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Tenis en México 1968: una gran exhibición a mitad de camino

Santana impuso su mayor jerarquía en la final ante el joven Orantes. Getty Images

BUENOS AIRES -- Las cinco medallas de oro de Estados Unidos habían quedado como la última imagen del tenis en los Juegos Olímpicos, allá por París 1924. Y aún faltarían algunos años para su regreso a la fiesta deportiva de manera oficial, situación que se terminó dando en Seúl 1988. Pero antes, un oasis en México 1968. Una exhibición con un total de 46 jugadores de 15 países, con singles y dobles, en partidos repartidos en dos competencias en Ciudad de México y Guadalajara, ambas recibidas con gran aceptación del público y los participantes.


¿Por qué se dio la vuelta del tenis en México? En épocas en la que el deporte se dividía entre amateur y profesional, los organizadores habían decidido unos años antes, cuando los escogieron como sede en 1963, que el tenis fuera una de las disciplinas de exhibición. La razón, ni más ni menos, fue que por entonces contaban con Rafael Osuna, N°1 del mundo. El único mexicano en ganar un Grand Slam en singles (US Open '63) rápidamente había asegurado su presencia en caso de que la competencia se llevara a cabo. Y manos a la obra, con la postura de hacer no sólo un evento sino ¡dos!

Uno se iba a denominar 'de exhibición', y se iba a disputar en la Ciudad de México, y el otro se iba a llamar 'de demostración' y se jugaría en Guadalajara.

Osuna, cabe destacar, cumplió con creces en México DF, al ganar los oros en singles y dobles. Y hoy en día es una de las postales más recordadas en su país cuando se habla de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, cuando por el mundo se habla de tenis en México 1968 enseguida salta a la luz la otra final, la del evento 'demostración' que se jugó en Guadalajara, con dos españoles en el duelo decisivo.

En un cuadro de calibre con ganadores y finalistas de Grand Slam como el italiano Nicola Pietrangeli, el francés Pierre Darmon, el español Juan Gisbert y el ruso Alex Metreveli, el español Manuel Santana sacó al propio Osuna -que también participó en esta competencia- en semifinales y se abrió paso hasta el partido por el Oro en el polvo de ladrillo de Guadalajara ante su compatriota Manuel Orantes, un joven de 19 años que recién empezaba a dar sus primeros pasos en el circuito y que hacía menos de un mes había firmado su primera victoria ante "su ídolo" Santana, 11 años mayor, en la final del torneo de Madrid.

Pero en Guadalajara pesó más la experiencia y jerarquía de Santana, que llegaba a la contienda con, por ejemplo, cuatro títulos de Grand Slam (Roland Garros 1961 y 1964; US Open 1965; y Wimbledon 1966) sobre sus espaldas. De todas maneras tuvo que batallar de lo lindo ante Orantes. Fueron cinco sets de destrezas, habilidad y momentos tensos. Y también de reacción, porque el de Marbella, antes del festejo, estuvo 0-1 y 1-2 en sets. El marcador final fijó un inolvidable 2-6, 6-3, 3-6, 6-3, 6-4.

El post Juegos Olímpicos tiene una perla: Santana, además de la medalla de oro por la demostración, recibió un cheque con una suma irrisoria por su título. Y él, a modo de burla, lo enmarcó y lo colgó en su casa para que lo vea cada uno que lo visitaba. Atento a la situación, unos años después, el también español Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional entre 1980 y 2001, intentó hacer olvidar ese desajuste federativo obsequiándole un reloj de oro por lo realizado en 1968.