Beisbol Experience
Pedro Gómez | ESPN.com 134d

'La Ciudad Mágica' está lista para su acercamiento al béisbol

Miami siempre ha sido conocido como la "Ciudad Mágica". Eso es debido a que, en cualquier momento, un gran momento puede ocurrir en cualquier parte de ella.

Esta semana, el mundo del béisbol converge en Miami, en donde luego de 25 temporadas de béisbol de Grandes Ligas la ciudad será finalmente sede de su primer Juego de Estrellas. Esta es una ciudad compleja, sin paralelo en los Estados Unidos. En ningún otro lugar en EEUU podemos encontrar realmente una ciudad realmente bilingüe como Miami.

Seguro, hay otros lugares que tienen bolsillos de bilingüismo, pero no hay otro que iguale a Miami cuando se trata de dividirse en casi 50-50 en el español y el inglés. Esta es el área donde yo nací y pase gran parte de mi juventud. Es un lugar que siempre tuvo apetito para el béisbol de Grandes Ligas, el que finalmente llegó en 1993 con los Marlins de Florida.

Antes de eso, tuvimos béisbol de entrenamiento primaveral en el Sur de la Florida con los Orioles en Miami y los Yankees no muy lejos en Fort Lauderdale. Por otro lado, tuvimos partidos de los Yankees una vez por semana en la televisora WPIX en Nueva York y partidos de los Bravos en la vieja Superestación WTBS de Atlanta, también una vez por semana. Para los fanáticos del béisbol, esas noches nos enviaban a las alturas.

La llegada del béisbol de Grandes Ligas a estos lares no ha estado exenta de controversias. Los Marlins han tenido tres dueños, y parece que hay un cuarto en camino en los próximos meses. Junto con la falta de consistencia en los altos niveles de la franquicia, las temporadas con grandes altas y bajas ha sido la norma.

Seguro, un par de campeonatos de Serie Mundial cuelgan del techo del Marlins Park, pero también penden de ese mismo techo los recuerdos dolorosos de esos equipos siendo desmantelados rápidamente por razones financieras.

Al título de 1997 le siguió una campaña en la que se perdieron 108 partidos tras una venta a quemarropa ordenada por el entonces dueño Wayne Huizenga. Un ejecutivo de una oficina central rival me dijo una vez que si los Marlins hubiesen mantenido ese nucleo junto, los Yankees de finales de la década de los 90 no habrían podido ganar tres Series Mundiales consecutivas de 1998 al 2000. Así de bueno era ese equipo de los Marlins.

Como nota al calce, la destrucción del equipo de 1997 es una de las razones por las que Miami ha tenido que esperar tanto por un Juego de Estrellas. A Miami se le otorgó la sede del Clásico de mitad de verano del 2000 por el entonces comisionado Bud Selig. Pero Selig estaba tan molesto por el desmantelamiento de la franquicia que cambió el juego del 2000 a Atlanta.

Los Marlins que quedaron campeones en el 2003 no fueron destrozados tan vigorosamente, pero la temporada siguiente al título el equipo perdió 79 juegos antes de que sus jugadores estelares fueran sacados de la franquicia. A pesar de los dos campeonatos, esta franquicia nunca ha ganado un banderín divisiona, y apenas ha llegado a la postemporada en dos ocasiones por la vía del comodín. Los Marlins también tienen la distinción de nunca haber perdido una serie postemporada, ya que llevan hasta ahora record perfecto de 6-0.

Jeffrey Loria ha sido el dueño de los Marlins desde 2002. Para crédito suyo, los Marlins lo ganaron todo en 2003 y finalmente se fueron del estadio de football Americano de los Dolphins a su nuevo estadio Marlins Park, una facilidad solo para béisbol en la Pequeña Habana. Pero junto con ambos logros llegaron algunos dolores de cabeza para los locles.

>Los contribuyentes locales y los politicos creen que fueron engañados en la construcción del estadio a través de negociaciones sombrías y poco confiables de parte de Loria. Esa es una de las razones por las que los fanáticos locales se encuentran entre los más fieles cuando se trata de los ratings de TV pero se rehúsan a asistir a los partidos; ellos no quieren poner dinero en el bolsillo de Loria. Por años los Marlins han sido uno de los peores en asistencia en las Grandes Ligas.

Pero la posibilidad que aparezca un comprador local, uno con fuertes lazos con la comunidad cubana local, podría cambiar todo eso dramáticamente, según creen muchos locales. Jorge Mas, nacido y criado en Miami y titán de los negocios en el área, ha surgido como uno de los candidatos más serios para comprar a los Marlins.

Esta potencial venta podría ser el elixir para los Marlins. Contrario a Loria, quien es nacido y criado en Nueva York, Mas es visto como un local a quien le importa la comunidad. Miami tiene dos comunidades bien fuertes: la comunidad Latinoamericana, donde los cubanos son la inmensa mayoría, y (como ellos mismos se definen) la comunidad Americana.

Ambas han coexistido por décadas desde que los cubanos comenzaron a llegar en masa a Miami a principios de la década de los 60. Los deportes siempre han ayudado a sobrellevar las dificultades. Puedo recordar a los chicos de mi generación enamorándose por completo de los equipos capitaneados por Don Shula y que ganaron Super Bowls a principios de los 70 y a nuestros padres sin entender ni papa del football americano, y lo llamaban simplemente el juego de los golpes.

Pero esos grandes equipos de los Dolphins hizo que nosotros los chicos cubanos comenzáramos a utilizar camisetas de football de Larry Csonka y Bob Griese. Además eso hizo que tuviéramos algo en común con nuestros compañeros de clases de origen americano, y de esa forma se forjaron amistades que han durado toda la vida.

Esa es una de las razones por las que la repentina muerte del estelar lanzador cubano de los Marlins José Fernández en septiembre causó tanta conmoción en toda la ciudad. Él era una superestrella nacida en Cuba que había podido alcanzar a ambas comunidades gracias a su enorme carisma y su dominio de ambos idiomas.

Miami, al igual que todas las grandes ciudades, tiene sus problemas, pero el amor que le tiene a sus equipos deportivos no es uno de ellos. Es solo que los Marlins siempre han sido vistos como un elemento divisorio, mayormente por problemas fuera del terreno, pero en raras ocasiones, y cuidado si ninguna, con aquellos que han portado el uniforme.

Es hora que Miami abrace por completo el béisbol de Grandes Ligas, y el Juego de Estrellas y las actividades a su alrededor - y el potencial cambio de dueño - podría ser finalmente el punto de arranque para ello.

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