Fútbol
Simon Kuper | Especial para ESPN FC 72d

La selección de EEUU necesita una reconstrucción total si quiere avanzar

Un escéptico podría afirmar que no hay mucho que ganar si la selección nacional masculina de Estados Unidos vuele a Rusia, incluso si clasifica (tiene que ganarle a Panamá y a Trinidad y Tobago este mes para ir al Mundial de forma automática). Sin embargo, esta debilidad no es sólo problema de Estados Unidos. Prácticamente el mundo entero, con la excepción de la pequeña Europa Occidental, ha sido relegado a un estatus de segundón en el concierto de naciones del balompié. ¿Por qué?

Admito que, en lo personal, esperaba que el resto del mundo se acercase al viejo continente. Cuando Stefan Szymanski y yo publicamos nuestro libro “Soccernomics” por primera vez en 2009, escribimos que países grandes como Estados Unidos, Japón y China eventualmente emularían las mejores prácticas de Europa Occidental y superarían a esa región.

Eso no ha ocurrido aún. De hecho, Europa Occidental (con apenas una cantidad aproximada de 400 millones de habitantes, apenas 5 por ciento del total mundial) ha ganado tres Mundiales en forma consecutiva, hecho sin precedentes. Más impresionante aún es el hecho que en dichos torneos la región ha asegurado ocho de nueve puestos en el podio (primer, segundo y tercer lugares). El resto del mundo tiene apenas un equipo con el cual no puede mantener el ritmo: la Argentina de Lionel Messi. Y el próximo verano, los europeos tendrán un torneo en su propio continente.

Europa Occidental tiene éxito en el fútbol debido a la misma básica razón por la cual fue, durante siglos, la región más acaudalada del mundo. Su secreto es lo que el historiador Norman Davis llama “clima amistoso con el usuario”. Europa Occidental es de clima lluvioso y templado. Debido a ello, la tierra es fértil. Esto permite que cientos de millones de personas vivan en un área pequeña, y esa geografía siempre ha permitido el intercambio de ideas.

Cuando se celebró el Mundial en Alemania, se podía volar a cualquiera de 20 países con un total de 300 millones de habitantes en un lapso no mayor a dos horas y media. Esa es la red más densa del planeta Tierra. Estados Unidos no cuenta con nada similar.

Si se desea ser un buen país futbolístico, se requiere estar cerca de otros buenos países futbolísticos. Sólo selecciones de Suramérica y Europa Occidental han ganado el Mundial. Tom Byer, norteamericano que sirve de asesor al ministerio de Educación de China en temas balompédicos, indica que cada país ganador tiene fronteras con otra nación que ha sido victoriosa en el Mundial. (Para este ejercicio, Byer toma en cuenta a Inglaterra y Francia, separados por apenas 20 millas y agua de mar, como países fronterizos).

El vecindario de Europa Occidental es creativo de forma única. Los niños de esta región absorben las mejores ideas futbolísticas desde el primer día en el cual patean un balón. Entrenadores sofisticados y cosmopolitas como Arrigo Sacchi, José Mourinho y Pep Guardiola (este último autodenominado “ladrón de ideas”) han estado transmitiendo ideas tácticas por toda la región durante más de un siglo.

La Champions League en particular es una densa red de talento e ideas. Siempre hay un amplio debate con respecto a la superioridad de un modelo futbolístico sobre otro (Bundesliga Vs. la Premier League, o La Liga de España contra la Serie A italiana), pero el verdadero punto a tomar en cuenta es la intensidad de la competencia dentro de Europa, tanto en el terreno de juego como en las gerencias. Eso obliga a los grandes clubes a seguir intentando mejorarse.

Los equipos de la Champions pueden hacerse con talentos de cualquier parte del mundo. Sin embargo, la abrumadora mayoría de sus jugadores son oriundos de Europa Occidental. Con los mejores jugadores y técnicos del mundo en un mismo lugar, el mejor fútbol del mundo se refina y mejora constantemente.

Mientras tanto, la mayor parte del mundo más allá de Europa y América Latina apenas jugaban al fútbol. Durante la década de los 90, la televisión comenzó a extender el balompié a nuevos países y estos empezaron a intentar igualar el paso. Primeramente, hubo un súbito progreso. Las cualidades más sencillas de adquirir en el fútbol son la aptitud física y la organización defensiva, y países como Estados Unidos aprendieron a evitar mejor que sus contrarios anotasen. Consiguieron cierto nivel competitivo y luego se estancaron. El paso final hacia la excelencia, lo cual implica producir futbolistas creativos e inteligentes con capacidad de improvisación, es muy frecuentemente el más complicado.

Veamos el siguiente gráfico, preparado por Szymanski, el cual muestra cómo los “nuevos” continentes se han desempeñado contra unos ya establecidos Europa y Suramérica desde 1950. Este gráfico da mayor espacio a las décadas en las cuales se han celebrado mayor cantidad de encuentros.

Podemos constatar que todos los continentes emergentes mejoran inicialmente. Sin embargo, las naciones africanas (al igual que Norte y Centroamérica) se estancaron. África tuvo su apogeo cerca de 1990.

Estados Unidos, ciertamente el más ambicioso de los países emergentes, tiene una razón particular para estar preocupado. Este es el porcentaje de triunfos de su selección nacional masculina, década por década (contando un empate como medio ganado):

La tabla nos muestra que, a partir de los años 70, los Estados Unidos empezó a mostrar mayor interés en el fútbol. La Liga de fútbol de América del Norte despegó, y la selección nacional comenzó a tener competiciones de forma más frecuente. Los resultados mejoraron durante la década de los 80 (cuando Estados Unidos comenzó a jugar contra una mayor cantidad de naciones de América del Sur) y se mantuvieron estables en los 90, cuando regresó a los Mundiales. El fútbol estadounidense comenzó a salir de su aislamiento.

En la década de los 2000, el porcentaje de triunfos de Estados Unidos se disparó al 65 por ciento, duplicando las cifras previas a 1960. Luego esa estadística se estancó, mientras jugaban de forma menos frecuente contra equipos europeos y suramericanos. En la década hasta 2010, y por primera vez desde la década de los 70, Estados Unidos tuvo la mayor parte de sus compromisos escenificados contra selecciones de Norte y Centroamérica. Si te mantienes dentro de un vecindario débil, no aprenderás las mejores prácticas. Desde 2010, el equipo ha mostrado un leve declive. Nunca ha recuperado su mejor puesto FIFA, el octavo puesto, conseguido en 2005.

Estados Unidos tiene más habitantes que cualquier país de Europa Occidental y puede disfrutar el mejor fútbol europeo por televisión cada noche. Aun así, no produce talento de clase mundial. Sin embargo, podemos decir lo mismo de casi cada continente nuevo o emergente en el panorama futbolístico.

Incluso África, muchas veces considerada como gran proveedora de talentos, realmente no lo es. Revisen sus mejores jugadores en años recientes: Pierre-Emerick Aubameyang, Riyad Mahrez y Andre Ayew todos nacieron en Francia de padres africanos. Previo a estos, Didier Drogba se mudó a Francia a los 5 años de edad y aprendió fútbol allí.

La gran mayoría de las plantillas de las dos naciones africanas que han tenido éxito en un Mundial, Senegal en 2002 y Argelia en 2014, nacieron en Francia. Eso se debe al hecho que, si se aspira a aprender los conocimientos necesarios para convertirse en futbolista estrella, es más probable que deba residir en Europa Occidental o en el cono suramericano antes de empezar la primaria.

Estas son noticias escalofriantes para cualquier gran esperanza norteamericana que esté emergiendo en estos momentos en Virginia o California. El fútbol de Estados Unidos necesita estudiar bien el modelo de Europa Occidental y hacer un relanzamiento.

Simon Kuper es colaborador de ESPN FC y co-autor, junto a Stefan Szymanski, del libro Soccernomics.

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