Other Sports
Alfonso Duro | ESPN Digital 117d

Los mejores regresos de 2018 en el mundo del deporte

El deporte nos inspira por las conmovedoras historias que nos deja con cada competición. Ya sea por un nocaut incontestable sobre un ring, o una victoria sorpresiva en una cancha de tenis, o por un golpe espectacular en el tapete verde de un campo de golf, pocas cosas en la vida nos aportan el chute interno de endorfinas que el mundo del deporte nos brinda semana tras semana. Por eso éste se convierte en una pasión casi adictiva, la cual acaba por convertirse en una parte esencial de nuestro día a día, para lo bueno y para lo malo.

Quizás por eso las historias de regresos triunfales nos emocionan tanto.

Son momentos del deporte que nos sacan de la rutina semanal, del ganar o perder, para llevarnos a un lugar mucho más profundo, donde la historia tiene más que ver con la superación, el orgullo, la constancia. Son historias de gente a la que se le marcó un camino pero que rehusó a tomarlo. Personas que han sufrido grandes imprevistos en sus carreras, ya sea por problemas físicos, porque decidieron retirarse y al tiempo les volvió a picar el gusanito de la competición, o porque se vieron apartados de poder llevar a cabo su mayor pasión por motivos ajenos a ellos --problemas de contratos, suspensiones, sanciones, etc., pero a la vez personas que no se dieron nunca por vencidas.

Algunas de las mejores historias del apasionante mundo del deporte se han escrito tras regresos dorados. Casos como el de Michael Jordan con los Chicago Bulls en 1995, o el de George Foreman volviendo al cuadrilátero a los 38 años tras una década sin pelear para volver a consagrarse campeón del mundo, son algunos de esos momentos que nunca se nos borrarán de nuestras memorias, y que pasarán de generación en generación en conversaciones que transmitirán la pasión por el deportes de padres a hijos e hijas.

En 2018 varios de esos regresos deportivos han sido grandes noticias que merecen ser recordadas por lo que supusieron para los protagonistas, y para todos aquellos que amamos el deporte.

Algunos de estos regresos culminaron ya en momentos gloriosos, otros están marcando un camino positivo de vuelta a la cima, pero por un motivo u por otro han sido importantísimos a la hora de recapitular lo más importante del mundo del deporte en 2018. Estas son sus historias.

Tiger Woods

El gofista americano puede haber sido considerado por muchos el mejor deportista de todos los tiempos en el país. Su carrera fue meteórica y rompió con todos los estereotipos habidos y por haber. Con 80 victorias en el circuito de la PGA y 40 en el europeo, además de 14 Grandes ganados a lo largo de su carrera, pocos deportistas pueden hacer sombra a Woods, un verdadero portento físico y técnico, que acabó por convertir al golf en un deporte completamente mainstream.

Con su aparición en nuestras vidas a finales de los años 90, de repente fueron muchísimos en el país (y en el mundo) los que inspirados por el que en su día fuera considerado un niño prodigio en el mundo golfístico, decidieron probar suerte con un deporte que antes parecía reservado solamente para las élites del país. El de Cypress, California, lo ganó absolutamente todo y rápidamente se convirtió en una verdadera estrella. Decenas de marcas, deportivas y de otra índole, se peleaban por convertirse en su sponsor, por ponerle la cara de Tiger a sus productos, por relacionarse con quien estaba llamado a ser el mejor golfista de la historia.

Sin embargo cuando se encontraba en lo más alto --a nivel profesional y personal-- la vida le empezó a poner obstáculos. Los rumores de sus infidelidades, de sus adicciones, salieron a la luz pública y Tiger dejó de ser el protagonista de SportsCenter para convertirse en el de TMZ o US Weekly.

Su multimillonario divorcio de Elin Nordegren en 2010 fue portada de un sinfín de revistas en todo el mundo, y tras pedir una disculpa pública en febrero de ese mismo año, Tiger anunció que iba a poner un freno a su carrera de manera indefinida ante los problemas que se le estaban acumulando en el aspecto personal. Su año 2009 ya había sido bastante preocupante, pues no pudo ganar ningún Grande por primera vez desde 2004, pero es que 2010 fue peor: logró retener el segundo puesto en el ránking mundial, pero por primera vez desde que se hizo profesional no logró ganar un sólo evento.

Su siguientes tres años serían un descenso progresivo en su carrera, manchada ya para siempre por su turbulenta vida personal, sus problemas con el alcohol, su reconocida adicción al sexo por el cual recibió tratamiento psiquiátrico, además de sus lesiones de rodilla y de espalda, pero su verdadero descenso hasta los infiernos deportivos deportivos empezaría en 2013. Cinco años sin poder ganar un sólo torneo, pasando por un quirófano casi una decena de veces, siendo aún el objeto de todos los tabloides por sus relaciones amorosas, sobrellevando incluso un arresto por conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, hicieron que muchos se olvidaran del golfista que maravilló al mundo durante más de una década y que tenía todo en su mano para convertirse en el mejor deportista de su historia.

Por eso, cuando en el arranque de la temporada 2018 asistimos al retorno de un Tiger Woods impactante, enérgico, sano --física y mentalmente--, sabíamos que era el momento del regreso del “Tigre”. Estuvo a punto de ganar el Open y el Campeonato de la PGA en verano, pero no sería hasta septiembre, cuando se llevó el Tour Championship, que pudimos certificar lo que ya era un secreto a voces: el campeón había vuelto.

2018 será un año difícil de olvidar para Tiger Woods, aunque 2019 se presente como el momento de la confirmación de su regreso a lo más alto del mundo golfístico.

Derrick Rose

La primera elección del draft de 2008 en la NBA estaba llamado a marcar una época en el baloncesto y, de paso, devolver a los Chicago Bulls al lugar en el que dejaron de estar tras la desbandada del equipazo que Phil Jackson armó en los 90.

Derrick Rose firmó un primer año espectacular, llevándose el premio a Novato del Año e incluso empatando con 36 puntos en su primer partido de playoff ante los Celtics como el novato más anotador de la historia junto a Kareem Abdul Jabbar en su debut en los playoffs.

Las acciones de Rose en la NBA subían como la espuma. Fue parte del All-Star en su segunda temporada y el cuarto jersey más vendido de toda la liga, a pesar de no ser los Bulls capaces de batir a los Cleveland Cavaliers en los playoffs. La temporada 2010-11 sería la de su consagración: con 22 años y seis meses de edad se convirtió en el MVP más joven de la Liga, el segundo en la historia de los Chicago Bulls -junto a Michael Jordan-- y ayudó a su equipo a conseguir una temporada con más de 60 victorias por primera vez desde la temporada 1997-98.

Con todo, los Bulls batieron a Indiana y Atlanta en los playoffs hasta tener que enfrentar a los Miami Heat del Big 3, LeBron James, Dwayne Wade y Chris Bosh en las finales de conferencia. A pesar del buen hacer de Rose, que acabaría con un promedio de 27.1 en los playoffs, los Bulls no conseguirían batir a los Heat, y el calvario del point guard empezaría en la siguiente campaña.

En el primer partido de los playoffs de la temporada 2011-12 contra los 76ers, Rose se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda, lo que le mantuvo más de un año fuera de las canchas. Su regreso, la temporada siguiente, no sería todo lo bueno que se podría esperar, pues tras arrancar la temporada con todas las esperanzas de volver a ser el mejor de la liga, en noviembre sufriría una rotura del menisco de su rodilla derecha, con lo que tuvo que pasar por quirófano de nuevo y volvió a perderse casi 12 meses de competición.

Desde entonces hasta el arranque de la temporada 2018, la carrera de Derrick Rose ha sido un continuo calvario, marcado por las lesiones, traspasos poco fructíferos a los Knicks y a los Cavaliers, y una frustración terrible por no lograr parecerse --ni de lejos-- al jugador que maravilló al mundo entero en 2011. Tanto así que se reportó que en octubre de 2017 Rose pidió la baja con Cleveland para replantearse su futuro en la NBA, llegando incluso a barajar la retirada.

En marzo de este año el base nacido en Chicago llegó a los Timberwolves tras una operación que le había llevado a Utah sólo para ser cortado dos días después. En Minnesota se reecontraría con el entrenador que apostó por él durante cinco años en los Bulls --Tom Thibodeau--, a pesar de sus continuos problemas físicos, y aunque su arranque en el equipo fue lento, Rose ha iniciado la temporada 2018-2019 como un tiro.

Desde que tuviera un promedio de 21.8 puntos y 7.9 asistencias por partido en la última temporada antes de su primera lesión grave (2011-2012), el point guard no había logrado tener un promedio como el que está manteniendo en los Timberwolves en esta primera parte del campeonato. 19.0 puntos y 4.7 asistencias por partido le han vuelto a poner entre la élite de la NBA, y a sus 30 años recién cumplidos, Derrick Rose sólo busca recuperar todo el tiempo perdido.

Minnesota no está teniendo una gran temporada, con un récord de 14-18, pero conforme Derrick Rose vaya entrando en calor, los de Thibodeau pueden tener una gran oportunidad de colarse en los playoffs.

De momento, lo importante se ha conseguido, y eso es que Rose se mantenga sano. Con eso, la temporada de su regreso definitivo será todo un éxito.

Paolo Guerrero

Cuando Paolo Guerrero celebró el segundo gol de Perú ante Australia en el tercer partido del Grupo C del pasado Mundial de fútbol en Rusia, el equipo andino ya estaba matemáticamente eliminado de su primera comparecencia en un Mundial en 36 años. Sin embargo, la felicidad embargó a una nación entera, que jamás entendió por qué su capitán y gran ídolo se había visto envuelto en un problema que puso en solfa la felicidad desmedida que supuso la ansiada clasificación al Mundial de 2018.

Días antes del playoff intercontinental que Perú tuvo que disputar ante Nueva Zelanda para asegurar su billete a Rusia, se anunció que Paolo Guerrero sería suspendido de manera cautelar durante 30 días por no superar el control antidopaje realizado semanas antes tras un empate contra Argentina, por tener trazas de cocaína en su cuerpo.

La sentencia cayó como un jarro de agua fría en una afición que se sentía desprotegida sin su gran estrella. Tanto así que ni siquiera la heroica clasificación ante Nueva Zelanda hizo olvidar el problema de Guerrero. La sanción del goleador --confirmada con un término de 12 meses alejado de las canchas el 8 de diciembre de 2017-- se convirtió en una cuestión de estado y no quedó estamento alguno en Perú que no intentara, de alguna manera u otra, hacer que el delantero del Flamengo pudiera ver su condena reducida o retirada, para así poder ser de la partida en Rusia junto a sus compañeros.

Guerrero se pasó toda la primera parte del año sin disputar partido alguno. Todas las puertas a las que tocó la Federación peruana de fútbol --tanto de la justicia deportiva como ordinaria-- acabaron por estar cerradas de par en par. El seleccionador peruano, Ricardo Gareca, tuvo que componer al equipo sin la presencia de su gran goleador, pues las esperanzas de que Guerrero fuera absuelto y viajara con el grupo a Rusia parecían esfumarse.

En mayo la corte de arbitraje internacional no sólo ratificó la suspensión impuesta por la Agencia Mundial Antidopaje, sino que la alargó a 14 meses, pero milagrosamente, el tribunal federal suizo rebajaría la sentencia a seis meses el 31 de mayo, por entender que el positivo pudo haberse dado por el consumo de un té de coca y no por haber usa cocaína como droga recreativa.

Guerrero pudo volver a jugar al fútbol, seis meses después, en un partido amistoso previo al Mundial ante Arabia Saudí. Sólo su presencia en el Mundial se sintió como toda una victoria para Perú, que sin embargo no pudo hacer mucho para pasar de ronda en la gran cita futbolística del año.

Nada de eso importó al goleador y a su devota afición cuando en el minuto 50 del partido ante Australia, en el tercer partido del grupo y con las maletas ya hechas para volver a casa, Paolo Guerrero confirmaba con su gol la primera victoria mundialista de la selección peruana en 40 años.

Eduardo Núñez

El dominicano Eduardo Núñez ganó la Serie Mundial con los Red Sox tras ocho años en los mayores y después de haber pasado uno de los peores momentos de su carrera en los playoffs de la temporada 2017.

Era el primer juego ante los Astros en las series divisionales en la que los texanos eventualmente superarían a los Medias Rojas por 3-1, cuando Nuñez intentó una carrera a primera base y cayó redondo al suelo. Era la segunda vez en una semana que el dominicano intentaba volver al equipo tras haber sufrido un desgarro en el ligamento posterior cruzado de su rodilla derecha.

La imagen fue dramática, con su manager John Farrell y uno de los asistentes técnicos, Masai Takahashi, viéndose obligados a cargar al tercera base hasta el banquillo.

Núñez, que había llegado al equipo en julio desde San Francisco, se quedaba así en tierra de nadie, con su contrato expirado y una rodilla que no daba a los Red Sox la suficiente confianza para volver a contar con él de cara a la temporada 2018.

Eddie había llegado a las mayores a través del sistema de los Yankees, que vio en él a un posible reemplazo para Derek Jeter, sin embargo su proyección nunca llegó tan lejos en El Bronx, por lo que el dominicano decidió continuar su carrera lejos de Nueva York. En los Twins de Minnesota encontró estabilidad, hasta el punto que en 2016 formó parte del All Star, para luego ser cambiado a San Francisco. Un año después de su lesión en la postemporada de 2017 con los Medias Rojas, Núñez --que renovó su contrato por un año con opción a otro con la franquicia de Bostón a razón de $4 millones cada temporada-- demostraría ser una de las piezas clave del equipo que Alex Cora logró hacer campeón por primera vez en cinco años.

Eddie Núñez, que durante los meses de agosto y septiembre de 2018 había perdido su puesto como tercera base titular ante su compatriota Rafael Devers debido a los problemas físicos que arrastraba el veterano tercera base, recibió el espaldarazo de su manager en las series divisionales y de Campeonato de la Liga Americana, volviendo a ser una parte importante del grupo a pesar del mejor promedio al bate del joven Devers.

Su momento de gloria le llegó en el primer partido de la Serie Mundial ante los Dodgers de Los Ángeles. Con 5-4 en el marcador, Eddie apareció como bateador emergente en la séptima entrada, y anotó un vuelacercas que valió tres carreras y pusó el resultado final de 8-4 en el marcador. Ese fue el primer jonrón de Núñez como emergente, y puso a los Red Sox en el camino de la victoria --la cual llegaría tras cinco partidos en la serie definitiva para darle a los de Boston su noveno campeonato de las Mayores.

Ousmane Dembelé

El enfant terrible del FC Barcelona y de la Selección Francesa de fútbol ha cerrado un 2018 para el recuerdo, tras haber bajado a los infiernos en 2017 después de fichar por el FC Barcelona en agosto como reemplazo de Neymar Jr.

El joven extremo llegó a Barcelona desde Dortmund a cambio de 160 millones de dólares y con toda la presión del mundo sobre sus hombros. Hacer olvidar a Neymar no iba a ser empresa fácil y tener que lidiar con el sambenito de ser el jugador más caro de la historia culé se convertiría en una losa que el francés no sería capaz de cargar.

En septiembre de 2017, Dembelé debutó ante el Espanyol de Barcelona, al sustituir a Gerard Deulofeu en el minuto 68 de partido. Una semana después, en su primer encuentro como titular, el francés sufriría un desgarro en el muslo de su pierna derecha, por lo que tuvo que pasar por el quirófano y perderse los siguientes cuatro meses de competición.

La lesión, según mucho expertos, pudo tener una base sicológica, pues sucedió cuando el atacante intentaba golpear un balón de tacón, denotando una tensión inusual en sus muslos que perfectamente pudiera estar asociada a la gran presión a la que se vio sometido tras su fichaje por el club blaugrana. A sus 20 anõs, era normal que a Dembelé le costara adaptarse a su nueva vida, pero esta lesión acabaría por salirle bastante cara.

Su regreso a los campos se dió a principios de enero de 2018, pero a las pocas semanas sufrió una recaída que volvió a alejarle de los terrenos de juego otro mes. Su regreso al equipo, con más de seis meses de retraso con respecto a sus compañeros y el agravante del fichaje de Philippe Coutinho en el mercado de invierno, no hacía presagiar que el futuro de Dembelé pasara por convertirse en una de las grandes estrellas de la historia del club culé.

Aunque sus últimos meses de competición con el Barcelona le valieron la llamada de Didier Deschamps al Mundial de 2018, por lo que a sus 20 años logró consagrarse campeón del mundo, Dembelé no tuvo prácticamente ningún protagonismo en el equipo más allá de la primera ronda. Sus problemas de disciplina han chocado de frente con las estrictas normas de Deschamps al frente de Les Bleus, y de momento el extremo no es uno de los jugadores por los que técnico tenga devoción.

Sin embargo su cierre de campaña con el FC Barcelona han supuesto un regreso triunfal en toda regla. Dembelé no ha escapado de los problemas, pues ha llegado tarde a varios entrenamientos e incluso a un partido, lo cual le ha valido varias sanciones económicas por parte del club. Pero en Ca’n Barça tienen muchísimas esperanzas puestas en el ex del Borussia Dortmund, tanto así que en esta recta final de temporada ha logrado incluso quitarle el puesto de titular a Coutinho.

Instalado en el once titular formando tridente con Lionel Messi y Luis Suárez, Dembelé se está consagrando como todo un seguro de vida para un Barcelona al cual el francés aporta una dimensión diferente en el juego. Ni la sabiduría técnica y táctica de Messi, ni el olfato de gol de Suátez. Dembelé aporta la magia, la velocidad, la electricidad que perdió el equipo con la partida de Neymar Jr. y en estos últimos meses de competición ha dado buena nota de ello.

Ya había sido protagonista al firmar el gol de la victoria del Barça en la Supercopa Española en agosto pasado, pero tras unos meses de confusión, Dembelé parece ahora más centrado que nunca. En 22 partidos oficiales ha marcado ya 10 goles --en toda la temporada pasado sólo jugó 23, anotando 4 tantos-- y se ha convertido en el nuevo ídolo de la afición.

Tiene 20 años y mucho que mejorar, pero tras el mal trago de 2017, Dembelé ha tenido un regreso inolvidable en 2018.

^ Al Inicio ^