Fútbol
Salvador Rodríguez | Enviado 44d

Azerbaiyán, el futbol sin resultados

BAKÚ -- Es fabuloso ver cómo en Azerbaiyán se disfruta el futbol sin ser resultadistas, cuando a pesar de la derrota no se pide que caiga el técnico ni tampoco se abuchea al que ha hecho lo posible por darles una alegría desde la cancha.

En Azerbaiyán el futbol se goza de una manera distinta. El boleto para ver a la selección nacional ante República Checa en el penúltimo juego de la eliminatoria hacia Rusia 2018, Copa Mundial a la que por cierto no tienen más aspiraciones, cuesta apenas 64 pesos mexicanos (6 manats) con un asiento en la fila 7, pero igual había de 11 pesos (1 manat), de 32 pesos (3 manats) y unos más caros de 536 pesos (50 manats) con un asiento en palco.

Al estadio, el Olímpico de Bakú, inaugurado apenas en 2015 y con capacidad para casi 70 mil fanáticos, hay que ir abrigado porque el frío en esta época del año está pegando fuerte en la capital. Fueron entre cinco y seis mil aficionados y obviamente el inmueble se veía vacío aunque no por ello la seguridad, con ejército y policía, era menos.

A diferencia de México, o de otros lugares con una pasión diferente por este deporte, no hay puestos afuera del inmueble ni tampoco tiendas dentro para poder comprar una camiseta, un banderín, una bandera o una gorra. De todas las tiendas disponibles sólo hay una que vende hot dogs, sandwiches, refrescos, papas y té bien caliente. Cualquiera pensaría que las filas eran interminables al ser la única, pero la realidad es que en menos de dos minutos estaba uno fuera.

Un refresco valía 11 pesos (1 manat) y un sandwich 19 pesos (1.5 manats). No hay cervezas en venta. Apenas se encaminan los equipos a la ceremonia de los Himnos hay alegría y expectativa. En silencio se escuchó el de los checos y hubo aplausos al final para el visitante. El Himno de Azerbaijan se escuchó en el sonido local pero muy pocos lo entonaron en las gradas, también aplausos al final.

Comenzó el juego, los locales en azul y los visitantes en blanco. Ida y vuelta, un par de llegadas sin final feliz para Azerbaiyán y el remate de Jan Kopic en el área tras un rechazo del portero Kamran Agayev que adelante a los visitantes por 1-0. No importa, hay aplausos de cualquier forma para el visitante y el local. Richard Almeida, con el 20 en el dorsal, le pone sabor al juego con un par de jugadas elegantes y sorpresivas que provocan el aplauso del respetable pero que no hacen daño.

Toca el turno de ir al descanso y la gente aprovecha para comprar semillas por dos pesos sin quitarse algunos la bandera que traían atada al cuello.

En la reanudación finalmente logran en un contragolpe sacar un penal a favor y el encargado de meterlo es Afran Ismayilov al 55, provocando obviamente la algarabía del público hasta que 11 minutos después llegó un cabezazo preciso de Antonín Barák para mover el marcador a favor de los visitantes causando algunas muecas de reprobación de parte de los pocos miles presentes, pero sin gritos ni aspavientos.

Por cierto, en cada uno de los goles, los militares que ocupan la primera fila del graderío, voltean hacia el público para ver que nada prohibido suceda y efectivamente, no sucede nada porque la gente va a disfrutar el futbol sin mayores aspiraciones, porque hace tiempo que Azerbaiyán había dejado ir la posibilidad de calificar con Alemania en el grupo C de la competencia.

Termina el juego y derrota de 1-2 para los locales. Un grupo de unos 20 checos celebra en la tribuna y la fanaticada voltea a verlos hasta con una sonrisa en el rostro, sin mayor ánimo que el de aceptar la derrota.

Un par de minutos después los seleccionados voltean a las tribunas para dar y recibir aplausos, porque para ellos se acabó esta noche el Mundial de Rusia 2018 ya que tendrán que ir a Alemania a cerrar la eliminatoria.

Hacia la salida, un grupo de fanáticos grita "A-zer-bai-yán" mientras aplaude y agita las banderas, felices, porque en 27 años de independencia, hoy la nación azerí sigue soñando con un Mundial de Futbol, y quizá el siguiente ciclo tengan mejor suerte.

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