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Sentido común se abre paso en las negociaciones en MLB

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MLB por el pacto del Draft Internacional (1:54)

Este proximo jueves se vence el acuerdo entre las Grandes Ligas y la Unión de Jugadores y, aparentemente, la manzana de la discordia parece ser el Draft Internacional que quieren establecer los clubes para controlar el mercado de peloteros extranjeros. (1:54)

Las negociaciones de un nuevo convenio laboral colectivo entre el sindicato de peloteros y los dueños de equipos han sido más duras de lo que se esperaba, después de tantos años de paz.

Pero cuando las cosas amenazaban con empeorar, el sentido común se abrió paso y trajo un rayo de luz al final del túnel: los propietarios habrían renunciado a su exigencia de establecer un draft internacional como condición para el nuevo acuerdo y aunque las partes todavía tienen otros puntos de desencuentro, este era la piedra en el zapato de los negociadores de ambos lados, el principal obstáculo para un nuevo acuerdo.

Los dueños llegaron a amenazar con un cierre patronal, que habría propinado un golpe durísimo a los fanáticos, que verían a los dueños como monstruos avariciosos, insaciables a pesar de que la industria goza de una salud financiera envidiable, capaz de generar diez mil millones de dólares en el 2016.

Los equipos buscaban limitar los gastos en bonos por contrataciones de agentes libres internacionales, para ampliar sus de por sí enormes ganancias, en un alarde de tacañería escandalosa.

República Dominicana y Venezuela, principales emisores de peloteros extranjeros a la Gran Carpa, se opusieron desde el primer momento a la idea del draft internacional, por cuanto se limitarían extraordinariamente las oportunidades para sus jugadores.

Entre 500 y 600 peloteros son firmados anualmente tan sólo en Quisqueya, cifra que bajaría si acaso a un par de centenares, mientras que la cantidad de venezolanos que serían escogidos sería inferior aun.

Los temores sobre las consecuencias negativas de ese proyecto en el futuro tienen su base en la inclusión de los peloteros puertorriqueños en el draft amateur en 1990.

Poco a poco se fue secando la copiosa fuente de jugadores boricuas, con su consecuencia también en la liga doméstica, aunque el proceso parece haber comenzado a revertirse en los últimos dos años.

Aparte, no había claridad sobre qué y cuántos países serían incluidos en la selección internacional.

Específicamente, hay dos naciones entre los principales emisores de jugadores a MLB que lo hacen de manera muy particular: Cuba y Japón.

¿Entrarían los nipones en este draft, poniendo fin al injusto sistema de posteo? ¿Serían los peloteros de ese país finalmente libres de venir a jugar a Estados Unidos sin tener que servir esa suerte de esclavitud por ocho temporadas allá?

¿Y Cuba? El proceso que debía generar el esperado acuerdo con las Mayores se ha enfriado, al mismo tiempo que las relaciones políticas entre Washington y La Habana.

Difícilmente la mayor de Las Antillas habría estado incluida de momento en ese draft, por lo que seguiría -- de hecho, seguirá -- el flujo de peloteros mediante el tráfico humano que operan inescrupulosos personajes, que ponen en riesgo la seguridad y la vida de los aspirantes a profesionales.

El próximo jueves 1 de diciembre expira en el actual convenio laboral colectivo en el béisbol, vigente desde el 2011.

Los dueños hicieron un último intento por presionar en extremo y dijeron que no participarían en las Reuniones de Invierno, que se llevarán a cabo entre el 4 y el 8 de diciembre en el Gaylord National Resort & Convention Center de Maryland, a menos que hubiese progresos concretos en las negociaciones.

Pero, ¿qué son "progresos concretos"? ¿Acaso que el sindicato se pliegue a las exigencias de los propietarios?

En las negociaciones se gana y se pierde. Si las partes no consiguen ponerse de acuerdo, el pretendido draft internacional debe posponerse hasta que se diseñe de manera más justa para todos, si es que alguna vez llega a tomar cuerpo.

Pero la amenaza de cierre patronal sólo dañaría al béisbol como industria, como deporte, como pasatiempo nacional, quizás, de una peor manera que la huelga que llevó a suspender la Serie Mundial de 1994.