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Aquellos Héroes Anónimos.

MÉXICO -- El último dato estimado por nuestro compañero de ESPN Darren Rovell, especialista en finanzas deportivas (@darrenrovell en twitter), señala que Michael Phelps terminará ganando entre 50 y 60 millones de dólares al final de su carrera.

Eso se reparte entre premios por competir –en una muy menor proporción- y el resto en interminables patrocinios.

Gabby Douglas, la "ardilla voladora", se volvió inesperadamente la figura de Estados Unidos en la gimnasia. Ella podría ganar, también de acuerdo a una nota de Rovell, entre 8 y 12 millones de dólares en los próximos 4 años.

En una nota presentada por la agencia Reuters, Keith Weirs estima que Usain Bolt ganará en la próxima olimpiada (los 4 años que transcurren entre los Juegos Olímpicos) casi 20 millones de dólares al año después de refrendar su título en los 100 metros planos.

De Kobe Bryant, Neymar, Sharapova y Federer ni hablamos. El suizo ha acumulado casi 55 millones de dólares en los últimos 12 meses. Es el atleta olímpico más acaudalado de todos los que compitieron en Londres 2012.

La esencia de los Juegos es celebrar a los deportistas amateur, pero no podemos cegarnos. En nuestra época ya casi no existen.

Pero esos mínimos casos, merecen una mención especial.

Erick Barrondo le dio su primera medalla olímpica a su amada Guatemala. Con mucho trabajo pudo conseguir una televisión para que sus padres lo vieran llegar segundo en la marcha de 20 kilómetros y,
posiblemente, colgarse otro logro en los 50 km.

Y eso ya es un lujo. Hasta hace un año su familia no tenía donde vivir. Ahora habitan en una casa obsequiada por el gobierno guatemalteco, que así reconoció el esfuerzo del mejor atleta en su historia.
La lucha de Yuri Alvear no comenzó en el tatami donde practica el Judo, de hecho su país, Colombia, desestima a su disciplina y la tiene en los escalones más bajos del presupuesto.

Su condición familiar tampoco ayudaba mucho. Su madre lavaba ajeno y su padre se dedicó a la construcción para sacar a su familia adelante. Consciente de su talento pero abrumada por sus carencias, tuvo que desprenderse de lo poco que tenía para organizar rifas y sorteos. Con el dinero que recolectó pudo costear sus gastos para poder viajar a los eventos internacionales que le dieron el boleto a Londres.

Ahora, con la medalla de bronce brillando en su cuello, recibió la noticia de que el Alcalde de su natal Jamundí le obsequiará un hogar. El primero que su familia habrá tenido.

Contar la historia solamente de los que ganan sería un acto de injustica.

Hay algunos que, con competir, han triunfado en la carrera más difícil. La de sobrevivir.

Urige Buta representará a Noruega, uno de los países más ricos del mundo.

Él llegó ahí escapando de Etiopía, donde su padre fue arrestado por conflictos políticos. Al día de hoy no sabe qué fue de él.

Trabaja de tiempo completo como intendente de una escuela. Arranca a las 6 de la mañana limpiando los baños y después las oficinas, no para durante 6 horas hasta que toma una pausa para poder entrenar. Apenas le alcanza el tiempo para comer; vamos, apenas le alcanza el dinero para comer.

Por recomendación de un entrenador de atletismo local comenzó a entrenar; puso tiempos que para los estándares escandinavos no pertenecen a la normalidad y consiguió que la escuela le diera un par de horas más para practicar.

Hasta que llegó el invierno.

Las inclementes temperaturas hacían imposible su desempeño. Entonces conoció un túnel que conecta el servicio de cañerías de Haugesund, su única opción para seguir mejorando sus marcas.

Su nombre llegó hasta un club atlético que lo reclutó y le permitió entrenar más en forma, lo becó para competir en eventos locales, nacionales e internacionales. Hasta que consiguió la marca para participar en Londres 2012.

La escuela en la que es empleado le permitió dejar por un par de meses la escoba y el trapeador; encargó a alguien más la recolección de basura. Le aseguraron que su esposa e hija recién nacida estarían bien cuidadas y le desearon suerte en los Juegos Olímpicos.

Es poco probable que gane una medalla, pero a quién le importa. Le han prometido que, cuando regrese, le aumentarán el salario y tendrá una hora más de descanso para que siga entrenando.
Así tenga que ser en las cañerías durante el invierno.