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Martín Bater | ESPN Digital 349d

Monica Puig: De promesa con potencial a campeona olímpica imparable

Desanda el sendero de la memoria. Regresa al momento en el tiempo en el que eras apenas un niño jugando a tu deporte preferido y pretendiendo que eras tu héroe olímpico preferido. Michael Phelps, Jesse Owens, Simone Biles... en realidad no importaba, ya que al final eras tú el que convertía a su sueño en realidad ganando la medalla dorada.

Para la gran mayoría de nosotros eso es lo que siempre será, un mero anhelo, pero la tenista puertorriqueña Monica Puig logró que ese sueño se conviertiera en una increíble realidad que sobrepasó hasta a sus pensamientos más surreales y cambió su vida para siempre tras escuchar su himno en la cima del podio como campeona del tenis femenino en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

"Todavía tengo que parar y pensar en lo que hice en Río. Reflexionar sobre todo lo que ha pasado desde que gané la medalla de oro y todavía no me lo creo", dijo Puig durante una entrevista exclusiva con ESPN Digital en Miami poco más de dos meses después de tocar el cielo con las manos.

Tengamos en cuenta que esta flamante ídola del pueblo boricua es profesional desde septiembre del 2010 y nunca había jugado en los Juegos Olímpicos o alcanzado siquiera los cuartos de final de un Grand Slam antes de esa racha mágica en Brasil.

La incredulidad y alegría de Puig era tal la noche de aquel sábado 13 de agosto que se levantaba cada hora para asegurarse de que la medalla que ganó, derrotando a la alemana Angelique Kerber (actual número uno del mundo) por 6-4, 4-6, 6-1 en una final infartante, seguía allí a su lado en la mesita de luz y que todo no era apenas un sueño.

"Me desperté sabiendo que sí lo logré y fue lo mejor", Puig expresó con una sonrisa de oreja a oreja.

Esa alegría se validó todavía más el 15 de noviembre de este año cuando se llevó un galardón a casa tras ser nombrada Mejor Atleta Femenina de los Juegos Olímpicos 2016, un honor que la "emocionó y llenó de orgullo".


Ganar una medalla de oro significa permanecer a un club selecto de campeones envueltos en los colores de la bandera de su país, pero esto también te introduce a estar bajo la lupa tanto personal como profesionalmente más que nunca antes. Tu vida nunca vuelve a ser la misma.

Puig vive en Miami pero es "100 por ciento boricua" y le gusta ser identificada como tal, aun si ella a veces se traba con algunas palabras "hablando demasiado rápido en español". Su rutina se volvió un torbellino imparable tras los JJ.OO. , generando una ola de admiración e idolatría que no se esperaba.

"¡Me dicen gracias y yo les pregunto '¿por qué? Me responden que es por darles esa medalla y yo les digo que lo hice porque quería darle ese orgullo y felicidad a Puerto Rico con mucho corazón. No hace falta agradecerme", opinó una Puig humilde que se emocionó hasta las lágrimas de alegría después del desfile que su gente le otorgó para festejar su inmenso logro.


Esas lágrimas también eran por los recuerdos que estas evocaban, sobre lo difícil que fue sobreponerse a la adversidad y como ella se estaba yendo de Toronto hace apenas un año preguntándose si su gran salto de calidad llegaría alguna vez. Su confianza estaba hecha trizas tras perder en las semifinales de los Juegos Panamericanos 2015 contra la mexicana Victoria Rodríguez, quien no estaba ubicada siquiera entre las 300 mejores del mundo en aquel entonces, por 6-2, 3-6 y 2-6.

Puig terminó ganando la presea de bronce en tres sufridos sets contra la estadounidense Lauren Davis, pero ese premio sabía agridulce. El tipo de mal sabor de boca que la motivó a apuntar hasta las estrellas en Río.

Si ella iba a perder, lo haría dando pelea.

"Puedes jugar bien y perder por 6-0, 6-0 porque tu rival tuvo una tarde perfecta, pero debes concentrarte en lo que tú haces dentro de la cancha", reflexionó Puig.

PUIG-MANIA IN PUERTO RICO

Para entender mejor el nivel de admiración que Puerto Rico tiene por Puig, consideremos que la fiebre por el tenis ha llegado a niveles inusitados hasta hace muy poco tiempo en un lugar donde el béisbol es rey y el básquetbol lo sigue a distancia prudente en popularidad.

El tenis en si no había estado presente en el radar boricua desde hace rato. El gran legado de Gigi Fernández, campeona olímpica representando a los Estados Unidos en los Juegos de Barcelona '92 y ganadora de varios títulos más en el circuito, había dejado un vacío hasta que Puig apareció como una estrella brillante para ganarse un tributo en la conciencia colectiva puertorriqueña con un mural que dice (Gracias, Mónica).

Ahora el entusiasmo es tal que las entradas para su amistoso contra la rusa María Sharapova en el Coliseo de Puerto Rico del 15 de diciembre se agotaron prácticamente un día después de que se pusieron a la venta.

Es cierto que Sharapova atrae mucha atención en lo que fue su primer partido desde su controversial suspensión por doping pero, más allá de ello, Puerto Rico parece enamorado del tenis gracias a Puig.

Es ese sentido de orgullo y pertenencia que nos permite comprender como una sola persona es capaz de elevar a toda una población, pero no se olviden de que el peso de esa responsabilidad te puede llegar a abrumar si no tienes cuidado. Es por eso que ella se respaldó en su amigo Juan Martín Del Potro como consejero.

Es que, claro, el tandilense cuenta con credenciales únicas como campeón del U.S. Open en el 2009 y ganador de la medalla de bronce en Londres 2012 y plata en Río 2016.

"No hablé mucho con Juan Martín en las Olimpiadas, pero sí en el U.S. Open. Le conté sobre como yo no sabía manejar toda la atención y él me dijo que tampoco lo esperaba al llegar a Argentina. Eso me tranquilizó y me hizo saber que era normal", dijo una Puig aliviada por saber que no estaba sola gracias a un colega tornado amigo en Río de Janeiro y valioso consejero en Nueva York días después.

Ella se considera una persona abierta y sociable, así que la experiencia en la Villa Olímpica era lo mejor para ella. Los recuerdos de simplemente pasar el tiempo con otros atletas boricuas en un ambiente "más abierto y social" de lo que representa el día a día del Tour de la WTA.

Allí fue donde se hizo amiga de Rafa Nadal y el mismo Delpo.

"(Del Potro) me inspiró mucho cuando ganó su semifinal y yo estaba por entrar a jugar la final. Lo vi llorando, festejando a puro abrazo con su equipo y disfrutando el haber llegado a una final olímpica. Me hizo querer sentir esa misma alegría inmensa".

Aquellos momentos le permitieron relajarse rumbo a la gloria acompañada por su perrito llamado Río, quien también se convirtió tanto en su mejor amigo como amuleto de la suerte en Brasil.

"Cuando llegué a cuartos de final me puse el objetivo de ganar la dorada. Le gané a Muguruza 6-1, 6-1 y fue en ese momento que dije que puedo ganar"

NUEVA VIDA, NUEVAS EXPECTATIVAS

El ultimo Grand Slam de la temporada arrancó apenas poco más de una semana después de que el torbellino olímpico había culminado, pero esta joven de 23 años no pudo arrastrar el envión de su consagración ya que terminó cayendo en la primera ronda contra la china Zheng Saisai, 61 del mundo, en sets corridos.

El terminar el 2016 dentro de la cancha de esa manera pudo haberse sentido raro, pero eso no desalentó a Puig para nada. Después de todo, ella puede decir que derrotó a dos de las 10 mejores jugadoras del planeta (Muguruza y Kerber) para convertirse en apenas la decimotercer mujer que escuchó su himno sonar en el podio olímpico.

Ahora ella es la número 32 del mundo, un puesto que le asegura evadir a las rivales top en la primera ronda del Abierto de Australia en enero próximo, el primer Slam y un torneo para el que ya se está alistando tanto física como mentalmente.

"A mí me encanta Australia. Sería genial volver a estar en la final del torneo al que llegué a la final como Junior (en el 2011). No se me ocurre un mejor lugar para ganar mi primer Grand Slam", dijo una Puig ilusionada.

Ella admira a la estadounidense Serena Williams y con razones de sobra al ser testigo de los 22 Grand Slams y su racha de 186 semanas consecutivas como número uno del mundo.

"Serena fue número uno por tanto tiempo por algo. Prácticamente te puedo asegurar que ella no ganó cada noche jugando bien. Yo no podía creer que ella perdió en los Juegos Olímpicos".

"En esta pretemporada voy a trabajar mucho en lo físico y lo mental para llegar a Australia en óptimas condiciones. Los campeones son los que pueden ganar jugando mal, no siempre vas a estar a pleno".

Su objetivo es conseguir ese tipo de fortaleza mental semana tras semana.

"Yo creo que ahora no me pongo tan nerviosa y entiendo un poco más como tengo que jugar para ganar. Ahora lo estoy disfrutando un poco más y no me pongo tanta presión como antes, cuando tenía miedo de perder", reflexionó Puig, quien ya no necesita revisar su mesita de luz ya que está soñando despierta hoy en día.

Su decisión de hace unos años de convertirse en jugadora profesional en vez de estudiar en universidades prestigiosas donde debió haber sido amateur como Stanford y UCLA ha rendido frutos.

"A mí no me importa si no hay plata o no hay puntos, para mí se trata del orgullo de ser una campeona olímpica. No hay muchas mujeres en el Tour que lo sean, ya que es una oportunidad única que llega cada cuatro años, mientras que uno tiene cuatro chances por año de ganar un Grand Slam".

"Cuando estaba en el estadio yo veía fotos de todos los campeones de las Olimpiadas y uno no veía las de los que ganaron la de plata o bronce. Yo quería volver en cuatro años y ver mi foto allí junto a ellos...Cumplí uno de los objetivos más grandes de mi carrera y sé que quiero cumplir más cosas. Empiezo a pensar sobre mi carrera con un poco más de disciplina. También hay muchas otras presiones y expectativas que vienen a mi mente, pero lo estoy disfrutando".

Su alegría es compartida por todos los latinos, y eso no es algo que sucede con asiduidad. Por eso es importante recordar lo difícil que es llegar a la cima y saber que llegar a la cima toma sangre, sudor y lágrimas, pero que al final el recorrido para lograrlo vale la pena.

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