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La implosión del 'Imperio Boras' no comenzó esta temporada baja

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Los Filis consiguen un acuerdo con Jake Arrieta (2:24)

El lanzador estaría firmando un contrato por 75 millones de dólares y tres temporadas. El periodista de ESPN, Jorge Morejón, analiza este fichaje de último momento. (2:24)

El sol prácticamente no ha salido para Scott Boras en los últimos meses.

El más poderoso agente de peloteros que existe, famoso por negociar contratos récords, ha tenido el peor invierno de su ilustre carrera, al conseguir para sus clientes mucho, pero muchísimo menos dinero de lo que se pensó al abrirse la agencia libre después de la Serie Mundial que ganaron los Astros de Houston.

Desde que comenzó en el negocio de la representación de jugadores, a principios de los años 80, Boras ha sido un monstruo a la hora de exprimir a los equipos y sacarles el último centavo para sus clientes.

Fue el agente que logró los primeros contratos superiores a 50, 100 y 200 millones de dólares su nombre era -sigue siendo- temido por los equipos interesados en alguno de sus clientes, pues se sabe que el hombre va a la mesa de negociaciones como si fuera a una guerra.

En 1997 rompió la barrera de los 50 millones al conseguirle a Greg Maddux un acuerdo por cinco años y 57.5 millones con los Bravos de Atlanta.

Un año después la sacó de jonrón con Kevin Brown, al negociarle un pacto por siete campañas y 105 millones con Dodgers de Los Ángeles, primer jugador con un contrato de más de 100 millones.

Y en el 2001 llegó el primero sobre los 200 millones, cuando Alex Rodríguez firmó por diez temporadas y 252 millones con los Rangers de Texas.

El segundo pacto de A-Rod con los Yankees de Nueva York, por 275 millones, pudo haber sido el primero en superar los 300 millones, por los incentivos que contenía, de no ser por la suspensión del pelotero por el uso de sustancias prohibidas.

Pero incluso un imperio como el de Roma, que llegó a dominar todo el mundo conocido entonces, se desplomó algún día.

¿Cuándo comenzó el declive del hasta entonces Rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba?

Vamos hasta el año 2013, cuando sus clientes Kendrys Morales y Stephen Drew rechazaron las ofertas calificadas de 14.1 millones de sus respectivos equipos, para ir a la agencia libre en busca de contratos multianuales.

En ese momento, la decisión de Morales y Drew, aconsejada por Boras, tenía sentido, pues hasta entonces, ningún pelotero había aceptado la oferta calificada desde que se estableció en el 2012.

Pero lo cierto es que el superagente no pudo conseguirles contratos a estos dos jugadores, que terminaron firmando por mucha menos plata y un solo año, cuando ya la temporada había arrancado.

Primer strike para Boras, que un año después volvió a irse con dos importantes swings al aire.

En el 2014, el derecho cubano Jose Fernandez sufrió una lesión que lo llevó a someterse a una operación Tommy John y aun así, en medio del proceso de recuperación, los Marlins de Miami se arriesgaron a ofrecerle una extensión contractual por 40 millones de dólares.

Orientado por Boras, Fernández rechazó el ofrecimiento, que los Marlins aumentaron a 50 millones y que simplemente hubiera retrasado un año la llegada del lanzador a la agencia libre, en la que el agente había prometido conseguirle un contrato superior a los 200 millones.

¿Qué hubiera significado demorar una temporada la agencia libre para un muchacho que entonces tenía 22 años, con la interrogante que siempre significa esa operación?

La avaricia de Boras rompió el saco y luego pasó lo que lamentablemente pasó.

Es fácil hablar con el periódico debajo del brazo, pero no es el mismo amparo económico que pudiera tener hoy la familia del fallecido José si hubiera desoído los consejos del representante y acordado la extensión.

Pero ese tema ya lo habíamos tocado en su momento, mucho antes del fatal desenlace que recortó de golpe la vida de Fernández.

En ese mismo momento, Miami ofreció extenderle el contrato por unos 40 millones al jardinero dominicano Marcell Ozuna, también cliente de Boras y la respuesta fue la misma: No.

No fue hasta cuatro años más tarde que Ozuna explotó en todo su potencial y hasta ahora, los ingresos del dominicano apenas han sido de cinco millones 120 mil dólares, una ínfima parte de lo que le estaban proponiendo los Marlins.

Hasta que llegó la temporada baja del 2017-2018, donde el imperio Boras implosionó dramáticamente.

J.D. Martínez firmó con los Medias Rojas de Boston por la mitad de los 220 millones que pretendía su agente.

Jake Arrieta, otro a quien Boras le promedió unos 200 millones, terminó firmando por tres campañas y 75 millones con un equipo con muy pocas posibilidades de triunfar, como los Filadelfia Filis.

Greg Holland, uno de los mejores cerradores de las Grandes Ligas en la actualidad, aún no tiene trabajo.

Eric Hosmer fue el que mejor salió, en términos monetarios, con ese acuerdo con los Padres de San Diego por 144 millones y ocho temporadas.

Pero lo de Mike Moustakas fue el tiro de gracia al gélido invierno de Boras, pues luego de rechazar la oferta calificada que le hicieran los Reales de Kansas City (17.4 millones), terminó pactando con el mismo equipo por unos ocho millones y una sola temporada.

Lo peor no es eso. Difícilmente Moustakas consiga un contrato multianual después de la próxima campaña, o al menos, no en los términos financieros que espera.

El antesalista tendrá entonces 30 años de edad y su nueva llegada al mercado coincidirá con una de las mejores agencias libres de la historia, con nombres como Manny Machado, Josh Donaldson, Bryce Harper, Madison Bumgarner, Cole Hamels e incluso, Clayton Kershaw, si opta por usar la cláusula para salir de su actual contrato con Dodgers.

Las cosas le salieron muy mal al poderoso Scott, entre otras razones, porque el mercado ha cambiado.

Los equipos han comprendido que los contratos deben hacerse sobre proyecciones a futuro y no basados en el pasado.

Y que esos pactos tan extensos en tiempo y dinero terminan a la larga dando pérdidas para los empleadores.

Veamos si Boras es capaz de reinventarse, de aprender de este invierno, en que recibió más golpes que un saco de boxeo, o estamos asistiendo a su caída definitiva, devorado por su propia ambición.