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Jorge Vergara besa al Príncipe Azul... esperando que le devuelvan el sapo

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Néstor: Problemas de Vergara no afectarán (1:05)

El Presidente Deportivo, del Club Guadalajara, aseguró que las situaciones extra cancha que vive el dueño del equipo, no afectará en lo deportivo. (1:05)

LOS ÁNGELES -- Uno pensaría que Jorge Vergara se compró un rostro para esconder su verdadera cara. O que besó al sapo para buscar un príncipe azul. Y que ahora besa al príncipe azul para recuperar al sapo.

Se sigue arrepintiendo de no haberse arrepentido a tiempo. Ya alguna vez salió al zócalo del oprobio. Ahí, desnudo de todas las galas rojiblancas del oropel de la auto exaltación como dueño de Chivas, Vergara confesó haber pecado con la extrema pobreza del rico soberbio.

Ahora lo hace de nuevo. Perpetraba adulterio contra sus propios intereses, jurando lealtad a su matrimonio. "Estaba ciego, no quería ver lo que estaba pasando", confiesa Jorge Vergara a Univisión.

Como lo permite milenariamente, la absolución de todos los pecados no significa el cambio por remordimiento, sino la autorización para trasgredir de nuevo. El perdón y el pecado son el único matrimonio feliz que termina con la muerte. Y, en este caso, en este ciclo, el dueño del Guadalajara parece inmortal, eterno, infinito. Diría Sabina: para "absolverte de todos mis pecados".

Parece, sin embargo, que tras el recorrido pesaroso y compungido de los últimos años, el dueño del Guadalajara, elige flagelarse -- como medida desesperada --, en la más fuerte de sus debilidades: la vanidad.

"Aquiles era tan fuerte como su Talón", dice Francis Underwood en House of Cards. Y el talón de Vergara había paralizado el resto de su cuerpo. La sombra de sus errores es más larga que el cuerpo de sus aciertos.

Para su fortuna, toma decisiones importantes. A los cadáveres que dejó por acusaciones impulsivas, fue a pedirles perdón y fue a reclutarlos, con las obligadas indemnizaciones morales y financieras.

Los dos habían renegado tanto de su pasado con Vergara - no con Chivas --, que habían elegido ya no mencionar siquiera el nombre del enemigo. Pero, al ver desamparado a su patria futbolística, y al tirano con las manos expuestas y la plaza de su soberbia rendida, Néstor de la Torre regresó con un certificado de autonomía y de inmunidad. Y pidió un amparo similar para su hermano José Manuel.

La resurrección del Guadalajara es evidente. Ocurre donde debía ocurrir: en la Tabla de Porcentajes, en la Tabla General, e, inesperadamente en la Final de la Copa Mx.

Ocurrió un milagro geométrico en Chivas: el rombo se ha perfeccionado en un triángulo equilátero: Vergara ha quedado fuera del vestuario y de la cancha. La esquina que sobraba ha sido rota y cauterizada. Y quedaron tres en armonía y otro en el destierro...

    1.- Chepo de la Torre se ha encargado de poner orden en la cancha.

    2.- Néstor se ha encargado de poner orden en el vestidor y en la tribuna.

    3.- Y la afición se ha encargado de imponer órdenes en los espíritus desarraigados de los jugadores.

    4.- Vergara es sólo convidado de piedra que contempla cómo sin él, lo suyo, vive mejor. La mejor orden de exclusión, exilio y desarraigo, la dictó Vergara contra sí mismo. Su espejo en Chivas está vacío.

Ahora, con el conflicto laboral, sentimental, matrimonial, financiero, legal, civil y penal en desarrollo contra Angélica Fuentes y quienes perpetraron malos manejos, el dueño de Chivas ofrece disculpas a todo el conglomerado de OmniLife, incluyendo los más de 500 empleados o asociados, de mandos medios, que corrió la presidenta ejecutiva.

Suena ominoso decirlo, pero el mismo Vergara lo reconoce: cuando rompe con su esposa, rompe las esposas que le sujetaban en la tomas de decisiones. Cuando abre los ojos, como él lo dijo; cuando empieza a ver lo que no quería ver, justo entonces, suelta a ojos cerrados el control de Chivas, en quienes sí saben de futbol.

Claro que hay víctimas. Claro que hay damnificados. Claro. Y lamentablemente para Jorge Vergara, ambas recibirán el más prolongado y compasivo de los castigos. Se ha roto el cordón umbilical que debía ser indestructible. Porque las hijas Vergara Fuentes, terminan siendo los mártires inocentes, innecesarios, de esta guerra mezquina final.

En tiempos de parábolas, Jorge Vergara se vuelve el Hijo Pródigo. Espera que alguien abra las puertas que él cerró por fuera y sellaron por dentro. Y. en tanto, sigue besando al Príncipe Azul, con la esperanza de recuperar al sapo.