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La hípica celebra la hispanidad 365 días al año

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Carlos Arias, un jinete de historia, presente y futuro (2:17)

El mexicano comparte su historia de como empezó en México, su viaje a Dubai donde participó en carreras lucrativas, y ahora como representente de jockeys aspirantes. (2:17)

El mundo del hipismo bien podría establecer un festejo similar al Mes de la Hispanidad, pero en lugar de correrlo entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre tendría vigencia los 12 meses del año.

Sería una forma justa de reconocer el aporte de personajes como Víctor Espinoza, quien ya se encuentra en el mítico Olimpo, como el único jinete hispano, en su caso particular, mexicano, ganador de la Triple Corona.

Espinoza ha inscrito su nombre junto a los de otros jinetes legendarios, por la cantidad de triunfos que alcanzaron, pues aunque no lograron las tres joyas de la hípica, han sido muy destacados, como es el caso del panameño Laffit Pincay Junior.

Más recientemente, otro mexicano, el veracruzano Mario Gutiérrez, también ha llegado a codearse con los grandes, luego de ganar en más de una oportunidad, el ilustre Kentucky Derby, entre otros.

Sin embargo, a propósito del actual Mes de la Hispanidad, ESPN Digital ha decidido desviar los reflectores, que tradicionalmente apuntan hacia la élite de este deporte, a la alta sociedad del hipismo estadounidense, para rendir un homenaje a quienes, sin llevarse los ramos de rosas, realizan una labor crucial para que un caballo llegue debidamente preparado para correr.

A uno de los más importantes aliados de un cuadrúpedo se le conoce como 'groom', que es el mozo de cuadra y tiene una misión determinante:

"El Groom, es el que cuida el caballo, mañana y tarde", explica Ricardo Jaime, quien llegó a realizar esa labor, en su natal Tijuana, Baja California, México.

"Empecé paseando caballos. Después, cuidándolos y luego pasé a ser galopador, antes de convertirme en jinete", detalla Jaime, recordando su paso por el Hipódromo Agua Caliente, en la ciudad fronteriza.

"Cada mañana se debe llevar al caballo a entrenar. Luego, se baña, se regresa al establo y se le da de comer. Después, como a las tres de la tarde, se le vuelve a dar de comer", describe nuestro entrevistado, sobre las atenciones que recibe un caballo de forma cotidiana, incluyendo los domingos.

Es decir, los 7 días de la semana, en los que también tiene el tiempo suficiente para descansar.

"El caballo debe de encontrarse al cien por ciento el día de la carrera, por eso es que se le atiende de lo mejor. Tiene su comida a la hora precisa, un veterinario y cuenta también con un herrero".

Con el tiempo, nuestro personaje decidió dar un paso ascendente en su carrera.

"Yo trabajaba en Tijuana, con el entrenador Juan García, cuidando caballos.

Pero me interesaba galopar. Me gustaba subirme a los caballos. Y yo le pedí que me ayudara a aprender los secretos de un jinete. Y en un rancho que Juan tenía en Tijuana, empecé a montar".

"En ese tiempo, se cerró el Hipódromo Agua Caliente de Tijuana y me tuve que venir a California. Empecé a trabajar aquí en Santa Anita, galopando caballos y en 1999 inicié mi carrera, ya como jinete".

En su nueva actividad, a Ricardo Jaime, no le ha ido tan mal.

"Aquí quedé como el Mejor Aprendíz de Santa Anita en 2000 y en 2001. Además, en el hipódromo de Sunland Park, de Nuevo México, en 2004, gané el Sunland Derby Oaks, una de las carreras más grandes de esa región".

Ahora, Jaime ambiciona llegar a competir en los grandes escenarios del hipismo nacional.

"Ese es el sueño de todos los jinetes aquí: ganar el Derby de Santa Anita, lo que te da el boleto para el Kentucky Derby. Y para lograrlo, hay que contar con un buen entrenador y el dueño de un buen caballo, que te tenga confianza", finaliza diciendo nuestro personaje.

CARLOS ARIAS, LIGADO SIEMPRE AL CABALLO

En la búsqueda de las grandes tardes en Churchil Downs y toda la pompa que rodea a las carreras como el Kentucky Derby y las otras joyas de la triple corona, en Baltimore y en Belmont, Nueva York, Ricardo Jaime cuenta con un buen aliado: su representante, el experimentado Carlos Arias, quien ha pasado por toda la gama de oficios que puede encontrarse en el hipismo.

"Yo desde chico montaba caballos de carreras en los ranchos. Tuve familiares que se dedicaban a esto y la hípica me llamó la atención", relata Arias.

"Estuve en el Hipódromo de las Américas, en la Ciudad de México, a los 14 años. Ahí aprendí lo básico antes de venirme a Estados Unidos".

"Debuté aquí en Santa Anita, de la mano de un entrenador, Riley Coffer. Mi carrera como jinete se extendió por cerca de 23 años".

"En 1993 me ofrecieron un contrato para ir a montar a Dubai, cuando los países árabes se empezaban a interesar en las carreras. Hoy en día, Dubai es uno de los países donde más dinero hay en la hípica"

"Tuve la fortuna de durar siete temporadas por allá, montando los mejores caballos, en las mejores carreras".

"Eso fue lo mejor en mi carrera como joquey. Me fue muy bien, incluido el aspecto económico".

¿Qué fue lo que no pudo lograr como jinete?

"Cuando yo montaba en el cuarto de milla, soñaba con ganar el All American. Y cuando montas a un pura sangre, uno quiere ganar el Kentucky Derby. Pero eso solo lo logra uno entre miles. No es una oportunidad que a cualquiera le llega".

En la actualidad, Arias se dedica a la representación de jinetes y cuenta con Ricardo Jaime en su portafolio.

"Es algo difícil, ya que aquí hay muchos jinetes y existe demasiada competencia", reconoce.

¿Cómo se inicia un joquey?

"Aquí en California existe una escuela de jinetes. Hay otra en Panamá, la escuela de Laffit Pincay Jr., de donde salen muchos jinetes y muy buenos".

Además de la representación de jinetes, Arias se dedica a la manufactura y venta de fuetes.

"El fuete es una de las herramientas del jinete, como las botas, o el casco. Hay caballos que responden muy bien al fuete, y hay otros que no lo necesitan", explica.

Sí, porque hay caballos que quieren volar, que no requieren del fuete. ¿Es así?

"Todo depende de la distancia de la pista. Porque si es una distancia larga, no se puede arrancar a toda velocidad, ya que se le acaba el gas al caballo. Uno, como jinete, debe dosificarlo, para que le quede energía y pueda finalizar la carrera. Si la distancia es corta y el caballo es muy veloz, entonces sí se puede utilizar la velocidad desde el arranque, para lograr una buena posición y mantenerse al frente", explica, alguien que sabe del oficio.