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Lo que dejó el Huracán María: La casa que construyó Adriana Díaz

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Adriana Díaz y su experiencia con el Huracán Maria desde fuera del país (1:43)

La ganadora de cuatro medallas de oro en tenis de mesa en Barranquilla 2018 recuenta las condiciones a las que regresaron en Puerto Rico tras el desastre natural del 2017. (1:43)

UTUADO, Puerto Rico - Muy pocas cosas quedaron de pie en Utuado tras el azote del huracán María hace un año.

El municipio del interior montañoso central de Puerto Rico, con una población de 33,000 habitantes, reportó cuatro muertes directas y 70 indirectas, según cifras provistas por el alcalde Ernesto Irizarry. Su paso dejó al pueblo a oscuras por y por semanas sin comunicación con el resto de la Isla. Cientos de personas perdieron la totalidad de sus hogares, la comida y el agua potable escasearon por buen tiempo en lo que se encontraba el camino para hacer llegar la ayuda.

Las imágenes de los residentes del Barrio Río Abajo ingeniándoselas -y en ocasiones poniendo en riesgo su vida- para llevar alimentos a su familia recorrieron el mundo. El puente que da acceso a esas comunidades se derrumbó por completo y quedaron aislados. Así estuvieron por meses por lo que se autodenominaron “la comunidad de los olvidados”. No fue hasta abril que el puente fue reparado.

“ Nunca nos van a poder decir de verdad cuanta gente murió (en Puerto Rico) como consecuencia del huracán. Yo nunca había vista tanta destrucción, tanta gente sufriendo. Utuado fue de los tres pueblos más afectados en Puerto Rico. Y todavía hay muchas carreteras dañadas, solo tres puentes han sido reparados. El último sector en ser energizado fue en agosto”, dijo Irizarry.

Entre las pocas cosas que quedaron de pie está la sede del club de tenis de mesa Águilas de la Montaña, una instalación única en la isla de la cual salieron los integrantes de los equipos nacionales de este deporte Puerto Rico, encabezados por la joven olímpica Adriana Díaz.

Díaz ganó cuatro medallas de oro en los pasados Juegos Centroamericanos y Del Caribe de Barranquilla, y está clasificada entre las primeras 40 del mundo en sencillos a pesar de que solo tiene 18 años. La jugadora, quien viene de una familia dedicada en su totalidad al deporte, se ha convertido en el símbolo de la recuperación del pueblo, no solo con la alegría que brindó en la justa regional, sino por el apoyo y la esperanza que ella y su club brindaron durante la emergencia.

Tras el huracán, el club que ya era motivo de orgullo para los utuadeños, alcanzó otro nivel, dijo Irizarry.

El club Águilas de la Montaña tuvo un rol importante en la recuperación del pueblo al ayudar con la distribución de suministros, abrió sus puertas para dar esparcimiento durante largos meses de desolación y cerró, literalmente, con broche de oro con su extraordinaria labor hace unos meses en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Barranquilla, Colombia. En esa justa regional, los tenimesistas boricuas sumaron ocho medallas (cuatro de oro, dos de plata y dos de bronce). Los ocho atletas que lograron medallas son producto del club y siete de ellos son utuadeños.

“El club Águilas de la Montaña le devolvió la esperanza a este pueblo. Le devolvió la alegría, las ganas de luchar. En uno de los momentos más tristes que estaba pasando el pueblo, esos niños y jóvenes nos cargaron en sus hombros y nos levantaron. Son nuestros héroes”, dijo Irizarry.

AYUDA DE CORAZÓN

Adriana, recientemente clasificada número 33 a nivel mundial, expresó que dentro de la situación tan difícil que estaban enfrentando, fue una alegría poder ayudar a sus compueblanos.

“Yo creo que nuestro club fue muy importante. Los niños que estuvieron aquí luego del huracán se pudieron distraer un poco practicando”, dijo Adriana en una reciente visita de ESPN al club.

“Repartimos alimentos y suministros para que dentro de todo, lo pudieran pasar un poquito mejor. Ayudamos mucho al pueblo, ayudamos a levantar a Utuado. Estoy muy contenta de que pudimos ayudar en algo”, agregó la estelar jugadora que en Barranquilla ganó oro en sencillos, dobles mixtos (junto a su primo Brian Afanador), dobles femeninos (con su hermana Melanie) y por equipo (con Daniely Ríos y sus hermanas Melanie, Fabiola).

"El club Águilas de la Montaña le devolvió la esperanza a este pueblo. Le devolvió la alegría, las ganas de luchar" Ernesto Irizarry, alcalde de Utuado

“Ayudamos a nuestro pueblo a través de unas actividades con varios auspiciadores de Adriana. Trajimos suministros y un poco de diversión”, dijo por su parte Bladimir Díaz, padre de Adriana, Melanie y Fabiola y entrenador del Equipo Nacional femenino.

Alexis Pietri, entrenador en el club Águilas de la Montaña, dijo que junto con los padres de los jóvenes participantes decidieron ellos mismos habilitar las instalaciones, aún sin agua y luz.

“Cuando entramos al club, había entrado mucha agua, se fueron unas planchas y había mesas viradas, algunas dañadas. Junto con los padres, buscándole una alternativa a sus hijos, decidimos nosotros mismos limpiar con cubos de agua y no esperar por las autoridades porque en ese momento había otras personas que necesitaban más. Había que sacar a los niños y despejarle la mente de dicho trauma. En coordinación con el municipio hicimos un centro de distribución de ayuda”, sostuvo Pietri.

ANGUSTIOSA DISTANCIA

Adriana recordó que al momento del huracán el equipo nacional femenino se encontraban en una competencia en Colombia y no pudieron llegar a Puerto Rico hasta un mes después del desastre. Su madre Marangely y su hermana menor Gabriela estaban en Puerto Rico.

“Cuando íbamos para Puerto Rico ahí fue que nos dijeron de María. Nos tuvimos que quedar en Colombia porque cerraron el aeropuerto de Panamá, nos quedamos incomunicados con nuestra familia. No supimos de ellos en mucho tiempo y nos tuvimos que ir a Miami. Estuvimos ahí unos días y después salimos a Japón a entrenar porque no podíamos regresar a Puerto Rico”, dijo Adriana recordando esos angustiosos días.

La situación, obviamente, no era la ideal para estar enfocados en entrenamientos y competencias.

“Eso causaba tensión en las niñas pero nosotros estábamos tratando de entender de que nuestra familia estaba bien y nos quedábamos en el hotel tratando de encontrar noticias hasta que por fin pudimos saber de nuestro pueblo. Cuando vimos las imágenes nos impactaron mucho. Poco a poco fuimos teniendo comunicación con la familia y pudimos hacer los viajes a Japón y China que los teníamos programados”, dijo Bladimir.

Pietri también estaba fuera del país con una delegación de la categoría pre infantil en una competencia en Paraguay.

“Yo me mantuve enfocando a los niños en el entrenamiento diciéndole que todo estaba bien. Pero en los videos uno veía la angustia y nosotros allá en un hotel con esos lujos, sin comunicación con Puerto Rico, con la incertidumbre de no saber de nuestros familiares. Mi casa fue perdida total, fueron tres pies de agua”, recordó Pietri.

El jugador profesional utuadeño Daniel González también estaba lejos de su pueblo.

“Yo estaba en Suecia preparándome para la temporada que iniciaba en octubre”, dijo el también medallista en Barranquilla, sobre su recuerdo de lo sucedido el año pasado. “Yo no tuve comunicación con mi familia como por dos meses. Y fue por mensaje de texto. Escucharlos fue un poco más”.

Luego de viajar a Colombia, Miami, Japón y China, finalmente, un mes luego del desastre, Adriana, su padres y sus hermanas pudieron llegar a Utuado.

“No había luz, no había agua. Era un poquito raro entrenar en esas condiciones pero había que hacerlo. Cuando llegamos la gente estaba triste, obviamente lo que pasó había sido fuerte. Cuando todo el club fue a repartir suministros la gente estaba más feliz”, dijo Adriana.

“Yo pude venir por una semana en navidades y fue devastador ver como estaba el pueblo. En mi casa llegó la luz en abril. No había agua, había que bajar al río a buscar agua para bañarse”, manifestó por su lado González.

Los Díaz residen en el sector Bubao en el centro del pueblo. Bladimir dijo que al llegar “ese sector estaba destrozado. Una escuela se destruyó, muchas casas se destruyeron. Yo tuve la suerte, la dicha, que a mi casa no le pasó nada”.

“Es duro rememorar eso. La desolación, palos pelados o caídos, bache por todos lados, casas inundadas. Esto (en Utuado) parecía un desierto”, comentó Pietri.

"No había luz, no había agua. Era un poquito raro entrenar en esas condiciones pero había que hacerlo" Adriana Díaz, tenimesista

Además de toda la ayuda que brindó el club, los atletas estaban conscientes de que necesitaban brindarle al pueblo esa alegría que dan los triunfos internacionales. Por eso para ellos los Juegos Centroamericanos y del Caribe fueron especiales.

“Teníamos en mente que venían unos juegos que iban a significar mucho porque Puerto Rico había pasado por una catástrofe y nuestra meta también era traerle alegría al pueblo. Por eso para mi estos Centroamericanos significaron muchísimo”, dijo Melanie, ganadora también de medalla de plata en dobles mixtos junto a González en una histórica final contra Adriana y Afanador.

González dijo que al llegar de Colombia “nos expresaron que hubo gente llorando de la alegría cuando ganamos las medallas. Teníamos una caravana pendiente en Utuado y llegamos como a las 10:00 de la noche. Pensábamos que por llegar a esa hora no iba a haber tanta gente y nos esperaron en la entrada al pueblo y después toda la gente salió de las casas para felicitarnos. Nos dijeron que le habíamos traído alegría al pueblo después de tanto sufrimiento”.

ÍCONO DEL PUEBLO

El Club Águilas de la Montaña se fundó hace casi tres décadas y según explicó Pietri, fue bautizado así en honor al legendario fondista utuadeño Jorge ‘Peco’ González medallista de oro en el maratón de los Juegos Panamericanos de 1983 en Caracas. El edificio en que ubica lleva el nombre de Zaida Nieves Andújar, fundadora del club de Tenis de Mesa de Utuado y madre de Bladimir y el ex jugador Eladio Afanador (padre de Brian).

“Comenzamos a jugar desde niños. Ella (Nieves Andújar) fue la que nos formó y nos llevaba a los torneos”, dijo Pietri.

En el club opera una escuela secundaria especializada. Actualmente cuenta con 18 estudiantes.

“De ahí los muchachos salen al profesionalismo o a la universidad con una beca deportiva. Luego a las 5:30 de la tarde, comienza la parte del club que trabajamos con niños desde los cuatro años de edad con miras a que entren luego en la escuela especializada. Ahora mismo tenemos unos 70 jugadores”, dijo Pietri.

“El club se ha convertido en un ícono de este pueblo. Y eso lo digo con mucho orgullo, de corazón. Al ver que nosotros siempre le estamos trayendo gloria, triunfos y cosas buenas al pueblo, la gente nos ha visto con buenos ojos”, expresó Bladimir, mientras que Pietri aseveró que “más que un club de tenis de mesa, somos una gran familia. Y esa es la base de nuestro éxito”.