se notó a un grado deslumbrante en el Juego 3, pero el matrimonio ha tenido su costo.

Estéticamente, los Warrios han perdido un punto. Su pureza se comprometió y hubo algunas ocasiones en que la confianza común que hizo a Warriors, los hizo flaquear, particularmente en esta temporada. Los Warriors, que se han recargado de alegría, se ven disfrutando un poco menos de lo que lo hicieron en 2017-18. Un equipo que decíamos era invencible, sólo ganó 58 juegos, terminando bien detrás de los Houston Rockets, que estuvieron a menos de 24 minutos de tomar el lugar de Golden State en las Finales.

Los Warriors aún deben apreciar que ese sistema puede fallar en momentos inoportunos, una realidad que se revela a sí misma en los históricos últimos minutos del Juego 7 de las Finales de 2016 de la NBA. Tuvieron un problema y Durant lo ha resuelto ahora.

Con Durant como un suplemento de la máquina ofensiva más devastadora de la NBA, los Warriors han fusionado perfectamente las dos escuelas, creando una rica afluencia de sistema y talento. Pueden ganar a lo grande o con discreción, rápido o lento, con movimiento o en aislamiento, con el disparo o con el pase, con el interruptor perimetral o con defensa interior.

Ése era el plan en 2016, el resultado en 2017, y la confirmación en 2018:

Simplemente, los Warriors tienen todas las respuestas.