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La jugada que lo cambió todo

BOSTON -- Fue el típico roletazo a la segunda base. Al ver cómo la pelota daba pequeños saltos hacia Matt Carpenter, uno nunca se hubiera imaginado el caos que estaba a punto de ocasionar.

Pero a veces, en octubre, eso es todo lo que se requiere. Una doble matanza no convertida. Un tiro rutinario que no es atrapado. Una marcación controversial de un árbitro que es arreglada por la Suprema Corte de los árbitros.

Y ¡bam!, todo cambia.

Así que todavía no sabemos si la Serie Mundial 2013 dio un giro definitivo el miércoles por la noche cuando David Ortiz pegó un roletazo inocente para doble matanza, que estaba a punto de ir de dos outs, a un out, a ningún out, más rápido de lo que puedan decir, "Ed Armbrister".

Pero el primero juego de la Serie Mundial seguro cambió para siempre. ¿Al menos podemos estar todos de acuerdo con eso?

Para los Medias Rojas de Boston, eso convirtió una primera entrada sin anotaciones en una primera entrada con tres carreras, que abrió la puerta para una paliza 8-1 llena de diversión, que quedará en la historia como la cuarta victoria con más amplio margen en la historia de la Serie Mundial.

Para los Cardenales de San Luis, bueno, eso llevó al tipo de partido que casi los hace extrañar a
Yasiel Puig.

Tres errores que fácilmente pudieron haber sido cinco. Un elevado de 40 pies que cayó al terreno sin que nadie lo tocara. Cuatro carreras sucias. Y posiblemente un récord para la franquicia en postemporada por la mayor cantidad de Advils consumidos.

"Honestamente", dijo el parador en corto Pete Kozma dijo luego de explicar por vez número 75 qué pasó con el tiro que no pudo atrapar en la segunda base, "no puedo recordar la última vez que jugué en un partido como éste".

Y si él realmente estaba siendo honesto, él también hubiera admitido que no quería recordar la última vez que los Cardenales jugaron un partido como éste. Pero, en aras de refrescar su memoria...

Los Cardenales tuvieron un juego en toda la temporada donde cometieron tres errores. Fue el 22 de septiembre, contra los Cerveceros. No se sentía como el primer juego de la Serie Mundial. En Fenway Park. Con todo el continente observando.

O, al menos, la porción del continente que se preguntaba por qué le había cambiado de canales, dejando de ver "The Big Bang Theory" para soportar este desastre.
Pero el "big bang" en este partido no tuvo nada teórico al respecto.

Este llegó al cuarto bateador en el cierre de la primera entrada. Un out. Corredores en primera y segunda, Ortiz en el plato, con una casa repleta y eufórica. Ortiz hizo exactamente lo que el hombre en la lomita, Adam Wainwright, esperaba que hiciera. Conectó un roletazo a un cutter y lo dirigió hacia la segunda base.

Si ustedes estaban llevando la anotación en casa (o en alguna otra parte del planeta, pensándolo bien), fue difícil resistir la urgencia de anotar de inmediato un gran 4-6-3 justo cuando la pelota se despegó del bate.

Cuestionado posteriormente si él había pensado, "Doble matanza", en cuando vio la pelota botando hacia él, Matt Carpenter respondió: "Sí, seguro. Fue bateada muy suave. Y él no es el corredor más rápido, ¿saben?".

Correcto. Lo sabemos. Pero las cosas comenzaron a enloquecerse inmediatamente después que Carpenter recogió la pelota e hizo un envío perfecto hacia Kozma, quien juega el campocorto para este equipo simplemente porque él es el mejor defensor en el campo que no se llama Yadier.

La pelota se cayó del guante de Kozma mientras el cruzaba sobre la colchoneta. El ampáyer de la intermedia, Dana de Muth, observaba los pies de Kozma pasar sobre la almohadilla en lugar de verlo atrapar un tiro de rutina – y sacudió un puño en al aire, diciendo que Kozma había soltado la pelota cuando se preparaba a lanzarla. Así que los Cardenales tenían en esa jugada al menos un out que necesitaban desesperadamente.

Pero no por mucho.

Lo que pasó después, prácticamente nunca ocurre.

Debería de suceder. Pero no sucede.

Los otros cinco ampáyers en el terreno se reunieron con DeMuth y votaron unánimemente -y correctamente- que Kozma nunca había atrapado la pelota.

Así que, de repente, en lugar de que la entrada hubiera terminado -o que hubieran dos outs y dos corredores a bordo- los Medias Rojas tenían la casa llena. Y Mike Napoli estaba a punto de plantarse ahí y pegar un doblete por el hueco que remolcó tres anotaciones.

Y Big Papi llegaría de forma devastadora a la registradora, con una barrida enfática que registró 8.3 en la Escala de Richter.

En un periodo increíble de cuatro lanzamientos, los Cardenales habían ido de tener dos outs… a un out... a cero outs... a, bueno, "se acabó el juego". O algo así.

A partir de ese instante, un momento horrible de los Cardenales parecía llevar a otro. Wainwright dejó caer a sus pies un elevado de Stephen Drew para comenzar la segunda entrada Kozma hizo otro error. La pizarra estaba 5-0 a favor de los Medias Rojas, luego de dos entradas. Y nos vemos mañana por la noche.

Y cuando todo ese escombro había cesado de caer, no era complicado unir los puntos hacia un roletazo inocente para doble matanza que se convirtió en algo épico que alteró el juego.

Y una primera entrada que será de las más extrañas que jamás se haya visto en la Serie Mundial.

"Fue raro, muy raro", dijo Shane Victorino, de Boston, acerca de la entrada que obligó a Wainwright a realizar 31 lanzamientos –y media hora—para poder salir. "No pienso que pueda escribirse un libreto o algo parecido. Cuando ocurre, simplemente dices, 'Wow'".

O, si observaban desde San Luis, quizá hayan dicho varias palabras que no deben ser pronunciadas próximamente en un capítulo de "Bob Esponja".

"Es lo que ocurre en el béisbol a veces", dijo Carpenter. "Cuando una jugada como esa ocurre, enreda todo el inning. Y no puedes detener el sangrado. Y, cuando menos te das cuenta, ya pierdes 5-0".

Cuestionado acerca de si se sentía que la entrada nunca terminaría, Kozma lució por un momento como un hombre atrapado en una pesadilla de la que no puede despertar.

"No realmente", dijo finalmente. "Pero si hubiéramos seguido cometiendo errores nunca hubiera terminado".

"Cuando ocurre", dice Carpenter, "estás enfocándote, lanzamiento por lanzamiento, intentando salir de eso. Pero es una de esas cosas que, cuando acaba, dices, 'no creo que eso acaba de ocurrir'".

Y no era el único.

Ahí estaba la marcación revertida, por ejemplo.

En cuanto Dustin Pedroia se barrió en la intermedia y vio que la bola cayó al terreno, él afirma que le dijo de inmediato a DeMuth: "Kozma soltó la pelota". DeMuth lo volteó a ver al instante y dijo, "No, él ya estaba en la transición". Y Pedroia pensó que eso era todo.

Pero su mánager, John Farrell, salió corriendo al campo para sugerir que quizá no debería ser todo. Farrell apenas comenzaba a alegar su caso cuando él y DeMuth fueron rodeados por los otros árbitros. Y cuando DeMuth miró hacia arriba y se dio cuenta por qué el resto de su cuadrilla se había reunido a su alrededor, confesó: "Cuando veo eso, es una sensación horrible".

Excepto que sus compañeros hicieron algo por lo que deberá estarles agradecido durante un buen tiempo: lo sacaron del problema. Pero, por tener la marcación correcta, ellos también encendieron a los Cardenales –que peleaban por cada out que pudieran obtener.

"No pienso que jamás haya visto una jugada como ésa que fuera revertida", dijo Kozma. "Usualmente, todo depende del hombre que la vio. Y los otros árbitros -ellos están viendo otras cosas, supongo. Pero no sé. No soy un árbitro".

"No es una jugada que haya visto antes", señaló Mike Matheny, mánager de los Cardenales. "Y estoy muy seguro de que había seis ampáyers en el campo que tampoco habían visto esa jugada jamás. Es una época complicada para debutar una marcación revertida—en la Serie Mundial".

Incluso Wainwright, el Cardenal que de hecho estaba dispuesto a conceder que "Pienso que ellos hicieron la marcación correcta", sonrió avergonzadamente cuando le cuestionaron si estaba a favor de que los ampáyers se reunieran para definir marcaciones como ésa.

"No", dijo de forma seca, "si va en contra de nosotros".

Pero podemos tocar la etiqueta del arbitraje moderno en otra ocasión. La pregunta más importante, de esta noche y quizá de toda la Serie Mundial, es si esta alocada cadena de sucesos que detonaron esa jugada y esa marcación fueron casi responsables directos para que los Medias Rojas tomaran ventaja de un triunfo a cero en una serie donde cuatro victorias te hacen ganar un desfile.

Wainwright hizo su mejor intento para asumir la culpa, diciendo una y otra vez que él había "apestado", que no podía encontrar su envío "desde el primero hasta el último lanzamiento que realicé", y que el doblete productor de tres carreras de Napoli había sido el resultado de un "lanzamiento horrible", y no algún tipo de resaca por esa jugada alocada.

Pero sus compañeros no permitieron que su as se hiciera el único responsable por esta debacle.

"Toda la entrada salió mal", afirmó Carpenter. "Se sentía como que se nos escapaba de las manos, antes de que pudiéramos encontrar la forma de detenerlo, o de saber qué ocurría. Esa marcación cambió toda la forma en cómo se desarrolló la entrada".

Pero, por supuesto, había dos equipos jugando en este partido. Y si los Medias Rojas no hubieran pisado el acelerador luego de recibir semejante oportunidad, quizá tendríamos una opinión diferente de esa jugada, de esa marcación, de ese partido y posiblemente de toda la Serie Mundial.

"Para nosotros fue recibir una segunda oportunidad ahí y la capitalizamos", afirmó Victorino. "Y eso es lo que se requiere para ganar una Serie Mundial. Debes capitalizar ese tipo de errores".

Revisen la historia de la Serie Mundial y descubrirán que él tiene razón. Piensen acerca de cuántas de esas han cambiado con una jugada, una marcación, un error, un swing, un cambio dramático en la inercia.

Y especialmente cuando ocurre en el primer partido. Hay una razón por la que solamente cuatro de los últimos 25 equipos que han ganado el primer partido de la Serie Mundial terminaron perdiendo dicha serie. Así que esa mirada en el rostro de Pete Kozma la noche del miércoles lo decía todo.

Una enorme derrota en un partido enorme reposaba sobre sus hombros. Y nadie estaba más atento de eso que él.

"Pienso que todo mundo pone sobre sus hombros algo de ese partido", dijo con voz baja. "Pero la buena noticia es que mañana tendremos otro partido".