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Romero y los misterios de la mente

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Andres Romero y su trofeo en el torneo alemán (0:22)

Tour Europeo - BMW International Open (0:22)

El libro sobre la vida deportiva del golfista argentino Andrés Romero estaba, de alguna manera, anunciando un final.

Sorpresas te da la vida, como decía Pedro Navaja.

Quizá sea inesperado, porque el golf se percibe a veces como una ciencia, y es tan técnico, que por momentos confunde a propios y a ajenos. Pero es un deporte, y uno de los grandes. Esos en los que la cabeza juega un papel esencial.

Difícil adivinar donde estaba la mente de Romero antes de Munich. En el puesto 837 del Ranking Mundial y cerca del epílogo de su particular carrera, no sería por cierto en un lugar muy bueno. Pero de repente, pasa una semana, y en Alemania parece una máquina perfecta. Drives al medio del fairway, segundos tiros como flechas a la bandera, putts embocados por el medio del hoyo, uno tras otro. Que fácil parecía. Pero no, es un deporte grande y sigue siendo muy difícil.

En el Abierto de Francia, solo una semana más tarde, muchos bogeys, pocos birdies y algunos “others”. ¿Es la misma persona? Muy difícil la respuesta. Sigue siendo Andrés Romero, pero no es el mismo.

Cualquiera podría imaginar el torbellino de emociones que habrá vivido Romero luego de su épica victoria en Munich. Fue un giro inesperado de 180 grados en sus planes. De estar cerrando prácticamente su carrera internacional y no saber cuál sería el próximo torneo al que lo invitarían, de no poder poner 3 ó 4 sólidas vueltas seguidas en un torneo, pasó sin escalas, y sin aviso previo, a brillar en una competencia contra los mejores del mundo. Pasó de un futuro incierto y probablemente malo, a una oportunidad impensada. De una situación económica ajustada, a una lluvia de euros y dólares que aturdiría a cualquiera.

Otra vez la cabeza, esa inmensa torre de control. El insondable lugar donde, en un atleta de elite, se mezclan los ingredientes que dan como resultado una victoria. Ya es un milagro que un deportista tenga todos los necesarios. Ni hablar de repetir con frecuencia esa receta mágica. Son muy pocos los que, a lo largo de la historia, han logrado hacerlo con regularidad. Y ahí están, son esos pocos los Messi, los Federer, los Phelps, los Tiger, los que están en esa cima tan estrecha.

Fueron demasiados cambios para Romero, demasiadas emociones como para pararse en el tee del hoyo uno en Paris, y poder pegar como si nada hubiera pasado. Muchas cosas le pasaron. Mariano Bartolomé, coach de Romero allá por el 2008 y que acaba de volver a trabajar con él hace apenas un mes, le decía a ESPN: “Lo más importante de este gran triunfo del Pigu es que se dio cuenta de que puede; de que si trabaja seriamente, le sobra talento para llegar a lo más alto”.

La de Romero es una vida que quizá algún día merezca un libro de verdad, no ese que se va escribiendo por sí solo en la mayoría de las personas, sino uno que valga la pena leer. Un libro que, antes de la batalla ganada en Alemania, parecía estar en las últimas páginas, y que ahora, sorpresivamente, podría estar apenas en la mitad. Un libro que anunciaba un final cercano y no muy feliz, que se alarga con un nuevo capítulo esperanzador. Renovadas fuerzas alientan a Romero, y será él, solo él, quién escriba las páginas en blanco que le restan desde ahora.