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En Chivas no importa empatar, ganar o perder
LOS ÁNGELES -- Matías Almeyda montó su propio Muro de los Lamentos. Plañidera de su propia desgracia, sollozó ante los medios las desventajas de Chivas ante rivales de mayor capacidad, en cantidad y calidad, para poder reforzarse.

Bajo una visión estricta, parece una voz de renuncia, de rendición, de abatimiento. Un "no podemos, aunque lo intentaremos".

Cuando el torneo recién comienza, parece extraña la cavilación de Almeyda, especialmente cuando al llegar a Chivas se le vino encima un tsunami de presiones, inconveniencias, compendiado todo ello, metafórica y equivocadamente, en esa figura torpe de "un dinosaurio" que los orinaba de desventuras.

Almeyda no tiene una nómina inferior a la de otros equipos. Tiene, en cambio, un plantel de jugadores que se sienten inferiores a los de otros equipos. Y él poco ayuda.

Bien lo dice el técnico de Chivas: fueron campeones bajo el amparo de un funcionamiento colectivo. Fueron superiores a Tigres -sin olvidar la fechoría o torpeza de Santander-, que evidentemente cuenta con una nómina que encandila con la gama de seleccionados nacionales de diferentes países.

El Pelado se equivoca al apapachar a sus futbolistas de manera subliminal, enviándoles el mensaje de que su responsabilidad se reduce ante cuadros plagados aparentemente de estrellas.

Monterrey, tal vez la nómina más codiciada en los últimos torneos en México, no ha podido ser campeón, incluso a pesar de favores arbitrales descarados en aquella Final ante Pachuca.

Ratifico: el plantel de Almeyda es competitivo. "Once contra once", como descubrió maravillosamente el mismo entrenador.

Y lo primero que debe distinguirse es la diferencia entre valor y precio. No por ser más caro un jugador de Tigres, Cruz Azul, América o Monterrey es necesariamente más valioso o más útil que un jugador de Chivas.

La gran diferencia es que ha sido evidente que el futbolista del Rebaño ha perdido esa devoción, ese compromiso, esa rabia, esa pasión por mostrarse a plenitud en cada partido.

Durante el torneo en que se corona campeón, a pesar de lesiones, a pesar de algunas situaciones personales que le quitaron ritmo al equipo, al final, el grupo se solidarizó en la cancha, hubo una voluntad granítica, absoluta, por demostrarse a sí mismos y un escenario gremial, colectivo, que eran los mejores.

Tal vez eso ha perdido Almeyda: la capacidad de reconstruir un discurso lo suficientemente poderoso para sacar de sus debilidades a futbolistas que están por debajo de su nivel.

Pero, también, no puede soslayarse que el futbolista tiene deberes: jugar bien y al tope cada partido de futbol.

Si cada jugador de Chivas necesita un lavado de cerebro y de meninges antes de cada partido para salir a disfrutar un placer para el cual además debe considerarse un predestinado, quiere decir que dentro de las cabecitas veleidosas, frágiles y huérfanas de testosterona hay podredumbre espiritual.

Si un futbolista necesita de una terapia motivacional en cada juego, significa que no comprenden ni la camiseta que visten, ni la trascendencia histórica del Guadalajara, ni las ilusiones en millones de personas, y lo más grave aún: no perciben, ni remotamente, el privilegio maravilloso de dedicarse a su pasión.

En verdad, ¿es demasiado pedirles a esos 23 aburguesados que dediquen dos horas de trabajo diario, que cuiden sus organismos en su vida particular y que, principalmente, salgan durante 90 minutos a reembolsar a la afición, al club, a su entorno y a su placer mismo, su máxima capacidad como futbolistas?

1.-Que si Orbelín Pineda sigue embobado venerando a la venus que la vida le ofrece en su camino...

2. Que si La Chofis perdió kilos, pero no ganó en seriedad como para alejarse de esos sitios de cupidos asalariados...

3. Que si Pizarro sigue pensando que él debió viajar antes que Chucky Lozano y vive frustrado por ello...

4. Que si Brizuela sigue prefiriendo ser simplemente El Conejito...

5. Que si Alan Pulido sigue viviendo en un mundo paralelo de mentiras, lujos y excentricidades, como lo demostró, nuevamente, con aquel accidente automovilístico...

Y podemos seguir con otros ejemplos similares dentro del plantel.

Por eso, reitero: Almeyda no tiene un plantel inferior, sino un plantel con algunos jugadores que se obsesionan con placeres inferiores al futbol, lo que denota la inferioridad de su capacidad mental y espiritual ante la dimensión de los retos monumentales que representa Chivas.

Y poco ayuda que El Pelado, públicamente, los apapache, pobreteándoles, porque cuestan menos, en lugar de convencerlos, que aunque cuesten menos, pueden valer más como equipo.

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LOS ÁNGELES -- Javier Hernández languidece en la banca. Miguel Layún titubea en el péndulo de la incertidumbre. Héctor Moreno no encuentra la ubre de la Loba en Roma. Raúl Jiménez argumenta con golazos ocasionales el desdén en Benfica. Tecatito Corona juega con su propia ruleta. Héctor Herrera en círculo de la modorra a la explosión. ¿Diego Reyes? Es, simplemente, Diego Reyes.

Chucky Lozano y Andrés Guardado son los únicos que tranquilizan a Juan Carlos Osorio, quien hurga, intrigado, respuestas en la báscula, en las siluetas y en los índices físicos de Giovani y Jonathan Dos Santos, mientras Carlos Vela organiza su prematuro semiretiro entre su modorra hacia el calendario del LAFC y su excitación por el de la NBA.

Getty ImagesJuan Carlos Osorio e Hirving Lozano

En charla con Futbol de Primera, Osorio reitera que sus dotes de pitoniso le permitieron prever que el 60 por ciento de los "europeos" se quedarían sin la titularidad, y por eso urdió un plan alternativo para resanar esa falta de competencia directa.

En el desamparo de la banca o en el desdén de la tribuna, la osamenta experimentada del Tri rezuma y resume su frustración porque el Mundial está más cerca que la titularidad.

El entrenador del Tri asegura que adelantándose al siniestro destino de esa legión de mexicanos, recluidos, confinados a las bancas europeas, entregó a cada jugador una alternativa de acondicionamiento para no perder el ritmo competitivo.

En su alocución, nuevamente, Osorio se contradice. Primero enfatiza que no hay posibilidad de nutrir al jugador de un nivel competitivo como el combate directo y semanal, pero afirmaría después que su guía especial de acondicionamiento hará ese milagro.

Ciertamente, Osorio tendrá su mejor oportunidad de rescatar a estos jugadores que tanto le preocupan. Le llegará su momento cuando pueda tener cerca de un mes de trabajo diario, de acercamiento serio y de práctica intensa, además de los juegos de preparación.

Pero esperar que con una guía de trabajo, con el futbolista aislado, personal, sin vigilancia, pueda encontrar esa exigencia física, emocional y espiritual que sólo dan las batallas dentro de la cancha, parece una utopía, una panacea o una mentira.

Sería como editar un libro de esa colección "For Dummies (para taraditos)" que hay en librerías estadounidenses. Ya veo el bestseller: "Cómo llegar al Mundial en plena forma para Dummies", compendio de Juan Carlos Osorio.

Sin duda, el horizonte ha cambiado para el entrenador colombiano. Cuando se hizo cargo del Tri, tenía más futbolistas con más minutos en Europa. Y con eso le bastó para engatusar a la mayoría, apoyado en la clasificación más cómoda de los últimos procesos, aunque ante la peor versión de la Concacaf.

Osorio sabe que recibirá a jugadores desmoralizados. En sus clubes les han venido erosionando la credibilidad. Hoy, en la fría lealtad de los números, se puede interpretar, para bien o para mal, que ni Chicharito era tan poderoso como parecía, ni Moreno es el Maldini que México anhelaba.

De ese descenso en el rendimiento de la mayoría de emisarios mexicanos en las canchas y las bancas de Europa, el menos culpable es Osorio, pero deberá asumir una responsabilidad o irresponsabilidad colateral.

Al menos, en este momento, el DT del Tri puede reclutar a 23 jugadores de nivel aceptable en la Liga MX y con ese grupo realizar un trabajo formal, serio, semana a semana, con microciclos que le permiten tener una selección alterna, a pesar de que él viva endiosando a los europeos. Sin duda se le atravesarán la Copa MX y la Concachampions, pero bien sabe que puede reclamar ante la Yunta de Dueños (dixit Sven-Göran Eriksson) con un argumento irrefutable: el impacto del Mundial es directo en el torneo mexicano.

Además, a excepción de Chivas, el impacto no sería tan brutal en otros clubes que tienen como medula espinal a jugadores extranjeros.

Sin duda, inventar opciones tan frágiles y hasta ficticias como este manual alternativo de acondicionamiento, equivale a no hacer nada, a cruzarse de brazos, y a justificarse con una ocurrencia para lavarse las manos por parte de Osorio.

Mientras tanto, los estelares de Alemania, Suecia y Corea del Sur juegan semana a semana, y la mayoría de sus suplentes están más cerca de la titularidad que el escuadrón suicida de mexicanos en Europa.

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LOS ÁNGELES -- En la ansiedad excéntrica de heroicidades, el León cree que paga por el Capitán América.

En realidad no recibirá ni la versión más próxima al Chapulín Colorado, aunque cabe ese legendario "sálvese quien pueda" sobre la llegada de Landon Donovan al León.

Ícono, líder, motor futbolístico de selecciones nacionales de EEUU desde los 16 años, Donovan llega con diez años de retraso al futbol mexicano, tras desdeñar ofertas eventuales del América.

Aquel Landon Donovan, aquel que la afición de EEUU bautizó genuinamente como Capitán América, hoy a los 37 años, y dos en el limbo competitivo, se acerca más a esa versión chusca de los púberes estadounidenses: el Capitán Calzoncillos.

¿Qué busca el León con ese personaje que un día decidió orinar sobre la cancha del Estadio Jalisco en lugar de tirarse un sprint a los sanitarios de los vestidores?

Aquel, ese Donovan que se convirtió durante lustros en verdugo de solaz sonrisa de la selección mexicana, tendría acomodo en cualquier equipo de la Liga Mx aún con ese suntuoso sueldo de 185 mil dólares mensuales, y que hoy, seguramente llevará a Boselli, Elías Hernández y otros más a reclamar una igualdad salarial.

Hoy, Boselli y Elías mantienen a flote a León. Landon no pudo mantener a flote su carrera ni en el Galaxy ni en la MLS. Eligió retirarse porque ya en la selección estadounidense era menos capitán de ese barco que Juergen Klinsmann ponía a naufragar.

Cierto: 185 mil dólares mensuales es un sueldo irrechazable. Y el no cargará con complejo de culpa por la estrafalaria decisión del Grupo Pachuca, el que, acaso debería prepararle más bien un nicho en su sui generis Salón de la Fama.

A no ser por mero folklore para algunos, a no ser por ese ocioso morbo de pachanga para otros, pero difícilmente Donovan será un imán de taquilla y menos aún un punto referente en la venta de camisetas, para una plaza que ya no se consuela lastimeramente con aquel Bicampeonato con Gustavo Matosas.

Más allá de que el Chavo Díaz, técnico del León, por decisión del mismo Boselli, pretenda maquillar el desliz monumental, ciertamente él podría haber recomendado, por ese salario, al menos 20 futbolistas de mejor nivel vigente en Sudamérica.

Y Díaz lo sabe: por la inversión absurda hecha por sus jefes, tendrá que jugar, sí o sí, este Meando Meonovan, como algunos insolentes le bautizaron tras aquel pasaje úrico en el Jalisco. El técnico lo sabe: pronto serán Donovan y diez más.

¿Cuánto tomará a Landon tomar su ritmo físico para al menos poder jugar un encuentro completo? Porque es evidente que por 185 mil dólares al mes, lo menos que puedes hacer es ser un referente de 90 minutos cuatro veces a la semana.

¿Y cuánto le tomará entrar en ritmo, en el ritmo del León, y en el ritmo veloz de los jugadores? No será fácil, y menos aún con las tristes semblanzas de Landon en sus últimos momentos en 2016 con el Galaxy de Los Ángeles.

Y con estos 37 años, tras aquel pasaje de incontinencia urinaria en el Estadio Jalisco, ¿acaso veremos más pasajes similares en los pocos minutos que tenga en la cancha?

Dejo una interrogante: ¿es acaso una venganza extrema del futbol de EEUU cuando le llegan por otro lado a la MLS los vestigios de Carlos Vela? Cierto: uno tiene 28 años y otro 37, pero...

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LOS ÁNGELES -- Cruz Azul contrata los nostálgicos vestigios de un pasado fascinante. De un futbolista que pudo haber sido y...

Pero también desdeña la abrumadora evidencia de un presente lamentable. La apuesta, en términos hollywoodenses, sería una Vuelta al Futuro.

Tiene nombre esta osada inversión de La Máquina: Carlos 'Gullit' Peña. Hablar de él se ha vuelto un gesto de pesadumbre: lo que pudo haber sido y no fue.

Simbólicamente Las Golondrinas le acompañaron cuando embarcó hacia Brasil 2014. La alineación de Miguel Herrera era algo así como el Gullit Peña y diez más.

Nadie, entonces, pensaba que el Gullit regresaría a México. Su espectacular paso por el futbol mexicano, como figura del León bicampeón, hacían creer que Europa debería acostumbrarse a ese jugador azabache de melena y tranco largos.

No fue así. La explicación simplista fue que la fractura del Chapito Montes, socio, amigo, cómplice en las odiseas del León, le fracturó el espíritu de futbolista.

Y el Gullit nunca llegó a Brasil. Y Europa se convirtió en una utopía. Carlos Peña abdicó a su futuro. Desertó de los sueños envolventes del aficionado mexicano. Se colapsó desde dentro.

Y en los últimos tres años y medio, el Gullit ha traicionado a las bendiciones con las que fue dotado. Alcohol, odaliscas, descuidos, lo han postrado en la versión vencida, derrotada, fracasada, inerte, de aquel poderoso futbolista premundialista.

Hoy, siete millones de dólares después y con siete kilos por encima del peso que tuvo en sus momentos de mejor futbol, un pistón imponente, amo y señor de las dos áreas, al menos dentro de la verbena del futbol mexicano, de ése queda como mejor recuerdo la estampita del Álbum Panini de Brasil 2014.

Pasó por Chivas y sólo tuve siete partidos generosos. Hasta hizo creer que se había redimido de todos sus pecados, incluyendo a los ya mencionados, la displicencia personal y laboral. Un espejismo.

Afortunadamente para el Guadalajara, Pedro Caixinha logró convencer al Rangers de Escocia. El técnico portugués consumó algo así como vender aire acondicionado a los esquimales. Y para completar el paquete de futbolistas desahuciados, se llevó a Eduardo Herrera.

Chivas perdió en la transacción, pero ganó al librarse de un problema. Gullit enviciaba con su ejemplo el vestuario. Es un personaje sano, pero aún las deliciosas y nutritivas manzanas engendran gusanos.

Hoy Gullit Peña llega a Cruz Azul. Pedro Caixinha se juega otro albur con él. El técnico dice que se ha regenerado y que a los 28 años su futbol sigue intacto.

Con Rangers, Peña recibió una marcación especial. El club vigilaba que el jugador mexicano viviera una vida de castidad, en todos sentidos. Su único contacto con el whisky escocés era a través del olfato.

Tal vez Caixinha y la familia del Gullit deban extender esa vigilancia extrema para que pueda sortear a las musas entre el tsunami de tentaciones hedonistas de la Ciudad de México.

Pocos futbolistas reciben tantas oportunidades. Pocas veces el futbol es tan compasivo y generoso. Pocas veces se conceden tantas posibilidades de reivindicarse.

Esta, la que le ofrece Cruz Azul, seguramente, será la última posibilidad de redención.

Y Caixinha tiene razón: el futbolista debe mantener íntegras sus virtudes. Si puede, si quiere, porque debe, puede ser mejor que ese Gullit de hace tres años y medio.

Y si Carlos Peña recapacita, será más fácil deshacerse de esos siete kilos de sobrepeso respecto a aquella su mejor versión.

Si no recapacita, le será más fácil deshacerse de esos 7 mdd que le entregó generosamente aquella, la casi mítica mejor versión de hace tres años y medio.

Escribía Mark Twain que "nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño".

El problema es que para Carlos 'Gullit' Peña la ruta de la reivindicación será absolutamente cuesta arriba.

La duda es, entonces, si ese hombre que dinamitó con vicios sus propia estatua, tendrá las virtudes para reconstruirla...

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LOS ÁNGELES -- Matías Almeyda tiró a todos a la hoguera,. Acto seguido se lava las manos y se seca con la toalla, no la del affaire LaVolpe-Podóloga, sino la de la inocencia.

Confiesa al diario Mural de Guadalajara que Oswaldo Alanís no jugará en Chivas a menos que una epidemia de enfermedades o lesiones le deje sin defensas. La directiva manda, él obedece.

Marginado del Clausura 2018, Alanís sólo implora que algún club nivel pelagatos --un término que inmiscuyó Ricardo Peláez en la cultura de decisiones del Guadalajara--, se apiade de sus condiciones y acepte pagarle un sueldo seguramente fuera de su presupuesto.

Imago 7

Almeyda fue claro: lo necesita, pero no puede utilizarlo. Y que las consecuencias de ello caigan sobre sus jefes. Alanís, por decisión de Jorge Vergara y su #Pelagatos2.0 (insisto, según Peláez), puede entrenar y cobrar, pero no jugar.

Alanís tiene una carta desesperada. Si en este enero no encuentra un refugio fuera de México, podría el 1 de febrero ofrecer disculpas, firmar un contrato hasta fines de 2018, sin aumento y esperar el indulto de Vergara.

Lo cierto es que el desenlace del caso de Alanís fue una derrota para todos. Perdió el club, el jugador, el técnico y hasta la AMFPro, que a través de Oribe Peralta había instigado a una huelga, luego de que de manera confidencial habló con los líderes de los otros 17 equipos.

Sí, irónico que el caudillo del América protagonizara una rebelión contra el sistema represivo del futbol mexicano que su propia empresa regentea, más allá de que Emilio Azcárraga Jean se ha tomado un año sabático de discreto anonimato.

Versiones hay de que Decio de María fue instruido para ordenarle a José Luis Higuera que no desafiliara a Alanís, sino que más bien lo reintegrara, para evitar un remezón que pudiera llevar a un paro de la Liga MX.

No cabe duda que Decio de María se asustó con el petate del muerto. Pero, lo entendemos: ha ratificado su incapacidad para saber confrontar y resolver favorablemente todo tipo de conflictos.

Cierto que Alanís no es un jugador exultante, y sólo marca una diferencia para Chivas ante la imposibilidad de encontrar un zaguero mexicano menos malo que él. El criterio de “no hay más” lo hace valioso en Chivas.

Sin duda que en el torneo en que todo el equipo de Chivas se conjuntó para ser una decepción, Alanís no desentonó, más allá de su fragilidad física. Jugó 11 partidos, diez de ellos completos.

Además, su cartel en el extranjero quedará manchado por la forma sádica o bobalicona en la que Juan Carlos Osorio lo mandó al matadero como flamante lateral izquierdo ante Alemania B/C en la Copa Confederaciones.

Queda claro que si el Guadalajara elige prescindir de él como una represión disciplinaria al no ampliar su contrato por seis meses, el jugador en junio recupera su carta y puede elegir su destino, pero la cuota a pagar es muy elevada.

Sin juegos oficiales, el Mundial de Rusia, aunque lo improvisen como autopista por izquierda, desaparece de su vista. Y con seis meses inactivo, con la depresión postmundial y su salario elevado, será difícil encontrar acomodo.

¿Habrá repercusiones de la directiva hacia Almeyda por mandar a Vergara y a Higuera al frente para responsabilizarlos del eventual impacto por la ausencia de Alanís, que evidentemente, en la escasez de Chivas sería titular?

El entrenador deja en claro que él es sólo un instrumento de la represalia del Guadalajara hacia el jugador, quien, tal vez, encandilado por su bisoño representante, un hábil comerciante de pizzas, creyó que la presión y la represión recaerían sobre Chivas y no sobre Alanís.

¿Reaccionará la AMFPro ante la oficialización de la marginación impune a Alanís? Si no lo hace, enviará el mensaje equivocado y peligroso que la agrupación está llena de buenas intenciones, pero de la peor de las inacciones: la contemplación...

Por eso, necedad y capricho, de ambos, de Alanís y Chivas. Eligen perder los dos, sólo para que no gane el otro...

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LOS ÁNGELES -- Con su escenario habitual de revanchas, de retos, de ultimátums, de ilusiones, de desesperación, de resignaciones y de sentencias de descenso, el Torneo Clausura 2018 arranca este viernes.

Monterrey lame sus heridas con la promiscua saliva del fracaso reiterado, mientras Tigres se prepara para una prolongada pretemporada en las primeras cuatro o cinco jornadas de La Liga, en tanto que Cruz Azul espera que Caixinha sea la fórmula para saciar la hambruna de dos décadas sin título de Liga.

Con el América buscando un hombre gol, solidario y cómplice de Oribe Peralta, Pumas mira espantado la amenaza del descenso, y a su vez Pachuca funda su propia ONU con emisarios de distintos países en una nómina obesa, pero anémica en resultados y hasta en Liguillas.

Monterrey vs Tigres final AP2017
Getty

Hijo bastardo del remordimiento, la decepción y los actos de contrición individual, Chivas tratará de parecerse más al del campeonato bendecido por el árbitro Santander, que a ese Guadalajara que sufrió de amnesia y que fue emasculado competitivamente en el torneo anterior.

Y mientras Querétaro parece haber dado cohesión a sus líneas con Puch y Samudio, el Profe Cruz acerca la promesa de un Atlas competitivo con el recorrido de sus futbolistas, en tanto que se espera que Lobos BUAP siga defendiendo la arriesgadísima conducta futbolística en la cancha que lo convierte en una garantía de espectáculo.

Con protagonistas diferentes, en los mismos roles de cada seis meses, lo cierto es que además se incrementa la cantidad de jugadores no nacidos en México, mientras la respuesta "más si osare" del jugador mexicano es muy tibia ante el poco apoyo de los directores técnicos de los equipos, a sabiendas que sus cabezas están más cerca de la guillotina que de una eventual compasión.

Con el Mundial en puerta, los segregados por Juan Carlos Osorio, ya sea por su estatura, por sus rasgos psicosomáticos, o simplemente, porque no encajan en su delicatesen extraño, tratarán, sin embargo, de jugar sus últimas cartas, como un Elías Hernández, quien ha sido el mejor mexicano en servicios para gol en el acumulado de los últimos cinco torneos, y determinante en los mejores momentos del León.

¿Hay plazas abiertas en el Tri mundialista? Osorio estará hurgando minuciosamente en la obediencia de tres jugadores que han elegido la MLS como su casa de retiro en el mejor momento de su carrera: Giovani y Jonathan dos Santos, además de Carlos Vela.

Seguramente si estos tres jugadores no se ajustan a la agenda de acondicionamiento físico, Osorio se verá obligado a cambiar sus parámetros de discriminación como en los casos del Erick Gutiérrez, Víctor Guzmán y el mismo Elías Hernández.

Y claro, el descenso entrega el drama apasionante que incluye, por supuesto, la posibilidad de la FMF de liberarse de una vez por todas de esos apéndices molestos de la Liga, como el caso de Fidel Kuri, o hasta el mismo Puebla, con dueños enmascarados para disimular, ante los bobalicones, la creciente multipropiedad de TV Azteca.

Por supuesto que la legión de los sentenciados, bajo ultimátum, es muy fácil identificarla. La encabeza Antonio Mohamed, quien sabe que su perdón viene dentro del título de campeones. Mientras que David Patiño deberá sobrevivir semana a semana; no se debe descartar a Hernán Cristante con el Toluca, y la presión asfixiante hacia Miguel Herrera y Matías Almeyda para que respondan a las expectativas y a las expectaciones. Y claro, las miradas de reojo se encaminan hacia la oveja negra del futbol mexicano, toda vez que los árbitros se convirtieron en los protagonistas nefastos del Apertura 2017, fieles, por supuesto, a esa vocación de equivocarse por malos o de perjudicar por malosos.

Arturo Brizio ha tratado de encontrar la fórmula para convertir en jueces a estos silbantes cuyos especímenes van desde unos disfrazados de cándidas caperucitas rojas hasta despiadados lobos feroces capaces de tragarse hasta la abuelita del cuento.

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LOS ÁNGELES -- No basta un comunicado, por más repercusión que tenga en redes sociales. No basta la solidaridad inútil de los "me gusta" en Twitter o en FaceBook.

No basta dejar constancia por escrito. Es necesario dejar constancia con hechos. La palabra construye la idea, los actos generan los cambios.

Las palabras son tan poderosas o tan frágiles como las acciones que le siguen. La mejor arenga, el mejor sermón estimulan los cambios, pero sólo los procederes los consuman.

Sin duda, que la Asociación de Futbolistas y Rafa Márquez saltaran en defensa de Oswaldo Alanís es un reflejo puntual de una revolución gremial, al menos en actitud. El panfleto se convirtió en mensaje, pero de mensaje debe consumarse en una proclama.

Qué bueno que ambos, asociación y Márquez lanzaron la piedra viral y virtual, pero hoy deben mostrar la mano. Los responsables deben responder a alguien. Y hay que saltar de detrás del celular o la computadora para confrontar, cierto, pacíficamente, mesuradamente, coherentemente.

Alanís fue enviado a la filial de Chivas de Segunda División. No aceptó un contrato semestral porque exige un compromiso multianual con un aumento salarial. Pero, José Luis Higuera considera que nadie en el equipo puede pedir privilegios, tras "el nefasto torneo que tuvimos".

Alanís y su representante no aceptaron. Matías Almeyda coaliciona con Higuera y acepta que a su defensa central, quien tuvo un desatinado Apertura 2017, se le coacciona, se le amenace, bajo el riesgo de que quede fuera del Mundial de Rusia, para que acepte las condiciones.

Carlos Salcido, Jair Pereyra, Rodolfo Cota y otros más, fueron presionados y aceptaron firmar por seis meses. El remordimiento del desastroso torneo de Chivas, los hizo sentir culpables y cedieron. Alanís, no.

Hay un impasse entre ambas partes. El defensa hace pretemporada en Tlaquepaque y sus compañeros en Cancún.

Una lucha de egos. Carencia genuina de negociación por ambas partes. Las hormonas les matan las neuronas. Alanís necesita de Chivas y Chivas de Alanís. No razonan, reaccionan.

Como efecto, saltan la AMF y Márquez a la cabeza de un movimiento en redes sociales, que seguramente debe conseguir más adeptos, especialmente entre los europeos, quienes están más allá del bien y del mal, de las entrampadas y amañadas formas de asfixiar por parte de directivos.

¿Tiene Márquez ya la potestad de representar a la AMF? Estatutariamente sí.

Pero ¿tiene la autoridad reconocida ante la FMF para citar a charlar, negociar o interceder ante Chivas por Alanís? No. Puede pedir una audiencia con el Guadalajara o concretamente con quien Ricardo Peláez ha inmortalizado como "El Pelagatos de Vergara", pero éste no tiene ni obligación ni educación para atenderlo.

Es decir, no hay aún un mecanismo institucional, oficialmente reconocido para que Márquez abogue por Alanís ante Chivas.

Públicamente, ante los ojos de la afición, podrán hacerlo la Asociación y Rafa, pero no hay herramienta tangible para llevar a una mesa de negociaciones a ambas partes, y menos ante un cabildeo laboral.

La AMF, ojo, aún no ha conseguido emanciparse de la FMF. No ha conseguido cortar el cordón umbilical en la mesa de partos. Decio de María y sus fariseos aún pueden abortar el proyecto.

Y cuidado: el resto de los clubes, por más amor u odio que tengan a Jorge Vergara y a ese personaje torvo a quien llama Peláez "El Pelagatos de Vergara", son poco simpáticos y poco agradables a la mayoría de los 17 clubes restantes, estos, sus directivos, saben que solapar esta sublevación, aparentemente en gestación, sería contraproducente.

Si esta reacción hecha raíces, si es una generosa y fértil semilla, ellos, los otros 17, saben que están expuestos a una reacción similar.,

Hacen bien, la Asociación y Márquez en no confrontar como un frente beligerante, como un grupo de choque. Aunque, de hecho, ya la primera piedra fue lanzada con ese boletín cibernético.

Por eso, insisto, lo único que la AMF y Rafa Márquez, y quienes cerraron filas en torno a él, lo único que no pueden hacer es estancarse, quedarse quietos, recular.

No dar un segundo paso al frente sería perder credibilidad, de sus agremiados y posibles agremiados y de esa afición que anhela ver en los futbolistas esa poderosa sublevación de cambio, esa misma que como ciudadanos, no se atreven a consumar.

Que recule Chivas, pero no la AMF.

Si recula el Guadalajara será una victoria absoluta.

Si recula la AMF será su derrota absoluta.

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LOS ÁNGELES -- A los 28 años, Carlos Vela renuncia a los sueños ajenos para consumar y consumir los propios. Eligió el ataúd antes que el clímax para su carrera futbolística.

Este miércoles, La Hiena, como algunos cercanos le llamaban, se despide de la Real Sociedad. En San Sebastián habrá suspiros, pero no lágrimas. Lo que pudo haber sido y no fue.

Y, también, este miércoles, Carlos Vela se despide de la realeza de la sociedad futbolística del mundo. Y hoy, cabe subrayarse, es el día de su liberación: no más jugar bajo presión.

Renuncia, entonces, insisto, a ilusiones ajenas, para plegarse a las propias. ¿Egoísmo? Vela ha decidido que su felicidad no está en avivar el fuego de la felicidad ajena.

Desde su irrupción poderosa en el Mundial Sub 17 de Perú, cuando le ofrendó a México un trofeo inesperado, entregó, sin saberlo, y seguramente sin quererlo, un manojo de esperanzas a la afición mexicana. Él y Giovani dos Santos.

Los más advenedizos y jactanciosos de la época colocaron un galardón, que terminó siendo el epitafio: "La Generación Dorada", al bautizar a la prole victoriosa de Chucho Ramírez. Ninguno de sus legionarios sobrevivió a semejante condecoración. Pareció un lastre más que un combustible.

Con aquella hazaña y la medalla de oro de Londres 2012, Giovani deambula en el Galaxy de Los Ángeles, y como vecino, íntimo, tendrá ahora a Carlos Vela, con Los Ángeles FC, en la intrascendencia de la MLS que no es capaz, al menos, de ganar un torneo de clubes de Concacaf.

Al abandonar a la Real Sociedad y a la realeza de la sociedad mundial del futbol, la Liga de España, Carlos arrió su Vela antes de zarpar.

Sin duda el futbolista más completo de su generación, con esa dosis apareada por la astucia y la inteligencia, Carlos Vela vivió su mejor momento cuando los medios españoles lo colocaron en una escalinata de monstruos: Messi, Cristiano, Costa y él.

Y ahí, justo entonces, cuando el orbe volteaba a ver al tutor de esa alianza con el francés Griezmann, justo cuando era el momento de zarpar a conquistar mundos, justo entonces, Carlos decide arriar su vela.

En ese momento, Atlético de Madrid esperaba que la moneda que había lanzado al aire El Cholo Simeone cayera al piso: Vela o Griezmann. El entrenador eligió al que tenía hambre, hambre genuina, hambre de cancha, de gloria, de futbol. Vela se quedó en San Sebastián... hasta este miércoles.

Alguna vez el mismo Vela dijo que el futbol no era lo más importante de su vida y ni siquiera su deporte favorito. Puntualizó que el balompié era su modus vivendi y que lo disfrutaba como tal. Una pasión domesticada. Su taxímetro no cubría los honorarios de sus latidos.

En declaraciones a los medios, este fin de semana, Carlos Vela aseguraba que se iba contento de la Real Sociedad. Queda claro que en el museo de San Sebastián no ha hecho espacio para su llegada ni para su adiós.

En sus alocuciones, Vela dice que se lleva todo a cuestas, los buenos y los malos momentos. Sus palabras suenan, reitero, a liberación: la exigencia citadina, regional o nacional en la Liga española, se acaba.

En Los Ángeles, lo sabe Vela, será el inquilino folklórico de las primeras semanas. Vendrá camisetas, generará expectación y expectativas, y seguramente colgará balones con utopías en las redes de la MLS.

Y después, puede, como ocurrió con Giovani, desvanecerse, suavemente, imperceptiblemente, en ese indoloro, incoloro e inodoro panorama de la indiferencia y de la decepción. En las penumbras, todos visten de gris para vivir mejor.

Pero, después de escuchar las conclusiones del delantero mexicano queda decepcionantemente claro que nunca se enteró de que en esa vida maravillosa que siempre se le ofreció de manera indiscriminada, el único personaje nocturno fue el mismo.

Habló de "malos momentos". Y Carlos debe entender que en una vida generosa de buenos momentos como futbolista en Europa, él fue el único mal momento que la arruinó.

Nunca quiso ser todo lo que él podía ser. Nunca quiso ser todo lo que él debía ser.

Cierto, todos tienen derecho en algún momento de arriar sus velas, pero nadie puede hacerlo antes de zarpar.

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LOS ÁNGELES -- LOS ÁNGELES -- "Cuéntame, Musa, la historia del hombre (...) que conoció tantas tierras y sufrió sin fin por salvar su vida y la de sus compañeros, aunque todo fue en vano...", escribe Homero en el Canto I de La Odisea.

Podría ser el obituario para la carrera de Christian Giménez. El 'Chaco' es expulsado del naufragado Cruz Azul, como ocurrió con Odiseo en la épica griega, al hundir Neptuno su galeón.

El 'Chaco' quería seguir en Cruz Azul. Y que el cirio que se encendiera en el fin de su carrera futbolística fuera en sus recintos, con su camiseta. La desgracia del jugador profesional es esa: no puede elegir dónde debuta, dónde juega, ni dónde se retira. Su destino se lo van prostituyendo otros.

Pero, en esa tierra de nadie, en La Noria, donde mangonean muchos (Los Álvarez, Los Hurtado, Los Garcés, etc.), aceptaron exiliarlo. El carrusel doméstico de los santitos de feria: "santito dónde te pondré, santito, dónde te tiraré". La fe oportunista se mide con el termómetro apócrifo de los milagros.

Cruz Azul decidió ahorrarse el salario por un jugador que, ciertamente, ya en los 37 años (los cumple el 1 de febrero) debería tener en detrimento la capacidad total de sus pulmones y sus músculos. ¿Las gónadas? ¿La testosterona? ¿La dignidad profesional? Eso no cotiza en un equipo sin sangre y sin corazón en sus 20 años de celibato absoluto en la Liga.

Pedro Caixinha obedeció. No le dio oportunidad al 'Chaco'. No lo escuchó. No lo observó. No lo midió en cancha. Ni lo calibró en pruebas aeróbicas ni en pruebas anaeróbicas. Como burócrata en turno en Cruz Azul, el técnico portugués firmó a ciegas el finiquito, y por teléfono desafilió a Giménez.

"Físicamente estoy bien. Fui el primero en llegar a entrenar y el último en irme. Ustedes (los medios) resaltaron incluso cómo al minuto 93 superé en carrera a Gignac (32 años) y le arrebaté un balón en posibilidades de gol. Nunca engañaría a una institución ni robaría un lugar que pertenece a un joven, incluso que podría ser mi hijo (Santiago, jugador de Cruz Azul), si no estuviera seguro de ser competitivo", dijo el 'Chaco' en charla con Raza Deportiva de ESPNDeportes el martes pasado.

Su destino es Pachuca. Donde vivió mejores tiempos. Tiempos de títulos. Tiempos de vacas gordas. Queda su testimonio entre el gimoteo de su pesadumbre: "Me siento mal, por qué, porque he sido campeón en todos lados, menos aquí con Cruz Azul", explicaba entre sollozos.

Manuel Lapuente alguna vez hacía referencia de Cuauhtémoc Blanco: "El futbolista nunca sabe cuándo retirarse, ni sabe estar preparado para el retiro. Cuando está cerca le despierta pánico porque lo que mejor hace en su vida ya no podrá hacerlo".

Hoy el 'Chaco' ya sabe que Cruz Azul ha dejado de ser su aliado para convertirse en su enemigo futbolístico. "Ya sabes 'Gordo', esta siempre será tu casa", fue la forma en que le firmó Jesús Martínez por teléfono para el Pachuca.

Irónicamente podría ser, en este verano, un adiós compartido, una ceremonia de retiro, en Pachuca, de dos jugadores referentes de Cruz Azul, uno, incluso cargando títulos, como Óscar 'Conejo' Pérez y, por otro lado, coleccionando pesares celestes, el 'Chaco' Giménez.

El mismo jugador argentino, naturalizado mexicano, sabe que el destino podría emperrarse en una cita de ardor familiar. Su hijo Santiago está cada vez más cerca de merecer presencia en el campo por Cruz Azul, y el sábado 10 de marzo enfrentaría a su padre cuando le visite el Pachuca.

"Sería algo tremendo, pero algo maravilloso, estar ahí en la cancha ante mi hijo", comenta el 'Chaco'.

Que fue desleal, cruel e irrespetuosa la forma en que Cruz Azul se desvinculó del 'Chaco', sin duda. Un telefonazo del recién llegado y el desdén de los directivos. Al menos, el club no se lo notificó publicando una esquela en la página de obituarios de algún diario capitalino.

Pero, el futbolista sabe su posición en esa pirámide del consumo del futbol: cuando abandona el pináculo, todo es cuesta abajo.

Pachuca le ofrece al 'Chaco' más que una ceremonia de jubilación digna, la oportunidad de una revancha. Christian Giménez, sin duda, hoy ya entrena con la misma rabia y devoción de cada día para esa cita del 10 de marzo, en la aldea celeste.

"El Circo es el alambique donde se destilan los sueños", escribió Benito Taibo. Para el futbolista, la cancha, el juego mismo, es ese mismo alambique donde purifica sus propios sueños.

Y como en el Circo, también ocurre en el Futbol: cuando las luces se apagan las alegrías son más ajenas, más del público, que del jugador mismo.

Sin embargo, el futbolista es una luciérnaga: siempre podrá encender a voluntad las candilejas de sus buenas memorias para encandilar las penumbras de los malos recuerdos.

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LOS ÁNGELES -- Lo peor es la retórica del autoconsuelo. Esa, la palabrería para curarse las heridas de la incompetencia. Lengüetazos en las heridas como resabio abnegado de la hipocresía.

Pachuca oficia la catarsis de su propio indulto con frases sobadas, tras caer ante un Gremio con descompensación de horario y la carga competitiva.

Pachuca refriega la percudida imagen, mientras Gremio dobla las camisetas que ni siquiera necesitan lavarse. El adversario no mereció sudarlas.

"Dominamos el juego". "No merecíamos perder". "El arbitraje". "Terminamos metiéndolos en su cancha". Y más, claro. Los estribillos del fracaso. No sólo, otra vez, del Pachuca, sino de la incapacidad del futbol mexicano para hacer más respetable la irrespetada zona de Concacaf.

Más allá de que el América fue menos indigno contendiente en la edición pasada, ante un "Real de Madrid (dixit LaVolpe)", esta vez Pachuca contaba con escenarios favorables, porque más allá de adaptado al hábitat, había absorbido los estragos del jet-lag.

Gremio, pareció que estaba haciendo la siesta, y le entregó el gasto y el desgasto a Pachuca, quien ratificó que su paupérrimo nivel en la Liga no era porque estuviera secretamente administrando sus esfuerzos para convertirse en el Strategos (el caballo negro de Aníbal) del torneo.

Con Edson Puch marginado por conflictos con su entrenador, y Urretavizcaya transferido y distraído con Monterrey, Pachuca fue todo esfuerzo, pulmones, músculo, y un poquito de cacumen, pero a Everton le bastó un segundo de lucidez en su modorra, para resolver con un balazo cruzado sobre El Conejo Pérez, y Gremio finalista.

A excepción del América, y que igual terminó cuarto, la historia no miente, los anteriores enviados al matadero del Mundial de Clubes por parte del futbol mexicano, curiosa, irónica y absurdamente, terminan teniendo pésimos rendimientos en los torneos de Apertura, y por lo tanto llegan desvencijados moral, futbolística, física y competitivamente al reto.

Encima, en un acto doloso, turbio y vergonzoso, el futbol mexicano decide renunciar a la Copa Libertadores de América, por que "no se compaginan los calendarios", según una de las mayores --no la más grande de todas--, mentira de Decio de María, y su escudero Enrique Bonilla.

Ya hemos analizado la farsa que representa ese argumento, pero cuánto habría significado, por ejemplo, para Pachuca, haber competido ante equipos sudamericanos, o concretamente brasileños, antes de medirse al Gremio.

Ah, pero tanto Jesús Martínez como Andrés Fassi defendieron a muerte esa decisión de Decio de María, que, lo henmos reiterado, se ordenó desde el Salón Oval de Televisa, porque fue la manera más brutal, descarada y alevosa de sacarse la competencia de la transmisión de los juegos de la Libertadores por Fox.

No decidió, lo dijimos entonces, el futbol mexicano, sino Televisa para sacarse de encima la realidad de que Fox atraía la atención cuando los equipos mexicanos competían en la Libertadores.

Bueno, hasta Chivas que ya tenía el boleto asegurado vía Copa Mx, estuvo de acuerdo en que se cancelara la participación en la Libertadores.

Pero, insisto, tanta culpa tiene Decio, Bonilla y su patrón en el autoexilio, como los dueños de equipos que agachan los cuernos y sumisos, serviles, asienten ante las decisiones absurdas, malolientes o torpes, de sus dirigentes.

Entonces, ahora, como dicen los colombianos "que chupen de su cocinado" o "se quedaron como el becerro, mamando", que cualquier referencia es tan sana, popular e inocente, pero cierta para ejemplificar la situación.

¡Ah! Pero, no olviden falta la Final de la Copa Mx, en la que el aporreado Pachuca regresará a enfrentar al desgastado y desilusionado Monterrey.

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LOS ÁNGELES -- En hábitat de esquimales, con coloquial aguanieve y despiadado granizo, para flagelar aún más a los jugadores, quienes, todos, demostraron la raza genuina de futbolistas profesionales, en una batalla implacable que terminó con saldo de tregua: 1-1, en un veredicto salomónico.

Al marcador le ensuciaron la cara. Nahuel Guzmán opta por el harakiri clavando la pelota en el vientre de su arco, en su incapacidad para reaccionar a un balón desviado con la mollera por 'El Pato' Sánchez. Nahuel en su versión cómica: 0-1.

El empate llega con un aparatoso clavado, con un penalti que Isaac Rojas ve, en un arremolinamiento donde nada se puede precisar. Trata de maquillar la pifia Enner Valencia, al cobrar con esa temeraria imprudencia a lo Panenka, mientras que Hugo González abrazaba a su izquierda su frustración sofocada. 1-1.

Después del 1-1, hubo más. Hubo mucho, pero lejos de la red. Lejos del marcador. Lejos de insinuar un veredicto en La Final del Apertura 2017. En El Volcán, la tribuna vomitaba lava, mientras cadenciosamente bailaba en su funeral el plumaje del aguanieve.

Una fiesta de futbol, generosa, sin ser absoluta en la pizarra, con la nación felina viviendo silencios, ese mutis de angustia, de desesperación, de rictus cardiacos, mientras los ataques de Monterrey se sumaban a la incertidumbre en torno al Patón Guzmán.

Habría que someter a revisión algunos esfuerzos, pero podría ser engañoso a través del escueto paisaje de la televisión. En la pasarela de las culpas, con la clemencia ante las circunstancias del juego y de la misma acción del tiro de esquina, sólo el arquero de Tigres queda sentenciado.

Insisto, bastante inclemente era ya el escenario, porque más allá del clima, la sofocante presión de que esta Final había que jugarla al límite de todos los límites, los futbolistas respondieron.

Una prueba fehaciente de la gran responsabilidad asumida por todos, es que más allá del despliegue físico, de la intensidad anímica y pasional, el único amague de calambres en el juego, queda claro que fue una argucia más que una realidad.

Esto habla de que cada futbolista fue profesional 24/7 para este encuentro, y que ninguna banca dejó nada a la deriva. Cierto es su obligación, pero no siempre la cumplen.

Por eso, sin que el 1-1 sea el más suculento de los desenlaces, en un juego de tan álgido compromiso y lucha, lo cierto es que la demostración de sus alcances, escaló cerca de la perfección.

La Final de Vuelta tiene 90 páginas de suspenso e incertidumbre. Este viernes se hará el recuento de los estropicios. Tigres pierde a Hugo Ayala y Monterrey a Leonel Vangioni. La roja del felino es un castigo a la torpeza. La roja al rayado, es una tibia reprimenda a sus desvíos de carnicero.

Los médicos pesarán en las alineaciones del juego dominical: ¿Avilés Hurtado estará recuperado? ¿Bastarán una sobada con linimento mágico para Enner Valencia?

Esperar pues. Y desear que la integridad de jugadores y profesionales, la respeten, nuevamente, finalmente, en el desenlace para conocer la nuevo campeón.

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