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Messi, entre el bronce y el oro

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El clip del récord (2:01)

En SportsCenter recordamos los mejores momentos de los 54 goles que comparten Messi y Batistuta en la Selección. (2:01)

FOXBORO (Enviado especial) -- La primera acción de Lionel Messi en el partido ante Venezuela fue un enganche lujoso. Después siguieron muchos parecidos a ese y mejores, una asistencia espectacular y un gol que le sirvió para convertirse en el máximo goleador de la historia de la Selección Argentina. El número llama la atención siempre y los récords existen para que Messi los rompa, pero su trascendencia va más allá de eso. Y en esta Copa América Centenario se está viendo al mejor Leo.

Hablar sobre Messi y decir algo nuevo o interesante es un desafío casi tan grande como su leyenda, pero es necesario hacer el intento. Los días previos a este campeonato en Estados Unidos fueron complicados para el astro argentino. El golpe en el amistoso ante Honduras, el juicio en España y las dudas sobre su estado físico marcaron los primeros días del Seleccionado en este país. Pero el tiempo ayudó para dejar atrás esos malos momentos y el Diez lidera a un equipo que, hasta ahora, es el mejor de este campeonato con amplia diferencia.

Más de diez años pasaron desde su su primer gol con la celeste y blanca, allá por 2006 en un amistoso frente a Croacia en Suiza. Hoy, Leo ya no es ese pibe habilidoso, atrevido y rapidísimo que prometía cosas grandes. Una década más tarde, es uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, un hombre con el cuero curtido y muchas batallas sobre el lomo. Un jugador que tiene la suficiente cantidad de triunfos y de derrotas como para sentirse un símbolo de esta camiseta.

Tampoco juega como aquel wing eléctrico y ágil. En este Seleccionado, Messi decide cuándo tirarse a la derecha y cuándo ser el armador. Quedó demostrado ante Venezuela. En el primer tiempo jugó recostado en la banda, mientras que en el complemento se tiró al medio, por detrás de Gonzalo Higuaín, para moverse con mayor libertad. Es, sin dudas, el líder del equipo. Y eso nadie puede discutirlo.

En esta Copa América Centenario, a pesar de que recién en los cuartos de final jugó por primera vez como titular, se ve un Messi relajado, feliz, liberado. Está disfrutando. Ya no demuestra fastidio, ni bronca, ni frustración. Juega. Y hace jugar. Quedó claro desde su debut con tres goles ante Panamá, lo confirmó contra Bolivia y en encuentro en Boston volvió a jugar de esta manera. Da la sensación de que Messi vino a la Copa América a divertirse. Y con él nos divertimos todos.

Es muy fácil ver sus ganas de pasar un buen rato dentro de la cancha. Ese enganche en su primer contacto con la pelota es una muestra de que la obligación por ganar un título y la presión que siempre están presentes en Argentina esta vez funcionan como incentivo. La pisa, la entretiene, engancha una y otra vez, se ríe con sus compañeros. Esta claro que Messi siempre juega bien, pero en estos partidos se ve algo más. Una especie de alegría contenida. Quizás, el descomunal fervor popular que hay en este país por él lo impulsa y lo motiva.

Con estos cuatro goles en Estados Unidos, alcanzó los 54 tantos internacionales y ya es el máximo artillero histórico del combinado nacional junto a Gabriel Batistuta. Llegó a esa marca con cinco años menos de edad que el ex jugador de Fiorentina y tras 111 partidos disputados. Sólo resta saber cuándo quedará sólo en la cima de esta clasificación. Si todo continúa en los carriles naturales, veremos el acontecimiento en esta Copa. Porque Messi vino a ganar.

"Leo tiene mirada asesina", dijo alguna vez Gerardo Martino cuando dirigía a Barcelona. Esa actitud avasalladora que disfruta todos los días el pueblo catalán se está viendo en este torneo. Messi entra y ya sabe que va a hacer diferencias. Cuando está enfocado de este modo, no hay ninguna posibilidad de que no lastime al rival. Podrá haber momentos del juego en los que se desconecte y pase desapercibido, pero tarde o temprano logrará sacar ventaja.

El destino caprichoso quiso que el mejor jugador de esta época consiguiera uno de los récords más importantes de su carrera en el mismo sitio donde Diego Maradona se despidió de la Selección hace 22 años. Desde este sábado, Foxboro no será sinónimo de tristeza para el fútbol argentino. Esa redención podría ser el símbolo más claro de un círculo que puede cerrarse el domingo 26 en Nueva Jersey.

Messi volvió a convertir en un partido de eliminación directa después de nueve años. La última vez había sido en semis de la Copa América 2007, en el 3-0 sobre México en Venezuela. Demasiado tiempo esperó el mejor jugador del mundo, pero valdrá la pena si el final del camino es con un título. Nadie lo merece más que Lionel Messi.