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Le duró 6 meses

Antonio Margarito reinó 182 días a los welters hasta que trataron su cabeza como pera de gimnasio.

Seis meses duró la euforia por el mexicano desde que noqueó en una remontada épica al puertorriqueño Miguel Cotto para conquistar el título de las 147 libras de la AMB.

El domingo, no obstante, se terminó el furor. Su quijada de burro sucumbió ante Sugar Shane Mosley.

Parecía un tipo de 37 años, la edad de su rival, y no uno de 30.

Margarito boxeó en cámara lenta y Mosley atacó con velocidad. Parecía una imagen alterada por el botón "forward" del control remoto.

A pesar de carecer del favoritismo de la mayoría, Mosley subió al ring con temor y respeto. El "miedo" preservó su atención y concentración, agudizó sus reflejos y alertó su sentido de sobreviviencia.

Margarito se atragantó con los golpes rivales y la pobreza y lentitud de respuesta le quitaron la corona.

El estadounidense ganaba puntos con sus jabs y mermaba la estabilidad del mexicano con sus combinaciones.

En el octavo colocó la dinamita y en el noveno derrumbó al Tornado y a su herencia en el boxeo.

El triunfo de Margarito sobre Cotto, en julio de 2008, fue un momento emotivo ante el cual miles de personas, seguidoras o no del pugilismo, se electrizaron. Pero al tijuanense le faltaba un legado. Necesitaba uno para inmortalizarse y su descalabro contra Mosley retrasó sus planes.

Tenía que imponerse a Sugar Shane por compromisos con la historia sin importar si en un futuro lo criticaban por vencer a un oponente mayor de edad. Debía cumplir con la ley de la vida. Y Mosley, al igual que Cotto, eran la mitad del camino.

Duele escribirlo: Tony protagonizó un "hecho histórico" (la victoria contra el boricua), pero se alejó de la edificación del "sujeto histórico".

El mexicano carece de su pasaporte para ingresar a la élite histórica de sus compatriotas.

Para fortuna de él, tiene tiempo y vida para empezar de nuevo.