LOS ÁNGELES -- ¿Qué busca Juan Carlos Osorio con esta convocatoria para los amistosos ante Nueva Zelanda (Nashville) y Panamá (Chicago)? Jeroglíficos ocultos.

¿Es un ultimátum para algunos? ¿O es tiempo perdido para todos? ¿Es un divorcio y una nueva alianza? ¿Es el Juicio Final o un día después del Juicio Final?

Con cinco actuaciones lamentables (Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras), resultados preñados de duda... o de escándalo, y el Hexagonal con emboscadas en Columbus y Panamá en las penumbras de Noviembre, Juan Carlos Osorio confunde con los mensajes difusos.

1.- Lo reconoce el mismo entrenador colombiano: "Tenemos que trabajar mucho, mejorar mucho y ajustar mucho", dijo tras el empate ante Honduras en el Estadio Azteca.

2.- Trabajo es igual a tiempo. Diez días de entrenamientos y dos juegos. Y llama a sólo dos europeos que antes ignoró. Los recurrentes, los ungidos, los indispensables de antes, hoy se quedan en casa.

3.- Si el equipo necesita ajustes, entendimiento, coordinación, repeticiones, trabajo colectivo, identificación, orden, autoridad, ¿no era necesario convocar a los que han sido sus habituales titulares o sus hombres de confianza, aunque evidentemente la hayan traicionado?

4.- Es decir, es el momento de aprovechar dos amistosos, 180 minutos, más las prácticas. Parecían perfectamente las circunstancias idóneas para tratar de engranar esa maquinita que lleva cinco partidos de misérrimo nivel, respecto a lo que había mostrado antes.

5.- La mejor manera de reintegrar a un grupo desperdigado, difuso, traumado, traumatizado, es precisamente con sesiones de trabajo en cancha y fuera de ella. Diez días de convivencia a la medida justo antes de inmolarse en Columbus y Panamá.

6.- Juan Carlos Osorio se comprometió a empezar esa terapia multitemática desde la concentración previa al juego contra El Salvador. Evidentemente no arrojó frutos.

6.- Y el otro mensaje: Osorio se hartó. Absolutamente. Osorio claudicó con el grupo de jugadores, especialmente los europeos, que comparecieron desganados, sin compromiso, y con un discurso apócrifo, falso, en referencia a la indolencia en la cancha.

7.- Y si Osorio decide que en esos diez días, del dos al 11 de octubre, no puede recuperar a los recurrentes de los últimos cinco juegos, llegó el momento de renunciar a ellos. Ese es un mensaje oculto. Si ellos se hartaron de él, él decide hartarse de ellos.

8.- Si esa Torre de Babel, llena de confusiones, indisciplinas, desaires, demuestra que no hay un mismo lenguaje leal y fiel a la selección mexicana, seguramente Osorio decide ensayar con sangre nueva, con sangre que él cree que está comprometida.

9.- Honestamente, ¿con este plantel citado para enfrentar a Nueva Zelanda y Panamá en amistosos, cree Osorio que alcanza para meterse al eterno Waterloo de Columbus, y a la trinchera panameña, ansiosa de saldar cuentas? Parece imposible.

Pero, el técnico colombiano prefiere una apuesta nueva, a una apuesta perdida, como se lo ratificaron en los cinco juegos anteriores las Divas de Lladró que juegan en Europa.

10.- ¿Fueron entonces los juegos ante El Salvador y Honduras un ultimátum? Eso parece. Osorio es lo suficientemente inteligente como para desperdiciar los entrenamientos y los 180 minutos de juego en ese lapso de diez días.

Por eso, entonces, en esta convocatoria aparece sangre nueva, barro moldeable, arcilla noble --aparentemente--, y jugadores hambrientos de revancha. Lo ha dicho el técnico colombiano: "Yo me quedo con jugadores que buscan la gloria y prefieren la gloria deportiva". Las vedettes, en la pasarela.

Por si Osorio no ha leído a Maquiavelo, le dejo una reflexión de El Príncipe de las Intrigas: "El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra".

Habría que estar muy embrutecido o ser muy bruto, para no entender semejante homilía irrefutable.

Osorio lo dijo en sus primeros días con el Tri: "Prefiero morir con una filosofía de trabajo que me ha dado resultado, antes que sobrevivir con algo (¿algunos?) en lo que no tengo fe".

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LOS ÁNGELES -- Tiempos hubo en México en que el futbol cautivaba por su propia generosidad. Y por la calidad de equipos. Pero también había protagonistas. Esos futbolistas que convocaban por su talento o por su personalidad o por la moneda invaluable de sus goles.

Tomás Boy era de esos. Mentiría si vinculara mis memorias al Atlético Español (un usurpador del Necaxa) o al Atlético Potosino. Pero con Tigres era la vistosidad del equipo. Y había que seguirlo cada semana.

Y había el morbo por ver además a su guarura: Carlos Muñoz. Quien rozaba a Boy con un pétalo, recibía el guadañazo de Muñoz en la siguiente jugada.

Era además ese Tigres, por momentos, la metamorfosis del basquetbol a un equipo de once, según la bitácora de Carlos Miloc. Y Boy jugaba de Michael Jordan cuando así lo decidía.

Con los Toros del Atlético Español, Ángel Fernández lo llamó la anguila. Su físico estaba más cerca de Agustín Lara que de Rambo. Escuálido, veloz, pero sobre todo inteligente y frontal.

El primer acercamiento que tuve con él, fue en la concentración de México en Toluca, en las instalaciones de Nestlé en el Mundial de 1986. Tiempos aquellos en los que la prensa estaba más cerca de la cancha que los mismísimos utileros. No había secretos. Ni restricciones. Ni vetos. Ni zonas mixtas.

Marca Fernando Quirarte aquel golazo contra Bélgica. Charla con el capitán de Chivas en el comedor de la concentración del Tri. En la misma mesa, Tomás Boy. De testigo.

¿El Jefe? Absolutamente no. Con tipos como Javier Aguirre, Hugo Sánchez, el mismo Quirarte, Luis Flores, Manuel Negrete, o hasta el suavecito de Miguel España, y entonces Tomás Boy era más bien aliado estabilizador de Miguel Mejía Barón, quien pastoreaba esa élite de notables jugadores para tranquilidad de Bora Milutinovic.

Quirarte explicaba su gol, el primero de los dos que marcó en ese Mundial de México: "Con hambre, fui a buscar esa pelota con hambre", explicaba el zaguero de Chivas, con la memoria anegándole la mirada.

Y Boy interrumpe la entrevista: "Ahorita te va a preguntar si eso es todo". Lo miro de reojo y lo ignoro. Quirarte hace lo mismo. Minutos después concluimos la charla. Boy se levanta, empuja con enfado el equipal de ese mexicanísimo comedor, y se va.

Quirarte explicaría después: "No es mala sangre (Boy). Lo que pasa es que se siente relegado por ustedes (los medios) y eso le molesta. Es un Mundial y quiere atención por lo que hace en la cancha. Pero Tomás es importantísimo, en la cancha y fuera de ella. Es muy especial, pero es un crack, una buena persona y buen amigo".

Y claro, Boy se fue quedando relegado en ese Mundial de 1986. Entre una lesión, los goles de Quirarte, la media tijera de Manuel Negrete, el protagonismo bizarro de Hugo desde su gol a Bélgica, hasta el penalti fallado ante Paraguay y su segunda amarilla en ese mismo juego, hasta los calambres ante Alemania. El astro de Tigres se mostraba notable en la cancha, pero no en los aparadores.

Parecería que el diagnóstico de Quirarte aún tiene validez. Entre bailes, exabruptos, burlas, fanfarronadas, Tomás Boy parece reclamar atención. Y si no la tiene, la provoca. La hurta.

Incluso, Quirarte después confiaría que al término del Mundial de México, promotores se acercaron a él y a Boy para llevarlos al Brest de Francia, pero las condiciones económicas y deportivas estaban por debajo de sus expectativas.

Este martes, ante Zacatecas, Tomás Boy, en ruta a los 64 años, tras el 3-0, obra de Guerrón, se ridiculiza con un desplante que la propia afición de Cruz Azul interpretó como burla, por los ademanes y la mímica facial, y porque después en la trinchera del vestidor al autobús, el entrenador recae en ademanes y se enardece la fanaticada.

Con su cabeza columpiándose en la frágil telaraña de intrigas que decora de confabulaciones desde dentro a Cruz Azul, Boy aclaró este miércoles en Raza Deportiva de ESPNDeportes, que ni fue un bailable exótico ni se burló de la afición, sino que la reacción habría sido más genuinamente por la jugada que generó ese 3-0. La afición no le cree. Sus antecedentes tampoco.

Con un par de procesos exitosos en equipos con más tradición que gloria, como Morelia y Atlas, Boy se encuentra entrampado. Ha visto con ansiedad contenida que tres cambios de mando en el Tri, en los cuales se sentía candidato, al final eligen otro rumbo.

En la desesperación sabe que es urgente ganar un título como técnico, aunque pierde de vista que esos desplantes o deslices con poca gracia danzarina o coreográfica, con el agregado malicioso y ácido del pitorreo y el sarcasmo, le hacen menos apetitoso para los dictadores que regentean al Tri.

Recordemos que el mismo Tomás Boy ha dado evidencias de ese resentimiento al desdén. Lo reveló en Raza Deportiva: "Jamás dirigiré a Pumas. Cuando me probé con ellos como jugador, me trataron mal, me dijeron que no tenía futuro. Gente mala, y eso no lo olvido nunca".

Es tan fascinante la personalidad estrambótica del entrenador de Cruz Azul, que, según versiones del equipo de los Terremotos de San José, cuando asumió, hace decenios, interinamente, el cargo de jugador y técnico, terminó por despedirse a sí mismo como entrenador, entendiendo que no era lo que el equipo necesitaba.

Hoy ese lado consciente del autoanálisis y el autojuicio, debería llevar de la mano Tomás Boy a una de dos decisiones: buscar asesoría en el ballet Bolshoi u olvidarse definitivamente de esos excéntricos bailoteos y esos estrafalarias extravagancias que poco le ayudan a fortalecer la autoridad en el vestuario.

Salvador Dalí declaró una vez que "de ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas".

Tomás Boy puede parafrasearlo saludablemente: es parte de ese surrealismo imprescindible en el futbol mexicano.

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LOS ÁNGELES -- 100 goles en Europa. Javier Hernández está de gala. Y claro, su vecindario distante en México y EEUU desata el diluvio de elogios. Confeti de idolatría desmesurada. Lluvia de afectos reciclados.

100 goles desde 2010. En Europa. Dicha cantidad se sonroja y se cubre el rostro en el espejo ajeno de las comparaciones. Omitamos a monstruos: Messi, Cristiano, Suárez, Zlatan. Vayamos con un mortal: Robert Lewandowski, suma 126 sólo en la Bundesliga desde 2010.

Pero, juguemos a la Corte del Rey Salomón, justicia pura. Se le puede semejar con otro mexicano, con más años -virulentos todos--, en Europa: Carlos Vela suma 80 goles en clubes en ligas. Y La Hiena resta, mientras el otro suma.

Y en tiempos en los que a Vela se le veía como el faro reacio del futbol mexicano, como candil de la calle y penumbra en su casa, Chicharito pujaba desde la ansiedad de la banca, no sólo en Europa, sino ya antes, en Chivas. La marginación reiterativa, desde su cuna, le blindó la piel y el carácter.

Sin llegar a los orfeones penosamente racistas que vomitaban sobre Hugo Sánchez en el Vicente Calderón, con aquellos gritos de "indio, indio, indio", de las resacas franquistas en España, sin pisar esos extremos de canibalismo masivo que sufrió el Pentapichichi, pero en su momento, Hernández también vivió su cautiverio clasista.

Cuidado: la permeabilidad costrosa, espesa, que le fue blindando, lo hizo un mejor competidor. La lealtad es subjetiva cuando matar y morir giran acrobáticamente en la misma moneda. Y en el futbol de Europa, en el vestuario, los duros, los guapos, se rasuran con botellas rotas.

Y Chicharito, de manera directamente proporcional, se fue acorazando conforme entendió lo impío de la competencia. Entendió que en la guerra por un puesto, ni las sombras de los jugadores cohabitan pacíficamente.

Alguna vez, Alfonso Pescado Portugal explicaba la metamorfosis del que había sido su yerno. Todo comenzó en su hotel en Madrid, tras una trasiega jornada de horror para Hugo Sánchez. La tribuna del Atlético de Madrid quería exiliarlo a México, con el certificado apestoso de la ignorancia, al vociferarle "indio", como si fuera una segregación al leprosario.

"Esa noche Hugo lloró. Pero con rabia. Nos dijo (al clan familiar) que 'era la última vez que iban a gritarle de esa manera, se van a arrepentir'", recordaba Portugal.

Y así fue. Hugo ya nunca se detuvo de preñar redes. Y cobró con creces a la tribuna arrepentida. De Júpiter se fue a La Cibeles, con todo y la alfombra roja y el agua bautismal de los éxitos. Hoy aún aparece en el equipo de todos los tiempos del Real Madrid.

Lo de Javier Hernández no tuvo ese zafarrancho social y denigrante para la misma afición colchonera. A Chicharito ninguna tribuna lo ha insultado. Por el contrario, hoy tiene un sagrario en Manchester, una capillita en Madrid, y una catedral en Leverkusen.

Ha, sin embargo, cargado con una cursi diplomacia, con una innecesariamente hipócrita bandera de paz. La traición más grave le ocurrió en Manchester. Un día catalogó como frustración su letargo en la banca.

Y Sir Alex Ferguson que un día lanzó un zapato al apolíneo rostro de David Beckham, ese patrimonio de la humanidad femenina, no dudó en mandar al banco a Javier Hernández. El padrino de sangre azul, le recordó al mexicano que su sangre era roja.

Más allá de que el lunático Van Gaal ya estaba predispuesto contra Javier, y que éste mismo, ayudaba a cavar su tumba errando en la inminencia del área y desde el manchón, quedó claro que el holandés hace de su hábito mitómano un recurso para dirigir.

Al Real Madrid llega de carambola. Ya el pellejo se le había endurecido. Aprendió a leer esos ojos que mienten más que las palabras. La viscosidad del engaño es un abrazo de Judas. Nunca entró en el círculo de los maniquíes. La gloria merengue tenía potestad en el salón de belleza.

En el goleador del Leverkusen asoma la mímica de Hugo Sánchez. La mirada lo denuncia: el lobo convertido en el lobo de sus competidores. La solidaridad es un mandamiento de 90 minutos. La lealtad tiene mil caras el resto de la semana.

Hugo delimitó su territorio. Eligió cómplices en lugar de amigos. La batalla comienza dentro, y la guerra se gana afuera. A Jorge Valdano aún le dolía hace unos años: "Hugo fue un goleador legendario, maravilloso, pero, como persona...".

Hoy, Javier Hernández, en el centenario de sus herculinos esfuerzos, acosa a Hugo y a Jared Borgetti. Tarde o temprano rebasará las cifras en Champions de uno, y en la selección mexicana al otro. El Chaplin del Gol aún tiene comedias para sus vecinos distantes. El confeti puede reciclarse.

Ojo: los pecados que se le imputan dentro y alrededor de la selección mexicana, ahí siguen, ahí quedan. Son gárgolas de inescrutable incomodidad.

Con una cosecha sin control en Europa, ni el mismo Chicharito lo sabe, pero al final podría terminar su propia epopeya con el Tri en las mismas condiciones que Hugo: con las manos vacías.

Y de ello, de esa infertilidad histórica con México, será, como el Pentapichichi, sin duda responsable, aunque no será, ni remotamente, el principal culpable.

Escribió García Márquez en Cien Años de Soledad: "Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra".

Y Chicharito ha entendido, como Hugo en aquella noche de catarsis con el Atlético de Madrid, que los muertos de su pasado son la carne fresca de su futuro.

Que viva quien deba vivir inoculado de ese dulce veneno de la gloria.

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LOS ÁNGELES -- La ironía cazó a los Pumas. La aritmética puede ser desconcertante. Y a veces menospreciada, especialmente si se pierde ante el América.

Retomo la reflexión del cineasta mexicano Guillermo Del Toro en Pacific Rim: "Los números es lo más cercano a la escritura de Dios". Repasemos.

1.- Pumas había sido el equipo de la Liga MX con uno de los peores registros de posesión de balón en este Apertura 2016.

2.- Y no sólo eso, Pumas había sido el equipo con menos remates a gol y con menos tiros de esquina, en promedio, en el Apertura 2016.

3.- Ante el América, los Pumas tuvieron un 63 por ciento de posesión del balón por 37 por ciento del adversario. Avasallador. El más elevado sólo

4.- En este mismo encuentro, los universitarios cobraron 11 tiros de esquina, por sólo cuatro de las Águilas.

5.- Y curiosamente, uno de los equipos con menos disparos a portería en este torneo, realizó 22 sobre el arco de Moisés Muñoz, más que los que había hecho la UNAM en el acumulado de cuatro juegos anteriores.

6.- América había sido regularmente uno de los cinco equipos con más manejo de la pelota con Ignacio Ambriz, hasta ese descenso dramático con el debut de Ricardo LaVolpe.

7.- Incluso, en la dramática derrota de América ante Chivas, por 0-3, las Águilas tuvieron más posesión: 54 por ciento por 46 por ciento. Cobraron más tiros de esquina (6 por 4), y tuvieron más disparos a la portería que el Guadalajara (13-12). Pese a ello, el 3-0 fue aplastantemente doloroso.

8.- Y curiosamente, el índice de efectividad de Pumas entre los goles acumulados y las posibilidades creadas, hasta antes de enfrentar al América, era uno de los mejores cinco del torneo. El sábado, entre las siete claras que provocó, sólo concretó una.

Al final, Pumas es cazado por esa ironía de los resultados. Tuvo su mejor partido en comportamiento ofensivo en el torneo, y en dos descuidos defensivos, en cuatro minutos, carga con el descalabro.

Más allá de los atenuantes que pudiera tener el América, por el poco trabajo de LaVolpe con el grupo, y la herencia de desconcierto del cambio de intenciones entre Ambriz y el nuevo técnico, la victoria queda sellada con el asterisco de la circunstancialidad.

Y por otro lado, queda también claro que por encima de la elección conservadora de Paco Palencia como forma de juego de Pumas, tiene a un grupo de jugadores capaces de hacer un futbol más agresivo que el que muestra.

Pero, en el futbol, se aplica de manera magnífica reflexión del escritor con deslices de humorismo, Marco Antonio Almazán: "Cuando las estadísticas nos dicen que la familia mexicana tiene un promedio de cuatro hijos y medio, nos explicamos por qué siempre hay uno chaparrito".

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LOS ÁNGELES -- En un trino rabioso de su Twitter, Carlos Reinoso destapó más de lo que hubiera pretendido sobre las intrigas en El Nido de Coapa. El entrenador asegura que de fuente confiable se enteró que en el América lo desdeñaron para suceder a Ambriz porque no sabe jugar con línea de cinco. Sin quererlo, o verdaderamente queriéndolo, Reinoso expuso otra prueba de lo ya conocido: la intromisión o injerencia de Ricardo Peláez en las formaciones y elecciones de jugadores del equipo. Si evidentemente Peláez margina a Reinoso porque no le gusta jugar con línea de cinco, refleja dos situaciones lastimeras y lastimosas para El Nido de Coapa, que, ya se puntualizó, en lengua náhuatl quiere decir "nido de culebras". Ad hoc... empezando por la presidencia.

1.- EL GOURMET TÁCTICO... A Peláez le interesa de manera primordial satisfacer su paladar futbolístico, más que el funcionamiento del equipo. El América en este momento necesita de manera urgente resultados. Es el Año del Centenario. Deben ser Bodas de Inmortalidad. Y en una fecha así, hay que arrimar trofeos. Como dijo sabiamente Cuauhtémoc Blanco: "Un siglo se cumple cada siglo". Nada de manos vacías en un club que presume de tener las manos llenas de gloria en el futbol mexicano, al grado que quiso usurpar a Chivas el título de Campeonísimo. El hambre del avaro o la avaricia del hambriento. Entonces especular con las bondades de la línea de cinco o la línea de cuatro, cuando las líneas están ocupadas en el salón Oval de Televisa, inconformando al dueño por el patético patetismo del América, parece una necedad.

2.- EL PILATOS INVICTO... Reinoso descubre además cómo Peláez, una viuda inconsolable y abnegada por la ausencia de Miguel 'El Piojo' Herrera, se desquita en sus eventuales nupcias con los valientes relevos. Los quiere a la imagen y semejanza del que lo abandonó. Recordemos cómo Peláez pidió a algunos, forzó a otros y extorsionó a otros, para someterlos a sus caprichos. La autoridad desmedida empolla a las dictaduras de la ignorancia. Así, Peláez coaccionó a Antonio Mohamed, Gustavo Matosas y Nacho Ambriz para que experimentaran con línea de cinco. El primero le dio atole con el dedo; el segundo encontró su Waterloo, incluyendo choques con los jugadores; y el tercero, Ambriz, terminó jugando al estilo magistral de Clavillazo: 11-11-11. Y claro, Peláez los culpó a los tres, y terminó echándolos, eso sí, agradeciéndoles su enorme esfuerzo y disposición para colaborar. Él nunca pierde. Ricardo Pilatos se lava las manos con el deshonor ajeno. Dejando en claro que en la lista preliminar de posibilidades para dirigir al América, no estaba Ricardo LaVolpe, sino que surgió de la ultratumba de los desahuciados, como él mismo lo aceptó, terminó firmando al que le dio la razón. Pero, lo que queda en evidencia es que más allá de todo lo que pueda ganar y todo lo que pueda perder La Volpe, ya hay un entrenador apalabrado para el América en el Clausura 2017. Y Miguel Herrera está feliz por ello.

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Ricardo La Volpe
ESPN Digital
LOS ÁNGELES -- El nombre despierta los perjudiciales instintos de mis prejuicios. Ricardo La Volpe recrea mi memoria en la cancha. Pero, obliga, irremediablemente, a que los esqueletos cebados de sus estadísticas violen sus lápidas.

Atlantista confeso, habitante entonces de ese limbo tolerante en el que se habla de fantasmas que se pudren en la Liga de Ascenso, es inevitable para mí reconstruir la magnificencia de aquel Atlante, pero no el que el nuevo entrenador del América hizo campeón en la Temporada 1992-1993, sino el del torneo anterior.

Dios, cómo jugaba ese Atlante, de nómina muy modesta, pero seguramente debe ser el prototipo de lo que un equipo de La Volpe roza la perfección. Una versión aún más espectacular que su mejor Toluca o su primera incursión en Atlas.

En la temporada 1991-1992 dominaba el torneo. No fue campeón, pero para esa grey tan escasa y ya en extinción, como la atlantista, el embeleso era suficiente.

Platicando con Guillermo Cantú, uno de los actores principales de esa sinfonía de domingo a domingo, lo simplificaba. "Nos divertíamos. Y él (La Volpe) se divertía, aunque siempre nos regañaba. Y sí, estoy de acuerdo en que debe ser la mejor versión de un equipo espectacular en México... pero no fuimos campeones esa vez".

Explica Cantú que La Volpe enfurecía porque "nos decía que estaba bien, que nos divirtiéramos, pero que había que ganar también. En esa Liguilla nos descuidamos. A la siguiente, jugamos para disfrutar y para ganar, y la Liguilla la jugamos distinto, y fuimos campeones", recuerda.

Después del título, José Antonio García comete un grave error: lleva a Hugo Sánchez al Atlante. La colisión de vanidades y la coalición de egos entre el Pentapichichi y La Volpe fue brutal.

El sustancioso proyecto se vino abajo, especialmente por la alianza de extranjeros contra Hugo y quienes lo apoyaban. Lo que pintaba para un equipo de época, se vino abajo.

Este preámbulo, extenso, cierto, es para dejar en claro que si La Volpe consigue simpatizar y empatizar con los futbolistas del América, seguramente en El Nido se habrá hecho la elección correcta.

Con referencias inolvidables en las mejores versiones de Atlante, Atlas, Toluca y selección mexicana, Ricardo La Volpe sólo tiene que dejar al energúmeno ególatra en casa y muy posiblemente tendrá éxito con las Águilas.

Hablemos de sus virtudes, antes de que, insisto, sus esqueletos rompan las puertas del armario y salgan a danzar con el hedor de los fracasos.

La Volpe es un tipo que trabaja arduamente en cancha. Recuerdo haber cubierto prácticas de Atlante y Atlas que se prolongaron por más de tres horas. La adicción a las repeticiones como forma de perfeccionamiento es una obsesión saludable en su caso.

"No lo hagas hasta que te salga bien, hazlo hasta que ya no te equivoques nunca", era su prédica. Y funcionaba.

No sólo es brillante estratega, sino también un técnico de soluciones personales, además de la habilidad para improvisar sobre el flujo del partido, algo que, queda claro, en América no ha habido con las obtusas o miopes formas de ver cada partido en desarrollo, por parte de Mohamed, Matosas, y claro, Ambriz.

Lo que hizo con José Saturnino Cardozo, inventándole una posición impensable, fue una obra de arte de estrategia pura.

En esa personalidad intolerante, psicótica, atosigante, es también capaz de apadrinar al jugador, pero no más de dos o tres veces. Después, lo desecha, lo margina. Perdona el error, pero no la estupidez.

Habida cuenta de esa suma de cualidades, el mejor enemigo o el peor amigo de La Volpe es el mismo. Con ladina facilidad, en un par de buenos resultados, con un par de elogios desmedidos y entonces el narciso déspota que habita en él, se explaya erosionando el entorno. Doctor Jekyll y Míster Hyde.

Y claro, debemos consignar la realidad productiva de La Volpe, porque, como escribió Simmel, "no sólo de caviar vive el hombre". Los esqueletos de sus estadísticas tiene voz y voto. Lo describió estupendamente Guillermo del Toro: "Los números son lo más cercano a la escritura de Dios".

En casi 34 años de carrera, La Volpe sólo ha ganado oficialmente un título, con ese Atlante. Cierto, él armó al Toluca poderoso, con un Cardozo implacable. Debió irse a la selección mexicana, pero, indebidamente, él dio la charla previa a la Final del Apertura 2002, con Alberto Jorge en el banquillo.

Pero, ¿cuántos años de fracaso suma La Volpe?

1.- ¿Catorce si reconocemos el título con Toluca?

2.- ¿Trece si recordamos la Final de la Copa Oro en el Estadio Azteca ante un Brasil B?

3.- ¿U once si nos apegamos a la empalagosa referencia de la Copa Confederaciones de 2005?

4.- ¿O diez años de fracasos para quienes se conforman que después de la peor fase de grupos en un Mundial, deslumbra el Tri ante una Argentina que fue eliminada después por una misérrima versión del anfitrión alemán?

Porque lo de La Volpe en Boca, Banfield, Vélez y Monterrey fue de terror, sin olvidar el desdén traicionero a Costa Rica.

Para este proyecto ante América, si La Volpe lo acepta, tendrá un gran aliado: Ricardo Peláez. A final de cuentas, los dos se juegan su futuro.

Habrá éxito si en medio de esa disputa inevitable por el control del vestuario, hay entendimiento y concordancia, entre un directivo habituado a irrumpir, y un intransigente entrenador.

Hoy el problema del América no es de capacidad futbolística en su plantel, sino de discapacidad espiritual y hormonal.

Con La Volpe llega un entrenador que va a darle motivos de alegría al futbolista en la cancha, a cambio de horas de agobio y de sacrificio entre semana.

Pero, el argentino lo sabe. Llega a Coapa, que en lengua náhuatl significa "lugar de culebras" o "nido de culebras". La Volpe sabrá si toma la flauta y las emboba, las encanta, o se convierte n una de ellas.

Por lo pronto, va ante Paco Palencia. El DT de Pumas fue quien más lo criticó, hasta burlarse incluso, por los premundialistas rituales cabalísticos y esotéricos con la mentalista Cathy, pero fue también quien lo llevó a Chivas.

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LOS ÁNGELES -- Con aliento que reflejaba que había tomado una sobredosis de medicina homeopática, de esos chochitos sumergidos en alcohol, Fidel Kuri salta como protagonista perverso nuevamente.

Suspendido de cualquier actividad oficial ligada al futbol y despreciado hasta por sus propios correligionarios partidistas, el dueño del Veracruz se infiltró de nuevo en las zonas restringidas de un estadio de futbol. Ocurrió en el Cuauhtémoc de Puebla. Polizonte VIP.

Intruso, toda vez que estaba violando una sentencia de la FMF, Kuri Grajales armó de nuevo un espectáculo de intimidación, acoso y amenazas sobre un reportero. Claro, lo rodeaban sus guaruras.

Lo asegura Alberto Cortez en su poema El Vino: "Porque entre el matón y el cobarde sólo media la resaca".

Incluso le dijo que lo esperaba en Veracruz. Hasta el momento, bajo el gobierno de Javier Duarte, compadre de Kuri, han sido asesinados a 19 periodistas por denuncias hechas públicas contra el ejecutivo estatal.

Incluso, Duarte amañó con una trampa legal, hace apenas unas semanas, un fallo contra Kuri Grajales, que inicialmente había favorecido a un grupo de extrabajadores por despido injustificado.

¿Invitar a ese reportero a Veracruz, en ese feudo sangriento para el periodismo, implicaba algo más que el reto formal al comunicador? Eso sólo lo sabe el propietario del Veracruz, un hombre de sólidas convicciones políticas, tanto que ha brincado de curules priistas a panistas y viceversa. Polizonte de sufragios.

Kuri ya fue protagonista de una agresión alevosa contra Edgardo Codesal. A su juicio, entre los vapores alcoholizados, seguramente por una dosis necesaria de remedios homeopáticos, lo confrontó a traición, con los agravantes de premeditación, alevosía y ventaja.

El problema de su reincidencia no es sólo el acopio de posibles trastornos que puedan posesionarse de su mente, sino que además, Kuri ha recibido la bendición del gremio futbolístico, más allá de que la Comisión Disciplinaria ha prometido repasar este hecho reciente ocurrido el martes al término del juego en el que Puebla venció al Veracruz.

1. COBARDÍA COMPARTIDA...

Cuando fue agredido en el Estadio Luis Pirata Fuente, Edgardo Codesal debió proceder penalmente contra Fidel Kuri, con las pruebas de video que lo habrían respaldado plenamente.

Pero Codesal no se atrevió. O mejor dicho, Decio de María le prohibió que llevara su indignación a un juzgado. La víctima rindió homenaje al victimario.

El resultado de este solapamiento de Decio, con la sumisión de Codesal, le dejó en claro a Kuri que gozaba de impunidad y de inmunidad. Truhán VIP, por investidura de la FMF.

2. ABANDONO ABSOLUTO...

Con un Código de Ética que nadie respeta y acaso sólo se usa para castigar levemente a los débiles, el futbol mexicano no se atrevió a proceder contra un quiste evidente en un balompié.

Claro, cómo se rebelarían las otras 17 células cancerosas contra un nuevo vecino de su bochornosa comunidad perniciosa. Todos para uno y uno para todos.

Y claro, la Comisión de Arbitraje, por supuesto, ni siquiera levantó la vista en esa procesión perenne de esclavitud en le que vegeta ante los caprichos de los jerarcas del futbol.

3. LOS 17 CÓMPLICES...

¿Qué hacía Fidel Kuri Grajales en las entrañas del Estadio Cuauhtémoc? ¿Quién le permitió ingresar al estadio con privilegios? y ¿qué directivo del Puebla solapó y prohijó que el dueño de los Tiburones se metiera con sus rémoras, de cinturas abultadas y fajadas al cinto?

Tan culpable es Kuri como quien dio la venia, esa complicidad silenciosa y cobarde para permitir que llegara hasta donde llegó. Por lo tanto, el Puebla también es culpable, porque se pone quisquilloso con reporteros, pero no con usurpadores.

¿Y en cuántos estadios del futbol mexicano ha sido visto Fidel Kuri? El que se le permita entrar a los palcos de los visitantes o al palco de honor de cada escenario es un acto de desacato contra la propia FMF.

Y, por supuesto, del palco al vestidor siempre ha tenido acceso libre, no sólo en otros estadios, sino, obviamente, también en el suyo, en el que supuestamente, también debe ejercerse ese castigo.

Queda claro que así se opera en el futbol mexicano: la Justicia es ciega, pero la injusticia es de los ciegos, en este caso, de los otros 17 ciegos y su respectivo tuerto, Decio de María.

¿Cuál debe ser la resolución de la Comisión Disciplinaria? Muy simple: más allá de vetar de por vida a Kuri Grajales, advertir que al presidente de cualquier equipo que permita el acceso a su estadio con condiciones de privilegio se le debe suspender por un año.

Eso sería lo ideal, pero en un futbol como el mexicano donde aún busco un propietario de equipo que arroje la primera piedra, porque esté limpio de culpa, es prácticamente imposible que se atrevan a tanto. Porque el que entre lobos anda, a aullar se enseña.

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Futbol, México, Veracruz

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LOS ÁNGELES --El aspecto de espectro de Matías Almeyda era la síntesis perfecta. Así murió Chivas. 0-1 ante Tigres. Murió jugando al 'muertito'. El espejismo del Clásico.

Impávido. Estupefacto. Patidifuso. Turulato. Su conferencia de prensa era obsoleta. Almeyda denunciaba que Chivas había muerto de nada. La desesperación lo paralizó.

Y el rictus en la máscara penosamente apenada de Almeyda, se matizaban la impotencia, la esterilidad futbolística de su Rebaño y, claro, las suyas también. El pastor guió al Rebaño a un estado de catalepsia.

Tigres le pasó por encima. Como lo hizo Toluca unos días antes. Este martes, unos primeros minutos, de un primer tiempo, permitieron a Chivas ilusionar a su afición. Atención, disciplina, devoción, vértigo, concentración.

Amo y señor de su estadio, Chivas insinuaba que podía pasar por las armas de manera ominosa la parsimoniosa actitud de Tigres. Fue un espejismo. Acaso un par de sustos al 'Patón' Guzmán. Golondrinas sin verano.

Incluso en el escueto horizonte de la TV, podía apreciarse la fascinante pasión y el gallardo compromiso de los rojiblancos. Uno conducía, dos desbordaban y uno se ofrecía de relevo, mientras por el costado opuesto había movilidad.

Sí, un primer tiempo en que Chivas sobrepoblaba la cancha con la continua movilidad, para despojar y responder. Embeleso de Cenicienta: la medianoche llegó en el medio tiempo.

Más allá, claro, de que en el cierre del primer tiempo, Tigres empezó a hacerse más compacto, adelantando sus líneas, pero regresando el balón hacia atrás, para hacer más congestionada y compacta la zona de disputa de balón, y de esa manera confundió a los jugadores de Chivas... y a su entrenador.

En el segundo tiempo, Chivas dejó de ser y de parecer el amo del vecindario. Le hurtaron la pelota, le impusieron el ritmo y lo mantuvieron bajo confusión. En la cancha y en la banca.

Almeyda nunca supo reaccionar. Hizo cambios por impulsos. Por hábito, pero sin encontrarles una ruta de solución.

Lo más dañino de Chivas eran las jugadas a balón parado, pero no por su creatividad e impronta, sino porque debieron provocar migraña en los jugadores de Tigres, quienes ganaban todo por arriba.

El mismo 'Pelado' se engañó: todavía hoy no se ha dado cuenta, seguramente, que Alan Pulido se fundió en el partido desde el primer tiempo. Quiso ser el héroe vengador de los insultos del 'Tuca' Ferretti y del ingeniero Rodríguez. Al final, pretendiendo abofetearlos, terminó dándoles la razón. De víctima a villano.

Hoy, en este momento, Pulido dio muestras de lo que NO está hecho. En una exhibición de desafío absoluto para él, para consagrarse y vengarse, demostró que no está ni a la altura de sus propios retos y exigencias personales. Su autoestima no sale a la cancha.

Con un golazo de Sosa, Tigres sabía que el partido era suyo. Manipulando esa ventaja, Ferretti hizo más sólidas y cortas en distancias y en recorridos sus dos líneas, y les dio la bendición del latigazo en un contragolpe a sus atacantes.

Y aún más obtuso, cegado, confundido, Chivas parecía que tenía en el pizarrón del 'Tuca' el Teorema de Wiles. Y evidentemente Almeyda pareció, al menos ante Tigres y ante Toluca, que la tabla de sumar del uno ya le es indigesta.

Sin soslayar el anodino, práctico, ordenado, puntilloso y efectivo futbol de los Tigres con Ferretti, Chivas debe lamentar que, por segundo partido consecutivo, su mejor consejera es la que sólo puede ser la peor consejera: la desesperación.

Por eso, el Guadalajara terminó muriéndose de nada. Con la daga hundida en el pecho, no buscó auxilio, sino sólo someterse a la eutanasia del 0-1 para no sucumbir con cifras del ridículo.

Por eso, ese elegante, trajeado, melenudo y ojeroso símil del Pensador de Rodin, que parecía Almeyda en una de las tomas finales del partido, es la reflexión perfectamente perfeccionada de lo que fue el juego: Chivas se murió resignado, sin capacidad de respuesta y sin capacidad para responder; la primera, responsabilidad del técnico y la segunda, culpa del analfabetismo táctico de sus propios jugadores.

Y así fenece Chivas. Como ante Toluca: como un convidado de piedra para jugar al muertito en su propia muerte.

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LOS ÁNGELES -- Evoco a Sabina: "Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar...".

América se encuentra así. A pique. Y sin más islas para naufragar.

Año del Centenario. El año de la glorificación se ha convertido en el año de la condenación. El rey de las utopías se queda sin reino. Hoy es bufón de los bufones.

Año del Centenario. Y había tantas larvas con fantasías dentro, pero que sólo engendran pesadillas. Los gusanos se devoran entre sí. Canibalismo del fracaso.

Ultrajado en su propio castillo de naipes, el América pierde cada batalla empecinado en perder la guerra. El sábado, el León sacó las garras e hizo garras al fastuoso homenajeado.

Y se acerca el 12 de octubre. Y el festejado vive en el abandono. El rey de reyes se viste en el leprosario del fracaso. Hasta sus títulos de Concachampions son baratija telenovelera en la bisutería de Televisa.

La derrota ante Chivas hiede más que los vapores conformistas de remontar ante Cruz Azul. Las heridas sobreviven a cualquier sonrisa forzada.

Y en la mordaz crueldad del abuso, el León llega con un certificado de defunción: el cumpleaños es ineludible, pero el cumpleañero ha muerto en la víspera.

Año del Centenario. Y convoco a García Márquez: "Cuídate el corazón Aureliano (...) Te estás pudriendo vivo". Sí. América se pudre en vida.

Un técnico que no descifra al adversario. Nacho Ambriz, en los últimos días, llena sus plegarias más de disculpas y súplicas, que de instrucciones, órdenes, estrategia, arenga. Su voz se debilita. Ya no hay autoridad en ella, sino un discurso compungido.

A Nacho Ambriz le han hurtado el vestidor. El autoritarismo de Ricardo Peláez encendió la revuelta. Le quitó a su entrenador la cruz, el silbato y la cachucha. Y le ató con el sedal del titiritero. "Baila, Nacho, yo tarareo", seguro le dijo.

Los jugadores fueron disculpados para la anarquía. Y la ejercen. El cinismo se vuelve un acto de renuncia. Hacen de la traición un homenaje. Y corren menos, luchan menos, sufren menos, sudan menos, pero cobran más.

De la abnegación y la autoconsolación ante Chivas, despertaron ante Cruz Azul, que fiel a su linaje veinteañero de víctima, se inmoló por cobardía. León fue un poco más serio. Se decidió a jugar futbol ante tipos que reaccionaban siempre tarde, que contemplaban sin actuar, y les hizo un 2-0, en el propio Nido marchito, que es un marcador de clemencia ante su prostituida víctima.

¿Ganar la Liga? ¿Ganar la Copa? ¿Ganar el Mundial de Clubes? En el Año del Centenario, el América escucha los responsos enredados en el humo espeso de los cirios. El pastel del 12 de octubre será una obra de arte: ¿quién dará la primera mordida al ataúd?

"Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar...". Porque a las Águilas del América se le agotan las excusas. Se le agotan los motivos. Se le agotan los penitentes.

Cierto que las estadísticas aún avivan la flama escuálida y bulímica de esas cien velas. La Liguilla no es inalcanzable, y como saludable y ridículamente dijo Ambriz: "seguimos con vida en la Copa MX". ¿Y...?

El problema es la cancha. Una radiografía cruel. Un equipo desarticulado. El orden y la coherencia de otros tiempos juegan a los dados con Alzheimer. La amnesia, sin embargo, parece voluntaria.

Sambueza se amotina y es capitán de su fracaso. Oswaldito corre con la misma sabiduría que un perro cazando llantas en movimiento. Y su defensa se condena, indultando hasta a los más tullidos delanteros.

Y la desvergüenza habla. Un discurso común y populachero en El Nido. Guión de telenovela, al fin. El sello de la casa.

Todos, desde el traje Boss de Peláez y De Luisa, pasando por desertores de futbolistas, hasta llegar al harapiento costurero de Ambriz, el último en esta cadena antropofágica del autocanibalismo, recitan las mismas promesas de trabajo, de resurrección, de cambio, de redención. Entre ellos, se perdonan todos sus pecados.

La afición tiene meses que ha montado el patíbulo. En el zócalo imaginario de Coapa, sólo esperan el pescuezo de Ambriz. Declaran inocentes a los 23 culpables. Ambriz al menos no ha traicionado. La incompetencia no es un acto de insurgencia. Lo de los otros 23, sí...

En las penumbras, aferrado a cuatro títulos y poca continuidad de sus técnicos, Ricardo Peláez contempla sus errores. Sus Frankensteins desfilan ante sus ojos. Se siente a salvo. En el Teatro Guiñol, la marioneta muere antes que la mano.

De inmediato se viene un Necaxa en urgencias, y unos Pumas que salivan de antemano la visión americanista del mequetrefe. Ambos ven a ése, el que se pudre en vida.

A través de Juan Rulfo, en El Llano en Llamas, se identifica el América: "Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar, está muerta".

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LOS ÁNGELES -- Exiliados. Condicionados. Rebeldes. Subversivos. Insolentes. Selectivos. Ellos, los tres alegres compadres levantan la mano para regresar a un Tri, que naufraga con lastres de escepticismo y pesimismo, tras las actuaciones desilusionantemente azarosas ante Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras.

Giovani dos Santos, con hechos y palabras, cierto en la MLS, pero ha proclamado que quiere regresar a la selección mexicana. El mensaje es directo a Juan Carlos Osorio. Su relación genuina es con el colombiano. Con él consensuaron una pausa, entre ellos deben concertar un regreso.

Carlos Vela, en esa incierta, vacilante, poco seria y socarrona forma de conducirse, ha dicho también que quiere regresar con el Tri, más allá de que en su club le han cuestionado su compromiso y devoción hacia el futbol y hacia la misma Real Sociedad.

Y Jonathan dos Santos, recibe con un trino de Twitter, el empujoncito de su hermano Gio, al pedir que se valore en el futbol mexicano, especialmente al jubiloso y generoso amparo del magnífico gol que marcó con el Villarreal en la Liga de Europa, además de su quehacer en la cancha.

Carlos Vela, Giovani dos SantosImago7

Carlos Vela y Giovani dos Santos quieren otra oportunidad en el Tri.

Socios de verano, bohemios de oficio, y dos de ellos artesanos del México campeón en el Sub 17 de Perú, saltan con la mano en alto, en el momento más inoportuno, pero, también en el momento más oportuno... ¿u oportunista?

Han jugueteado Gio y Vela con ese desdén para jugar por el Tri, mientras que, irónicamente, Jonathan ha sido más víctima de maltratos penosos por parte de los diferentes dictadorcillos en los escritorios de las selecciones mexicanas.

Que agiten banderas Gio y Vela para llamar la atención y quieran subir al buque guardacostas, especialista en naufragios, a labores de rescate, ha sido interpretado de diferentes maneras, en estos tiempos, en que los sudores de histeria invaden a los mercenarios que administran al Tri en su ruta al Hexagonal Final, Copa Confederaciones, y, posiblemente a la Copa del Mundo de Rusia.

¿Son advenedizos los tres? ¿Son oportunistas? ¿O son solidarios? ¿O Gio y Vela, agregando a las filas a Jonathan, entienden que es el momento de sumarse a la famélica legión de los que sufren por las grises actuaciones en los últimos cinco juegos de México?

El momento parece poco adecuado. Hoy, cuando en el paredón les castañean las rodillas y los dientes a jugadores -especialmente los "europeos"--, cuerpo técnico y directivos, parecería que los tres ejercen de trepadores, de aves de rapiña, que hurgan entre los escombros.

No falta quienes interpreten estas manifestaciones de Gio, Vela y la invitación a Jonathan, como un acto malicioso, para exonerarse a sí mismos y condenar al resto, y claro, obsequiosamente, postularse como los mesías.

Creo todo lo contrario. Preferiría creer que Gio, Vela y Jonathan, entienden que más allá de los fariseos directivos, de los centaveros federativos, es urgente la solidaridad hacia el Tri, para una travesía mundialista que entra a un pantano de misterio y suspenso en la fase tortuosa del Hexagonal Final.

Además, levantar la mano en estos instantes, lejos de investirlos como salvadores o redentores, los coloca en una tesitura compleja: quedan obligados a ser factor de solución y cambio. Y de no serlo, podrían terminar como patéticos mártires.

Creo, preferiría creer, en el caso de los dos referidos y del hermano que agregan como parte de la cruzada, que es un genuino acto de madurez, y de que finalmente, entendieron que a los momentos de bonanza financiera, como futbolistas, deben agregarle, ya, la consumación de sus obligaciones de jugadores profesionales.

Gio se refugió en la MLS y seguramente ha percibido que es una Liga que está por debajo de sus virtudes, y más allá de si piensa regresar o no a Europa, algo cada vez más complicado, parece haber entendido que asistir a un Mundial no es lo mismo que competir en un Mundial.

Hoy, Dos Santos y Vela, lo saben, han asistido a copas del mundo, pero no han competido, y menos aún claro, han sido protagonistas memorables, ni siquiera para su terruño.

Estarán ambos en el montón que dirán que no fueron del montón de los que se quedaron sin ir a un mundial, pero sólo serán parte del apéndice, del discreto y sobrepoblado índice, más que convertirse en protagonistas de la historia.

Tal vez, y sólo tal vez, con riesgo de pecar de inocente e ingenuo, creo que Gio y Vela quieren dejar de ser de ese montón de ya meritos sin méritos del futbol mexicano, para que su nombre, al menos en los salones de la Conkakafkiana zona, alguien ponga su nombre en letras de bronce y no en la fosa común de la intrascendencia.

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Futbol, México, Monterrey

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LOS ÁNGELES -- Fue el turno de Monterrey. Está fuera de la Concachampions. Y hay una catarata de lamentos, oprobios, llantos, sublevaciones y reclamos de justicia, pidiendo hasta el suplicio turco para el 'Turco' Mohamed. Las plañideras se desgarran las vestiduras ajenas.

Un club panameño con nombre de mercería en el corazón de Tepito, el Árabe Unido, decían los arrogantes después del sorteo y antes de los juegos, consumó la obra. De manera absolutamente intachable, el club canalero asentó su harem y convirtió en sus eunucos a los jugadores y al cuerpo técnico de Rayados.

Sin decoro, cimitarra en mano, Árabe Unido castró con arrojo de tuaregs a los timoratos jugadores de Rayados, quienes con coraje de ninfas fueron asaltados a doble tanda por los panameños. A los regios, los abrieron en canal.

Luis Miguel Salvador ha sido tajante. En charla con Raza Deportiva de ESPNDeportes, el aún presidente de Rayados, embistió e invistió con epítetos y sin tapujos a su equipo.

Desde "bochornoso", hasta "vergonzoso", "lamentable" e "inaceptable", el dirigente de Monterrey advirtió que la pobre temporada en la Liga y este traspié en el Conkakafkiano territorio -como lo bautizó hace décadas Guillermo Chao- obligaría a medidas extraordinarias.

Detuvo cualquier versión que pusiera en peligro la continuidad de un Mohamed que ya muestra de nuevo sus dotes de vacacionista furtivo y fugaz, que le ocasionaron problemas en el América, pero Salvador salvó de la hoguera a su entrenador.

Evidentemente el registro innoble de la derrota se le endosa al futbol de México, porque ahí viven, ahí amamantan, ahí enriquecen y ahí minan a los autores morales y deportivos del fracaso, es decir, cuerpo técnico y jugadores.

No obstante, en tiempos de frivolidad con la regla 10/8, es necesario recordar a sus sesudos creadores que este fracaso de Monterrey es más endosable a un par de datos: dispone de 13 no nacidos en México y, en total, a Rayados le pertenecen las cartas de 17 no nacidos en México.

¿Pierde el futbol mexicano o pierde la torpeza de planeación del futbol mexicano? Hace unos meses apenas, Monterrey se dedicaba a cautivar en la Liga MX y hoy, en el indecoro, en la ignominia absoluta en el torneo y en la Concachampions, Luis Miguel Salvador ha prometido que el enfermo será atendido en tres frentes.

Salvador no se salva de la quema. Él asume. Y advierte que en lo personal confrontará a Mohamed. Y después confrontará con Mohamed a los líderes del equipo. Y enseguida, toda esa comitiva a su vez confrontará al plantel en pleno, tras, insisto, en la mejor analogía tomando en cuenta al verdugo, la castración a que fueron sometidos. Pasaron de futbolistas profesionales a eunucos amorales.

Más allá de que en Panamá el carnaval se estremezca al ritmo de la murga y alcance a cimbrar caderas de felicidad en Centroamérica, el principal jolgorio se vive en Monterrey. Mientras los Rayados tratan de taparse la cara con papel de china, los vecinos incómodos, los Tigres, encuentran la salitrosa alegría, el ácido desquite, para embarrarles de oprobio la cara a los fronterizos en desgracia. La hiel ajena es la miel propia.

Para colmo, ante la urgencia de lavarse el rostro percudido por esa pastosa mezcla de vergüenza y cinismo con la que deben estar todos en el Monterrey, deben medirse ante un heridísimo Querétaro y una leyenda entre los entrenadores de Rayados, Víctor Manuel Vucetich, de quien se dice incluso podría llegar a ocupar el puesto de Luis Miguel Salvador en enero.

¿Es tan grave lo de Rayados? Lo es más aún por su mal paso en el torneo, aunque ya hicimos referencia hace algunas semanas, de la desgracia absoluta que suele perseguir a los subcampeones.

Recordemos que el Chorrillo, también de Panamá, puso en vergüenza a Cruz Azul, y que los Chivos de Xelajú, remataron los sueños de las Chivas.

Y lo agrava más aún, el hecho de que el plantel de Monterrey era, al arranque del torneo, el más caro del futbol mexicano, con hasta 16 jugadores que han sido o son seleccionados nacionales de su país.

Por ejemplo con lo que le paga Monterrey a Edwin Cardona o a Dorlan Pabón o a Funes Mori anualmente, al Árabe Unido le alcanza hasta para alargarle las pestañas a sus ficticios camellos.

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Futbol, México, Monterrey

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