MÉXICO -- La Selección Mexicana de fútbol, una vez más, se enfrentó a su homóloga de Argentina. Yo no sé por qué, ni me alegra, pero se trata de cumplir un libreto previsible que a la letra diría más o menos lo siguiente: "Por lo que toca al balompié, Argentina y México se encontrarán esporádicamente y el triunfo deberá corresponder a Argentina, salvo en aquellas ocasiones que ocurrirán una vez cada dos años, en las que México obtendrá una difícil victoria, o un sufrido empate".
El domingo 27 de junio de 2010, en algún lugar de África se encontraron los equipos de Argentina y México. Para efectos de lo que yo quiero decir, el marcador final es irrelevante. Lo que a mí me interesa, como observador de la difícil y fragorosa vida en México, es poner en evidencia la condición casi surrealista de la toma de decisiones en nuestras folclóricas tierras.
Análisis sobre derrota de México ante Argentina
Para establecer que México saldrá victorioso de este cotejo, muchos razonaron de esta manera: en México hemos sido siempre muy solidarios y muy jaladores con los argentinos; a pesar de que casi nunca entendemos bien sus rollos políticos, ni compartimos su permanente azotón emocional, a pesar de todo esto y de las empanadas de humita, cuya fórmula está resguardada en Washington, los mexicanos tenemos la tendencia general e inexplicable a darle la razón a los argentinos y a apoyarlos en sus ires y venires políticos que, esos sí, no los entiende nadie. Por aquí comienza todo, pero dista mucho de agotarse.
Aquí, con mucha pena, tengo que hacer unas consideraciones históricas y antropológicas que también coadyuvan a que entendamos la enorme distancia que hay entre argentinos y mexicanos.
En Argentina son muy escasos los grupos indígenas y éstos tienen una influencia más bien nula en la constitución del fenotipo argentino. Estos argentinos, dice Borges, no descienden de los indios, descienden de los barcos y sus raíces son mayoritariamente europeas: italianas, inglesas, judías y españolas. En el siglo XIX se distribuyeron por el inmenso campo argentino, ese vértigo horizontal, e imaginaron la pampa y la pampa engendró al gaucho que, a su vez, generó su propia literatura. Como ocurrió en todo el mundo, a finales del XIX, comenzó la migración a las ciudades. Nació el suburbio y, en el caso de Argentina, ahí nacieron los tangos, los gremios y los equipos de futbol.
El gaucho se volvió Crack y se lanzó a la conquista del mundo. El domingo, a costa de México, se cumplió otra mínima etapa de esta historia. Como ya habrán visto, Martín Fierro derrotó 3-1 al Águila que cae. Ni modo.