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2007 FIFA Club World Cup, Final
  • Rodrigo Palacio (23')
  • Pablo Ledesma (85')
  • Pablo Ledesma (88')
  • Filippo Inzaghi (21', 71')
  • Alessandro Nesta (50')
  • Kaká (62')
  • Kakhaber Kaladze (77')

Milan se quedó con todo

YOKOHAMA -- Boca Juniors cayó por 4 a 2 frente a Milan, de Italia, que además de tomarse revancha de la Copa Intercontinental de 2003 ganada por los xeneizes, logró por primera vez en la historia de este torneo que un equipo europeo se adueñara del Mundial de Clubes, en esta cuarta edición.

Las tres ediciones anteriores habían sido propiedad de los brasileños, ya que sucesivamente las ganaron Corinthians, San Pablo e Internacional, de Porto Alegre.

Esta era la primera participación de un equipo argentino en este certamen y los italianos dieron cuenta de él en la final jugada en el Estadio Internacional de Yokohama.

Además los rossoneros se transformaron en los nuevos Reyes de Copas al quebrar la paridad existente hasta hoy entre ambos equipos, que sumaban 17 trofeos internacionales en sus vitrinas.

Y esta derrota con goleada también suele ser considerada en el ambiente futbolístico como "saca técnicos", algo que podría padecer en carne propia el entrenador boquense Miguel Ángel Russo, que llegó a esta competencia muy condicionado y ahora quedó al borde del adiós.

Todo esto y una profunda decepción para los xeneizes, que tuvieron como espectador de lujo en un palco VIP a Juan Román Riquelme, una derrota de los dirigentes boquenses que "durmieron" a la hora de inscribirlo, fueron las consecuencias de este revés probable en los papeles, pero impensado en las cifras.

Y no solamente porque se advertía en la previa que no era tan grande la diferencia futbolística entre los dos equipos, sino porque en el desarrollo del juego, sobre todo en el primer tiempo, los xeneizes hasta se habían mostrado levemente superiores.

De hecho Boca llegó en esos primeros 45 minutos muchas veces por derecha para lanzar centros cómodos, que partían tanto de los pies de Hugo Ibarra como de Alvaro González.

Y encima por el otro lado Neri Cardozo llegaba siempre desmarcado, aunque las veces que recibió juego no tomó buenas decisiones y terminó mal las jugadas.

Pero en ese período Boca tuvo a un Rodrigo Palacio imparable, que llegó mucho por los costados, fue desequilibrante y anotó un gol muy oportuno a los 22 minutos, apenas dos más tarde de que el infalible Filippo Inzaghi abriera el marcador tras corregir un centro shot del brasileño Kaká.

Boca fue siempre durante el primer tiempo y Milan también, aunque las llegadas de los argentinos dejaban permanentemente una sensación de gol más notoria que cuando llegaban los dirigidos por Carlo Ancelotti.

La emotividad que generaba en las 73.000 almas presentes en el suntuoso estadio de Yokohama este ida y vuelta permanente, con los 3.000 hinchas de Boca gritando sin cesar, dejó una inmejorable perspectiva para la segunda etapa.

Pero los sueños de los xeneizes rápida y sorpresivamente comenzaron a diluirse en el arranque de ese período final, porque apenas habían transcurrido cuatro minutos cuando el holandés Clarence Seedorf lanzó un centro desde la derecha, pifió Mássimo Ambrossini y el rebote le quedó a Alessandro Nesta, que clavó en el ángulo derecho un imponente remate desde el borde del área.

La figura de Kaká, que había sido la que más inquietó a los boquenses en el primer tiempo, se acrecentó en los minutos posteriores a esa segunda conquista de los milaneses, hasta que a los 16 el brasileño le dio el tiro de gracia a Boca, aunque aún quedara media hora por delante.

Previamente hubo un tiro de Hugo Ibarra que rebotó en el poste derecho del arco defendido por el brasileño Dida y que podía haber enderezado otra vez la historia para Boca como en el primer tiempo. Pero la pelota no entró y la historia fue para otro lado.

Kaká, la figura de la cancha, se fue por izquierda, zigzagueó ante Jonatan Maidana y definió cruzado, de zurda, entre las piernas de un Mauricio Caranta de floja respuesta.

Este tanto impactó duramente en el ánimo de los auriazules, algo que aprovechó el equipo italiano para lograr el último tanto de su cosecha en la final con una cesión de Kaká para Inzaghi, que definió con el arco desguarnecido.

Ya estaba todo dicho y los cambios postreros de Russo fueron nada más que un intento de morir con dignidad.

Pero solamente hubo tiempo para dos tarjetas rojas, una por bando, para Kakha Kaladze y Pablo Ledesma, quien previamente fue partícipe del descuento boquense, ya que el ingresado volante xeneize remató y el italiano Mássimo Ambrossini introdujo el balón en su propio arco.

No hubo tiempo ni espacio para nada más. Boca fue todo decepción en el llanto inconsolable de Martín Palermo, el que pareció más afectado porque quizás haya jugado su último Mundial de Clubes.

Y por contrapartida, obviamente, la celebración de los italianos, que tuvieron en la premiación final a Kaká como el ganador del oro al mejor jugador y a Seedorf como su escolta con la medalla de plata. El bronce quedó para Palacio.

Pero el que quedó inscripto en el bronce fue el Milan, porque esta vez Boca no pudo y debió conformarse con ser el subcampeón del mundo.

Después de una final perdida, aunque suene igual a un título muy fuerte, en lo inmediato suena apenas a un tibio consuelo.