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Escritores BBWAA deben dejar de ser guardianes del HOF

Ni Barry Bonds ni Roger Clemens, ampliamente considerados dos de los mejores jugadores en la historia de MLB, están en el Salón de la Fama. Getty Images

Thom Loverro le pone una etiqueta a los escritores que han cambiado su pensar y han votado por Barry Bonds y Roger Clemens.

Las maquinaciones de votos han estado bien interesantes este año. Algunos votantes se han escondidio detrás de la llamada cláusula de carácter por años para evitar votar por Bonds, Clemens, Mike Piazza u otros vinculados con las sustancias para mejorar el rendimiento (PEDs, por sus siglas en inglés), y ahora están cambiando su parecer sin reconocer por completo su viraje completo o algún error anterior que hayan cometido. Lo cual es una excusa.

Está bien cambiar de parecer; todos lo hacemos. Pero nadie debería intentar escribir, al menos con alguna credibilidad, que la cláusula de carácter debería recibir peso y luego votar por un jugador del grupo vinculado a las PED.

Lo que eso significa realmente es que ese votante nunca logró desarrollar un estándar verdadero para la elección, algo que siempre ha sido el verdadero reto. La cláusula de carácter importa en el proceso o no importa, ese es el dilema; no hay un terreno medio en esta cuestión.

Y como hemos escrito en este espacio por años, la cláusula de carácter no debería tener peso, porque incluso con los actuales miembros del Salón de la Fama, la misma no podría aplicarse, dado el alto número de personas con defectos personales - defectos humanos - en ese grupo.

A modo de ejemplo, la persona que se cree que escribió la cláusula de carácter, el ex comisionado Kenesaw Mountain Landis, trabajó para mantener segregado el deporte, y ese mero detalle debía ser suficiente para valorar la profundidad y el significado de la cláusula de carácter.

Para el record: Yo dejé de votar el año pasado para elegir a los nuevos miembros del Salón de la Fama. Antes de eso, yo vote por quienes yo creía que eran los mejores jugadores en la boleta, independientemente de su historial de PED, por un par de razones:

1. Nunca ha existido una forma exacta de saber quién hizo qué, y cuando, y en qué cantidad, y decidir un contexto adecuado para el uso de sustancias para mejorar el rendimiento de un algún jugador en particular.

Sí, sabemos de un pequeño grupo de jugadores importantes y lo que hicieron, como por ejemplo Mark McGwire, pero, ¿fue él uno de los 500 jugadores que hizo algo? ¿Mil? Quizás él fue uno de los 10,000 o más cuando se incluyen a los jugadores de liga menor (y otros circuitos) que intentaban dar el ascenso al Circo Grande?

Esto fue lo que convirtió a la investigación y el reporte Mitchell en algo tan asquerosamente repugnante: No había absolutamente ninguna posibilidad de llegar a algo cercano a una comprensión necesaria del alcance del consume de drogas en el deporte, y sin embargo, las personas que generaron esa información terminaron señalando menos de 100 en su reporte final, sabiendo que efectivamente estarían demonizando a quienes señalarían en su informe.

Tristemente, los escritores han hecho lo mismo con el manejo de las votaciones al Salón de la Fama.

Nadie que haya obviado votar por Jeff Bagwell podría explicarle en su cara, citando alguna evidencia, la razón por la que rehusaron votar por él sin sonar como algún fantasma de las audiencias de Joseph McCarthy. (Y si necesitan alguna referencia sobre las acciones de McCarthy, pueden observar esto.)

Nadie que le haya negado un voto a Bonds o Clemens podría presentar algo cercano a un argumento credible sobre lo que distingue su alegado uso de PED de tantos otros de sus pares - algunos de los cuales ya podrían haber sido exaltados al Salón de la Fama - porque ninguno de nosotros sabe quién hizo qué, ni cuándo, ni en qué cantidad.

Lo que sí sabemos es que debido al fallo de la institución completa del béisbol - desde los jugadores ensuciados, a los líderes de la unión de jugadores que fallaron en proteger los intereses de los jugadores limpios, al comisionado, a los jugadores limpios que se quedaron callados, y los reporteros que cubrieron el deporte, como yo - el béisbol de las Grandes Ligas se saturó por el uso de drogas por un periodo de cerca de dos décadas. Nos guste o no, así fue este deporte.

2. El trabajo de los reporteros nunca ha sido el dictar la historia, solo reflejarla -- y Bonds, Clemens, Greg Maddux, Pedro Martínez, Ken Griffey Jr. y otros fueron los mejores jugadores de su tiempo.

A menos que la era completa sea sacada de los libros de records - tanto logros personales como colectivos - de la misma manera que los campeones olímpicos han sido despojados de sus medallas, no puede haber justificación para que los escritores se instalen a sí mismos como la barrera moral del deporte que se les asignó a reportar, no proteger.

El béisbol de Grandes Ligas nunca le prohibió a McGwire, Bonds, Clemens, Manny Ramírez y otros jugadores sospechosos de usar PED de seguir laborando en el deporte, como le ocurrió a Pete Rose. En lo que MLB respecta, McGwire, Bonds, Clemens, Ramirez, et al, siguen siendo miembros plenos del béisbol.

El Salón de la Fama nunca le ha quitado a estos jugadores el derecho a ser considerados para el Salón de la Fama o evitado que fuesen puestos en la boleta, como hizo con Pete Rose. En lo que al Salón respecta, aparentemente, McGwire, Bonds, Clemens y Ramírez deben ser tratados como miembros con pleno derecho. El Salón ha trabajado contra la generación de PED's manipulando de forma pasiva-agresiva las reglas para aparecer en la boleta, pero ellos siguen apareciendo en la misma, y siendo siendo elegibles para ser electos.

Así que es sorpresivo el ver a muchos escritores colocándose de forma efectiva y cómoda como los policías de tráfico de la historia, algunas veces condenando sin justificación o proporción. Y estos no son solo nombres en una boleta; estas son personas, que tienen familias, vecinos y empleados.

En cada uno de los pasados cinco años, Bagwell ha visto como han despellejado su carrera en foros públicos y programas de televisión siendo tildado como un fraude, basado en... nada.

¿No debería ser esto un poco desconcertante? ¿Es esto realmente muy diferente a lo que el guardia de seguridad Richard Jewell experimentó en 1996, a manos de periodistas?

En vez de un cambio de voto por un jugador como Bagwell, ¿qué tal una disculpa?

De algún modo, de alguna manera, los escritores tienen que abdicar su trono como guardianes del portón de entrada.