David Faitelson
Cruz Azul y América saben muy bien de qué se trata. Lo han comprobado una y otra vez en su historia vieja y moderna. Este clase de juegos se ganan con futbol -como siempre- y con otra clase de ingredientes. Van a chocar dos veces en los siguientes días . No importa si es de Liga o si es de Copa. Lo trascendental es que estos partidos te marcan, te sentencian, te persiguen. Lo conoce el Cruz Azul del 26 de mayo del 2013. Lo entiende Miguel Herrera que aprovechó aquella noche para consagrarse frente el americanismo...

LOS ANGELES, CA.- Los Clásicos te marcan, te persiguen. Aunque lo quieras evitar, te resistas o te escondas, los Clásicos dejan una huella profunda. Y eso lo saben muy bien tanto América como Cruz Azul que comenzarán una serie de partidos entre ellos por la Liga y por la Copa. Ahora mismo, el América-Cruz Azul está lleno de remembranzas, remembranzas o recuerdos viejos -que enriquecen la batalla- y nuevos -que para uno significan gloria y para el otro un implacable derrumbe emocional. Hay algo que seguramente vendrá a la mente de algunos jugadores en la cancha y la mayor parte de los aficionados cuando Miguel Herrera camine rumbo a la banca del Estadio Azul este sábado. La fecha del 26 de mayo del año 2013. Justo el día de aquella final donde Cruz Azul era, o sentía, o se llamaba Campeón y donde el América, milagrosa y para muchos inexplicablemente, le arrebató un trofeo que le parecía pertenecer. Para mi, los América-Cruz Azul tiene un parteaguas a partir de aquella noche húmeda que terminó siendo también la consagración de Miguel Herrera como entrenador americanista.

Getty ImagesAmérica vs. Cruz Azul 2013
Pero el futbol cambia torneo a torneo, y en México, gracias a la irregularidad, fecha con fecha, juego con juego. Este es un América diferente en el campo de juego y este un Cruz Azul, también, transformado y esta vez aparentemente armado emocionalmente para esta clase de batallas. Siempre he pensado que la trillada frase o la idea de que "los clásicos se ganan con algo más que futbol" ha sido una mentira rotunda. En el futbol se gana futbol, pero aquella noche de mayo del 2013 me hizo pensar mejor las cosas porque al final del día -o de aquella madrugada-, el América le ganó a Cruz Azul con argumentos que en un momento dado no tenían nada que ver con el futbol. El América marcó a Cruz Azul a partir de una condición de sangre, de espíritu, de convicción, de realmente salir a partirse el alma en los últimos minutos y creer en la hazaña o el milagro. Yo creo que Paco Jémez ha sido mucho más inteligente de lo que supone ser o nos permite ver. El entrenador español ha entendido desde su primer día en La Noria que este equipo necesitaba afanosamente desprenderse de las culpas y los miedos con los que vivía en las ultimas dos décadas. Y él, ha hecho un trabajo para preparar no solo tácticamente a su equipo, también mentalmente. Hoy, veo a Cruz Azul mucho más sólido, compenetrado, unido en grupo más allá de que tiene una idea futbolística -que con sus altas y sus bajas, como cualquiera en este futbol- persigue afanosamente. Los dos partidos que siguen serán determinantes para saber qué tan recuperado esta Cruz Azul de aquellos momentos amargos de su historia moderna y qué tan compaginado esta nuevamente Herrera en su regreso al América. Veremos, para acabar pronto, de qué están hechos ambos equipos...

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No alcanza

FECHA
09/10
2017
por David Faitelson
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'El Tri es un plebeyo del mundo futbolístico'

Ni siquiera para lograr lo que la Selección Mexicana ha establecido en los últimos seis campeonatos Mundiales: soñar con el quinto juego mundialista. "Rey" de la Concacaf..."Plebeyo" del mundo, esa parece ser la condición del futbol mexicano hoy en día. Hay algunos que esperan pacientemente un milagro inesperado y que México se transforme en protagonista el próximo verano. Que esperen sentados. Al mismo tiempo, impacta la nula autocrítica del entrenador, de los futbolistas y de algunos críticos -a mayor parte de ellos inmiscuidos en el negocio que significa la selección-.

Osorio
Imago7

CIUDAD DE MÉXICO -- No alcanza. Punto. Con este futbol y aquellos que esperan un "milagro", deben hacerlo sentados. En el futbol los milagros casi no existen. Prevalece la realidad. Las estadísticas vuelven a ser irrefutables, magistrales, espectaculares y cualquier otro epíteto que se les ocurra, pero si se trata de futbol, México no ofrece confianza alguna de que una vez que llegue la Copa Mundial será capaz de mostrar un estilo y una condición competitiva de juego. Olvídense del quinto partido. Con el futbol que hemos visto hasta ahora, llegar al cuarto juego, sortear la fase de grupos con eficiencia en Rusia, promete ser toda una odisea. Pero hay quienes creen que los "milagros" existen en el futbol -el lunes mismo presenciábamos uno llamado Islandia que se clasificó de forma extraordinaria a su primer Mundial- y suponen que ya en Rusia, la Selección Mexicana será otra y que su juego le alcanzará para llegar, al menos, al mismo nivel que ha mostrado en los últimos campeonatos mundiales. Nadie habla del famoso "quinto partido", pero sí de gestionar con protagonismo la fase de grupos y afrontar los octavos de final con la gallardía competitiva de Nueva York 1994 (Bulgaria), Montpellier 1998 (Alemania) -me brinco Corea-Japón 2002 con la vergüenza ante Estados Unidos- para continuar con Leipzig 2006 (Argentina), Johannesburgo 2010 (Argentina) y Fortaleza 2014 (Holanda). Ese es el límite del futbol mexicano y algunos creen que con eso podemos conformarnos. La realidad es que con el nivel de juego que ha tenido México en este eliminatoria -más la Copa América, la Copa Confederaciones y la última Copa Oro- ni siquiera debería alcanzarles para alcanzar tal escala del Mundial. Jugando como la ha hecho en la Concacaf, con todos y sus mágicos números, México no sería capaz de sortear un grupo que desde el "Bombo 2" del sorteo moscovita le significará enfrentar a una potencia mundial y a un par de selecciones competitivas de Sudamérica, Asia o África. El mayor problema hoy, cuando queda poco tiempo para el Mundial, es que hay poca autocrítica en el medio. Desde el entrenador, pasando por los futbolistas y siguiendo con gran parte del periodismo. La mayor parte de ellos, se envuelve en los números de la Concacaf, en la facilidad con la que México afrontó el proceso y se ganó el boleto para Rusia. Algunos de ellos, insisto, esperan un "milagro". Juan Carlos Osorio debe tener gran parte de la responsabilidad. No le ha dado a México un estilo ni una condición apropiada para jugar con la competitividad y la regularidad debida. Los futbolistas son también los responsables. Algunos de ellos, la mayoría, no muestran el nivel y muchas veces tampoco la actitud necesaria al momento de enfundarse en la camiseta que representa al futbol de un país. Y los medios que se mezclan con los negocios se dedican aplaudir y a "jugar" de porristas de esta selección. La realidad es inobjetable -más allá, recalcó y vuelvo a recalcar de la pulcra eliminatoria mundialista- está el futbol que México ha demostrado, el nivel de sus futbolistas, la terquedad de su entrenador de seguir improvisando, probando futbolistas fuera de posición y rotando alineaciones y la certeza de que los dirigentes sólo están preocupados por el negocio que signifique la selección. Para ellos, llegar al Mundial, alejar cualquier riesgo como el que se vivió en el 2013, es suficiente y satisfactorio. México termina su eliminatoria como "Rey" de la Concacaf, pero me pregunto: ¿Es "plebeyo" en el mundo futbolístico? Con lo que ha mostrado hasta ahora en la cancha, creo que no es garantía de nada, ni siquiera de llegar ya no al quinto, sino al cuarto partido del Mundial.

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El futbol mexicano acaba de desperdiciar una maravillosa oportunidad. No sólo de lograr un avance comercial, económico, también en la búsqueda de un nuevo horizonte deportivo. La Selección Mexicana sigue en las manos del mismo grupo, de las mismas personas que deciden su presente y su futuro tanto en la parte comercial como en la parte futbolística. El cambio al que tuvo miedo por optar el futbol mexicano hubiese también significado una transformación también en las manos, en las formas y en la cabeza que históricamente toma las decisiones en lo que concierne a la propia cancha. El futbol mexicano no ha tenido la capacidad de separar ambas áreas: quien tiene "el control" lo termina controlando todo...

México
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LOS ÁNGELES, CA.- Entre tantas cifras, contratos y clausulas podríamos haber olvidado lo más importante y esencial del asunto: la cancha de futbol.

La Selección Mexicana no solo aseguró su continuidad comercial, económica en manos del mismo grupo durante los siguientes ochos años, también, de paso, su posesión deportiva, la futbolística, el manejo de lo que realmente trasciende para el aficionado: el futbol.

"Yo no vi que Televisa manejara directamente la decisión de designar a Juan Carlos Osorio como entrenador de la selección", me dice Alejandro Irarragori, el presidente de Santos y el hombre que encabezó al polémico Comité de Comercialización que recomendó la extensión de contrato por los derechos de la selección nacional. Y puede que en ese sentido, a Irarragori le asista cierta razón, pero es indudable que la decisión de contratar al último entrenador recayó en el Presidente de la Federación Mexicana de Futbol. Afirmar, sin embargo, que Decio de María es un personaje completamente independiente al poder de Televisa es demasiado arriesgado.

Así como la Liga y cierto manejo federativo han tomado alguna distancia en los últimos tiempos, es evidente que la selección sigue siendo manejada comercial y deportivamente por las televisoras. El ejemplo más reciente ocurrió durante la crisis de la eliminatoria del 2013, donde Televisa emergió para "salvar " el boleto mundialista "prestando" al entrenador Miguel Herrera, al directivo Ricardo Peláez y al propio América. Aquel que diga que las televisoras o la televisora no maneja a la Selección Mexicana supone que algunos o que todos, de plano, "nos chupamos el dedo".

El control económico es fundamental porque al final del día también se entiende como mantener un control deportivo. De otra forma, hace tiempo, que la FMF, o los clubes o la Asamblea de Dueños se hubiesen dado a la tarea de conformar un comité de exentrenadores y exjugadores capacitados y experimentados para tomar decisiones de cancha. En el futbol mexicano, quienes toman decisiones comerciales toman también decisiones futbolísticos, estén o no estén preparados para ello.

La importancia de una "independencia" comercial tiene que ver, forzosamente, con una "independencia" futbolística. ¿Y qué se puede esperar de unos clubes que teniendo la decisión en sus manos terminaron -presionados o amenazados- votando por el sostenimiento del "grupo en el poder"? Nada, en realidad nada, porque cuando en realidad podían haber forzado una reforma terminaron doblando la mano o temblando de miedo.

La selección tiene un "dueño" y ese "dueño" decide qué hacer en cuestiones comerciales y en cuestiones futbolísticas. El futbol mexicano sigue en las manos del mismo "personaje" que durante más de medio siglo ha entregado los mismos mediocres resultados.

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Los "grandes" se han ido disipando en el futbol mexicano. Han crecido otros -es verdad- pero ellos han dejado jugar con la regularidad que exige su historia. La caída de Chivas es inconcebible. Que Pumas sea el último lugar no puede entenderse y que América y Cruz Azul no ofrezcan ninguna garantía tampoco es normal. "Grandes" que no actúan como tales, "grandes" que empequeñecen en el futbol mexicano.

Sergio Egea y Matías Almeyda
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LOS ANGELES, CA.-- Chivas afronta la peor "campeonitis" en la historia del futbol mexicano y quizá del futbol mundial. Su desplome ha sido dramático, desgarrador, triste. Pumas es el último de la tabla general. Es un equipo sin orden, sin rumbo, sin la jerarquía que marca su historia. El América intenta recuperar el camino de la liguilla que perdió hace una temporada y Cruz Azul es, simplemente, Cruz Azul. ¿"Grandes"? ¿De dónde, cómo, cuándo, por qué? El futbol del mundo nos coloca ejemplos muy claros. Los "equipos grandes" -Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, Chelsea, Juventus- afrontan, como todos, malos momentos, pero siempre mantienen un postura competitiva en la parte alta de la tabla, el sitio que corresponde a su inobjetable grandeza. Los llamados "equipos grandes" están en vías de extinción en el futbol mexicano. Han dejado de existir. Viven de su fama, de su historia, de cierto abolengo que aún les acompaña, pero han dejado de cumplir con uno de los grandes preceptos de un "equipo grande": competir siempre arriba. Pase lo que pase, pelear en la parte alta de la tabla.

La caída de Chivas ha sido patética. Hace algunos meses -o semanas- este equipo daba la impresión de jugar mejor que nadie al futbol en México. Se hablaba de lesiones, de falta de acoplamiento, de confianza y "bla, bla, bla...". La realidad es que Chivas no ha recuperado jamás su nivel futbolístico y que los esfuerzos de Matías Almeyda por motivar a sus futbolistas han sido inútiles. Hay varias teorías alrededor de la "campeonitis" de Chivas. La primera explicación y las más poderosa acude nuevamente a la fragilidad mental del futbolista mexicano, pero ello no puede ser considerado como una teoría. No esta comprobado del todo, máxime, cuando otros clubes que utilizan una mayoría de jugadores extranjeros -ahí está el caso de Pumas, o de Cruz Azul- tampoco han alcanzado el nivel de regularidad que exige su camiseta. Así que yo "sepultaría" de una vez y para siempre la hipótesis de que el Guadalajara ha fracasado porque juega únicamente con mexicanos y porque los futbolistas mexicanos no tienen la fortaleza psicológica necesaria. Esa es una rotunda mentira. Para mí, todo parte desde una planeación, un trabajo, una exigencia, una motivación y un nivel futbolístico. El desplome de Chivas ha tenido la mejor o la peor parte de cada uno de esos aspectos. Se lo pregunté al propio Matías Almeyda justo cuando está por comenzar la temporada: ¿Cómo hacer para mantener la motivación en este grupo de futbolistas después de "la hazaña" que consiguieron en mayo? Titubeó un poco, sonrió, antes de responder: "Dirijo un grupo de profesionales. Ellos sabrán cómo responderme...". Pero esa irregularidad no es propia de Chivas. Lo de Pumas ha sido otro desmoronamiento dramático. Si bien entendemos que el patronato que controla al club Universidad está pasando por problemas económicos, ello no alcanza como justificación para un equipo que en el campo de juego muchas veces no corre, ni pelea ni juega con la estirpe que históricamente ha caracterizado a los Pumas. Aún en la época de carencias o penumbras, Universidad no puede darse el lujo de ser el último en la tabla general. Tener pocos recursos no significa que debas planear mal. Y en este equipo, el presidente Rodrigo Ares de Parga carga, evidentemente, con mucha responsabilidad. Cruz Azul y América parecen "despertar" hacia un cierre de temporada interesante, pero tampoco son garantía de nada. El equipo del 'Piojo' tiene 20 puntos, va a regresar a la liguilla, pero muchas veces sigue sin llenarme en la cancha de juego. Y Cruz Azul ha mostrado algunas cosas positivas en la evolución del mandato de Jémez, pero su prueba más importante -la fase final a la que no ha llegado por seis temporadas consecutivas- está por llegar. Tampoco ofrece una seguridad de nada.

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El futbol, el "bendito" futbol regresa y aunque parece lo menos importante de lo más importante (más o menos como lo que dice Jorge Valdano) es también una oportunidad para volver a nuestra rutina, la que nos permite encontrar un modo de "vida normal" -no tengo cara en decirle "vida normal" a una persona o familia que ha perdido un ser querido, su casa o todas sus pertenencias- pero la vida debe continuar y el futbol funge como un paliativo, una catarsis, una forma de reconstruir nuestro entorno y nuestra mente. El futbol vuelve y la tragedia, como en muchos otros rubros de la vida del mexicano, promete afectar y condicionar el desarrollo del torneo.

Aficionado con bandera de México
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LOS ANGELES, CA.- El torneo mexicano del futbol regresa este martes. Un campeonato trastocado por una desgracia que obligará a los equipos a ajustarse a apretados calendarios. Para ellos, para los futbolistas y para los entrenadores, la vuelta a esa "rutina" supondrá un esfuerzo extra y también una serie de cambios que podrían generar una competencia diferente.

Hasta prácticamente la mitad del torneo, el Monterrey marca un paso impetuoso mientras que un puñado de equipos -América, Toluca, Cruz Azul, Tijuana y Tigres- tratan de sostener un ritmo regular. El campeón defensor Chivas luce rezagado y agobiado mientras sigue buscando, casi con desesperación, su memoria futbolística. No queda mucho tiempo por delante. Un par de meses -octubre y noviembre- antes de la liguilla. Aquellos equipos que logren alcanzar su rutina con mayor rapidez y al mismo tiempo naturalidad, y se acoplen a las exigentes demandas físicas, encontrarán las mejores condiciones para luchar por los sitios de privilegio del campeonato. El Apertura 2017 podría no ser recordado como el del gran Rayados, o el del renacimiento de Cruz Azul o tampoco como la vuelta gloriosa del "Piojo" a Coapa. No, será recordado como el campeonato que renació en medio de una terrible tragedia.

El futbol es un entretenimiento, un tema trivial, lúdico, pequeño, diminuto, inexistente ante la gran tragedia que abordó al país, pero puede colaborar, de algún modo, en la reestructuración mental que tanto requieren miles de personas. El futbol tiene una responsabilidad social. No puede apartarse de ella. Le corresponde y la tiene que asumir.

Los ejemplos de solidaridad han cundido desde cada esquina. Los mexicanos hemos tomado nuestras calles y hemos abordado la desgracia con un gran sentido humano. Hemos demostrado que entre la violencia, la desigualdad social, la discriminación y la corrupción se asoma una nación diferente, pujante, fraternal, solidaria y preocupada por el prójimo. Hemos descubierto y redescubierto la mejor parte del mexicano.

"UNIDOS POR LOS NUESTROS"

La tragedia nos ha mostrado que ninguna barrera es infranqueable. Este martes y miércoles, las principales cadenas de televisión en Estados Unidos se unirán para apoyar los esfuerzos de la Cruz Roja y sus labores de ayuda en México, la Florida, Texas, Puerto Rico y el resto del caribe. Azteca América, ESPN, Fox y Univisión Deportes se unen para transmitir de manera simultánea en español y en inglés con comentaristas y periodistas de las cuatro cadenas la jornada de media semana que marca el reinicio del futbol mexicano. Otra muestra fehaciente de que ninguna barrera económica o comercial prevalece cuando se trata de ayudar en medio del desastre que afecta a millones de personas.

El futbol no es ni más ni menos importante hoy, pero sí un vinculo para volver a nuestra sagrada y soñada rutina. Busquemos el camino de regreso, por más que este lleno de escombros, de soledad, de angustia, de recuerdos y de penuria.

El camino de vuelta a la rutina no será nada sencillo. Lo entiendo, de forma personal, mientras camino entre los escombros y las paredes agrietadas de la que fue mi habitación de infancia y adolescencia. Entiendo, también, lo afortunado que soy. Mi familia está bien y yo estoy bien, cosa que otras cientos y quizá miles de personas no pueden contar. La rutiná esta tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. La rutina que se descompuso justo a las una de la tarde con 14 minutos y 40 segundos de hace una semana. La rutina que siempre despreciamos y que hoy añoramos.

"El futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes", dice Jorge Valdano, pero si el futbol significa el inicio de la vuelta a nuestra rutina, bienvenido sea.

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Algunos años más tarde, he tenido que forzar "la retirada". "La retirada" desde una trinchera donde no me cansaba de ser y presumirme como su detractor número uno. Para mi, el 'Canelo' no era más que un invento de la publicidad, de la televisión, de la necesidad de la industria y del negocio. Hoy me doy cuenta de mi error. Lo acepto, tal y como es, sin rodeos, como lo hace el propio 'Canelo' cuando embiste al rival y cuando me confronta en una entrevista: Me equivoqué. Me tapó la boca un boxeador que ha mejorado noche con noche, que nos han enseñado valentía sobre el ring y disciplina y trabajo fuera de él y que este sábado tiene una gran oportunidades de dar el salto hacia una privilegiada y sagrada zona del boxeo mexicano. El 'Canelo' me tapó la boca.

Canelo
Getty Images
LAS VEGAS, Nevada.- Tengo que admitirlo. Fui el primero de sus detractores. Aquel que lo juzgaba tajantemente como un producto falso de la necesidad de la industria, de la televisión, del negocio más apegado al mundo de la farándula que al universo real, para mí sagrado y serio que significa la historia del boxeo mexicano y de sus grandes héroes. Para mí, él era sólo un farsante. Algunos años mas tarde, debo reconocer mi error. Noche con noche, Saúl 'Canelo' Álvarez, se ha encargado de taparme la boca y de hacerme creer que en realidad posee alguno de los "aromas" más respetables para pertenecer a una clase privilegiada del boxeo mexicano. Lo ha hecho. Enfrentó valientemente la "vergüenza" de no hacer demasiado frente a Floyd Mayweather. Fue y le ganó a un histórico del boxeo latinoamericano como Miguel Cotto y trabajó ante diferentes estilos -Erislandy Lara, Austin Trout y James Kirkland- hasta ganarse el reconocimiento de sus críticos. Acumuló dinero, dos títulos del mundo y una condición mediática que le transformó en la cara del boxeo hispano. Todo ello lo ha hecho sin llegar todavía a los 28 años de edad.

El 'Canelo' es un tipo serio. A veces, parece antipático, arrogante, soberbio -'mamón', como diríamos aquellos que crecimos en las calles de la Ciudad de México-, pero también es un hombre serio, que a pesar de la gran fortuna y de la fama que ha acumulado a su joven edad, sigue conservando el hambre del trabajo, del gimnasio, de la disciplina por su profesión y el respeto por sus manejadores y mentores, el 'Chepo' y Eddie Reynoso, sin duda, los dos hombres que lo han conducido magistralmente en el difícil mundo del boxeo. La realidad es la realidad: ha mejorado mucho boxísticamente mientras ha madurado en el ring. Hoy, no es más ese boxeador parado que basado en su gran fortaleza tiraba golpes al son por son descuidando su defensa. El 'Canelo' es ahora un boxeador más equilibrado. Temible al contragolpe, con un "uppercaut" que asusta a cualquiera y con condiciones que le permiten caminar sobre el ring, quitarse golpes y mantenerse a salvo en los momentos más delicados de la pelea. El 'Canelo' ha avanzado, se ha hecho mejor boxeador desde aquellos días donde José Miguel Cotto, el hermano del seis veces campeón mundial Miguel Cotto, estuvo a nada de llevarlo a la lona en el primer round de una pelea que ganó más tarde por nocaut, desde que abusaba de la veteranía de Carlos Baldomir o de la inocencia de Mathhew Hatton o tal vez desde aquella etapa donde parecía sólo dispuesto a pelear ante boxeadores más chicos que él, ventaja que hacia evidente sobre el ring.

Yo le digo 'Canelo' y él me habla de usted. Es un chico de pocas palabras, pero al igual que como es sobre el ring, le gusta ir de frente. Dice lo que tiene que decir en frases breves, puntuales y nada más. Todos podemos cometer un error al momento en que juzgamos, en que damos un punto de vista, en que tomamos riegos. Yo lo hice con el 'Canelo'. Le di la espalda porque pensaba que su carrera se fincaba sobre bases endebles, poco sólidas. Algunos años más tarde, la verdad es que me equivoqué. Él no es ni será, tal vez, un Julio Cesar Chávez. Tampoco se acercará a las condiciones de Rubén Olivares y quizá no tenga los dones técnicos de Ricardo López, del 'Mantequilla' Nápoles o de Erik Morales. Pero dentro de sus aptitudes -que las tiene de sobra- es un gran boxeador, un boxeador que me tapó la boca.

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El boxeo es un deporte caprichoso, extraño, lleno de circunstancias, accidentes, decisiones, momentos, detalles. En apariencia, todo ello está por debajo de las condiciones técnicas, físicas y mentales de los dos protagonistas del combate en la T-Mobile Arena, pero uno nunca sabe. Lo que parece claro es que tanto el mexicano como el kazajo tendrán una responsabilidad mucho más marcada que su propia gloria particular en la cita de este sábado: la de darle credibilidad a todo un deporte que ha conocido una de sus peores crisis en los últimos tiempos. 'Canelo' y Golovkin tienen todo para hacerlo, pero...

Canelo Alvarez vs. Gennady Golovkin
Getty Images
LAS VEGAS, Nevada.- Saúl 'Canelo' Álvarez y Gennady Golovkin podrían tener un reto mucho más importante y decisivo que su propia victoria la noche del sábado en la T-Mobile Arena de esta ciudad: Un triunfo por la credibilidad de un deporte que ha sido "vapuleado" en la ultima época. Los pronósticos sobre quién será el ganador por la batalla del campeonato mundial mediano no son muy claros ni contundentes. Lo que sí es concluyente en casi todos los expertos y aficionados es que será un duelo memorable que reivindique la historia misma del boxeo. "Es una pelea que será recordada dentro de 20 años", dice el promotor Oscar de la Hoya. Nada puede fallar. Golovkin es un boxeador serio, trabajador, honesto que ha tenido una gran carrera, primero como boxeador olímpico en su país natal y después como boxeador profesional, donde no ha perdido en 37 peleas y ha logrado construir, justo en la etapa final de las trayectorias de Mayweather y de Pacquiao, una reputación de pegador endemoniado, hecho que logró transformarlo en la gran estrella de la cadena HBO. El público del boxeo, cansado del boxeo defensivo y elusivo de Mayweather, buscaba y encontraba satisfacción a sus necesidades en el implacable boxeador kazajo. Y el 'Canelo' es un boxeador al que yo, en lo personal, siendo uno de sus grandes detractores, aprendí a respetar noche con noche. Su boxeo ha mejorado. Se ha convertido, tras peleas ante superestrellas de la época -Floyd Mayweather y Miguel Cotto- en un temible contragolpeador. Tiene un "uppercaut" imponente, ha aprendido a moverse sobre el ring y a sus 27 años luce como "un roble", físicamente apto para cualquier empresa que proponga la noche del sábado.

Tenemos dos grandes boxeadores, auténticos merecedores de la expectativa que ha generado la pelea. Dos personajes que pueden respirar o aproximarse a figuras legendarias en el filo de las 160 libras: Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard, Tommy Hearns, Marvin Hagler, Carlos Monzón, Archie Moore, Marcel Cerdán o Roberto 'Manos de Piedra' Duran. El boxeo presiente y cree que tiene en sus manos una noche en la que nada puede fallar para vivir una memorable jornada de emociones, de buen pugilismo, de equilibrio, de argumentos técnicos y físicos. El mismo boxeo que en el pasado reciente ha vivido de la incertidumbre, de las carencias, de momentos que resultaron traicionados por los propios protagonistas de la industria, de cuestiones más apegadas a la necesidad de un espectáculo y de un circo que a la seriedad e historia que establece este deporte. 'Canelo' y Golovkin pueden y deben darle la certeza que tanto ha buscado el boxeo en los últimos tiempos. Las condiciones de ambos, las estadísticas, los hechos fehacientes indican que nada puede fallar, pero el boxeo es un deporte donde siempre hay espacio para incidentes, circunstancias y accidentes. Cualquier detalle puede terminar lastimando lo que parece una combinación perfecta. No falta mucho para que suene la campana. Veremos qué sucede.

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El viernes por la noche en el Estadio Jalisco volvieron a aparecer los síntomas más temibles y lamentablemente comunes del futbol mexicano: los de la corrupción. Una pantalla mal colocada y una decisión rápida, tomada bajo la mesa, sin consulta y obviamente sin apego a los reglamentos. El juego se reprograma. Así de fácil y de sencillo se resuelven las cosas en una Liga presumida como de "primer mundo" y resguardada siempre en prácticas que solo sirven para cuidar los intereses más poderosos de la industria. Lo del Atlas y la pantalla no fue solo un ridículo, también una escena más de la vulnerabilidad de las leyes en el futbol mexicano...

Imago7
LOS ANGELES, CA.- La Federación Mexicana de Futbol ha amanecido este lunes con un "colorido" boletín, donde entre reglas, artículos y señalamientos intenta esquivar la parte más importante de cualquier competencia deportiva: la legalidad. Una pantalla casi "a nivel de cancha" aparecía de forma espectacular, dramática y yo diría que hasta ridícula el viernes por la noche en el Estadio Jalisco haciendo imposible la celebración del juego por la Fecha 8 del Apertura mexicano entre el Atas y los Tigres. La culpa, más allá de que seguramente buscarán otros culpables y pretextos, es del club local y el reglamento establece con claridad que cuando un equipo incurre en este clase de fallas -o irresponsabilidades- puede y debe hacerse acreedor a una sanción que destaca la pérdida de los tres puntos. ¿Qué hizo la Liga MX? ¿Qué hizo la Federación? Tapar el tema y rápidamente ponerse de acuerdo, entre ambos equipos, para un celebrar el juego en otra fecha. No se trata del Atlas. Tampoco de lo que hay detrás del Atlas. Se trata de otro triste escenario donde la justicia pasa a segundo término y donde se imponen los poderes, las influencias, los intereses del juego. Alguien cometió una falta y alguien debe pagar por ello. La seriedad dista mucho de una liga presumida como de "primer mundo" y la legalidad desparece cuando aparecen los intereses que están de por medio. El futbol se maneja así en México. Lamentablemente, sin independencia, sin coherencia, sin transparencia, sin claridad y sin justicia. El futbol se maneja siempre bajo los intereses de aquellos que mandan, que protegen sus beneficios, sus ventajas y sus ganancias. Dejemos el tema del Atlas y concentrémonos en otros asuntos que son tratados con el mismo sentido de despotismo: el Draft, el llamado "Pacto de Caballeros", el Sindicato de Futbolistas, la Selección Nacional, las reglas que favorecen las contrataciones de futbolistas extranjeros, los multipropiedades, el arbitraje, la Comisión de Disciplina y muchos otros asuntos. De la misma forma en cómo se resolvió esta controversia, se resuelven otras: bajo la mesa, pisoteando el reglamento, defendiendo sus intereses, cuidando los beneficios de quienes mandan. Después de todo, el futbol mexicano no puede ser distinto o ajeno a la gran problemática que envuelve el país en la mayor de parte de sus instituciones y de sus actividades en general. Hay una gran corrupción de por medio. La hubo el viernes en el Estadio Jalisco y ha existido en muchos otros escenarios de una pasión nacional convertida en una rica industria llamada futbol.

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México logra el boleto para Rusia 2018 y lo hace como no lo había hecho en los últimos dos procesos mundialistas: con tranquilidad y coherencia en la tabla clasificatoria. El problema surge cuando buscamos otro tipo de elementos en la cancha que nos permitan establecer que cuando afronte el nivel competitivo del Mundial y se aproxime a un juego de octavos de final ante Alemania, Brasil, Francia, Argentina o España, las posibilidades de éxito sean mayores que en el pasado. No hay garantías de nada y sí, por el contrario, descubro cierto conformismo y hasta apatía por dejar una "zona de confort" y exigirle a este futbol de acuerdo al potencial que tiene en el campo de juego y no en los productivos negocios que siempre involucra. Ir al Mundial cumple con un cometido en lo económico. Competir en el Mundial es otra cosa, una asignatura que el futbol mexicano ha dejado pendiente y que de acuerdo con lo que ha mostrado en los últimos tiempos, no ofrece ninguna clase de garantía.

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CIUDAD DE MEXICO.- Me pregunto: ¿De qué sirve "caminar" en la Concacaf para luego "gatear" en el Mundial...?

Mexico se ha clasificado a Rusia 2018. Hay algunos que lo celebran y lo ponderan. Habemos otros mucho más cautos que suponemos que el boleto mundialista, logrado bajo las condiciones en las que lo ha hecho la Selección Mexicana --primero, sin un estilo de juego definido y de buen futbol y segundo, en una de las zonas del peor nivel futbolístico del mundo-- no debe ser motivo de ninguna exaltación. México, hasta ahora, ha cumplido. Ha cumplido con "el negocio" de clasificarse a una Copa del Mundo (la numero 16 de su historia) y nada más. Sus expectativas parecen estar más allá de un grisáceo triunfo sobre Panamá y del dominio de un área que históricamente le ha favorecido. De nada le sirve a México clasificarse "caminando" en la Concacaf si una vez en el Mundial su futbol va a "gatear" como lo ha hecho en esta misma era cuando ha tratado de probarse en un nivel superior del juego (la Copa América del Centenario y la Copa Confederaciones).

No podemos cruzarnos de brazos y conformarnos con que esta es nuestra realidad y que la distancia con respecto a las grandes potencias del futbol es y será siempre la misma. Las pruebas, aunque escasas, existen. México ha mostrado una imagen más avanzada de su futbol en los últimos mundiales, donde se ha asomado, de forma competitiva hasta la instancia de los octavos de final. Llegar al Mundial es un requisito. Mostrar una forma, una manera con la cual se pueda establecer un avance con respecto al pasado es una necesidad y casi una obligación de este futbol.

La mejor noticia del viernes por la noche, cuando se consumó oficialmente la clasificación mexicana para Rusia 2018, ha sido la continuidad del entrenador Juan Carlos Osorio. El colombiano, como casi todos sus antecesores, no ha escapado de la polémica. Y aunque es verdad que su "sistema" --más que de juego, de trabajo, el de las ya famosas "rotaciones"-- no ha terminado por establecerse favorablemente, él no parece el único responsable de que el juego mexicano no haya alcanzado su potencial y un convencimiento pleno.

Los futbolistas, los que corren, meten la pierna y también los goles. La materia prima y fundamental de este deporte. Los que ganan y pierden en la cancha. Yo creo que es el momento de exigirle a los futbolistas mexicanos que sean responsables de sus actos y que cumplan, finalmente, con todas las expectativas que han generado. Hubo, incluso, quien llamó a esta generación como "la mejor de la historia" y la ponderó, también, como la más solida basado en el sitio en dónde actúan sus futbolistas, la mayor parte de ellos en ligas europeas de una alta competitividad. La realidad es que no han alcanzado los niveles para los que se les concibió. Sin especificar en algún nombre en particular, todos ellos, vestidos de verde, han quedado a deber.

Como sucedió hace cuatro años y como ha ocurrido en la mayor parte de la historia, la Selección Mexicana no ofrece una garantía de productividad y de competitividad para el próximo verano. Hay quien ve esto con buenos ojos: "Cuando llega el evento grande, la selección se sublima y termina jugando mejor de lo que esperábamos". Sí ,estoy de acuerdo, pero no puede ser la historia eterna de nuestro futbol. México tendría que mostrar avances juego a juego, presentación a presentación , sin importar el torneo o el tamaño del partido para que cuando vuelva a presentarse la ocasión de un juego en octavos de final del Mundial, ante Holanda, Argentina, Alemania, Brasil o España se eleven las posibilidades de sortearlo con éxito.

Entiendo que alrededor de la Selección Mexicana exista todo un "aparato" de comercialización, de ventas y de la explotación de la imagen y que para ese negocio sea imperativo ir al Mundial, pero para efectos exclusivos del futbol, lo importante no es tan sólo ir al Mundial, hay que buscar la trascendencia que este futbol ha amagado y que jamás ha alcanzado, teniendo, insisto, el potencial de sobra para hacerlo.

Queda poco menos de un año por delante. Esta selección debe mejorar. Debe mejorar el entrenador y debe mejorar cada uno de sus futbolistas, porque con el nivel de juego que han mostrado hasta ahora, Rusia 2018 no ofrece ninguna garantía genuina. Por lo demás y atestiguando la reacción de alguna parte del medio y de la afición ante la clasificación mundialista, me queda claro que hay algo peor que la realidad y la mediocridad. La desesperanza y el conformismo de pensar que esa es nuestra realidad y que de ninguna forma salimos de ella. Los niveles existen en el futbol como existen en otros muchos aspectos de la vida. Reconocer tus avances y tu potencial es tan importante como vivir y aceptar tu realidad. Lo que nunca deben faltar son motivos para seguir creyendo y soñando que puedes ser mejor de lo que has sido.

@Faitelson_ESPN

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Para tratar de jugar bien al futbol. La era de Juan Carlos Osorio en la Selección Mexicana ha tenido fundamentos en los resultados de la eliminatoria, pero tan sólo ha presentado breves parajes de buen futbol. Juntándolos todos, no alcanza aún para ofrecernos una certeza de que México competirá en el verano próximo de Rusia. Y este viernes tiene otra gran oportunidad para “volver a empezar”, para tratar de que sus mejores futbolistas, llenos, todos de ellos grandes condiciones que les han conducido a jugar en un nivel mayor del juego, empiecen a hacerlo con orden, con idea y con profundidad. Y lo demás, estoy seguro, llegará sólo: los goles, el triunfo, los tres puntos, la clasificación mundialista e insisto, la tranquilidad de saber que México tiene un equipo de futbol que juega a algo y que esta convencido de sus condiciones. Nunca es tarde...

CIUDAD DE MEXICO.- Ni rotaciones ni experimentos. Ni muy ofensivo ni muy defensivo. El futbol escapa de polémicas porque siempre se ha tratado de lo mismo. Y no es tan sólo ganar por ganar, como aseveran algunos, llevarse los tres puntos y golear al rival. No es ni siquiera una clasificación prematura para el Campeonato Mundial del próximo año. Sigue tratándose de lo mismo: Jugar bien al futbol. Y este viernes por la noche, México vuelve a su zona de confort futbolístico. Aquí, en la Concacaf, donde se siente “Rey”, donde en algunas ocasiones lo han llamado “Gigante” o “todopoderoso”, donde despierta susceptibilidades, envidias, pasiones desenfrenadas y muchas veces odio y encono. Y sigo pensando que no se trata de humillar al rival. Nadie espera que México llene de goles esta noche a Panamá. Se trata de jugar bien, en armonía de líneas, mostrar seguridad, orden en la zona baja e ideas, fundamentos y profundidad al momento de atacar. Jugando bien, México estará más cerca de todos sus objetivos: ganar, clasificar al Mundial, afianzar su distancia con respecto a los rivales del área y darnos cierta certeza de que el futbol mexicano mostrara una escena competitiva para el próximo verano.

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La era de Juan Carlos Osorio se ha distinguido más por su efectividad en el proceso eliminatorio que por una condición propia de juego. México debe y puede dominar la Concacaf, pero ello, al final del día, no le garantizará nada cuando intente dar el salto de calidad que tanto anhelan los aficionados a este deporte en México y más allá de sus fronteras.

Futbolistas hay, existen, puede que no sea la mejor generación de la historia como llegaron a señalar algunos de forma exagerada, pero es un equipo que tiene sus fundamentos, líderes, jugadores de personalidad y un estatus distinto al pertenecer, la mayor parte de ellos, a ligas de un mayor tamaño competitivo que nuestra liga doméstica. En Guardado, en “Chicharito”, en Vela, en Ochoa, en Moreno, en Jonathan, en Giovani, en Herrera, en Jiménez, en Lozano y en Corona, México tiene a un grupo de futbolistas apto, que, lamentablemente, durante el verano no mostraron sus mejores condiciones, ni individuales ni colectivas, cuando afrontaron el reto de la Copa de las Confederaciones.

El entrenador, el señor Osorio, que contra viento y marea debe llegar a dirigir en Rusia 2018, debe entender también que necesita empezar a buscar un cuadro base y que sin perder su método para funcionar, las famosas rotaciones, puede encontrar una alineación que basada en la regularidad, el trabajo, las repeticiones, halle un fundamento para competir como equipo. Es tiempo de encontrar un equipo en la selección mexicana. Sin son 25, 23, 15, está bien, pero 11 que en realidad empiecen a entender a qué y cómo juegan.

El futbolista también tiene una responsabilidad. “Defender” al entrenador en los medios es bueno, cuando la razón les asista, pero el mejor sitio para “defender” al entrenador es en la cancha. Ellos no han estado en el nivel que pueden estar. Deben mejorar. Estar plenamente concentrados y entregados a la tarea de compenetrase como grupo y ofrecer sus mejores habilidades individuales.

Las ventaja mexicana no radica tan sólo en jugar como local en el Estadio Azteca. Reside en su mejor futbol, en su mayor historia, tamaño de la industria y pasión por el juego. Por ello, México es más que Panamá y que muchos de sus rivales del área futbolística. Pero, eso hay que hacerlo evidente en la cancha y no en los medios.

Jugar como equipo siempre será la mejor arma de una selección mexicana, pero individualmente hay futbolistas que pueden marcar diferencia en una noche que se presume húmeda y tensa en el estadio y cerrada y complicada sobre el césped. El liderazgo de Andrés Guardado, oficialmente el nuevo capitán de la Selección Mexicana tras el retiro de Rafael Márquez. Guardado llevara la batuta hasta Rusia y nadie mejor que él para hacerlo. Un chico, un hombre que se ha esmerado en una carrera limpia y competitiva sobre las canchas. Hoy, debe poner el carácter que tiene de sobra para “comandar” al equipo en los momentos más importantes. Otro nombre que sin duda tiene un alto grado de responsabilidad en la moral de esta selección es Javier “El Chicharito” Hernández. No sólo por los goles o por su peso histórico en el equipo, sino también por su temple y porque ha demostrado que es un futbolista que no se esconde en los momentos de mayor presión. Hay otros personajes que pueden darle a México un sentido diferente en los últimos metros de la cancha: Carlos Vela, sin duda, el futbolista de mayor alcance en cuanto a condiciones técnicas. Los otros dos, jóvenes, ambos con características distintas a la que suele tener el futbolista mexicano: “El Tecatito” Corona y “El Chucky” Lozano. Ellos deben tener la jugada distinta cuando el partido se vuelve áspero, cuando el rival se planta con 10 futbolistas por delante de su área chica y cuando la tribuna comienza a apretar con silbidos de impaciencia.

México tiene fundamentos para ser mejor de lo que ha sido en este verano futbolístico. Se sigue tratando de lo mismo. Para mí, no se trata ni siquiera de ganar por ganar o de golear o de tener ya el boleto para Rusia. Se trata de jugar mejor, de jugar bien y con ello, seguramente, aparecerá los demás. Porque nunca debemos olvidar que el futbol es un juego, donde los único que ganamos, la mayoría, son sentimientos, pasiones, recuerdos, fantasías. Hay que tratar de jugar bien. Lo demás, tarde que temprano, llegará.

@Faitelson_ESPN

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Mientras el futbolista panameño del Houston Dynamo, Adolfo Machado, ha tratado de calentar el juego eliminatorio del viernes, los aficionados panameños, y alguna parte del periodismo de ese país, han escogido la casi tradicional manera, o “receta centroamericana”, para avivar la esperanza de una victoria en el Estadio Azteca. Mezclar orgullo, patria y la imagen de una nación con un partido de futbol no ha sido, nunca, una combinación sana y exitosa. Creo que ganar en México, lo que ellos llaman “Aztecazo”, es posible, siempre ha sido posible, pero también creo que hace rato que las grandes aspiraciones mexicanas en el futbol dejaron de ser un triunfo sobre Panamá o eventualmente una clasificación mundialista.

LOS ANGELES, CA.- “Aztecazo”, un término tan simple y vano para algunos como espectacular y fantasioso para otros.

Y ahí vamos, otra vez. La presencia de un equipo centroamericano en el Estadio Azteca para una eliminatoria mundialista supone siempre una carga emocional que parece sentir y disfrutar más el aficionado, y hasta el periodismo, centroamericano que lo que realmente ocurre y se percibe a nivel local en México. Y casi siempre, sean costarricense, hondureños, salvadoreños y en los últimos años panameños cometen el mismo error: suponer que en el Azteca se gana con orgullo, con la patria y con la bandera por delante. Se equivocan. En el Azteca se gana con futbol, con futbol y nada más.

“Mexicanos se sienten la última coca del desierto...”, dice el futbolista panameño Adolfo Machado. Me gusta. No pasa nada. Sirve para calentar el duelo y nada más. Machado juega en la liga de los Estados Unidos (la MLS), en Houston, y sabe perfectamente bien cómo es y que siente el aficionado mexicano por el futbol y por su selección. Insisto: para mi no hay controversia, al contrario, visto desde otro aspecto, me parece interesante que finalmente en el mexicano se descubra un sentido de superioridad cuando generalmente, en futbol, sigo hablando sólo de futbol, hemos sido reconocidos, muchas veces, como faltos de carácter y de personalidad por no llegar a un término más común o vulgar determinado como “agachones”.

Getty Images
Lo mismo pasa con la televisión panameña, como ocurrió con la costarricense, que me pide un comentario donde mis palabras sirvan para generar una motivación extra en sus futbolistas y en sus aficionados y que al final se descompone de tal forma, o la descomponen, para generar distancia, encono y odio a través de un juego de futbol.

Y caen el misma pregunta de siempre: “¿Ve usted posible un “Aztecazo”? Y mi respuesta varia de acuerdo, obviamente, a la época en la que transita tanto el futbol de México como el futbol del rival, porque al final del día esto se resuelve con goles. Jugando al futbol y no mostrando las riquezas o las carencias e injusticias que tiene tanto uno como otro país. El primer error que han cometido las selecciones centroamericanas que vienen al Estadio Azteca por un buen resultado es confundir los sentimientos de sus jugadores y de sus aficionados. En la medida en que el jugador de Panamá, de Costa Rica, de Honduras, de El Salvador y de Guatemala entienda que se trata de un juego, donde puede ganar o perder, entonces, estoy seguro que la travesía y la odisea de triunfar en México será mucho más sencilla. Cargan tanto en lo emocional, mezclan demasiados aspectos que en nada tienen que ver con la cancha, que al final, terminan, me parece, presionando más al futbolista que visita la ciudad de México.

El “Aztecazo” es posible, siempre es posible, hoy, quizá más que nunca, con una selección mexicana confundida durante el verano, sin un estilo definido de juego, con futbolistas por debajo de su nivel, con ausencias, Oribe, Márquez y Layún, y con un entrenador que seguirá haciendo rotaciones y experimentos a pesar de no encontrar la base y la solidez de un cuadro competitivo. Este es el panorama mexicano en el final de un periodo poco afortunado, ni Copa Confederaciones ni Copa Oro fueron exámenes positivos, y ante la posibilidad de clasificarse prematuramente al Mundial de Rusia 2018.

Las oportunidades de que Panamá juegue bien y obtenga un buen resultado son viables, siempre y cuando entienda que no viene a una “guerra” y que no se está jugando “la vida” en el Estadio Azteca. Es un simple juego de futbol.

Percibo, al mismo tiempo, un desgano normal del aficionado mexicano. Los dos torneos del verano no sirvieron para “calentar” el cierre de la eliminatoria y la realidad es que, históricamente, tal vez por el área donde juegue, en México no se suele celebrar las clasificaciones a los Mundiales. Hace rato que las aspiraciones mexicanas en el futbol están más allá de ganarle a Panamá o de un boleto mundialista. Eso, suponemos algunos, aunque luego nos califiquen como que “la última coca del desierto”.

@Faitelson_ESPN

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