Fútbol
Jordi Blanco | Enviado 523d

Iniesta da otro recital para mantener a flote a España

TOULOUSE -- Un partido no acaba hasta que Andrés Iniesta lo da por acabado. Antes, el césped va alumbrándose a cada cabalgada suya, suave pero firme, y la afición, propia o rival, le va obsequiando con el elogio continuado.

España se encontraba ya en el alambre de la desesperación cuando el manchego se sacó de la bota un centro majestuoso y excepcional por el momento del partido. Observó cómo se colaba por detrás Piqué y a su cabeza le regaló una asistencia imposible.

Ganó España y, celebrándolo todos con el autor del gol, la lógica condujo el foco al asistente. E Iniesta sonrió pícaro pero calmado. Había cumplido, una vez más, con el cometido. Y, claro, abandonó Toulouse como el mejor jugador del partido.

Da la sensación que los años no pasan para él, capaz de enlazar pasado con futuro y encargado de llevar en volandas a la selección. "Siempre intenté tener una responsabilidad alta cuando juego. Así vivo el futbol y no es ahora una excepción", convino en la sala de prensa el jugador, "encantado de que así vengan las cosas".

"No es la primera vez que vivimos este tipo de partidos. No hay una única explicación para derribar estos planteamientos. Hay que tener paciencia e incidir hasta que la balanza cae de tu parte", reconoció Iniesta, quien advirtió que la grandeza del futbol se desmuestra en partidos de este tipo.

La grandeza que otorgó el considerado mejor futbolista del partido, presentado como un "jugador excepcional" por el seleccionador sueco y que ligado tanto a Busquets como a Cesc primero y Thiago después mantuvo la fe y la "constancia" en la campeona.

Es Andrés Iniesta el último de una estirpe o, al menos, el útimo de una generación que coloreó al mejor Barcelona de la historia y trasladó a la Roja su ímpetu y su gloria. Este lunes cayó del equipo Casillas, y de la España que conquistó la Eurocopa de 2008 ya solo se mantienen en el once Sergio Ramos, Silva, Cesc... e Iniesta.

Cada uno, a su manera y en su faceta, es indispensable en los planes de Del Bosque, pero el manchego es algo más que eso. Cuando todo parece acabado, aparece con su imagen parsimoniosa para cambiar el chip al partido.

Y crece de manera exponencial para conducir a su equipo en volandas. "Siempre he jugado con la misma intención", explicó este lunes, sonriente y calmado, en Toulouse. Pero a su alrededor se entiende que no hay nada como tenerle al lado.

En el Camp Nou, desde que le catapultó al plano Louis van Gaal, se disfruta de la discreción personal y maravilla futbolística de Andrés Iniesta. Y en la Roja nada es diferente. No es extraño que la hinchada española, una vez más, despidiera el partido coreando su nombre.

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