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A punto de caer record de HR en una temporada en MLB

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Stanton, la máquina de hacer jonrones (0:16)

Giancarlo Stanton conecta su bambinazo #55 de la temporada, a una velocidad de 455 pies. (0:16)

Antes de que termine esta semana, quizás esta misma noche del martes, la del 2017 será la temporada con más cuadrangulares en la historia de las Grandes Ligas.

Hasta ahora, la campaña con más vuelacercas fue la del año 2000, con 5,693 pelotas más allá de las cercas.

En el 2017, hasta los juegos del lunes, se habían disparado 5,677, a 16 de igualar la marca.

Dada la cifra de bambinazos, cuando restan poco menos de dos semanas del calendario regular, la proyección apunta a que se pegarán unos 6,143 palos de vuelta completa.

Según el Elias Sports Bureau, el 42.4 por ciento de todas las carreras que se han producido en el año han sido por la vía de los jonrones, cifra que también representa un récord histórico. La cota anterior, de 40.2, data del pasado año.

Asimismo, por cada partido, se dispara un promedio de 2.53 cuadrangulares, para dejar atrás la marca de 2.34 de la contienda del 2000.

Tres de los cuatro meses más productivos en materia de cuadrangulares en la historia se contabilizaron en el 2017.

En agosto se botaron 1,119 bolas sobre las cercas. En junio fueron 1,101 y en mayo 1,060. El récord anterior databa de mayo del 2000, con 1,069.

Por primera vez en cuatro años, un jugador supera los 50 vuelacercas.

El último en hacerlo fue Chris Davis (53 en el 2013) y ya Giancarlo Stanton, de los Marlins de Miami, lleva 55 y podría incluso alcanzar las seis decenas, algo que no ocurre desde que Barry Bonds (73) y Sammy Sosa (64) lo hicieron en el 2001, durante la era de los esteroides.

En el 2014, el dominicano Nelson Cruz fue el máximo jonronero en la Liga Americana, con apenas 40, mientras que Stanton encabezó el viejo circuito con 37.

Ahora, un hombre como el cubanoamericano J.D. Martínez, que se perdió mes y medio de acción al inicio de la campaña, ya acumula 40 vuelacercas en 109 juegos.

En el 2017, además de Stanton y Martínez, ya superó los 40 el novato Aaron Judge, cifra que debe aumentar por la cercanía y el paso que llevan Khris Davis (39), y Justin Smoak y los debutantes Cody Bellinger y Joey Gallo, los tres con 38.

Además, ya son 31 los bateadores que llegaron o superaron los 30 estacazos, cifra respetable que merece calificación de A para quien lo consiga en una temporada.

La pregunta que muchos se hacen es, ¿a qué se debe esta avalancha de jonrones al por mayor como nunca antes en la historia?

Inmediatamente comienzan a aparecer teorías múltiples para tratar de explicar el fenómeno.

Las hay desde más hasta menos lógicas, sin que falte alguna que otra conspirativa que va desde el cambio climático, tan de moda en estos días, como el surgimiento de una nueva generación de esteroides imposibles de detectar en los controles antidopaje.

Hay quienes alegan que las temperaturas se han elevado algunos grados como promedio y eso hace menos denso el aire, por lo que las pelotas viajan más fácilmente.

Obviamente, quienes esgrimen esas razones no han visto los juegos de abril, cuando arranca la campaña, o de finales de septiembre y principios de octubre, cuando algunos jugadores usan pasamontañas para proteger el rostro del frío tremendo y la mayoría del público se enfunda en mullidos abiertos, con las excepciones de Florida, Arizona y los estadios del sur de California.

Lo de la nueva generación de sustancias prohibidas, podría ser posible, pues se sabe de siempre que los infractores le llevan siempre uno o dos pasos de ventaja a quienes se encargan de perseguirlos.

Pero un principio básico de las leyes, al menos en Estados Unidos, es que uno es inocente hasta tanto se demuestre lo contrario y no se puede acusar sin pruebas a una generación considerada en gran medida limpia, a pesar de que la política antidopaje de las Grandes Ligas tiene demasiadas grietas aún, sobre todo en la parte disciplinaria.

Por otro lado, se señala que en los últimos años se ha alterado el tamaño de la pelota.

Dos investigadores, Ben Lindbergh, de la revista The Ringer, y el sabermétrico Mitchel Lichtman, descubrieron que desde el 2016, las bolas son ligeramente más pequeñas y las costuras están más apretadas, de modo que no sobresalen tanto sobre la superficie, lo cual haría menos resistencia en el aire.

Sin embargo, esa reducción del tamaño de la pelota, que las Grandes Ligas insisten en negar, todavía estaría dentro de los límites de medidas aceptados por las reglas.

Pero tal vez la explicación más cercana a la realidad sea la que dio el líder histórico en cuadrangulares, Barry Bonds, uno de los mejores bateadores que haya pisado jamás un terreno de béisbol.

Para Bonds, la clave principal en el aumento de la ofensiva está en la cada vez menor calidad e inteligencia de los lanzadores.

"Ahora la mayoría de los pitchers sólo se preocupan por tirar duro, sin desarrollar o perfeccionar otros envíos de su repertorio o trabajar en su control. Eso los hace demasiado predecibles y permite a los bateadores ajustarse a la velocidad", dijo recientemente en una entrevista el Rey del Jonrón.

Rectas sin mucho movimiento, al medio del plato, son un manjar para los bateadores, por muy veloces que vengan los envíos.

No es de extrañar que 3,188 jonrones hayan sido conectados sobre ese tipo de lanzamientos, mientras que sólo 1,391 fueran sobre curvas o sliders y 1,098 con cutters o sinkers.

Si no pregúntenle a Aroldis Chapman, el hombre que más rápido ha lanzado una pelota de béisbol, quien lo ha experimentado en carne propia en más de una ocasión, a pesar de superar con facilidad las 100 millas por hora.

Pitchear no es tirar duro. Pitchear es un arte que consiste en tirar bolas que parezcan strikes y strikes que parezcan bolas, al decir del maestro Greg Maddux, un hombre que a duras penas llegaba a 89-90 mph con su recta, pero ganó 355 juegos que lo llevaron a la inmortalidad en el Salón de la Fama de Cooperstown.