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Mejora ritmo de juegos, pero aún no lo suficiente

El reloj entre lanzamientos era una de las medidas que el comisionado Rob Manfred quería implementar para acelerar el ritmo de los partidos. Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports

Las Grandes Ligas introdujeron cambios esta temporada para acelerar el ritmo de los juegos, y si bien ya se nota una mejoría después de poco más de una semana, la duración de los partidos aún no satisface las expectativas del comisionado Rob Manfred.

De acuerdo con las oficinas de MLB, hasta el viernes de la semana pasada, la duración promedio de los juegos de nueve entradas fue de tres horas y 58 segundos.

Esto representa un avance en comparación con el 2017, cuando los encuentros duraron una media de tres horas, cinco minutos y 11 segundos.

Ello está dado, fundamentalmente, por el límite de visitas que managers, coaches o receptores pueden hacer al montículo, que no incluyen los viajes para sustituir al lanzador.

Hasta el momento se ha demostrado que seis visitas a la loma son más que suficientes y que aquella interminable seguidilla de conferencias era innecesaria y exagerada.

Asimismo, se ha acortado el tiempo que se consume en el análisis de las repeticiones de video en caso de reclamaciones arbitrales, que es de un minuto y 24 segundos, el menor tiempo promedio que se ha visto desde que se agregó esta posibilidad.

En el 2014, las apelaciones duraron como promedio 1:46 minutos, mientras que un año más tarde demoraron aún más, 1:51.

El tiempo bajó a 1:36 minutos en el 2016 y a 1:28 en el 2017, así que vamos mejorando este año.

Una propuesta que se manejó durante el invierno y que al final quedó en suspenso fue la implementación de un reloj para los lanzadores, quienes tendrían un máximo de 20 segundos entre pitcheo y pitcheo.

Pero Manfred desechó de momento la idea y dijo que volvería a analizar la situación dentro de dos años, para la temporada del 2020.

Si para entonces el promedio de duración de los juegos consigue bajar a dos horas y 55 minutos, entonces el comisionado prometió que renunciaría unilateralmente a la imposición del reloj de 20 segundos para los serpentineros.

De momento, aunque se han rebajado casi cinco minutos del promedio de los juegos de nueve episodios, todavía está lejos del límite señalado por Manfred para cumplir su amenaza de establecer el reloj de los pitchers.

Y una medida que bien debería analizarse es la aceptación del llamado nocaut beisbolero, que acabaría los partidos cuando un equipo llegue al séptimo inning con ventaja de diez o más carreras.

Una masacre como la de los Filis de Filadelfia sobre los Marlins de Miami el pasado sábado 7 de abril de 20-1 es un espectáculo grotesco, que no valía la pena extenderlo hasta el noveno inning.

Como también eran innecesarios los dos últimos episodios del primer juego de la temporada entre los Yankees de Nueva York y los Medias Rojas de Boston, en que estos últimos llevaban ventaja de 14-1 en el séptimo tramo.

Las probabilidades de que un equipo remonte en los dos innings finales una desventaja de diez o más son tan mínimas como ganarse la lotería, con todo y la máxima de Yogi Berra de que "el juego no se acaba, hasta que se acaba".

Según el departamento de información y estadísticas de ESPN, entre el 2009 y 2016, en 489 juegos de Grandes Ligas un equipo tuvo ventaja de diez o más carreras en la séptima entrada. ¿El resultado final? 489-0.

La última vez que un equipo llegó al séptimo episodio con desventaja de diez carreras y consiguió remontar y ganar, George Bush padre no había siquiera llegado a la mitad de su mandato presidencial, la Unión Soviética todavía existía y aunque ya había caído el Muro de Berlín, no se había oficializado la reunificación de Alemania.

Fue el 21 de agosto de 1990, cuando los Filis le hicieron la gracia como visitantes ante Dodgers de Los Angeles.

Entonces, si es casi imposible repetir semejante absurdo, ¿por qué jugar esos dos innings de más, que solamente añadirían entre 45 minutos y una hora más de juego?