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¿Silenciarán grito homofóbico a base de castigos?
PHOENIX -- La FMF y la Liga MX advierten que tomarán medidas drásticas para frenar el racismo, la discriminación y la homofobia en los estadios de México. Y le castañean de miedo los dientes al chimuelo.   Un reglamento minucioso, hasta repetitivo en la especificación de las posibles violaciones, regirá los próximos torneos mexicanos. La madrastra agita la chancla en el rostro del mocoso rebelde y burlón.   Amenazan con suspender los juegos si el grito, que se debate en adopción reticente entre el folklore y la homofobia, reaparece en la tribuna. ¡Eeeeeeeh...! ¿Eh?   Ayúdeme. Cierre los ojos. Imagínese un Clásico América contra Chivas. El Estadio Azteca a reventar, bufando, en la hipertensión del odio deportivo. Y aparece ese alarido que los grupos que pugnan por la diversidad de género no consideran ofensivo.   Y entonces, apegado a reglamento, en medio de esa riña ancestral entre dos equipos insignia de la competitividad en México, el árbitro decide parar el juego y advertir por el sonido local. Los gritos, por supuesto, arrecian. Y decide suspender el juego. Se acabó. C'est fini.   ¿Se darán cuenta Decio de María y su alfil Enrique Bonilla de la batahola que se desataría en las tribunas y fuera del estadio? Estarían convocando a la barbarie.   ¿Y percibirán el escenario de policías incapaces, torpes, superados en número de manera alarmante, para tratar de frenar a una afición que, con la irracionalidad de la turba, se siente ofendida, robada, provocada, burlada? Decio, el maestro del caos.   ¿Y se imagina usted cuando el juego se suspenda, y la transmisión del partido se interrumpa, y las decenas de patrocinadores se lancen, no sobre Decio, no sobre Bonilla, sino sobre la Oficina Oval de Televisa? Los plutócratas no se entretienen en pelagatos, sino van ante su jefecito.   ¿Y se imagina un escenario idéntico en una Final del torneo mexicano? ¿Creen Decio y Bonilla que encontrarán solidaridad, respaldo, apoyo, apego, respeto por parte de los propietarios de los equipos, los entrenadores mismos, y por supuesto los jugadores, especialmente cuando los torneos ahora hasta se juegan el desenlace en Navidad? Fuenteovejuna, Comendador, Fuenteovejuna.   Y hay muchos otros escenarios posibles. Lleve esta fantasía, con los ojos cerrados, por ejemplo, a un Atlas contra Chivas, o a un Monterrey ante Tigres, al que acuden apenas tres mil policías. Un montaje del sálvese quien pueda.   ¿Y quién garantizará la seguridad de los árbitros para salir del estadio sin quedar expuestos a que una horda los encuentre culpables a ellos por obedecer órdenes? Serán la carne de cañón en ese desamparo.   O peor aún, imagínese un estadio de la Liga de Ascenso, en la que hay más cubeteros que policías, ¿alguien cree que el silbante va a atreverse a poner en riesgo su vida suspendiendo el encuentro? En guerra anunciada, no hay soldado muerto.   ¿De verdad se atreverían la FMF y la Liga MX a quitarle puntos a los clubes por ese mismo grito, a sabiendas de que se ha confirmado la incapacidad, la impotencia y hasta el desinterés de los equipos, por concientizar a su afición? La hipocresía empieza en los escritorios, no en la tribuna.   Y lo más grave: con esta medida, la FMF y la Liga MX, hijas ambas del terrorismo de la estulticia y la corrupción, han hecho oficial ante la FIFA que ese alarido del "eeeeeeehhhh..." ha dejado de ser una manifestación meramente folklórica, inofensiva, sana, anecdótica, costumbrista, simpaticona, para ser oficialmente declarada por Decio y Bonilla, como un sentimiento discriminatorio y homofóbico. La estupidez es la primera causa de suicidio.   La FMF se ha atado las manos. Ya no tiene excusas ni argumentos para explicarle a la FIFA que es un grito de pachanga, de humor mexicano, de cotorreo, sino que lo ha cotizado, lo ha encasillado, lo ha categorizado, como un delito que incluso puede llevarse, como manifestación de odio, según Decio y Bonilla, a instancias legales. ¿Quién cerrará la puerta del presidio?   Seguramente, están pensando ambos dirigentes que pueden dar atole con el dedo a los crédulos, inocentones y pizpiretos de FIFA, que se pueden tragar semejante embuste. Cuando el tonto cree que el tonto es el otro.   Se viene el partido eliminatorio México contra Panamá. Es un momento perfecto, entonces  para aplicar con todo el rigor estas medidas. Si hay grito en la tribuna, que lo suspenda el árbitro y que México pierda los tres puntos. No, Decio y Bonilla son machitos, pero no hombrecitos.   Porque, si hay esa osadía extrema de creer que con un régimen castrista y castrante es la manera de contener ese alarido, la mejor decisión es aplicarlo de manera inmediata y a rajatabla.   ¿Verdad que no? ¿Verdad que no hay cultura de rigor, de honestidad, de respeto, de credibilidad, de autoridad en el futbol mexicano?   Y replanteamos la dramática encrucijada: ¿con qué autoridad moral se pueden atrever Decio y Bonilla a imponer estas medidas, cuando tienen tantos esqueletos podridos en el armario?
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México, Fútbol

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PHOENIX -- Tal vez la arranqué de la vida de un calendario agonizante. O saltó del vientre de una galletita china. "Las estadísticas no mienten, pero los mentirosos también usan estadísticas".   Hoy, a Juan Carlos Osorio lo sostienen sus estadísticas en el Hexagonal Final de Concacaf. Oxígeno puro de la región más impura futbolísticamente del mundo FIFA.   Y claro, lo cuestionan sus saldos rojos en torneos relevantes: Copa América Centenario y Copa Confederaciones. Se quiso vestir de ajeno y quedó desnudo.   Escoltado, blindado por esas estadísticas preñadas de conformismo, confrontará el examen este jueves ante Honduras. Al Rey Tuerto del Hexagonal, le arrojan el festín, presuntamente, de otro de los ciegos del área.   Cuando Osorio fue presentado, Decio de María juramentó que lo habían elegido para que "nos lleve más allá incluso del Quinto Partido", sí, así, con mayúsculas, como todos esos sitios que sólo existen en el vecindario de las utopías.   Ahora el mismo Decio reculó. "Su misión está cumplida, clasificar al Mundial", se culipandeó el presidente de la FMF. Reprobado en aritmética, seguramente, olvidó que aún necesita dos puntos más, para regresar a Rusia.   Pero, lamentable es el contraste. En dos años, transitó de la soberbia al miedo. Cuando se presentó a Osorio se le exigió la proeza de llegar al mundo de Peter Pan: el de Nunca Jamás. Hoy, como cómico de vodevil, Decio retrocede: "lo que caiga es bueno". Sin el frac hurtado, vuelve a ser un triste limosnero.   Dijo Bernard Shaw que "la estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno". Así la inexactitud de la conkakafkiana tabla de posiciones de una región que es el hoyo negro de la galaxia futbolística, según la misma FIFA.   En el mundo del revés del futbol mexicano, hay otras estadísticas, pero ajenas, totalmente, al futbol mismo. Y esas juegan en una cancha perversa y nociva para Juan Carlos Osorio.   Comensales en la lujosa cena de gala posterior a la entrega de los Balones de Oro reportan preocupación por las cifras que, al estilo del mismo Osorio, los directivos del futbol mexicano anotan en sus libretas de contabilidad con tinta roja. Con tinta negra firman los cheques de muchos, entre ellos, el del mismo Osorio.   Detallan anfitriones e invitados un hecho: que hay preocupación entre patrocinadores del Tri. Una camiseta devaluada es la peor marquesina para anunciar el producto. Recordemos, este ciclo mundialista envuelve cerca de 650 millones de dólares de ingresos.   Entre brindis y brindis, y canapés (dicen que el carpaccio mixto estaba espectacular) de esa fiesta futbolera, algunos directivos inquietos se dedicaron a cabildear.   Entre el sazonado menú, saltó la desazón por el desazonado momento financiero.   Y todo va desde la inquietud en la baja de venta de camisetas, hasta el descenso en los ratings de televisión en esta Copa Oro.  "Están por debajo de las transmisiones de algunos partidos de la Copa Mx". Convoca más un atropellado que el Tri atropellando en Concacaf.   De hecho, todo se originó en una reunión de dueños que tuvo lugar el sábado antes de la ceremonia de premiación. En ese aquelarre de directivos, dos llevaron la voz cantante: José Luis Higuera y Jesús Martínez. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Enrique Bonilla, presidente de la Liga MX, escuchaba y asentía, lo que sin duda es lo único que le sale sin faltas de ortografía en su vida dentro del futbol mexicano. Seguro sus notas para Decio de María eran en color rojo.   Cuando en Río de Janeiro, en la Casa Adidas, un día antes de la Final del Mundial Brasil 2014, se renovó contrato por ocho años y más de 80 millones de dólares, Justino Compeán, aún presidente de la FMF, dijo que "renovar (contrato con Adidas) es parte del compromiso para el próximo Mundial y para ello hemos renovado también a Miguel Herrera".   Hoy, Adidas sigue con el Tri, aunque sin la euforia de otras épicas épocas de ventas de camisetas de México, y 'El Piojo' se fue. ¿Y la promesa?   Llegar al Quinto Partido (así, con mayúsculas, como todas las fábulas inconclusas), implica un incremento del 20 por ciento en el contrato... o cambiarse a la ansiosa y seductora oferta de Nike.   Más allá de las desquiciantes y enfermizas rotaciones, en un técnico que ha dicho que "la repetición hace la perfección", y más allá de que el equipo no emociona, no cautiva, no arrastra, y que suma dos fracasos en torneos trascendentes, más allá de eso, sería aberrante, pero normal en el futbol mexicano, que la continuidad de Osorio no la determinaran sus números conkakafkianamente futbolísticos en negro, sino los números financieros en rojo, que más preocupan a los propietarios.   Por eso, la pregunta en esa reunión de dueños, previa a la entrega de premios, y ese cabildeo rinconero en la fiesta posterior, no tiene ninguna pretensión o preocupación de desarrollo futbolístico, sino de contrataque a un eventual colapso financiero. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Ya no se trata de la cancha, sino de la chancha.

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DENVER -- Amoral de nacimiento, inmoral de oficio, aparece una FIFA moralista.

Engendro de pecados y pecadores, engendradora de pecadores y pecados, la FIFA emerge, ahora, como una precursora de la beatitud en las tribunas del futbol mundial. El diablo se da baños de pureza.

Por decenios, Cueva de Alí Babá y los 140 -sí, 140-- ladrones, la FIFA nació, creció y se multiplicó como una de las empresas en la clandestinidad perfecta del crimen, y con el mayor poder universal e insaciable en riqueza y contubernio.

Sin embargo, Atila y los Hunos de Zurich, ahora pretenden reivindicarse, ahora pretenden lavar su cara más preocupados por las voces incestuosas de la tribuna, antes que por los hechos genuinamente reivindicadores en cancha. Asesinemos, pero con puñales esterilizados.

Hoy la FIFA persigue los gritos, los alaridos, las provocaciones, los insultos inocuos, los acosos inofensivos, mientras las octópodas mafias de apostadores, el amaño de partidos, el abuso de futbolistas, el dopaje, los promotores, el tráfico de futbolistas menores, siguen enquistados en los rincones oscuros de su conciencia y de las canchas de futbol.

Hoy, la FIFA se pinta las uñas no por pulcritud, ni coquetería, sino para ocultar la mugre acumulada. La empresa que alguna vez fue el epítome de la criminalidad lucrando del futbol, ahora pretende ser la Madre Teresa de la ética deportiva. Más papista que el Papa.

¿Alguien puede creer que la FIFA ha cambiado cuando no ha cambiado siquiera los nombres de quienes sabían, porque sabían, lo que ocurría bajo el circo ilimitado de tropelías de Joseph Blatter?

Y FIFA persigue a México. No a su futbol, no a las violaciones flagrantes que perpetra la FMF (Multipropiedad, Pacto de Caballeros, Tianguis de Futbolistas, etc...), sino estrictamente a la manifestación de sus aficionados. Toleran al gánster, pero le lavan la boca con lejía...

Y estos apóstoles oscuros de la doble moral en FIFA, como genuinos sepulcros blanqueados, debían enterarse de algunos detalles sobre ese grito que cae en cascada desde la tribuna, y que moralista y santurronamente hipócrita, decidió tildarlo de homofóbico...

1.- Algunos grupos activistas pro defensa de los derechos de la comunidad gay en México e internacionales han testimoniado que no se sienten ni aludidos, ni castigados, ni insultados, ni reprimidos, ni segregados por ese alarido contra el portero adversario...

2.- Miembros de esos grupos activistas de tenaz lucha, aseguran que van a los estadios y no les incomoda sumarse al coro, porque entienden que en México, para los mexicanos, no hay una obsesión homofóbica, sino folklórica...

3.- Y debe saber FIFA que el mexicano no embiste a un género, sino a la crisis social, económica y de justicia en la que vive. Un fenómeno de compensación...

4.- El grito que se germina en la tribuna, no embiste al arquero adversario, sino, lo dicen ellos mismos, viaja hasta a Los Pinos, habite quien habite ahí...

5.- FIFA debe entender que el estallido en cada despeje del guardameta no tiene ninguna pretensión de mancillar su personalidad, sino es, eventualmente, una circunstancia de catarsis, de desahogo, de emancipación, de redención hacia la opresión como el pan suyo de cada día...

6.- FIFA podría, si quisiera entender, que a cada tipo en la tribuna que saca lumbre de los pulmones, le importa un cacahuate la elección sexual del arquero y su vida privada, sino simple y llanamente pretende, burda y vulgarmente, tratar de desconcertar al adversario, y agregar una coreografía, perfectamente cómica al entarimado de la diversión...

7.- FIFA debería entender que esos, los peregrinos inofensivos de la tribuna, no ensucian el futbol, como todos los antecesores de sus escritorios en Suiza, con licencias cínicas en puestos corrupción, malbaratando favores y sedes mundialistas, a cambio de fiestas, obsequios millonarios y mujeres de la vida galante...

8.- Y en un careo con el espejo de su propia ralea putrefacta, FIFA comprendería si quisiera, que ella, precisamente ella, es la que más le ha hurtado, la que más le ha robado, la que más ha despojado en su historia, ella, precisamente, al futbol mismo, que el bufido procaz, censurable, poco ejemplar, pero inocuo de los aficionados...

9.- Y FIFA entendería que habiendo tenido las manos emplastadas de crímenes, ensangrentadas, pretende, ahora, culpar del muerto al dentista simplemente porque no le curó una caries.

Cierto que el grito, en sí, es de mal gusto. ¿Cuántos de quienes lo emiten lo usan en la mesa familiar o en la charla afectuosa con sus hijos?

Cierto que en una cultura como la mexicana, llena de chispa, de picardía, de gozo alburero, de una intelectualidad dicharachera, debería de ser capaz de encontrar una manera más creativa de vilipendiar al contrario o de engrandecer a sus propios jugadores.

Cierto que la misma FMF se equivoca. Le preocupa ese daño colateral que provocará la afición de su selección nacional, pero, hipócritamente no se atreve a combatir ese grito de raíz en sus propios estadios. La meretriz se viste de mona...

Cierto que la FMF es el principal cómplice, porque en ese ejercicio de la doble moral, comienza campañas timoratas, blandengues, inconclusas, en las que hace como que quiere poner fin a ese grito, cuando, si se lo propusiera, podría encontrar verdaderas soluciones y no jugar al Judas de sus propios miedos.

Pero más allá de que el pasado, el presente y el futuro impune de la FMF confirman que es un fiel reflejo de la feligresía universal de FIFA, la afición no es parte de ese hampa impune e inmune.

El grito de acuñación mexicana desaparecerá en su momento de la tribuna. De eso puede estar segura la FIFA.

Ese rugido desaparecerá exactamente un día después de que en esa afanosa búsqueda de justicia de los castos y puros dirigentes de FIFA, ellos mismos pongan en el banquillo de los acusados a Havelange (RIP), a Blatter, a Platini, a Valcke... y a uno que otro desentendido de la Concacaf.

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SAN DIEGO -- Hay que haber cubierto muchas conferencias de prensa de Juan Carlos Osorio, para poder interpretarlo. Al menos haber estado presente en la mayoría de sus comparecencias ante los medios. Yo lo he hecho.

Este Osorio del sábado por la noche en San Diego estaba contrariado, cabreado, molesto. No cargó con sus numerosas carpetas de apuntes, ni jugueteó con sus lentes, ni pretendió estudiar mientras el jugador a su lado, en este caso Hugo Ayala respondía. Y no sonrió ni una sola vez.

Hubo dos momentos determinantes en ese acto que se suponía sería de contrición pública. E instantes respetables además. Muestran al Osorio, ese que no es bonachón, ese que coaliciona inteligencia y carácter.

Sí, ese mismo que debe evitar los detalles sentimentalistas y paternalistas del fondo humanitario y auténtico de sus rotaciones. Entre otras situaciones, claro.

1.- SOBRE SU SEGREGACIÓN...

Osorio no se disculpó con el cuerpo arbitral, y ni siquiera hizo referencia a FIFA. Desafía a sus verdugos, desde la visión resignada de sentirse inocente.

Y es un reflejo magistral de que sigue pensando que hizo lo incorrecto, pero en el momento correcto; que se equivocó, pero como reacción a equivocaciones flagrantes. Parte del principio legaloide de que dos injusticias no sufragan una justicia.

Y que además, sigue aferrado a que defendió a su equipo con desesperación ofuscada ante la ofuscante desesperación de un arbitraje sospechosamente erróneo. El VAR pudo haber cambiado el destino con el penalti sobre Héctor Moreno.

Osorio, pues, aunque dice que "trataré de no volver a hacerlo", deja el mensaje de que está dispuesto a hacerlo de nuevo si, a su juicio, equivocado tal vez, es necesario hacerlo de nuevo. Peculiar eso: confrontó la sentencia, sin agachar la cabeza.

Ya habíamos advertido que esto ocurriría: el VAR, un juguete justiciero en manos torpes, termina siendo una herramienta de injusticia.

2.- SOBRE SU FUTURO...

En la conferencia de prensa estuvo Decio de María, tal vez más enviado por el Salón Oval de Televisa, que por su propio gusto.

Cuando el técnico de la selección mexicana tuvo que hablar de la clara posibilidad de que sea sancionado por la FMF, y cuando dijo que escuchó al presidente de ese organismo, y aceptó su opinión, envía otro mensaje muy claro: que asimila su juicio, pero, ni remotamente significa que lo comparte y lo acepta.

Las tres veces que se refirió a Decio o a la FMF, Osorio sólo volteó a ver a su interlocutor de los medios, pero jamás se preocupó por ver al dirigente. De hecho, visualmente, lo ignoró toda la noche, y en un detalle curioso, espero, lentamente en el estrado, a que Decio abandonara ese sitio de hacinamiento inhabitable que es la sala de conferencias del Qalcomm Stadium, para entonces salir él del espacio. Así, Osorio actuó como en su homilía de arranque del acto: sin disculparse con Decio, ni con la FMF, y, claramente, manteniendo, por capricho, convicción o desacato, su postura de incompatibilidad con el discurso confidencial de horas antes con su jefe supremo.

Y si Decio llegó con ese rostro tan particularmente festivo, como el de un pitbull constipado, abandonó la conferencia de prensa aún más molesto. Osorio, públicamente, no permitió que le pusieran el yugo en el pescuezo.

Ojo: lejos de justificar la postura de Osorio, que implica, según FIFA, "una actitud violenta y agresiva" y aderezada con insultos, lo cierto es que el técnico colombiano vuelve a mostrar el temperamento que debería cambiar por rigor en el manejo de la selección mexicana.

Osorio se equivocó. Es el primero, pero no será el último entrenador al que la volatibilidad y volubilidad de los tipos que administran el uso del VAR, caprichosos y tendenciosos, provoquen este tipo de exabruptos.

Es necesario aclarar una mentira de la FMF. Decio dice que deberá esperar a que reciban detalladamente toda la documentación de la sanción a Osorio, incluyendo la cédula arbitral, para valorar si hay una apelación.

La verdad es que la FMF tiene ya en su poder todos los documentos. Por procedimiento, FIFA avisó antes a la organización del castigo que a los medios.

Gente que tuvo acceso al reporte de FIFA sobre la cédula arbitral nos explica que aparece detalladamente relatado cada insulto y acusación que le musitó Osorio al oído al cuerpo arbitral.

Por otro lado, gente allegada al Tri, me explicaba este sábado que Decio dejó una emboscada ante Osorio. Le advirtió que su sanción seguramente la dará a conocer hasta después de que termine la participación del Tri en la Copa Oro.

"Para que trabaje tranquilo", le habría dicho Decio. ¿Alguien puede trabajar tranquilo cuando le tiran la trampa de que su futuro depende de un torneo como la Copa Oro?

Y dos precisiones para cerrar este texto.

1.- No he cambiado absolutamente en nada mi percepción sobre el trabajo, los méritos y las deficiencias de Osorio, pero, más allá de sus eventuales dislates manejando al Tri, es el primer técnico que desafía abiertamente al dueño del desinflado balón del futbol mexicano. Para bien o para mal.

2.- Y la otra, la debe recordar mejor que nadie el mismo Juan Carlos Osorio, en una de las primeras charlas en corto con él. "Profe, ¿sabe usted verdaderamente dónde se vino a meter, cómo se maneja la Federación y lo especial que es el jugador mexicano?". Recuerdo su sonriente respuesta: "No debe ser muy diferente de Colombia".

Habrá, espero, oportunidad de preguntarle lo mismo nuevamente.

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SAN DIEGO -- Parece ignorar que están en el epicentro de un posible cisma y un posible sismo. El Tri de Copa Oro no refleja el entorno, es clima de linchamiento que los medios hemos -así, en primera persona- generado en torno a este certamen.

Este México de horizonte Conkakafkiano (patentaría alguna vez Guillermo Chao), sabe, o debe saber, que carga una herencia maldita. La camiseta que les han entregado se pudre de ignominia, gracias al deplorable saldo de la Copa Confederaciones.

No es su culpa. Pero sí su huella. De no levantar la Copa Oro quedaría estigmatizada como la generación maldita. Sin deberla ni temerla.

Esto, pese a que no tienen culpa alguna de lo que ocurrió en Rusia: jugadores desconocidos por su bajo rendimiento, aunque algunos en puestos desconocidos para ellos. Un grupo desorientado, sin fe ni guía, a no ser los misterios de una libreta y la prédica del padre español de las bellotas.

Y estos jugadores de la Copa Oro son la carne de cañón de una selección mayor y un técnico que no mejoran, que no evolucionan ni después del aniversario del 7-0.

Además, un grupo que no es equipo y jugadores resentidos que generan dudas: ¿después de ser ninguneado ante Alemania, Carlos Vela querrá regresar al Tri?

Más grave aún: parecería que México retrocedió, reculó, desde el cataclismo de ese 7-0 ante Chile, en una incapacidad moral, espiritual, competitiva y futbolística para sobrevivir, para resucitar, para reinventarse, por parte de los jugadores y el cuerpo técnico. "Polvo eres y en polvo te has de convertir".

En una coalición fatalista de conformismo, abnegación y resignación, hay un sentimiento casi suicida de algunos medios mexicanos, ex futbolistas, ex técnicos y directivos, de esconder la cabeza e inmolarse bajo el "es que no hay pa' más", "es que la realidad de México es la Concacaf", en un himno negro a la pusilanimidad: "pos aquí nacimos, pos aquí nos quedamos".

Bajo esa corriente lastimera de la autoflagelación, para concluir que ni la sabiduría infinita de Juan Carlos Osorio puede hacer funcionar mejor a estos seleccionados mexicanos incluyendo, claro, a esa tan ponderada, vanagloriada, aventurera legión europea, que está capacitada para dar más, aunque la realidad es que ha dado tan poco.

Por eso, en ese clima de calma chicha del Tri Copa Oro, parecería que se mantienen ajenos a la tormenta que los circunda, los rodea, los abruma. Vivir en su propio limbo es un acto de escapismo. Pero, ni los caracoles ni las babosas mueren en su caparazón.

1.- Está obligado a ganar la Copa Oro. Especialmente porque, en esa multitud arrodillada, a México sólo le alcanza para ello.

2.- Sólo ha trabajado bajo el gestor de Osorio, pero, supuestamente Pompi ( Luis Pompilio Páez) debe haber abonado los puntos exquisitos de la "libretica" de Osorio, esa misma que, ojo, aún no descifra la selección mayor después de dos años de discurso o de monserga.

3.- Visto así, entonces, entre derechos y deberes, el Tri Copa Oro está obligado a ganar, gustar y golear, especialmente tras el desfile exitista por vencer a Ghana y a Paraguay en partidos de preparación.

4.- Y, de una u otra manera, sale a escena, según el mismo Osorio, la generación de recambio, la que en su momento volverá prescindibles a los huidizos victimados en la Copa Confederaciones.

5.- Se juegan pues el futuro del técnico, el suyo y el de la supuesta generación de futbolistas que deberá tratar de mantener esa imagen míticamente adulterada, desgastada y ficticia del Gigante de la Concacaf, uno de los títulos nobiliarios más empobrecidos en la corte de la FIFA.

Es cierto, la mejor manera de confrontar la inevitable tormenta es con calma, aunque no sé si con esa aparente pachorra, laxitud y lasitud con que parecen hacerlo.

Claro puede ser que ellos sepan, que sí sepan, que hay un grupo de rescatistas emergentes bajo la administración generosa de la Concacaf: los Aguilar Chicas, los Mark Geiger, los Baldomero Toledo, los Walter López, los Jair Marrufo, y contando...

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LOS ÁNGELES -- La pregunta deberá responderla el mismo Juan Carlos Osorio. Sólo él, tal vez, y sólo tal vez, tiene la respuesta.

Después del 7-0 ante Chile, el entrenador colombiano aseguró que había aprendido la lección, especialmente después de ese retiro espiritual que tuvo por una semana bajo la tutela paciente --e inútil, por lo visto-- de Marcelo Bielsa.

Sí, el Dante futbolístico llevó a su vilipendiado Virgilio en un sendero paliativo, plañidero y consolador del Infierno al Purgatorio. Fútilmente...

Si en un año de arduo trabajo, después del 7-0, Osorio, aunque lo prometió, no fue capaz de mejorar, de evolucionar tras ese resultado, ¿quién puede garantizar que sí lo hará a un año de la Copa del Mundo, a la cual, por cierto aún no clasifica?

Nadie puede garantizarlo. Especialmente en tiempos en los que la Selección Mexicana no tiene cabeza. Hoy, Osorio tiene una dictadura absoluta. Todo procede según él lo exige a Guillermo Cantú, su enlace directo con la FMF.

Tras la renuncia del director deportivo del Tri, cuando Santiago Baños eligió irse al América, la autoridad quedó acéfala. ¿Es mayor reto un club una selección casi mundialista? ¿O es su renuncia el reflejo de una situación interna que ya era incontrolable dentro de la Selección Mexicana?

Lo cierto es que hoy, en su entorno, sin Baños, y con su 'Pompi' (Luis Pompilio Páez) metido en el siguiente calvario, la Copa Oro, sin duda Juan Carlos Osorio debe sentirse perdido. Sin duda una visita a Irak o Irán le sentaría bien, para ver si se "medio orienta".

Desamparado, sin asesores, expuesto al régimen absolutista de su propio desconcierto y dudas, Osorio no encuentra cómo reasumir el control en medio de esta crisis de resultados.

Si en el lapso de un año, tras el 7-0, no encontró un antídoto a sus propias equivocaciones, es evidente que no hay ninguna garantía de que en el año que resta de aquí al Mundial de Rusia, si logra clasificar, sea capaz de aprender, sanar, entender, sobrevivir y evolucionar, para sacar una saludable experiencia del brutal tropiezo en esta Copa Confederaciones.

Bien lo citó Óscar Restrepo, decano del periodismo colombiano y un conocedor del proceso de Osorio como entrenador: "el futbol mexicano ha retrocedido 25 años", tras el saldo en el torneo intercontinental.

Tras aquel 7-0, Osorio hizo varias promesas, las cuales no ha cumplido, y que, evidentemente le muerden los tobillos de su credibilidad.

1.- "El acercamiento con Bielsa me enseñó como manejar, salir adelante y aprovechar este tipo de accidentes (7-0 con Chile)".

2.- Dijo que tendría otras perspectivas respecto a las rotaciones de jugadores, las consideraciones sobre los perfiles naturales y cambiados, y en exigir "como hombres" el rendimiento de algunos jugadores.

3.- Siempre tener un Plan B en casos de contingencia, aunque, ha demostrado que tiene más Planes B que Planes A.

4.- Además, Osorio ha mostrado una doble cara que escapa a lo que normalmente se le conocía. Primero les espeta a los miembros del cuerpo técnico de Nueva Zelanda que sus señoras madres ejercen el oficio más antigua del mundo, con un taxímetro entre las piernas. Aquella alusión a los pinnípedos: #MotherFoca

5.- Y tras ofrecer disculpas, mostrándose acongojado y compungido por ese estallido, despés contra el cuerpo arbitral del juego ante Portugal por el tercer puesto, tendría una reacción aún más grave al toquetear en dos ocasiones al juez de línea, y encima musitarle al oído, "despacito, despacito", cantaría Fonsi, y para que las cámaras no lo captaran, una retahíla mayor de insultos, que seguramente le acarrearán una suspensión en la eliminatoria de Concacaf, comenzando en el juego en el Estadio Azteca ante Panamá.

Queda pues en claro que si en un año, Osorio no mostró capacidad de mejorar, de evolucionar, de aprender, de redimirse en el control de sus propios exabruptos, muy difícilmente lo hará de aquí a la Copa del Mundo.

Un compañero colombiano en ESPN me describió de manera muy sucia, procaz, escatológica y promiscua, aunque no menos metafóricamente puntual, el estado actual de Osorio, según un dicho muy cafetero: "está más perdido que flatulencia de ofidio", obviamente con el léxico ligeramente maquillado aquí.

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LOS ÁNGELES -- Contrataron en México a Juan Carlos Osorio para consumar una hazaña: el 'quinto partido'. Convertido en el azote conkakafkiano, que es como el sarampión tundiéndole a púberes tragaldabas, con los adultos, desfallece como ninfa de fábula.

En tres encuentros oficiales ante adversarios clasificados entre los mejores 15 del mundo en el termómetro promiscuo de FIFA (Chile, Alemania y Portugal), ha recibido 13 goles y marcado tres. El sendero al 'quinto partido' tiene ese tipo de emboscadas.

Más allá de la farsa farandulera del juego por el tercer lugar, que a Portugal le importa tanto como el precio del kilo de chinicuiles en el Mercado de La Merced, México es vapuleado por Alemania por 4-1. Después del 2-0, los teutones se dedicaron a juguetear.

Campeón de las rotaciones demenciales y estrafalarias, Juan Carlos Osorio se convirtió también en el predicador supremo de los pretextos, dando, de esa manera, argumentos, o sofismas, para que los ciegos que lo siguen como su lazarillo, como mocosos bobalicones al Flautista de Hamelín, se sumaran al apostolado de los embaucadores.

Osorio ha hecho del "hubiera" la conjugación huidiza y perfecta del cómo culpar al universo, excepto a sus alineaciones excéntricas, alucinógenas, además claro de sus rotaciones, sus cambios y, claro, hasta de su manera de trabajar.

Y claro, los vocingleros -incondicionales y condicionados--, de sus metidas de pata, cauterizan sus propias llagas con los subterfugios de su profeta.

"Fuimos eficientes, más no efectivos". "Si hubiéramos metido todas las que tuvimos". "El marcador no es justo". "Fuimos mejores, pero ellos nos golearon".

Y sin duda, la homilía del fracaso se frota consoladoramente con el autoengaño.

México fue rebasado. Desde el vestuario. Desde la charla técnica. Desde la alocución fantasiosa de Imanol Ibarrondo: "Tú eres mejor que cualquier alemán", debió decir a cada uno de los verdes escolapios del fracaso. Y seguro tiene razón, a pesar de que ese 4-1 tiene mejor verborrea que la de este "gerenciador" español, del que puntualmente Javier Aguirre dijo que "nunca supe de él en mis 14 años dirigiendo en España".

¿Giovani dos Santos dentro? ¿Chicharito en la cancha? Y dejar a Oribe Peralta y a Carlos Vela fuera. ¿Oswaldo Alanís en lugar de Luis Reyes? "Metí a dos centros delanteros altos para buscar remates por arriba", explicó en su auto abogacía Osorio. Y ambos tiraron más centros que conectar remates.

Pero, recordemos que antes y después de ese 7-0 ante Chile y este 4-1 ante Alemania, Juan Carlos Osorio jamás se ha equivocado, según él, en su toma de decisiones. Al final, las circunstancias, el rival y los pecados de sus jugadores, son las explicaciones puntuales del holocausto mexicano.

Este moderno Poncio Pilatos se lava las manos con los jirones tricolores.

Y ojo: a pesar de que muchas pilmamas de Osorio, y otros emisarios advenedizos del #MeMetoEnLoQueNoMeImporta, aseguran que los jugadores mexicanos tienen un nivel paupérrimo para competir con los 15 primeros de esa clasificación caprichosamente montada por FIFA, lo cierto es que en grupo, en conjunto, bajo un genuino liderazgo, estos mismos futbolistas son capaces de mucho más de lo que los miedos, los atavismos, y los prejuicios egoístamente soberbios de Osorio les permiten.

Lo preguntábamos hace tiempo en Raza Deportiva de ESPNDeportes: ¿Ha entregado Osorio un rendimiento embelesador de al menos 70 u 80 minutos en su proceso? Jamás. Al menos, eso, con Javier Aguirre, Miguel Herrera, Mejía Barón, Manuel Lapuente y Ricardo LaVolpe llegó a consumarse porque con el colombiano, lo que se consigue, es consumirse.

Después de esta nueva debacle competitiva del Tri, ¿creerán en la bufonada de las rotaciones y de somos una familia, jugadores como Carlos Vela y Oribe Peralta?

¿O hasta el mismo Andrés Guardado, quien hasta parece ingeniárselas para ganarse la suspensión en juegos clave?

¿Con que estatura moral, puede armar Osorio una comedia, un sainete verborreico para convencer a sus engatusados jugadores de que el indulto los espera con la guirnalda de cobre del tercer lugar? Hoy, Juan Carlos Osorio reedita aquello de Los Once del Patíbulo.

Hoy, el ambiente del vestuario hacia Juan Carlos Osorio, debe estar tan saludablemente solidario, fraternal, unido, blindado, como aquella época de absoluta mentira cuando comenzó el proceso degenerativo de José Manuel Chepo de la Torre con el Tri.

Hoy, a los ojos de los jugadores mexicanos, los sermones exitistas de Osorio e Ibarrondo deben tener la misma contextura y credibilidad que fotografías de vedettes en Instagram. Más silicón que consistencia.

¿Debe seguir Osorio? Es mucho pedirle valentía a Decio de María. Debe estar trémulo, titiritando y más asustado que el colombiano. Su teléfono está esperando la llamada de su jefe supremo desde el Salón Oval de Televisa. Si se va Osorio, Decio debería cerrar la puerta detrás de él.

¿Los 18 dueños de equipos, y por lo tanto dueños de la selección mexicana? Han demostrado ser tan abúlicos, timoratos, cobardicas, irresponsables y agachones que se convierten en cómplices pasivos, pero no inocentes, de este nuevo descalabro.

Mientras tanto, usted decida si se trepa cómoda y furtivamente a la caravana ilusionista del autoengaño: "Es que si hubiéramos...".

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LOS ÁNGELES -- Se sabía. Banquete voluptuoso habría. Chile y Portugal, con una pléyade de futbolistas extraordinarios. Y que han memorizado a qué juegan. Porque saben a qué juegan. Porque saben con quién juegan. No existe el harakiri de la rotación.

Se sabía que debía ser un juego de altísimo nivel. Más allá de las provocaciones e incitaciones al alarido, al grito, al drama, a la angustia, al estupor, al colapso. Y más allá de los balones indecisos estampándose en el marco limítrofe de la gloria, rehuyendo su destino de gol. Más allá de ese penalti. Más allá de teatralidades y bravuconadas.

Pero, sobre todo, muy por encima de todo, ese fervor, esa devoción, esa hambre, esa rabia, esa lava homicida de intenciones y hasta suicida de obligación si la cuota del triunfo lo exige.

Chile es finalista. Claudio Bravo se metió en el cerebelo de los portugueses para evitar que sus disparos se metieran en su portería. El arquero chileno infiltró los demonios de la duda. Y el tahúr de las argucias ganó.

Pero, al final me quedo con una estampa sublime. La gloria es una ostentación de la belleza... por más repulsiva que pudiera parecer en otro escenario, por ejemplo, en un callejón oscuro a la medianoche.

Arturo Vidal se empeña en la cosmética del adefesio, incluyendo ese corte de pelo, pero ¡Dios!, ese festejo tras consumar su cobro desde el manchón de las sentencias debe ser el rostro más frenéticamente cautivador para los chilenos en la catarsis de sus ilusiones. Arturo Vidal es el Dorian Grey de las epopeyas vestidas de rojo. La victoria de Picasso pintada por Rafael Sanzio.

Eso es Chile. Su selección y su patria. Ese rostro de Vidal deformado de furia, congestionado de rabia. Venas, arterias, nervios, amígdalas, músculos del pescuezo de Vidal armonizan colosalmente con ese bufido humeante del gol.

Y si El Patrón (como le rebautizaron en el Bayern Múnich), es el patrono de la inmortalidad, los chilenos sabían que eran finalistas. Vidal se metió en el corazón de su corte de guerreros, y Claudio Bravo se metió en la despensa de las emociones de los lusitanos y transformó a sus presuntos verdugos en víctimas propiciadas.

Antes de los penales, claro, hubo futbol. Un futbol ardorosamente embelesador. Endulzaron el trámite a pesar del 0-0 de 120 minutos, y los centavitos agregados, el contraste de sus estilos, pero fundamentalmente la vehemencia absoluta de todos.

Uno Campeón de Europa; otro dos veces campeón de América. La potestad absoluta del futbol estaba en juego. El patriarcado del balón, estaba en disputa.

Y si el balompié fue hijo del ocio europeo, se siente más cómodo en la adopción del americano, especialmente del sudamericano, donde ha encontrado sus mejores Mecenas: Pelé, Maradona, Garrincha, Ronaldinho, Messi...

Claro, la doncella esférica prefiere la exquisita caballerosidad estética del trato en este continente, más allá de la brusquedad histérica de sus progenitores.

Esos 120 minutos expusieron, aparte, los atributos indispensables de los históricos. Cada balón, cada jugada sin balón, cada amague, cada roce, cada embestida, cada filigrana, exhibía el portento espiritual de cada jugador.

Insisto, más allá de la calidad sublime de cada uno, verlos convertidos en bestias de caza, sin temor y sin tregua, ungió de autenticidad y legitimidad la combatividad de este juego futbol.

Bien lo puntualizó Juan Villoro: "Dios es redondo". En la guerra civil de sus adoradores, el culto a este deporte sumó adeptos. En la cancha de futbol, los artistas tienen genes de aves de rapiña. Su mirada los delata.

Hay que temerle a Chile en la Final. Y a Arturo Vidal. Y a sus huestes. No sólo por su futbol. Muy especialmente porque todos, los once, los 23, los 19 millones de chilenos, tienen su rostro transfigurado en ese semblante insaciablemente beligerante de Arturo Vidal.

Debieron angustiarse ya de ello y por ello sus posibles contendientes en la Final de esta Copa Confederaciones: Alemania y México.

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LOS ÁNGELES -- El predicador de la unidad, sin quererlo, fomenta la discordia. A excepción de aquel exabrupto ecológico, en pro de los pinnípedos (#MotherFoca) Juan Carlos Osorio, con su discurso apacible, arrullador, monótono, pretende prohijar esa solidaridad gregaria en sus equipos.

Agradecerle debe el aficionado mexicano que con Osorio en el Tri, la selección mexicana se ha convertido en el segundo equipo -y en algunos casos de abogadillos advenedizos, en el primero-, de los aficionados colombianos. Claro, por el técnico, más que por el mismo equipo.

En un paralelo, hasta se puede citar a Matías Almeyda: "A Chivas le respalda su afición y la de River Plate", haciendo referencia a esa veneración evidente que conservan hacia él los seguidores de la franja bermellón.

Así, Osorio puede estar seguro que ese fervor de los colombianos le desea buenaventura, más por el síndrome adoptivo del paisanaje, que por una real empatía de sus parceros con el seleccionado mexicano.

Imago 7

"A México le respalda su afición y toda Colombia", bien podría decir este bibliotecario de sus propias gestas en la simpleza de unas libretas garabateadas con tintas azul y roja.

En ese plebiscito estruendoso pero inútil de las redes sociales -"Nunca he visto un gol anotado por la tribuna", dixit Nacho Trelles-, en ese inofensivo zafarrancho ideológico, en el que afortunadamente la voz del pueblo no es la Voz de Dios, antagonizan juicios en torno a Juan Carlos Osorio.

Por un lado, se defienden las estadísticas, y el paso poderoso del #TriOsorista en el llamado por FIFA tercer mundo del futbol, como lo es el paraíso conkakafkiano, en el que México retoza a media luz como el Rey Tuerto en la Tierra de los Ciegos, pero, debiendo inclinar la cabeza ante EEUU y Costa Rica, de mayor trascendencia en Mundiales.

Osorio está a un triunfo de asegurar su visado al Mundial de Rusia. Es el Atila y sus Hunos sembrando terror en la paupérrima campiña conkakafkiana, que empobrecida y todo, en los dos anteriores ciclos mundialistas terminó el Tri en uno en rescate de emergencia por Javier Aguirre, y en otro metiéndose de panzazo, primero por la compasión del estadounidense Zusi, y después por la inocencia virginal de los tiernos Kiwis de Nueva Zelanda.

Está sobado, gastado y ajado decirlo, pero a Osorio no le contrataron para ir a un Mundial, que para eso, de ser necesario, se encarga hasta el arbitraje de la Concacaf, sino para dejar de ser el temor impotente con una castrante fobia, histérica e históricamente desarrollada, a jugar el Quinto Partido.

Por eso, más allá de las deslumbrantes luciérnagas, con sus hipos de relumbrón conkakafkiano, lo cierto es que el #TriOsorista ante los dos únicos equipos ubicados que ha enfrentado entre los 15 primeros del sospechoso termómetro de FIFA se ha llevado nueve goles: Chile y Portugal.

Pero, todo esto, termina agrandando la brecha entre quienes se desploman de hinojos con cataplasmas de hinojo ante este #TriOsorista que llenan de heráldicas de rústico barro su altar por ganar en Canadá, Honduras y en Columbus, es decir, trincheras paupérrimamente conkakafkianas.

Y por otro lado, el juicio radical del 7-0 ante Chile, y, sobre todo, el reclamo de que se ahogaron en el pantano de las promesas precipitadas y perjuras de ofrecer un México espectacular, agresivo y dominante.

Y, sin duda, el reclamo de una selección convincente. En anteriores gestiones se ofrecían actuaciones casi completas, mientras que hoy con este #TriOsorista el regocijo es a retazos, a jirones, casi como situaciones accidentales, fortuitas o, simplemente, de chiripazo, a pesar de su legión europea sin precedentes.

Sin ir muy lejos, en Brasil 2014 el funcionamiento ante Croacia y Holanda rozó la perfección hasta que, claro, a México le alcanzó su destino: ese némesis maldito que lo veta del Quinto Partido.

Con Ricardo LaVolpe, bajo ese ejercicio de "se jugó como nunca y se perdió como siempre", el Tri ofreció momentos vistosos por casi 90 minutos. Y ocurrió con Javier Aguirre, Mejía Barón, Manuel Lapuente, y hasta con Chepo de la Torre -en terrenos cokakafkianos-, antes de que el déspota que habita en sus rincones oscuros arruinara el grupo.

Hay, sin embargo, un punto valioso a favor de Osorio. Y vale la pena tratar de puntualizarlo, para evitar interpretaciones erróneas. Él, diría el inequívoco, sagaz y contundente Perogrullo, como colombiano, no es mexicano..

Y esa es una historia compartida directamente con el mismo Osorio: los técnicos mexicanos, en el momento decisivo, ese de la antesala al Quinto Partido, se ofuscan en la toma de decisiones correcta cuando las tribulaciones en la cancha aprietan...

Ocurrió con todos, excepto con LaVolpe, cuyo destino lo sella el golazo de Maxi Rodríguez. En ese juego ante Argentina, al Bigotón le temblaba, se le estremecía, su ego, no la salud competitiva del Tri...

Pero, y lo hemos relatado aquí: Mejía Barón no hizo cambios; Lapuente se suicida en el enroque Lara y Claudio; Aguirre, primero, saca a Ramoncito y mete a la Momia Hernández en 2002, y en 2010 usa a Cuauhtémoc ante Uruguay y al Bofo ante Argentina; el Piojo, elige al asustadísimo, entonces, Javier Aquino, ante Holanda...

Osorio, en caso de llegar al Mundial de Rusia, tiene esa ventaja: no le estremecerá el fervor patrio ni se le convulsionará el compromiso del "masiosare". Rotará, sí, rotará con pasión por sus metas, pero sin apasionamiento de ansiedad histérica por la epopeya eventual del Tri.

Eventualmente platiqué sobre ello con Javier Aguirre en su segunda etapa con el Tri, y con Miguel Herrera.

"Espero no volver a equivocarme", dijo el Vasco, rememorando el Mundial 2002 y de cara al del 2010, pero lo hizo, y dos veces.

"Espero que pueda controlar esa presión y decidir correctamente", explicó Miguel Herrera... y decidió mal.

Sí, con la bendición de Perogrullo, esa es una arma secreta de Juan Carlos Osorio: por ser colombiano, no reaccionará ante la presión como un mexicano...

Claro, no lo he olvidado: en el 7-0 ante Chile su capacidad de reacción fue nula. Accionó, no reaccionó. Otro entrenador hubiera negociado la sobajada de un 3-0, pero no la monumental y eterna humillación del 7-0. ¿Habrá aprendido?

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LOS ÁNGELES -- México semifinalista. Como segundo de grupo. ¿Rival? El Némesis chileno o el embrión del campeón del mundo. La angustia es unilateral: andinos y teutones "pa'bajo no saben mirar", inmortalizó José Alfredo.

2-1 sobre Rusia. Putin no metió las manos. Ni en el VAR, aunque sí en el vodka. Dos goles de cabeza, pero con más gónadas que cacumen. Néstor Araujo con la mollera y la fortuna, y al Chucky Lozano, tras insano patadón, la testereó tiernamente por inercia, pero con enjundia.

Ponderable: el Tri encontró su mejor -"o menos pior"- once disponible. Sufre en defensa y mucho. Y sufre porque Héctor Herrera juega como y donde detesta jugar, en beneficio de un espléndido Jonathan Dos Santos.

La plegaria: no más rotaciones, a menos, claro, que Rafa Márquez sea Dorian Grey, porque esa cinta de capitán no encuentra ningún bíceps de ese tamaño. Con Guardado en la mazmorra del Kremlin un juego, ¿Herrera, Márquez y Jonathan? ¿Jonathan, Herrera y Fabián? Veremos.

El vicio del Chucky Lozano: pasó 89 minutos y 50 segundos pensando si hay barbacoa tipo Hidalgo en Eindhoven. Y en sólo 10 segundos se sirvió un plato de machitos, metió ese pecho normalmente criogenizado, recibió la patada en el esternón y con la cabeza escribió la hazaña.

La posesión no miente: el balón fue potestad del Tri. Más aún cuando un camarada se llevó el color patrio con la ignominia de la expulsión. Pero, ya se sabe, enamorar a la pelota no equivale a seducirla en la red.

De hecho, Rusia tuvo los mejores pasajes ofensivos, incluyendo horas extras para los burócratas del VAR. En media cancha, México sigue sin tener ese híbrido indispensable: que quite balones, que aquiete balones, los arrulle, y organice intencionadamente.

Al resaltar que México encontró sus mejores once -o sus menos peores once-, cuando Reyes salió por Reyes, es innegable cuestionar a Carlos Vela, y destacar a Chicharito, quien hizo una labor abnegada, pese a que cuando enfrentaban a diez, se obsesionó con hacer su gol, cuando pudo favorecer el tercero de México. Una cosa es el egoísmo del delantero y otra el egoísmo del personaje.

Los números amparan el proceso. Lo mejor de la fase de grupos fueron 35 minutos ante Portugal y la capacidad de reacción en tres ocasiones, con la Espada de Damocles pendulando en el marcador.

Sin embargo, sólo la demencia tolera fantasear por una victoria sobre Nueva Zelanda y ante una Rusia de vergüenzas inmediatas. Urge al Tri mejorar, sobre todo en posesión útil y no estadística del balón. Y ese embudo defensivo para que los del fondo sufran menos.

La explicación de las rotaciones eran mantener fresco al equipo. Ahora, deberá ir a Semifinales con la carne más selecta en el asador, mientras Alemania y Chile resolverán con frescura, ante Camerún y Australia, su posición en el grupo. Ambos querrán evitar a Portugal y cuánto se ceben sanguinariamente sobre su rival descifrará su futuro.

La mayoría de las expresiones pasionales en la vida, tienen su rostro festivo y su rostro maligno. El júbilo y la ira tienen un lenguaje común.

Entonces, esta vez sí, sin que nadie lo cuestione, Juan Carlos Osorio puede explayarse ruidosamente sin riesgo a censura con ese encomio ecológico de protección a la zoología marina. Venga pues, ese #MotherFoca pleno, para salvar esos pinnípedos en riesgo de extinción.

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LOS ÁNGELES -- Juan Carlos Osorio ha revelado que en la toma de decisiones de la selección mexicana interviene un comité compuesto por tres jugadores.

Alex de la Rosa y Paco Gabriel de Anda, asignados especiales de ESPN en la Copa Confederaciones, tienen dos de los nombres: Rafa Márquez y Andrés Guardado. ¿El tercero? ¿Miguel Layún? ¿Chicharito? ¿Héctor Moreno? ¿Guillermo Ochoa?

¿Será, este comité de consulta la desesperación de Juan Carlos Osorio por encontrar respuestas que no están en los apuntes en tinta roja en su libreta? ¿O ya se le agotó la tinta azul? ¿O se le secó la tinta azul por falta de uso?

¿O será acaso una respuesta a que le cortaron los brazos?

1.- Santiago Baños abandonó al Tri para una vida más excitante como presidente deportivo en el Nido del América...

2.- 'Pompi', para los amigos, Luis Pompilio Páez para usted, debió quedarse con la selección de cobre para la Copa Oro...

O estará ejerciendo el irrefutable Principio de Murphy: "El trabajo en equipo es esencial: te permitirá echarle la culpa a otro".

Getty Images
De esta manera, implica Osorio, hasta las rotaciones demenciales entran en una dinámica del grupo. Es decir, no es sólo el técnico, sino también este triunvirato adjunto.

O como se dice en México: "Estamos equivocados todos ustedes".

Las culpas, y sus consecuencias se sufren menos divididas entre la democracia del error. Es un acto de escapismo individual del patíbulo del ridículo y el fracaso. El capitán se baja primero del Tri-tanic.

Analista de ESPN, Paco Gabriel de Anda, ex mundialista, el defensa central que tiene más goles y títulos en el futbol de México, reflexionaba que en su carrera como seleccionado y en clubes, encontraba proclividad de algunos entrenadores al diálogo, la consulta y la apertura, pero no a la usurpación de funciones del trabajo del entrenador.

Coincidía con Paco Gabriel el propio Manuel Lapuente, el técnico más sabio en México, quien aceptó que en la conquista del título de la Copa Confederaciones 1999 dialogaba y se acercaba a jugadores de gran personalidad como Pável Pardo, García Aspe, Claudio Suárez, Ricardo Peláez, Jorge Campos, e incluso Cuauhtémoc Blanco, entre otros.

"Pero, que ellos intervinieran en cómo jugaba el equipo y en una alineación era imposible. Ni siquiera lo sugerían. Entonces, creo que eso que dice Osorio es otra de sus mentiras", puntualiza Lapuente.

Insisto: ¿Será que el abandono de Baños y de 'Pompi' dejan en la orfandad de toma de decisiones, análisis, criterios, ideas y recursos a Osorio?

Aclaremos algo: he tenido oportunidad de dos convivencias distintas con Osorio. Una en una charla de más de una hora con gente de la FMF presente. La otra con su señora esposa como anfitriona.

Y Osorio, como la mayoría de los colombianos que conozco, es un caballero. Es un tipo culto y es una buena persona buena, sí, así, una buena persona buena. Un estudioso incansable del futbol, con una enorme habilidad para diseccionar al adversario.

Y agreguemos algo: la historia de vida del técnico colombiano es admirable. Desde un método de formación profesional bajo sus recursos, su atrevimiento, su aventura, y hasta con la solidaridad absoluta en el sacrificio familiar.

"Usted puede dirigir en cualquier parte del mundo", le dijo alguna vez Pep Guardiola a Osorio, y el colombiano está convencido de ello.

Pero, también, pude detectar que más allá de su convicción en la metodología de su trabajo, Osorio es un ser humano urgido, necesitado, del reconocimiento a su labor. No le basta la autosatisfacción, sino que necesita, desesperadamente, el balcón público del vítor.

Y quien se siente huérfano, abandonado, por la veneración masiva, refleja un sentimiento interno de inseguridad, de ansiedad al respaldo.

Este viernes, sin embargo, la franca, honesta, abierta revelación de este comité de tres jugadores en su selección nacional, deja condicionada su credibilidad y su autoridad, especialmente en un ambiente tan insano y resultadista como es el futbol, como es una selección nacional, y como es el roce voluble con el jugador mexicano.

¿Tienen todas las respuestas Márquez, Guardado y el tercer invitado? ¿Tienen respuestas más objetivas y menos prejuiciadas ellos que la experiencia del entrenador?

Ojo: la solidaridad, por conveniencia y oportunismo, debe interpretarse como complicidad. Y entonces, reitero, se presenta la democracia del error o el error de la democracia.

Y termina, entonces, siendo, un Tri de cuatro cabezas, pero, en realidad acéfalo.

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