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Julio César Chávez regresó al Centro Otomí 25 años después

MÉXICO -- Tres décadas después de su primera concentración, 25 años después de su último campamento y justo 27 años después del que se considera su más grande triunfo, Julio César Chávez volvió al Centro Ceremonial Otomí.

Ubicado en las montañas mexiquenses a 3,200 metros sobre el nivel del mar, Chávez regresó para acompañar a sus hijos Julio César y Omar en sus respectivas preparaciones para enfrentar a los hermanos Álvarez, Saúl y Ramón, el 6 de mayo y 29 de abril, respectivamente.

Fue en este sitio en donde Chávez trabajó durante cinco años, de 1987 a 1992, tras campamentos en este mágico inmueble se convirtió en el primer tricampeón mundial mexicano en la historia, y donde pasó momentos que jamás se le van a olvidar pues fueron fundamentales en su vida personal como profesional.

"Aquí llegué para pelear mi segundo campeonato del mundo contra Edwin Rosario", recordó Chávez. "Y me concentré aquí por última vez en 1992, después de (Héctor) 'Macho' Camacho", añadió. No perdió una pelea mientras se concentró en este lugar, que por cierto se lo recomendó Carlos Salinas de Gortari, otrora presidente de México.

"Aparte de la arquitectura que tiene, que es increíble, la altura, tú sabes que entre más altura hay menos oxígeno, y cuando te preparas en el Otomí por espacio de dos meses, una vez que llegas a nivel del mar sientes que vuelas", explicó JC, quien aseguró que en el Otomí nunca tuvo ninguna clase de lujos, aunque sí algunas visitas que le causan hasta la fecha una sonrisa.

MUCHAS ANÉCDOTAS

Julio César platicó que cuando llegó al Otomí no había gimnasio de boxeo, y tuvo que utilizar un invernadero para montar un ring, colgar unos costales y peras para poder trabajar. Después de él fueron peleadores como Jorge Páez, Érik Morales, José Luis Castillo, Jorge Arce, Humberto Soto, Carlos Cuadras y algunos más.

"Cuando recién vine para acá estaba más aislado, la gente no hablaba casi español, era increíble pero las señoras que están actualmente hablaban muy poco español, casi otomí, y yo les hablaba en español y me fueron entendiendo, luego nos entendimos muy bien y las hice que hablaran español", recordó el 'César del Boxeo', quien pasaba ocho meses de cada año que ahí se concentró.

"Recuerdo que me levantaba a correr a las ocho, corríamos en la bola, llegaba, desayunaba, descansaba cuatro, cinco horas, a las tres a entrenar por espacio de dos horas, tres horas, y luego a bañarse, no había agua caliente, pura agua helada, yo creo que por eso nunca me enfermaba, porque me acostumbré al agua congelada, fría, era difícil, era duro", apuntó.

OTOMÍ, CLAVE EN EL TRIUNFO SOBRE MELDRICK TAYLOR

Este 17 de marzo se cumplen 27 años de aquel triunfo sobre Meldrick Taylor que llegó a Julio César Chávez a alturas insospechadas en su carrera. Y JC no dejó de lado la importancia del Otomí para que ello sucediera.

"Yo creo que si no me hubiera preparado aquí, esa pelea no la hubiera ganado, fue la pelea más difícil de toda mi carrera, sobre todo el ritmo que impuse en esa pelea, no estaba acostumbrado a pelear con un peleador tan rápido y fuerte como Meldrick Taylor, si no me hubiera preparado en el Otomí, realmente no hubiera ganado la pelea, estaba sumamente cansado, agotado, desahuciado.

"En el décimo round, cuando Meldrick Taylor me pegó unas combinaciones, ahí que se me fue el rollo la neta, llegué a la esquina, hasta el doceavo round desperté cuando 'Búfalo' me dice: 'Hazlo por tu familia, por tus hijos, por México', y me le quedo viendo y le digo: '¿y por mí qué?' Fueron palabras sabias, pero ese doceavo round me llegó otra energía, otra motivación y a pesar de estar sumamente agotado salí a ese doceavo con la mentalidad de ganar la pelea y gracias a Dios llegó el nocaut", confesó la leyenda.

280 PULSACIONES POR MINUTO

JC Chávez asegura que una vez llegó a registrar en el otomí desde 280 a 300 pulsaciones por minuto, lo cual, señaló es inhumano. "Este lugar te exige demasiado, estamos a 3200 msnm, me llegaban las pulsaciones a 280, 300, me decía el doctor que cómo era posible que el corazón me latiera en esa magnitud y que yo estuviera como si nada, si te llega la presión a 280 es para que te pegue un infarto", sentenció.