<
>

Mike Avilés tiene una nueva perspectiva sobre el béisbol

Mike Avilés no tuvo una temporada de béisbol muy exitosa el año pasado. De hecho, pudo haber sido la peor de su carrera. Luego de firmar con los Tigres de Detroit en el invierno, el bateador utility colectó promedio de apenas .210 con un cuadrangular en 68 partidos. En agosto, los Tigres lo canjearon a los Bravos de Atlanta, quienes lo liberaron después de cinco días. Siete meses después, sigue siendo agente libre a la edad de 36 años.

Aún así, Avilés tiene muchos motivos para estar contento en estos momentos. Primero, está jugando con el equipo de Puerto Rico que jugará en el partido por el campeonato del Clásico Mundial de Béisbol en la noche del miércoles, su segundo encuentro consecutivo disputándose el título del Clásico con ese país.

Y, mucho más importante que eso, su joven hija Adriana se encuentra libre de cáncer luego de haber sido diagnosticada con leucemia hace casi dos años atrás.

"Ha sido una locura, no les voy a mentir", dijo Avilés el fin de semana pasado durante la segunda ronda del Clásico Mundial de Béisbol en San Diego. "Ha puesto mi vida en perspectiva con todo lo que ocurre. Sé que desde el Clásico anterior hasta ahora he vivido mucha conmoción y locura. Pero, por la mayor parte, mi vida ha sido una locura desde el primer día. No conozco nada distinto. Eso es lo normal para mí".

Avilés está jugando con el equipo de Puerto Rico aunque creció en el Bronx. Dice que nunca se ha considerado de otra forma que no sea boricua porque sus padres y abuelos son oriundos de la isla.

"Si alguien ha ido al Sur del Bronx en las cercanías del Yankee Stadium, ha visto latinos por todas partes... Dominicanos, puertorriqueños", dijo. "Recuerdo que mi abuelo siempre decía, 'no necesito hablar inglés porque todos por aquí hablan español'".

"Cuando se presentó la oportunidad de jugar para el equipo nacional de Puerto Rico en 2009, mi abuela me vio y dijo, 'Si dices que no, te voy a desheredar'".

Avilés comenzó su carrera en Grandes Ligas con los Reales de Kansas City en 2008 cuando perdían regularmente al menos 90 partidos por temporada. Los Reales lo despacharon a los Medias Rojas de Boston en 2011, con los cuales alcanzó topes personales en los departamentos de cuadrangulares (13) y empujadas (60) en 2012. Nuevamente fue negociado en la temporada muerta, esta vez a los Azulejos de Toronto, quienes lo enviaron a los Indios de Cleveland dos semanas después.

Permaneció con Cleveland por tres temporadas; pero, en mayo de 2015, Avilés recibió las devastadoras noticias que su hija de 4 años tenía leucemia. Fue puesto en la lista de emergencia por ausencias médicas y regresó al campo 12 días después.

"En todo ese proceso, el hecho de apartarme de mi casa y cerrar la puerta era lo más dificil", dijo Avilés. "Era una lucha de pensar: '¿Voy al terreno o me quedo aquí? ¿Qué hago? ¿Cómo ayudo a mi familia? Y a la vez supe que iba a tener que ayudar a mi familia para poder mantenerme equilibrado y estar allí para mi esposa e hijos".

Sus compañeros en Cleveland se afeitaron la cabeza junto a Avilés y usaron camisetas que rezaban "Team Adriana" mostrando apoyo, mientras que la gerencia indicó que el equipo no lo cambiaría ese verano porque su hija estaba siendo tratada en una clínica en Cleveland. Luego de esa temporada, Adriana sufrió un transplante de médula osea que trató de forma exitosa su cáncer.

Si bien siempre existe la preocupación que el cáncer pueda regresar, Avilés dice que las cosas están bien ahora.

"A mi hija le va muy bien. Está saludable. Tiene mucho más cabello que yo ahorita, unos rizos muy bellos. Corre por todo el hotel llena de energía, más energía que nadie", dijo Avilés. "Y el único efecto colateral ha sido que tiene que usar lentes. Y si eso es todo, pues prefiero eso en cualquier momento, y yo sé que ella también. En sus palabras, ella le pateó el trasero al bichito de la enfermedad".

La experiencia de su hija con la leucemia fue muy fuerte, tanto que enseñó a Avilés lecciones importantes. Dice que solía "vivir y morir por el béisbol". Ya no es el caso.

"Me doy cuenta que eso no es quien soy y esa no es la forma de vivir la vida", dijo. "Así no es en realidad. Al final de cuentas, se trata de entender esto: 'Me desperté hoy. Estoy respirando. Estoy saludable'. Esa es la parte importante de mi día. No me importa si me voy de 4-0 con cuatro ponches; no me importa si voy de 4-4 con cuatro jonrones. Me desperté, estoy respirando, mis hijos están bien, todo está muy bien, tuvimos otro gran día. Y así hasta el día siguiente".

"Uno vive día a día porque aprendes a apreciar cada día. Te da algo de perspectiva con respecto a lo grande que es la vida".

Avilés tuvo un gran día de béisbol el sábado al batear de 5-4 con tres impulsadas en la victoria 13-2 de Puerto Rico contra Venezuela en San Diego. Se ponchó en su único turno en el partido de semifinal del lunes contra Holanda en Los Ángeles. Puerto Rico ganó 4-3 en 11 entradas, mejorando su récord a 7-0 en este Clásico y dándole oportunidad de alzarse con su primer campeonato.

¿Ganará Puerto Rico? ¿Avilés recibirá un contrato? Amanecerá y veremos. Como Avilés entendió, la vida es algo que se vive día a día. También ha aprendido que es lo mejor esperar que algo bueno suceda.

"Realmente creo en los milagros", dijo, "porque mi niñita es un milagro viviente".