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Las voces que calientan el Clásico Joven
LOS ÁNGELES -- Dicho está que #ClásicoJoven es una profanación idiomática y a la lógica. Dejémoslo en rivalidad reumática.

Como sea, este sábado en el Estadio Azteca, América y Cruz Azul llegan encanecidos y vapuleados. Uno, con el estigma de un bilioso indeCentenario, y el otro, en la ruta bochornosa a los 20 años sin una Liga.

Deberían salir ambos, los desheredados de El Nido y de La Noria, con una capucha, o para ocultar la vergüenza o para disimular el cinismo.

Pero, regocíjese Usted. El agarrón, este nunca #ClásicoJoven, sí rivalidad reumática, se ha intoxicado de nutrientes explosivos. Dos técnicos de mecha corta, como tan corta de gloria la carrera de ambos.

Uno, Ricardo LaVolpe, llamó al otro "vende humo", y el otro, Paco Jémez, retó al uno a ir a lo oscurito y de hombre a hombre. Después, ambos, recularon, se culipandearon. Pagaron peaje en la autopista de la hipocresía.

Lo cierto es que las urgencias deportivas, competitivas y futbolísticas de ambos, de los mal llamados "indecentenarios" y "cementerios", americanistas y cruzazulinos, los arrojan a ambos equipos al foso y a la fosa. Matar o morir. Y matar y morir.

En este momento, pese incluso a la irregularidad desconcertante de ambos equipos, que tristean entre pucheros en la zona baja de la tabla, candidatos ambos a terminar de sotaneros en la Jornada 8, pese a ello, parecería que mientras Cruz Azul insinúa ponerse de pie, América se acomoda en la lona.

Imago7

Tras la humillación del Clásico, que tuvo un epitafio pobretón de 1-0, cuando Chivas habría podido golear, el América carga con ausencias y una confusión de sus jugadores en la cancha.

Ocurre que LaVolpe, en un mismo partido, modifica posición y funciones a algunos jugadores, y los trastorna mental y emocionalmente. Claro, no se necesita ser Einstein para descifrar los requerimientos del técnico, pero más de un jugador, sufre para adivinar de que color era el caballo blanco de Napoleón.

LaVolpe, con tantas improvisación, les tira un Sudoku, cuando apenas algunos descifran, futbolísticamente, la tabla de multiplicar del uno.

Con Jémez, sus ecuaciones están un poco más avanzadas. Más allá de que defensivamente su equipo juega más descubierto que alguna señorita en Instagram con similar gentilicio, ofensivamente el equipo tiene respuesta, presencia, idea y llegada.

Mientras la credibilidad y fe en la verborrea voluble de LaVolpe va en descenso, la persistencia de Jémez crece, quede claro, sin poder aún definir si se encuentra muy cerca o muy lejos de su techo. Mejora, sin duda, pero puede estar llegando o no, a su máxima capacidad.

Así, entre un técnico que tiene un título de Liga en casi 35 años de ser más entretenido que un cómico de carpa, y otro a quien se le pondera el encanto de su pretensión táctica, pero la repugnancia en la cosecha de fracasos, los dos están urgidos de una victoria.

El empate podría amortizar la angustia de ambos, pero en realidad, lo único que confirmaría es que en el #ClásicoDeLosCulipandeados, los dos merecen estar en la zona mezquina de la tabla.

Tendrá ventaja, quien sea capaz de incitar mejor a sus jugadores. LaVolpe debió escuchar hace una semana cuando Goltz y Oribe dijeron que "la cabeza del técnico peligra si perdemos el Clásico (con Chivas)", y debió preguntarse si con esos apóstoles requiere de más Judas.

Ahora, el hecho de que el grupo cementero saliera en procesión a orar por el alma de su entrenador, tras la derrota ante el Atlas, deja, por antecedentes, dos opciones. Pudo ser un acto oportunista de los jugadores para lavarse las manos, o pudo, realmente, ser genuino. Este sábado, podrán quedar como farsantes o como legítimos solidarios.

Disfrute pues el escenario, el juego, y. posiblemente, el posterior espectáculo en este #ClásicoDeLosDecapitados.

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LOS ÁNGELES -- Clásico del Patíbulo. Un duelo en el camposanto. En realidad los dos despiden tufo a fiambre, a descomposición, pero, aún se mueven. Uno rescatará al otro.

Un acto de rapiña de 90 minutos. Matar para vivir. Un platillo exquisito para el mejor gourmet necrófilo. Que se vistan de frac los depredadores.

Los dos, presuntamente, arquetipos del juego bonito, ofensivo, espectacular. Paco Jémez contra Ricardo LaVolpe, en esa farsa, idiomática incluso, que mal llaman #ClásicoJoven. Una ofensa al lenguaje y al futbol.

Getty Images

Llegan, ambos, casi embalsamados al duelo de este sábado. El Estadio Azteca será el magnífico mausoleo para uno de ellos. Y ambos, llegan atarantados brutalmente, América y Cruz Azul, por adversarios tapatíos: Chivas y Atlas.

Claro, ambos tienen una escapatoria vía la cobardía autorizada: el empate. El futbol permite el indulto ante el recurso insulso y desesperado de jugar al empate.

¿Cuál es el "menos pior"? Cuestión de gustos y, seguramente, de lealtades pasionales o asalariadas. Como sea, ni uno ni otro son tan espectacularmente seductores, menos aún el lapuentismo adoptado por el Nido.

Hoy, parece jugar mejor Cruz Azul que además carga el penoso vía crucis de la saña y la ojeriza del arbitraje, y difícil precisar si es una venganza directa contra Carlos Hurtado, el poder tras el trono celeste.

Hoy Cruz Azul parece tener una idea más clara de a qué quiere jugar. Hoy, sus lamentos son puntuales: sus delanteros desperdician y los árbitros los acuchillan, pero al menos un mapa táctico lo tiene.

Con sólo un punto más en la tabla que Jémez, Ricardo LaVolpe, invicto en 34 años, ya agotó hasta el apéndice de las excusas. Es el único que tiene más rutas de escape que el Chapo Guzmán.

Fatiga, jetlag desde diciembre, arbitraje, rivales, clima, 14 de febrero, y que las malditas corbatas de su mentalista no funcionan, son los desahogos de un técnico que, queda claro, ya no sabe ni dónde está parado como lo demostró al meterse a la cancha y zancadillear al Chapito.

Más allá de que a veces parece vivir en la mazmorra de sus recuerdos, de sus alucinaciones de hace 20 años, hoy, agrava su situación con Michael Arroyo, y se lleva una mentada de madre del Chino Romero, por marginarlo y experimentar con un debutante en el Clásico.

LaVolpe vive en el claustro de su narcisismo. El espejo le cuenta fantasías. "Espejito, espejito...". Por lo tanto es incapaz de hacerse su propio escrutinio. De auscultarse a sí mismo con honestidad.

Y claro, si él no lo hace, Ricardo Peláez ya debería haberlo hecho. Acaso el que aseguraba que confrontaba a Miguel Herrera, Turco Mohamed, Gustavo Matosas y Nacho Ambriz, arruga, se culipandea ante LaVolpe.

Peláez lo sabe y su afición lo sufre: por números como los de LaVolpe en este torneo y con los refuerzos que tiene, hubiera echado a todos los mencionados: Herrera, Mohamed, Matosas y Ambriz. Bueno, en un acto de suprema hombría, ya debería haberse despedido a sí mismo.

¿Merecen más tiempo? Cruz Azul no lo tiene. A Jémez le puede llevar seis meses más y muchos millones de dólares encontrar su paraíso. Pero, La Máquina, de seguir con este pésimo funcionamiento, sin duda, está condenada a arrancar en julio como penúltimo en la Tabla de Porcentajes.

Hoy, ya, de manera inmediata, Cruz Azul debe empezar a salvar su pellejo, consiguiendo puntos. Hoy, con seis de 21 puntos posibles, sólo está cavando su tumba... y boca abajo.

A LaVolpe se le corrompió el vestidor. Lo pudrió él mismo. Sus acciones envilecidas contra Carlos Darwin y Michael Arroyo evidentemente han erosionado el espíritu de grupo. Y además, los jugadores ya entendieron que moralmente, el argentino no es un tipo que merezca el sacrificio.

Y, lo más triste será la confrontación entre dos aficiones en duelo. A una le robaron la felicidad del Centenario, y la otra se encamina a 20 años sin un trofeo de Liga.

Los jugadores de Cruz Azul salieron unidos a respaldar a Jémez. Los jugadores del América, en voces de Goltz y Peralta, salieron antes del Clásico a decir, lacónicamente, que sabían que "si perdemos, la cabeza del entrenador está en peligro".

Aparte pues su galera en la necrópolis del Azteca. Los zopilotes y los cuervos, esos que crían para que les saquen los ojos, están de fiesta, porque se viene el Clásico del Patíbulo. No lleve corbata, la corbata está lista, en forma de horca, para Jémez o LaVolpe.

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LOS ÁNGELES -- Marca dos, colabora en uno. Abre temporada la Chicharomanía, luego de casi seis meses en obras de remodelación. Bayer Leverkusen y Javier Hernández dan señales de vida: 3-1 al Augsburgo.

Queriendo recuperarse de su migraña, las Aspirinas se toman tres tylenols, con el emblemático gol 50,000 (Bellarabi) de la BundesLiga, y agregando el 50,001 y el 50,003, con la firma de Chicharito.

Javier Hernández
Getty Images Javier Hernández cambia su celebración. Ahora se cubre el rostro con ambas manos. ¿Un acto de provocación, de evocación o de invocación?

Javier Hernández cambia su celebración. Ahora se cubre el rostro con ambas manos. ¿Un acto de provocación, de evocación o de invocación? Sólo él lo sabe. A cada una de sus mímicas del festejo le ha dado un significado. ¿No quiere ver o no quiere que lo vean? ¿Ciega o enceguece?

Lo cierto es que comparece de nuevo. En el gol 50,000 en la heráldica de la BundesLiga, Chicharito participa en el toqueteo envolvente, de hecho, reorienta la jugada. Bellarabi firma.

En sus ejecuciones, Javier Hernández muestra los contrastes de su carrera: de verdugo y de Chaplin del gol.

Define el primero con paciencia y frialdad. El portero hizo toda una parodia sobre el pasto del desenlace del Lago de los Cisnes, mientras él amaga, aguarda y fusila.

El segundo con réditos accidentales. Penetra, puntea, al cuerpo del arquero, pero la pelota, reconciliada ya con él, lo busca en el rebote para tropezarse con la inercia. El 2-0 confirma que mantiene el encanto fatalista del cine mudo.

Y fueron apareciendo las facetas del mexicano. Increpó a compañeros que se equivocaron por no entregarle el balón o por hacerlo mal. Sólo él conoce el áspero sabor de la sequía por casi seis meses. Sólo él conoce las urgencias. La letra invisible de su contrato obliga a los goles.

Luego, tras una entrada aparatosa, confronta al adversario. Le despojaron de la pelota y él quiso recibir la indemnización de una falta. El rival le reclama, y en la dramatización de la respuesta, jaloneo incluido, Javier ya aprendió que en inglés y alemán, la lingüística de la mentada de madre no difiere mucho, acaso una vocal en una palabra y una consonante en la otra.

Más allá del beneficio interno en Leverkusen, la rehabilitación de Javier Hernández debe llevar tranquilidad a uno de sus visitantes: Juan Carlos Osorio, quien la próxima semana debe empezar a reencontrar la relación, en la víspera del juego entre Atlético de Madrid y Bayer.

Obviamente, los reflectores suelen cruzarse. E históricamente, entre futbolistas y artistas, suele haber un magnetismo. Con toda una historia rosa reciente, entre el drama del rompimiento con su prometida española, casi al pie del altar, encuentra en Camila Sodi y la complicidad de París, las portadas de las revistas.

Y en esa kermese farandulera de la que goza el mexicano, ya las redes sociales certifican de manera apócrifa, que Camila convirtió, en de nuevo, en ese beso parisino, en príncipe del gol, al tristón sapo de los pantanos de los seis meses anteriores.

Dankeschön Fräulein Camila, dice la afición alemana. Muchas gracias, Camila, la afición mexicana.

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LOS ÁNGELES -- "Habla más que un mimo jubilado", dice un refrán colombiano. Así imagino a Ricardo La Volpe, control remoto en mano, y viendo y volviendo a ver, y a rever, y locuazmente charlando a solas, mientras desmenuza azorado el primer tiempo de Chivas ante Atlas.

A ése, al que asegura que ante cualquier técnico del mundo, "en táctica, robo", hoy debe parecerle más fácil encontrar a la mamá del Chavo del Ocho que la manera de detener al adversario del Clásico Nacional. Especialmente tras la exhibición ante Atlas.

Especialmente cuando la lista de lesionados le tira acertijos: Valdez, Aguilar e Ibarra con molestias musculares, y entre mimos y arrumacos para que se recuperen de cara al juego ante el Guadalajara, en el ofertón de enero, a 50 pesos la kermesse de 90 minutos por ChivasTV.

1. ¿Cómo detener a un equipo con tres opciones veloces en transición: la 'Chofis', Pizarro y Orbelín? Especialmente si la asignación va a ser para Güémez y Guerrero.

2. ¿Cómo detener al 'Chapito', si en el movimiento de los tres hombres de salida de Chivas, van a arrastrar la marca de Samudio? Deberá sacrificar a Cecilio o deberá amenazar con él.

3. ¿Ante la paquidérmica defensa que tiene, cómo poner a salvo los espacios ante jugadores más veloces por sistema y por juventud? Lavolpe sabe que esos corredores tendrán más rating que las telenovelas de sus patrones.

4. ¿Cuándo se dedique a ir sobre Pizarro u Orbelín, su lateral derecho cubrirá la diagonal de Brizuela y quién deberá bajar a seguir a Zaldívar? Lo mejor que le puede pasar al América es que Almeyda siga obedeciendo y ponga en la cancha al desfalco de 17 millones de dólares de Pulido, en lugar de Zaldívar.

5. ¿Le levantará el veto de su rencor a Carlos Darwin Quintero para que pueda forzar al 'Gallito' Vázquez, como primer policía, a que necesite de Orbelín? O seguirá dejando en la banca a su mejor pasador de goles.

Ese y otras galimatías que permitieron a Chivas jugar al borde de la perfección -cierto, en el hábitat mexicano--, deben cruzar por la cabeza de Ricardo La Volpe, aunque, debe quedar claro, Matías Almeyda tiene también su propio encargo para desvelarse con su cuerpo técnico y esperar, además, que no se le entuman, de nuevo, sus zagueros Alanís y Pereira.

Sin embargo, en ese doctorado que toma sobre cómo jugar al Lapuentismo corregido y aumentado, La Volpe sabe que la mejor versión de su América no logra rozarse siquiera con el acto de prestidigitación del Rebaño. Hoy, el América es más aburrido que un acuario de almejas.

Aunque, cierto, y de eso habló Rafa Márquez de manera íntima en el vestidor: en la cancha no hubo un jugador del Atlas que, penosamente, le diera un "tatequieto" a la 'Chofis' y menos a Orbelín y Pizarro. El problema del América es que Goltz hace de la falta alevosa un descaro y se mueve menos que un alkaseltzer en vaso de yogurt, y los más finitos para ello están en duda, como Valdez y Aguilar.

Y cierto también: La Volpe espera que no aparezca un árbitro descaradamente torpe como César Ramos, a regalarle un penalti a Chivas, y seguro espera que el inestable Marchesín no perpetre un sospechoso rechace como lo hizo Ustari para el segundo gol del Guadalajara.

Por eso, el técnico del América debe dedicar horas extras a descifrar a Chivas conforme a los primeros 45 minutos ante Atlas, que para él, maestro de Pep Guardiola y precursor de que Alemania fuera campeón del mundo "con 'mi' línea de cinco", debe ser pan comido.

Lo cierto, y eso deberá ser un discurso compartido entre los condenados a muerte si pierden el Clásico, Ricardo La Volpe y Ricardo Peláez, es que El Nido tiene un plantel con futbolistas de selecciones nacionales de diferentes países y con cerca de medio centenar de títulos, nacionales e internacionales, ganados entre todos. Y convencerlos de que pueden, de que quieren, de que deben...

Porque, además, si América pierde y se da una combinación de resultados, muy factible de consumarse, podría desplomarse del ya incómodo sitio 12 en la tabla hasta el penúltimo puesto. Y eso no va a gustar mucho en el Salón Oval del futbol mexicano.

De perder, y para cerrar con un dicho colombiano, el futuro del América "sería más cansón que submarino con remos".

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México, Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- Hedor de linchamiento en Chivas. Con la zalea del Zorro en el puño, aguarda a la zorra, en italiano, LaVolpe.

El Clásico Nacional. Aquelarre de las saludables pasiones insanas que genera la rivalidad. La misma ubre nutre de encono a América y a Chivas.

Rencor de Liguilla, desprecio ancestral, y hasta La Podóloga se convierte en Juana de Arco, desde la trinchera rojiblanca que posee un exatlista y preside un examericanista, condecorado como "pelagatos de Vergara" por parte de Ricardo Peláez. Sangre contaminada...

Desde El Nido, apuro, urgencia, estertores. El subcampeonato deja secuela: tres derrotas en Liga y otra en la Copa. Pero, en la crueldad del deporte, los lamentos de los segundones, son lloriqueos.

Ricardo LaVolpe otea ya el patíbulo, su patíbulo, en el Estadio de Chivas. Hasta su afición en el Estadio Azteca lo exilió: "Fuera LaVolpe, fuera Lavolpe", tras un 0-0 ante el menesteroso Puebla, que pudo haberlo superado. Espadas de frente, puñales por la espalda.

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Y "LaZorra" LaVolpe lo sabe. Los taurinos lo describen con regusto necrófilo: "A morir matando y a matar muriendo". En Guadalajara estará a 90 minutos de la redención o de la extremaunción. Y esto, aunque Peláez salga a decir como con Nacho Ambriz: "Su puesto no depende del Clásico...". Síndrome Pinocho.

El Rebaño oculta sus pecados con una grandísima virtud: es un tsunami, pero sólo de 45 minutos. Una película de terror en el primer tiempo y un melodrama cursi en el segundo, que ante Atlas casi le cuesta el empate.

Pero, esta vez, Chivas jugará dopado. Ese coctel poderoso de la revancha, el rencor, la gloria y la deuda con su gente, dinamita los sentidos y los sentimientos. Lo saben, llegó la hora, de verdad, de obedecer a la mercadotecnia con eso del #SomosCa3rones. Que no sea sólo bisutería.

Confiado en que montará su Circo Romano, ChivasTV abrió fronteras. Hasta abarató al magnífico adversario. El América era la élite en la nómina del Guadalajara: 500 pesos (25 dólares) por la transmisión del Clásico. Ahora, Higuera, ese que Peláez estereotipó y estigmatizó como "pelagatos de Vergara", abarató la escena del crimen: 50 pesos, como tres dolaritos.

Y hasta en eso hay una burla. El América de 500 pesos ahora sólo vale 50 pesos. Con la piel del Zorro aún caliente, jugosa, humeante, Chivas confronta a "LaZorra" de 50 pesos. Diez veces menos cotiza a El Nido, dice, para tener diez veces más de audiencia... claro, si no se cae, otra vez, la señal.

Convertido en el único equipo de la Liga MuyX que vale el precio del boleto, aunque sólo sea por 45 minutos, porque ofrece futbol de quilates, Chivas tiene, de nuevo, el destino del técnico adversario en sus manos. Y hasta La Podóloga prepara esa toalla, casi mítica ya, para recoger la cabeza desnuda de LaVolpe.

El técnico del América, en tanto, va en el tomo 93 de su extensa enciclopedia de excusas. Él sigue invicto. Guinness ya prepara una edición especial sobre su virginidad competitiva.

Tras el 0-0 con Puebla, LaVolpe se dio el lujo de delirar: "En el primer tiempo tuvimos mano a mano con Renato Ibarra y Silvio Romero", sí, pero el argentino ingresó al 30' del segundo tiempo.

Antes, este martes, América tiene un escarceo previo al aquelarre. Enfrenta a Coras Tepic, el equipo propiedad del que, según Peláez, "es el pelagatos" del propietario de Chivas. E Higuera ungirá con riquezas si dejan malheridas a las Águilas. ¿Réquiem del "pelagatos de Vergara" al --como lo dijo Higuera entre sus amigos-- "pelagatos de Azcárraga"?

Será una semana larga para los condenados a muerte. Y afortunadamente para la afición, la tertulia bajó de 500 a 50 pesos. En tiempos de gasolinazos en México, la pira en la que puede arder LaVolpe, se nutre de leña verde...

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Chivas festejo
Mexsport
LOS ÁNGELES -- Atlas llegó demasiado tarde al Clásico. Chivas se fue demasiado temprano del Clásico. 2-1, Guadalajara se adueña del Estadio Jalisco, feudo de las torpezas que definen la ineptitud de César Ramos como árbitro.

De tan incomprensibles, dos etapas que se preñan de lo absurdo. Primero, un Guadalajara devastador en el manejo de 45 minutos, fascinantemente abrumador, mientras Atlas resistía con el estoicismo resignado y sumiso de un costal de boxeo.

Para el complemento, la alcurnia rojinegra debió estremecer a los timoratos rojinegros. Y Atlas tuvo capacidad de reacción. Cierto: Chivas apagó el turbo y se dedicó, equivocadamente, nuevamente, a creerse capaz de administrar su ventaja de 2-0.

Y claro, la estulticia maloliente del arbitraje mexicano, corrompiendo la cancha. Primero, César Ramos le regala un penalti al Guadalajara, que convierte Zaldívar pulcramente. Después, el nuevo emisario del desastre, hediondo a Decio, anula un gol legítimo a Pizarro.

Para colmo del Atlas, Ustari se unge con la vileza de un Judas. Regala de manera torpe el balón para el segundo, que firma Orbelín. Atlas, así, se iba al descanso, con los cirios iluminando la pestilente sentencia de muerte del marcador.

Más allá de que el Profe Cruz estudió para un examen equivocado, fue más grave la incapacidad para reaccionar sobre la marcha. Y Chivas deleitó: el manejo de pelota, de los espacios, de los relevos, de la profundidad, del atrevimiento, del desborde por sorpresa, terminaron por hacer ese 2-0 de la primera mitad, como un saldo mezquino, poquitero, para su dominio.

Pero, Matías Almeyda, reiterativo, se equivoca en los cambios. Saca a la Chofis López para que Michael Pérez se sume como tapón. El Profe Cruz se lo agradece. Había enviado a Barraza y a Clifford, y Guadalajara, desorientado empieza dramáticamente a reaccionar por impulsos, por rezongos, reparando.

Y cuando El Pelado ingresa a Pulido por un Brizuela de más eficientes recorridos, Atlas entonces asume el control, aunque, más con rabia, desesperación y esfuerzo, que con una idea genuina de ataque, especialmente al perder a Alustiza al medio tiempo. Con la alquimia de los entrenadores, fallida, de nuevo, por Almeyda, y emergente, de nuevo, por el Profe Cruz, el encuentro pierde toda la vistosidad de la primera mitad, aunque aún bulle por la responsabilidad de ambos equipos.

Cuando a los 84 minutos aparecía Barragán con un cabezazo para el 2-1, parecía que el desenlace tendría ese saborcito del impredecible fatalismo que existe en el ADN del Atlas.

En su remate, Barragán le responde a su víctima Jair Pereyra, porque está lejos de la, incluso, devaluada, manoseada, selección mexicana. El rojinegro anticipa, supera, desplaza y somete de un cabezazo a Cota.

Pero, no habría sorpresa. Navarro, incluso, confirma que su mediocridad se mide por su temperamento, y en una acción absurda, se hace expulsar en tiempo de reposición.

Queda pues, este Clásico Tapatío en deuda. Más allá de las perversidades de César Ramos, es evidente que Atlas llegó demasiado tarde al Clásico, y Chivas se fue demasiado pronto del Clásico.

Por lo pronto, el Guadalajara despierta colgado con engrudo como tercero de la Tabla General, peor con una victoria, y un presunto aprendizaje, de cara a otro Clásico, el manufacturado, ante las Águilas del América.

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Chivas vs Atlas
MexsportLa rivalidad entre estos dos conjuntos es una de las más añejas en el fútbol mexicano.

LOS ÁNGELES -- El odio compulsivo, heredado, genéticamente futbolístico, en este caso, tiene una estampa tan majestuosa como burlona, soez, malévola, sarcástica, acuñada maquiavélicamente en la genuinidad ladina del momento.

El Tubo Jaime Gómez se sienta en el césped del Estadio Martínez Sandoval. Y recarga la espalda en el poste derecho de su portería. El arquero de Chivas voltea hacia su hermano Pascual, el hombre de todas las memorias fotográficas del Campeonísimo Guadalajara. Y le pide a gritos que le tome, literalmente, la placa...

La estampa habría podido ser una cándida, decorosa, festiva y estival foto del álbum de los Gómez Munguía. El Pato dispara y El Tubo clava la mirada en una historieta, 'El Chamaco de oro', con una atención como si tratara de descifrar El Lobo Estepario de Hesse.

Sí, sin duda, habría podido pasar por una foto anecdóticamente cándida, inocentona, cursi. Para ampliarla y colgarla en el centro de la Sala de Trofeos de los Gómez, de no haber sido, sólo de no haber sido porque...

...Porque El Tubo eligió una escenografía de novela rosa, mientras a 90 metros frente a él se cernía El Apocalipsis sobre la portería del Atlas. De no ser porque a 90 metros, se desataba una furiosa guerra sin cuartel. Tronaban huesos, se escupía sangre, y Chivas tomaba por asalto la portería rojinegra en una de tantas épicas de la Copa Occidente. Uno de tantos días de Juicio Final.

Sí: El Tubo se relamía el índice derecho para darle la vuelta perversa y lentamente a la página del cuento semanal, que trataba, mire usted, sobre las peripecias animadas de un desanimado atlantista, mientras la conflagración épica tenía en un hilo, en la otra área, a la afición atlista, la cual poblaba la cabecera detrás de él, apenas a unos metros de él. Lo suficiente para que llegara más de un escupitajo. Jaime Gómez ronroneaba su aburrimiento, mientras el barco rojinegro se hundía allá, a lo lejos...

A sus espaldas, el pandemónium, el caos. Un clima fervoroso de linchamiento, con miles de verdugos espontáneos dispuestos a desollar vivo a quien perpetraba semejante pitorreo, a quien perpetraba tan hiriente cachondeo...

"Me querían linchar. Me decían de todo. Me aventaban lo que podían. Y yo me reía. Desde entonces el Atlas tenía un odio especial hacia mí. Tuve suerte de que el árbitro no se dio cuenta, fueron apenas unos segundos para la foto, pero había conseguido lo que quería. Al día siguiente la foto estaba en todos los periódicos", recordaba El Tubo.

Para el aficionado tapatío, ésta es la genuina Guerra Civil. Para el aficionado Chiva que se amamantó en Guadalajara de esa doctrina, América es plato de segunda mesa, la tirria viste de rojinegro.

Y el atlista, mucho antes de El Tubo y después de esa escena, siempre centró su escarnio en el Rebaño. Incluso, el más humillante de los apodos al Guadalajara, ese del 'Ya merito', nació, creció y se reprodujo en el corazón genuino de la inquina rojinegra, que a la postre recibiría un castigo: en 101 años de vida sólo ha ganado una Liga, cuyo trofeo tiene 56 años de oxidada frustración.

"No nos perdonaban los del Atlas. Perdíamos con ellos y no podíamos salir a la calle. Antes del primer título del Campeonísimo, eran burlas constantes con lo del 'Ya merito'. Terminaba uno dándose de moquetes", recordaba Salvador Martínez Garza, en vida presidente de MexLub y de la arrendataria de Chivas, Promotora Guadalajara.

El Oro, el Nacional y hasta la Universidad de Guadalajara, terminaron siendo patiños de esa rivalidad citadina entre Atlas y Chivas. ¿Los Tecos? Vivieron en el purgatorio del desdén de la Perla Tapatía.

Agravaba y agraviaba esa rivalidad el presunto mestizaje social de sus orígenes. Atlas era glamour, alcurnia, emperifollados, aristocracia, ninguneo. Chivas era el pueblo en el arraigo del desamparo, sucursal casi de la clase indigente. Por eso uno se desarrolló como club privado bajo la figura de la asamblea de accionistas, y Chivas terminó siendo una asociación civil sin fines de lucro. La oligarquía y el menesteroso...

Si el Karma existe, ha sido cruel con el Atlas. Cuando cada organización decide empezar a poner la primera piedra de sus clubes deportivos, Chivas migra a una zona que se pensaba sería de baja plusvalía. Y Atlas, en El Paradero, creía que tendría la zona de desarrollo de más poder económico en Guadalajara. Resultaron urbanistas del error.

Al tiempo, El Paradero se rodeó de zonas populares, mientras que en el entorno de Chivas, los desarrollos residenciales de mayor poder económico prosperaron exponencialmente. Así, los ricos terminaron viviendo entre los pobres, y los pobres viviendo entre los ricos.

Atlas ha pretendido defender una forma de jugar. Desde la Academia hasta los Niños Catedráticos, por el juego vivaz y elegante, cargado de barrio con grandes gambeteadores. Los Rojinegros han querido mantener un sello, que fueron perdiendo, a excepción, recientemente, de pasajes con Marcelo Bielsa y Ricardo LaVolpe.

Chivas, en cambio, su camaleónica historia ha pasado principalmente por un futbol más sobrio, especialmente cuando el inclemente tiempo se tragó la magnífica generación de El Campeonísimo, hasta tratar de encontrar hoy un ideario ofensivo con Matías Almeyda.

Atlas, por su parte, deja una huella más poderosa en el Tri. Si bien hubo un tiempo en que la afición alimentaba el mito de que "como anda el Guadalajara anda la selección mexicana", recientemente los Zorros le donaron a México la mejor columna vertebral de su historia: Oswaldo Sánchez, Rafa Márquez, Pável Pardo, Andrés Guardado y Jared Borgetti.

Y mientras al aficionado de Chivas le recriminan endiosar el pasado, por la nostalgia de aquel Campeonísimo, la Fiel del Atlas vive un delicioso pasaje sadomasoquista cada semana, cuando hace del exquisito arte del sufrimiento, el vivir en la agonía de saber, estoicamente, que después del acertijo del minuto 90, casi siempre, le espera la triquiñuela fatalista de una victoria inesperada o un derrota inmerecida.

Decía el Padre García Verea: "Nosotros los atlistas nos vamos directo al Cielo. Ya Dios nos hizo pagar las culpas en vida". Y decía Ney Blanco, ex jugador de Santos de Brasil, América y Toluca, con su pastoso acento portugués que "yo soy de Cocula (la cuna del mariachi), y le voy al Atlas hasta cuando gana".

Todo este recorrido veloz por una rivalidad genuina, para desear, para esperar, para implorar, para anhelar, para reclamar, que este sábado, los 22 que salten a la cancha, dignifiquen una rivalidad, un encono histórico, que la mayoría de ellos, tal vez, lamentablemente, tristemente, desconocen...

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LOS ÁNGELES -- Gracias Islandia. Corrijo: gracias Islandia C. Fue, sin duda, el poderoso arcano que resolvió y despejó los últimos misterios gigantes que acechaban el proceso de la selección mexicana.

Y todo mediante una cuota cómoda de 1-0 (Pulido), en la Ciudad del Pecado, donde, por supuesto, además, proliferan para consultas emergentes, cartomarcianas, chamanes, clarividentes y demás charlatanes, por si los colosales suspensos que encaraba Juan Carlos Osorio le debatían dudas adicionales.

La explicación previa era muy razonable. Nada nueva, nada creativa, pero entendible: encontrar ya, sí, ya, a los herederos de los legionarios europeos, a los sustitutos de los divos europeos, a esos, sí, a esos mismos, que cargan la descendencia promiscuamente viciosa del 7-0.

Esa misma justificación se dio tras los bochornosos espectáculos en los amistosos, en Fecha FIFA, ante Nueva Zelanda B y Panamá B, según la misma explicación del 'Bolillo' Gómez. Al final, por lo visto, entre aquellos convocados, sólo encontró desheredados, conforme a este reciente citatorio.

A aquella selección de tour por Nashville y Chicago, le sobraron abortos de ilusiones y ninguna gestación real. Y ocurrirá lo mismo con esta de Las Vegas. Bueno, al menos Osorio ya se culipandeó en su obsesión con Cándido Ramírez y 'Gullit' Peña. Dejó de sudar calenturas ajenas.

Como sea, la proclividad a prostituir al Tri en duelos de arrejuntados es un manjar que se come mezquinamente compartido y aparte, y para ello vendrían Bolivia y Noruega a turismo VIP en junio antes de los juegos de la eliminatoria y de, por supuesto, la cruzada rabiosa en busca de la venganza ante Chile en la Copa Confederaciones. El "masiosare" del "masiosare".

Lamentablemente para Osorio, y lo sabe, no hay más. En México el barro es pobre y escaso. Y se empobrece y escasea más con la Ley Herodes del 10/8. De entre esos lodazales escapa alguna que otra cerámica, dos de hecho: Hugo Sánchez y Rafa Márquez.

Lamentable el apostolado de la mentira. Discursos en todos lo niveles, para hacer creer a los paisanos que la inversión en estos amistosos es redituable y, más aún, que hasta son encuentros de preparación, cuando como ante Nueva Zelanda B y Panamá B, ahora con Islandia C, se agrietan muchos de estos futuros redentores.

¿Qué permitió ver Islandia? ¿Que Álvarez puede llegar a ser menos que Márquez, pero más que Moreno, a pesar de una par de detallitos? ¿Que Araujo y Alanís aún no alcanzan la talla, mire usted, de un Maza Rodríguez o un Carlos Salcido? ¿Que el 'Chucky' Lozano y Damm son galácticos en los partidos de lo insustancial?

Al final, como dolorosa conclusión, queda en evidencia que este supuesto esqueleto, de este Frankenstein parido en la sala de emergencias para acudir a la Copa Oro, no tiene condiciones de ser campeón y ni siquiera de ser protagonista. Acuden, y deben saberlo, como carne de patíbulo.

Si este Tri es la Legión de Oro, va a necesitar, pero de manera imprescindible, la convocatoria de la Concacaf de los dos mejores hombres en la Copa Oro anterior: los árbitros Walter López, Geiger y Aguilar Chicas, con ese descaro y cinismo que han demostrado para saltar a rescatar a la damisela tricolor en sus momentos de crisis.

Ya se dijo: Osorio se encargará de la Copa Confederaciones con una selección de fragilidad europea a la que él mismo reconoce, le falta aún "mucho trabajo y recuperar la memoria operativa". Después regresará al grupo de Copa Oro, con el que no tiene que rescatar ninguna "memoria operativa" porque será como empezar de cero, con sus supuestos diamantes en bruto, que de diamantes tienen poco.

Lo maravilloso de la Copa Oro es que esta edición apenas entrega una mitad del boleto a la Copa Confederaciones Catar 2021. En la segunda, México podría reponerse, con o sin europeos, pero, eso sí, con el guatemalteco López, el estadounidense Geiger y el salvadoreño Chicas.

Gracias Islandia. Corrijo, gracias Islandia C, porque los moros con tranchete, los fantasmas diurnos en la agenda, me corrijo de nuevo, en la Libreta de Osorio, los ha desaparecido.

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LOS ÁNGELES -- "En estrategia robo", advirtió omnipotente Ricardo LaVolpe. Y le asaltó en despoblado Sergio Bueno, el alumno menos aventajado de su Liceo Lavolpista.

Jaguares 2-0 América. Y él, LaVolpe, sigue virginalmente intacto, casto, puro. Aún sigue invicto -insisto--, desde hace 34 años.

Este martes, perdieron sus jugadores. Despoja de méritos a Jaguares. En el acopio de cargos contra sus futbolistas, hace miserable la gesta de Chiapas. La miseria futbolística del rico americanismo ante la miseria financiera de un superior jaguar.

América viajó a Chiapas sumando de a tres, precipitadamente. Peláez, LaVolpe y los cotilleros advenedizos y asalariados de, en y por El Nido, ya se sentían en el Penthouse de los mejores ocho, o, vamos, de los mejores cinco. "Al Infinito y más allá...".

La cancha desnudó. A todos. Chiapas fue superior. Cierto, muy cierto: sufrió y sudó frío. Moisés -- "el rescatado entre las aguas" -- Muñoz rescató dos veces a Jaguares del Tsunami intermitente del americanismo. Moy, el náufrago de Ricardo Peláez que hizo naufragar al Titanic de Peláez.

Y más allá del egoísmo lamentable de Darwin Quintero cuando ingresa, el América confirma el peor de sus pecados: es repetitivo, por lo tanto, predecible. Y caduca, como el viejo cómico con los viejos chistes, que suscita compasión antes que miedo.

Renato es un velocista sin caja de cambios ni GPS. Cecilio amagó con un par de jugadas del sustancioso barrio, de belleza de llano, pero sus cartas quedaron volteadas, abiertas. Oribe cargaba bronca evidente, refunfuñando con el balón. Y su histeria se hizo colectiva. ¿Romero? Jugando a la Mujer de Lot, una estatua de sal.

Sergio Bueno carga todo el mérito. Se dedicó a estudiar al adversario, pero no sólo encadenarlo, sino para aniquilarlo. Bueno trabajó para este juego, mientras LaVolpe, seguramente, sigue embaucando con sus historieras -- o "histerietas", diría el monero Trino--, de "cuando en 1993..." y "cuando en 2005...". En su caso, los etcéteras deberían ser punto final.

Bueno se atrevió a contorsionarse en esa bulímica línea del suicidio. Incluso juguetea con un capricho: el Quick estaba tan empalagado de revancha, que jugaba a favor de las Águilas. Pero el resto del plantel, tragó crudo el escenario, y lo digirió perfectamente.

Recapacita LaVolpe el martes: "Al América se le complica que le jueguen (como Jaguares) con línea de cinco", y lo reclama el mismo que proclamó, textualmente, que "Alemania (en Brasil 2014) queda campeón del mundo con 'mi' línea de cinco".

Notable el esfuerzo colectivo de una nómina que cada quincena puede recibir un cheque posdatado y sin fondos. Y Fabbro define de manera estupenda, mientras Estigarribia administra los Santos Óleos con jugada de crack, ante la desvencijada zaga de América.

¿Puede culparse a Marchesín? Ciertamente: en el primero cedió un paso, y en el segundo se entrega ante el ambiguamente magistral manejo de perfil del paraguayo. Pero no merece ser cuestionada la orfebrería chiapaneca.

Indudable que el juicio queda abierto para Jaguares. Su mejor partido, sin duda. ¿Sólo porque era el América? O, porque, como dice LaVolpe, por ese 50% de odio al Bigotón y el otro 50% a El Nido. ¿Resulta ahora que el técnico es tan importante ("fifty-fifty"), poderoso y trascendente como la historia del americanismo? Hay narcisismos que cotizan en el ridículo.

Los aparatosos jurisconsultos, a veces vulgares huizacheros o tinterillos, que consagraban a LaVolpe como el clon de Fischer y Spassky, en el arte del ajedrez táctico, tras vencer a un Morelia que danza como alma en pena, con la capucha macabra del ajusticiado al descenso, tal vez silencien con recato: al América y su técnico se le acaban las excusas.

Los jugadores, obviamente, resienten su oficio de patiños y de muñecos vudú. Los resultados y su entrenador les encajan alfileres tóxicos y oxidados tras las tres derrotas en Liga y una en la Copa... ante Coras Tepic. Su técnico sigue invicto... y su directiva con la risa trémula de Peláez, también.

Curioso, sin duda, es que cuando Gustavo Matosas dirigió al América, en la obsesión ofensiva, sus zagueros salieron al tribunal de los lloriqueos. Goltz fue el portador de la amargura colectiva. "Esta forma de jugar nos deja desarmados, indefensos en la zona defensiva".

Ahora, con el acomodo lavolpista, no hay gimoteos compulsivos, a pesar de recibir ocho goles en tres juegos, pero Goltz se hincha el buche de gloria embustera, por irse en blanco ante el Morelia que suma tres goles en cinco fechas, y ante el Veracruz -- en el Azteca --, con cinco marcados en cinco juegos, por cierto, los dos últimos en la Tabla de Porcentajes.

Pero entre "no hay crisis", según asegura Peláez, y "nadie me entiende" de LaVolpe, la revancha llega este fin de semana ante Puebla... y después, el Clásico ante Chivas, que puede incluir en sus reseñas, el obituario de ambos Ricardos.

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Mexican Liga MX, Chiapas

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LOS ÁNGELES -- Matriz más generosa de la sabiduría es el fracaso que el éxito. Sin embargo, lo más desafiante para la sabiduría es saber capitalizarla, entendiendo, además, que no todos los viejos son sabios.

Chivas cree haber encontrado un padrino. Y espera que en la autopista de sus 79 años, César Luis Menotti no sólo acumule sabiduría de un gran triunfo y de una prole numerosa de fracasos, sino que además sea capaz de saber salpicar con su hisopo bautismal a la congregación del Guadalajara. "Vade retro".

Jorge Vergara, en realidad, está escéptico. Y Matías Almeyda está inquieto. Excéntrico, el personaje al que rencorosa, malvada y maliciosamente Ricardo Peláez ha estigmatizado como el "Pelagatos de Vergara", intenta patentar y patentizar el agua tibia. Menotti el redentor.

José Luis Higuera espera que Menotti se trepe al Monte Sinaí y sea el Moisés de la dirección deportiva de Chivas. Y si alcanza que convierta en mercaderes infalibles a la soldadera de OmniLife.

Eso desea el hombre bautizado de manera impropia por Peláez. Y ya le dio un enganche, como un anticipo zalamero de su fe: hablan en Guadalajara de 40 mil dólares, hasta libres de impuestos, para que "El Flaco" se siente a comentar Chivas contra Boca Juniors por Chivas TV, y una encerrona para crear el plan maestro que jamás en su vida creo Menotti para alguna entidad en -su-- Argentina.

Decíamos que Vergara está escéptico. Él cruzó el océano en su propia carabela. Al final fue a que le vendieran espejitos. Contrató un instituto completo, una infraestructura sólida, un organigrama de lujosa logística, con un mesías holandés. Pero, el proyecto Johan Cruyff fracasó. La Malinche apuñaló a Cortez.

Pero, Cruyff construyó una escuela, que hoy aún embelesa al mundo -sin ser ya la perfección de Pep Guardiola-- cuando el Barcelona, sale a la cancha y confirma que el futbol también merece un ala especial en los museos.

Cruyff dejó huellas, simientes, raíces, devotos, esquemas, sistemas. Menotti es una remembranza bohemia, con su cigarro en agonía escarlata, y su encorvada estructura ósea, de un momento maravillosamente quijotesco del futbol, al coronarse en el Mundial de 1978, más allá, claro, de la mitología en torno al pasaje de "El Ajedrecista" Rodríguez Mondragón entregando un cuerno de la abundancia, en forma de maletín a algunos miembros de la selección de Perú, en aquel 6-0 de la incredulidad oportuna.

¿Podrán triunfar Menotti y su bagaje exitoso de aquel Huracán inmortal y de la Argentina con fastuosos talentos y portentosa testosterona en esas Chivas en las que se abortó el dogmático, sesudo, organizado y catedráticamente probado método de Cruyff, tras una noche calenturientamente explosiva de Jorge Vergara?

Cierto que el absolutismo floreciente del que goza Almeyda ha mejorado a Chivas, pero tampoco es saludable que El Pelado se convierta en juez y parte de sus propios errores y virtudes. Goza, así, de la impunidad del autoengaño.

A casi 40 años de la epopeya mundialista, con esa pléyade de talentosos espartanos, ¿podrán Menotti y su sabiduría encontrar la paciencia, la devoción, el interés y la motivación para desgastarse entre las inesperadas reacciones de Jorge Vergara, la incomodidad de Almeyda, las extravagancia del malévolamente descrito por Peláez, como "Pelagatos de Vergara", y, lo más importante, las urgencias de Chivas?

Algo es innegable: el Guadalajara es un equipo que avala semana a semana el espectáculo. Más allá de que el estoico, franciscano Almeyda tenga que "pensar tres veces más para trabajar con mexicanos", su producto final es un equipo de Chivas que retribuye el tiempo y el dinero por verlo.

Pero, más allá de que El Rebaño ya debe empezar a ganar títulos de Liga y no una Copa vacía de valor, en la cancha hay un hecho que a veces se minimiza: ocho de sus titulares son engendros de la cartera prodigiosa de Vergara, y no, aún, engendros de la laboriosa doctrina de Almeyda, más allá de que se ha despedido a 12 personas que trabajaban en cancha o en administración.

Erróneamente, se pensó que el futbolista mexicano se había transfigurado con la llegada de Menotti al Tri. Muchos afirman que el futbolista mexicano fue uno antes y otro después de que dirigió cinco partidos, más allá de que insanamente lo echaron por telegrama y cuando dirigía una gira por Europa.

Antes de y después del paso de César Luis por el Tri, la realidad es que México no ha llegado al quinto partido. Es decir, aún su sabiduría no garantiza nada en Chivas, donde fracasó el Proyecto Cruyff. Han pasado decenas de artesanos y, bueno, la realidad es que el barro, el jugador mexicano, sigue siendo el mismo.

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LOS ÁNGELES -- La Troupe de Juan Carlos Osorio ha sido citada. Lentejuelas y plumajes del Tri con rumbo a Las Vegas. Islandia B o C es el adversario o la comparsa o el cómplice.

La FMF y SUM, en su ejercicio de matronas de la selección mexicana, alquilan a quienes deben amancebarse con el Tri para convertirla en una casquivana de placeres ajenos. En la clandestinidad contractual no importa los pergaminos del consorte.

Con numerosos jugadores que no irán a la Copa Confederaciones, otros que no irán a la Copa Oro y otros que son oportunas máquinas tragamonedas en este circo itinerante de los fariseos de la FMF, encontrarán en Islandia a sólo tres jugadores con llamados previos a la selección mayor.

Vale aclararlo: la Liga en Islandia concluyó el primero de octubre de 2016 y arranca el 30 de abril de 2017. En uno de los países más felices del mundo, es tiempo de lluvia o nieve, o de lluvia y nieve. Y útil mencionar que en ese mundo de noches eternas y sombras perseverantes, su índice de suicidio es el más bajo entre naciones de sombrías similitudes climáticas. Pero, de futbol, hoy, nada.

SUM debe estar ilusionado. Un estadio al que le caben 40 mil aficionados, le sienta bien que cerca de 45 mil islandeses vivan en EEUU, aunque la mayoría en la zona noreste del país. El ADN del frío los aleja de California y Florida.

Sin embargo, hay algunos miles asentados en Utah, donde en julio celebran el Día del Pionero de Islandia. Aunque a algunos les moleste, es una muestra de que EEUU es una nación de cultura, sangre y sello migratorio.

En la revisión superficial que permite la escuálida información sobre Islandia, queda claro, según TransferMarket y las ambiciones desmedidas de Pachuca, que los 20 millones de dólares de la carta de 'Chucky' Lozano vale más que toda la tropilla islandesa, más allá del saludable, simpático, folklórico y excéntrico boom de la Eurocopa.

Este arrejuntado de Osorio ante el arrejuntado de Heimir Hallgrimson no tiene nada que ver con el espejismo de las clasificaciones de FIFA: México es el sitio 18 e Islandia es el 21, pero, evidentemente, viviendo aún de los réditos de su fastuoso y fabulosa irrupción en la Euro.

¿Servirá de algo a Osorio esta encerrona? Tanto como aquellos amistosos al vapor ante Nueva Zelanda y Panamá de octubre pasado. Dos victorias con cloroformo incluido. El marcador apestaba a anestesista y las actuaciones del Tri, también.

"Es una gran oportunidad para ver a jugadores que de otra manera no tendría oportunidad de ser llamados y observados. De aquí esperamos encontrar a los que puedan sustituir a los Andrés (Guardado), los Héctor (Moreno), los Héctor (Herrera), los Miguel (Layún) para el futuro", dijo esa vez Osorio.

Basta comparar cuántos repiten entre aquella lista y la que ha citado para enfrentar a Islandia, para entender que o él miente o la mayoría de aquellos citados terminaron siendo unos buenos para nada.

Por ejemplo, con la Liga MX en pleno, parece hasta injusto convocar a Giovani dos Santos, cuando la MLS regresa a la actividad hasta el 4 de marzo, cuando el Galaxy de Los Ángeles reciba a Dallas. ¿Después de felices meses de vacaciones, Gio estará en forma física y futbolística?

Pero, la selección nacional no tiene alternativa. Sus quereres han sido malbaratados. Se sabe, su destino está en manos de un contrato con SUM, que incluye, por supuesto la alcahuetería festiva y voraz de los patrocinadores, a pesar de que se espera una velada con lluvia y bajas temperaturas, más allá de la calidez, de todo tipo, que Las Vegas suele preparar para sus visitantes.

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