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Bradford Doolittle | ESPN.com 92d

Mike Moustakas se presta a quebrar uno de los récords más raros del béisbol

En el año de los “tres verdaderos resultados”, se han roto toda clase de récords ligados al jonrón, y seguirán siendo rotos. La semana pasada, vimos a Giancarlo Stanton de los Marlins pasar el récord de cuadrangulares de su franquicia con 42, impuesto hace 21 años por Gary Sheffield. Ahora, Mike Moustakas de los Reales de Kansas City se presta a imponer la nueva marca de su franquicia. Y aún nos encontramos a un par de semanas del fin de semana del Día del Trabajador en Estados Unidos.

“Moose”, como es apodado, se convertirá en el rey del jonrón de los Reales en una temporada cuando conecte su número 37 (tenía 35 antes de comenzar el fin de semana) y romperá un registro que, por mérito propio, es uno de los más meritorios del béisbol. Ha sido anticipado por mucho tiempo, no sólo dentro de la organización, sino para el propio Moustakas, el candidato lógico en cargar la corona del cuadrangular en Kansas City, probablemente más que el hombre que la ha usado desde mediados de los años 80, Steve Balboni.

“Se debe a la experiencia”, el manager de los Reales Ned Yost afirma al ser preguntado por los motivos que explican el surgir del poder de Moustakas. “¿De dónde proviene el poder de Moose? Siempre lo ha tenido. Contó con ese poder en ligas menores y lo ha tenido en las Mayores. Sin embargo, ha aprendido a canalizarlo y utilizarlo bien”.

Piénsenlo: 36 cuadrangulares, un total que ya ha sido superado no sólo por Stanton, además por el novato de los Yankees Aaron Judge. Al final de la temporada, muchos jugadores superarán ese total. En Kansas City, ese número ha permanecido firme en los libros de récords por casi 32 años. ¿Cómo es eso posible?

Varias décadas atrás, si se iba a un partido de Grandes Ligas, ver un cuadrangular era algo importante. No era tan raro como ver un triple play o un no hitter, pero igual era poco probable poder presenciar uno. Si no se producía, y uno no asistía a tantos partidos, se sentía un poco decepcionado.

El primer partido de Grandes Ligas que asistí se produjo en 1980, cuando los equipos promediaban apenas 0.73 jonrones por partido. El encuentro que vi, entre Indios y Reales, fue en el entonces llamado Royals Stadium en el cual, durante esta temporada, los equipos promediaban apenas 0.60 jonrones por partido. Como se veían dos equipos en acción, había una expectativa de 1.2 jonrones, no mucho mejor que tener una posibilidad 50-50. (Al tomar en cuenta el ritmo récord esta temporada, el fanático promedio en el parque promedio puede esperar ver 2.52 jonrones por partido). Vi un jonrón en ese primer partido para mí: Jorge Orta de Cleveland conectó uno hacia el bullpen del jardín derecho. ¿Era algo importante? Pues, lo recuerdo bien, ¿no es así?

En ese momento, los Reales estaban en el medio de su octava temporada del hoy llamado Kauffman Stadium. El récord de la franquicia en cuadrangulares en una zafra era de 34, impuesto por John Mayberry en 1975.

Tras la temporada de 1983, el entonces Gerente General de los Reales John Schuerholz, recientemente exaltado al Salón de la Fama del Béisbol, hizo un canje que involucró a Balboni. A poco tiempo antes de su cumpleaños 27, Balboni ya era un rey del jonrón con gran reputación dentro del sistema de los Yankees, con 153 batazos de vuelta completa entre 1978 y 1983. No obstante, no había podido tener mayor relevancia al nivel de Grandes Ligas y, con Don Mattingly comenzando su reino en la inicial, Balboni se encontraba bloqueado en Nueva York. Entonces, al igual que antaño, cuando los Yankees embaucaban a muchos de sus talentos sin espacio a los Atléticos de Kansas City, Balboni se encontró con destino a la Ciudad de las Fuentes.

Durante esa primera temporada, Balboni disparó 28 jonrones. En 1985, disparó 36, liderando las mayores con lo que ahora parece ser un curioso total de 166 ponches, y los Reales ganaron la Serie Mundial. Y eso fue todo. Gary Gaetti conectó 35 cuadrangulares con Kansas City en la temporada recortada de 1995, pero el récord de Balboni permanece.

Desde 1985, los totales de jonrones han explotado por todo el béisbol, un crecimiento de tres décadas que parece no acabar. El béisbol de Grandes Ligas se originó en 1876, siendo ésta su temporada número 142. Sin embargo, casi la mitad (el 49.6 por ciento, para ser exactos) de todos los batazos de circuito completo han sido producidos desde que Balboni impusiera su récord con los Reales en 1985. Los capítulos destinados al jonrón en los libros de récord han sido borrados y reescritos (gracias a gente como Barry Bonds, Mark McGwire y Sammy Sosa, entre muchos otros). No obstante, el récord de Balboni ha sobrevivido, como una cucaracha después de un invierno nuclear.

Balboni ahora trabaja como scout de avanzada para los Gigantes de San Francisco. Un hombre tranquilo, le comentó al Kansas City Star, “será diferente (perderlo). Pero no es que estoy nervioso por ello”. Moustakas dijo que nunca ha conocido a Balboni. Y Yost, cuya carrera como pelotero fue contemporánea con la de Balboni afirmó “no recuerdo mucho” con respecto a él.

De todos modos, los aficionados a los Reales de su era recordarán a Balboni como regular en el primer club campeón de la franquicia. Y los aficionados a la sabermetría recordarán la llamada “Maldición Balboni”, curiosidad descubierta por el escritor Rany Jazayerli, aunque en años subsiguientes la maldición ha sido rota varias veces. Apenas el año pasado, los Cachorros ganaron el campeonato apoyados por los 39 cuadrangulares de Kris Bryant.

Hay muchas, muchas maneras de contextualizar la rareza de un récord de cuadrangulares para un equipo de 36. Aquí les mostramos unas cuantas:

• Se han producido 580 ocasiones en las cuales un pelotero durante una temporada determinada de Grandes Ligas ha disparado al menos 36 jonrones, incluyendo 343 desde 1985, sin contar a Moustakas.

• Cada franquicia excepto Kansas City ha tenido al menos tres temporadas con un pelotero determinado bateando al menos 36 cuadrangulares. Los Yankees han tenido 44.

• Cuatro jugadores (Bonds, McGwire, Reggie Jackson y Chris Davis), han tenido temporadas en las cuales han disparado 37 jonrones antes del receso del Juego de Estrellas.

Los factores inherentes a un estadio no lo explican todo, pero sí mucho. De los 57 estadios que han escenificado partidos decisivos o dos, desde que Kauffman Stadium abriera sus puertas en 1973, 47 han tenido un promedio mayor de jonrones por partido. Desde la campaña de 36 cuadrangulares de Balboni, “The K” queda en el lugar 48 de 55 estadios en cuadrangulares por cotejo. Durante la carrera de Moustakas, está en el puesto 28 de 32. El número 31 en la lista es el Marlins Park, donde Stanton amenaza llegar a 60 vuelacercas. El 32 es el AT&T Park, en el cual Bonds solía reinar. Aun así, debido a las generosas dimensiones del estadio, los equipos construidos por Schuerholz y su discípulo, Dayton Moore, han tenido sus mejores momentos cuando han sido diseñados en base a la velocidad, defensiva y el pitcheo.

Por ello, Moustakas, quien no recuerda cuándo conoció el número del récord de los Reales, no lo ve como una marca irrelevante. Ni tampoco debería verlo así.

“Estoy seguro que alguien me lo comentó cuando me reclutaron en el draft o poco después”, dijo Moustakas. “Pero son muchos jonrones, especialmente en Kauffman. En este deporte, al enfrentarnos a los grandes lanzadores que tenemos que ver en nuestra división y por todo el béisbol, no piensas realmente en ir tras un récord así. Uno sale y trata de ayudar a ganar a tu equipo”.

El tope de por vida de Moustakas en jonrones al comenzar la temporada era de apenas 22. En la zafra pasada, cuando conectó siete jonrones en 27 partidos antes de quedar fuera de acción por el resto del año debido a una lesión en su rodilla, pudo haber ido por el récord. La mejor muestra hasta ahora del pelotero cuyo ritmo jonronero que batió marcas como jugador de secundaria en California despertó la atención de muchos.

“Ahora es un bateador mucho más experimentado y educado”, dice Yost. “Trabaja muy duro estudiando a los lanzadores oponentes y sus porcentajes, el qué esperar en ciertas situaciones y quedarse tranquilo cuando debe hacerlo”.

A los 28 años, la temporada de la carrera de Moustakas está llegando a una edad típica. No es sólo cuestión de poder. Se ha convertido en un bateador mucho más completo durante el curso de su carrera, dispuesto a hacer los ajustes necesarios. Hasta los 25 años de edad, el promedio de bateo de por vida de Moustakas era de .236. Desde entonces, llegó a .280. Los ajustes han ayudado a mejorar su poder, mientras se convierte en un productor de carreras más consistente.

“Estoy viendo la pelota muy bien”, dijo Moustakas. “Yo y (el coach de bateo) Dale (Sveum) hacemos un buen trabajo juntos antes del partido. Hacemos ajustes al juego de acuerdo a lo que está mostrando el pitcher”.

Próximo a tener la posibilidad de ser agente libre por primera vez en su carrera, Moustakas sigue teniendo oportunidades de mejora. Llamarlo un bateador con swing alegre es una conclusión muy ligera. Nunca negociaba más de 43 boletos en una temporada, y a pesar de la mejora en su promedio de bateo, su porcentaje de embasado (.319) está a 23 puntos por debajo del promedio de Grandes Ligas. De acuerdo a ESPN Datos, sólo cinco peloteros hacen swing a un promedio mayor de pitcheos. Sin embargo, su promedio de ponche está en el puesto 119, una muestra impresionante de contacto que fundamenta su sólido promedio de bateo. Moustakas, claro, persigue muchos pitcheos, pero se ha hecho adepto a sacar de foul aquellos que no puede llevar de forma sólida, quedando tercero en las Mayores en romper los conteos de dos strikes.

“Sólo trato de salir y conectar hits, y la única forma en la cual lo puedo hacer es hacer swing al bate”, dice Moustakas. “Le hago swing a muchos pitcheos en la zona y fuera de la zona, lo cual, obviamente, me gustaría disminuir. No podría darle una respuesta del por qué estoy haciendo más swing o estoy siendo más agresivo. Creo que sólo trato de poner la pelota en juego”.

Esto nos sugiere que Moustakas tiene espacio para seguir creciendo como bateador. Eso en lo que se refiere a la disciplina en el plato; porque, a su edad, se puede esperar que un pelotero sea como es él, al menos hasta que su producción disminuya y las cosas comiencen a empeorar. Pero, en esos raros casos en los cuales un pelotero tiene una mejoría en su habilidad para embasarse, se debe en gran medida a que su poder se convierte en algo demasiado peligroso como para estar retando y los pitcheos se alejan más y más de la zona de strike. Moustakas está a ritmo de concluir la temporada con 47 jonrones y porcentaje de slugging de .565, tomando en cuenta que tiene la mitad de sus partidos en un parque en la cual la escasez jonronera es patente incluso en un 2017 marcado por el poder. Los pitchers se dan cuenta de ello. Un Moose con disciplina en el plato sería algo muy peligroso.

“Entiendo que hay situaciones en las cuales voy a recibir lanzamientos buenos para batear”, dice Moustakas. “Pero es la situación del juego. Y le pasa a todos en el lineup, no solo yo. Se trata de conocer las situaciones y entender el juego. He aprendido mucho al ver a peloteros con los cuales hemos contado en la organización”.

Si esta termina siendo la última temporada de Moustakas con Kansas City, el hecho que termine siendo el nuevo rey del cuadrangular de los Reales parece ser un colofón apropiado. Al igual que Balboni, es un campeón. Los aficionados, como se muestra con el siempre presente canto de “¡Moose!” cada vez que interviene en un partido, lo adoran. Y, al contrario de Balboni, fue reclutado y criado como pelotero profesional por los Reales a fin de hacer lo que ha conseguido. Si decide quedarse en Kansas City, eventualmente podría asaltar la carrera de la franquicia de 317 jonrones en una carrera, actual propiedad de George Brett.

En muchos aspectos, esta es la temporada en la cual Moustakas haría su manifiesto de intenciones y haría más evidente su rol como miembro de un grupo de jugadores que llegaron a Kansas City como grupo varios años atrás y se alzaron como campeones de la Serie Mundial. Entre ellos, Yost siempre entendió que Moose era el que tenía mayores posibilidades de superar la marca de Balboni.

“Sin duda alguna”, dice Yost. “Fue el primero en el cual pensamos. Sin duda alguna”.

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