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Ahora o nunca

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Los aciertos de Martino para ser finalista (2:42)

Marcelo Espina analiza el camino de la Selección argentina a la final de la Copa América Centenario. (2:42)

NUEVA JERSEY (Enviado especial) -- Dicen que el tren pasa sólo una vez en la vida y hay que saber subirse en él. La metáfora puede ser discutida desde lo filosófico, pero también es posible desmentirla desde lo práctico. Porque hay circunstancias en las que el tren pasa dos veces. O tres. Este domingo, la Selección Argentina lo verá pasar por tercera oportunidad en dos años. Y el único objetivo es que, de una vez por todas, no se vaya vacío.

Este grupo de futbolistas se acostumbró a ganar desde muy jóvenes. La mayoría fueron campeones continentales y/o mundiales en la categoría sub 20 y varios lograron la medalla dorada olímpica. Además, todos tienen un amplio historial de éxitos en sus respectivos clubes. Cada uno de estos tres jugadores sabe vivir con el éxito y lo disfruta de manera cotidiana. Sin embargo, todos tienen una cuenta pendiente que se transformó en una obesisión: dar una vuelta olímpica con la celeste y blanca.

Que Argentina no gana nada desde hace 23 años lo saben todos, pero es lo más importante. Lo que les quita el sueño es una ambición propia, casi egoísta. Desde el primero hasta el último de los convocados entiende que ellos son los que más merecen un título. Más allá del presigio del fútbol argentino. Este plantel necesita ganar un título para coronar sus años de sacrificio en el conjunto nacional. Es algo así como obsesión colectiva.

Antes del comienzo de esta Copa y cuando el equipo recién arribó a Santa Clara, una frase se escuchaba en las habitaciones de la Mansión Hayes: "esta no se nos escapa". El caos interno de la AFA y los problemas de Lionel Messi no afectaron ese sentimiento. Tan fuerte era la certeza de que la chance no se podía escapar. Casi un mes después, la clasificación a la final llegó tras cinco victorias con 18 goles a favor. Pocas veces se vio una Selección tan segura de sí misma y hegemónica.

Argentina pasó por encima a todos sus rivales. Primero fue Chile en Santa Clara. Sin Messi y con una gran actuación colectiva, el Seleccionado dio un golpe de autoridad y se sacó de encima al adversario más complicado de la fase inicial. En el segundo juego en Chicago, apareció el Diez y con tres goles lideró una victoria categórica contra Panamá. El cierre de la ronda inicial ante Bolivia en Seattle sirvió para darle rodaje a varios suplentes y para marcar un récord de posesión: más de 86 por ciento.

En cuartos de final el destino quiso que se evitara a México y Uruguay y tocó Venezuela en Boston. Nada pudo hacer el conjunto revelación de la Copa hasta ese momento y Argentina ganó 4-1 con un Messi lujoso. Después, en semis, le tocó al local sufrir en Houston, donde el Diez lideró el 4-0. Fue la mejor actuación colectiva de la era Martino y quizás una de las mejores de la historia este grupo.

Argentina cruzó Estados Unidos de costa a costa tres veces y tuvo viajes larguísimos. Sin embargo, en todos los encuentros mostró un estado físico perfecto. Esto demuestra que el estado anímico es el que controla a los músculos. En cada una de las ciudades donde jugó, se encontró con una interesante cantidad de seguidores, muy superior a la mayoría de los participantes. Este país le dio la espalda al torneo desde el día uno hasta esta última jornada, pero nunca dejó de venerar a Messi.

Y aquí viene el segundo gran protagonista de este día. Si el primero es el colectivo, el segundo es el individuo. Nadie más que Messi merece levantar un trofeo importante con la celeste y blanca. El capitán, que desde hace años da la cara por esta camiseta, necesita vencer a Chile más que nada. Cuando en la conferencia de prensa le preguntaron cómo se imaginaba el momento de ganar, él sólo sonrío y dijo: "que sea como tenga que ser". Su cara habló más que las palabras. Esa simple imagen lo iluminó. Es un deseo superior a cualquiera que pudo haber tenido antes.

Los grandes equipos están hechos de derrotas. Este plantel está acostumbrado a ganar, pero las pocas veces que perdió el dolor fue demasiado intenso. Caer en una final es un hecho muy ingrato. No se puede disfrutar el hecho de haber llegado a lo más lejos porque la frustración absorbe todo. Entonces, el éxito real que supone haber andado todo el camino se convierte en un fracaso. De eso saben y mucho estos jugadores que hoy irán en busca de lo que merecen. Más que nadie.