El equipo de Joe Mazzulla perdió a Al Horford, Kristaps Porzingis, Jrue Holiday y tiene a Jayson Tatum lesionado. Aún así está segundo en el Este.
Joe Mazzulla observa, hincado, lo que hacen sus jugadores. El iris de sus ojos se dilata, las pupilas se agrandan, como si un golpe de electricidad le hubiese sacudido el cuerpo por la espalda. No está viendo, está sintiendo. Un ajedrecista que anticipa la jugada próxima, un estratega que transforma debilidades en oportunidades para que evolucionen en fortalezas.
Brad Stevens, excoach de Boston Celtics, hoy devenido en gerente general, lo sabía. Como alguna vez Pat Riley promovió al chico de los videos, Erik Spoelstra, para tomar las riendas de Miami Heat con el Big Three de Dwyane Wade, LeBron James y Chris Bosh, Stevens pensó en Mazzulla para guiar a Boston en 2024 al decimoctavo título de la franquicia más ganadora, 16 años después del último grito en 2008.
Pero Mazzulla no llegó específicamente por eso a Boston. Es un personaje excéntrico, un estudioso extremo del juego, que encontró el éxito deportivo demasiado rápido. Para él no se trató, sin embargo, de un pique corto sino de una maratón. Un constructor serio en la intemperie, un estadista fuera de las luces de las cámaras.
Quien era el segundo asistente de Ime Udoka no mostró su peso específico en el momento del trofeo Larry O'Brien. Supo tragar veneno en su temporada debut ante Jimmy Butler y compañía en el Heat, luego se coronó campeón y ahora, en la actualidad, exhibe ante el mundo su carta de presentación. La genuina. La que lo define. Porque hoy, Joe Mazzulla, es el coach de la temporada. Le guste a quien le guste.
Y a quien no también.
La reconstrucción de los Celtics sin Jayson Tatum en 2025-26
Bill Chisholm, socio gerente de Symphony Technology Group, acordó en marzo de 2025 comprar los Celtics a la familia Grousbeck por $6.100 millones de dólares. El nuevo dueño sabía muy bien con qué se encontraría en el roster. Un gran equipo, lleno de estrellas, pero también una bomba de tiempo financiera a punto de implosionar. Chisholm entendió rápido que esa nómina salarial era una cárcel de millones y había que tomar decisiones difíciles. Desmembrar el equipo campeón. Tirar, de alguna manera, sacos de arena para poder volar.
Y eso hicieron: Kristaps Porzingis se fue a Atlanta Hawks, Al Horford a Golden State Warriors y Jrue Holiday a Portland Trail Blazers. Sumados a Jayson Tatum y Jaylen Brown, un monstruo de tres cabezas que parecía dinamitar el éxito de unos Celtics en reconstrucción. La lesión de Aquiles de Tatum en los playoffs pasados ante los Knicks acrecentó la teoría de tanking pensando en lo que viene. Parecía lógico el accionar, considerando la práctica exitosa que habían transitado Oklahoma City Thunder -último campeón-, Houston Rockets y San Antonio Spurs, entre otros equipos en crecimiento sostenido.
Pero no. Mazzulla trazó su propio sendero de éxito. Enseñó que en la NBA no existe una única hoja de ruta hacia el cofre de joyas y alhajas. Unió los puntos y convenció a propios y extraños. Con brújula en mano enseñó el camino. Una base sólida conformada por un Brown en plenitud, un Derrick White en modo líder y un Payton Pritchard en pleno crecimiento. En vez de quitar, distribuyó responsabilidades. ¿Neemias Queta no jugaba? Ahora va a jugar. Bienvenidos Anfernee Simons, Hugo Gonzalez, Jordan Walsh, Luka Garza, Josh Minott. Los triples de Sam Hauser. El apoyo de Baylor Scheierman. Los hombres por encima de los nombres. La máxima que despertaría el puro encendido de Red Auerbach en el mítico Boston Garden. Que provocaría la sonrisa de Bill Russell: "Nadie es mejor que todos juntos".
Los Celtics se distancian así de sus máximos rivales, los Lakers. Vuelan bajo el radar. No tienen un killer reconocido. Quizás Brown, pero su perfil ha sido siempre discreto, nunca histrionismo puro. Aquí no hay un Luka Doncic, ni un LeBron James, pero en la suma de partes hacen la diferencia. En el silencio se edifica, cuantas menos lupas haya cerca para ver las imperfecciones mucho mejor. Lo que no pudieron los Lakers con repercusión, show y magnetismo, lo han conseguido los Celtics. Tiene que servirle a la gerencia angelina para entender que el camino no es siempre rompiendo el mercado, llamando la atención, viviendo una fiesta a los ojos del mundo, sino que se pueden pulir reliquias en el cuarto más pequeño de la casa.
Boston jugó en 2025-26 exactamente 42 partidos, apenas por encima de la mitad de la temporada regular. Tiene 26 triunfos y 16 derrotas. Ya no es una hipótesis alocada, tampoco una conclusión, pero hay números que de algún modo definen a los Celtics como equipo. Están segundos en el Este detrás de Detroit Pistons y tienen la segunda mejor eficiencia ofensiva de toda la NBA (118.5 puntos cada 100 posesiones) con un ritmo, bajo para la época, de 98.7. Contradicen los manuales del vértigo y el dinamismo de Fórmula Uno con el que no solo se juega: con el que se vive a diario.
Sumar a Tatum ahora o esperar: esa es la cuestión
Tobias Harris anotó 25 puntos y Jaylen Brown falló un tiro en el último segundo, asegurando la victoria 104-103 de los Pistons sobre los Celtics, líderes de la Conferencia Este.
No sabemos exactamente si Tatum estará en condiciones de volver esta temporada. Decimos esto, aunque estamos claramente ilusionados, porque cada video de él que aparece en redes sociales es alentador. Se lo ve entero, dinámico, flexible. La lesión de Aquiles, quizás la más dura que tiene el deporte profesional, ocurrió en mayo pasado, pero la estrella de los Celtics se esmera por intentar vencer al tiempo. Regresar antes. Competir con un equipo protagonista, una vez más, por el premio grande.
Stevens y Mazzulla no lo van a apurar. Reagravar una lesión de esta naturaleza sería catastrófico, y hoy Boston no necesita acelerar ningún proceso. Lo dicen los resultados. "Estoy listo", dijo Tatum recientemente en un video corto que se filtró en redes sociales. Por supuesto, los jugadores quieren jugar. Y los cracks como Tatum mucho más.
En el caso de que se produzca su regreso, no será difícil incorporarlo a la rotación. No es alguien nuevo, es una persona que nació, creció y maduró en los Celtics. Conoce todo, incluso más que ninguno en el equipo. Los pasillos, el vestuario, los sistemas, todo. De lograrlo, se reafirmará como líder. Como alguna vez dijo Michael Jordan a sus compañeros en su competitivad obtusa: "No te exigiré nada que yo no haya hecho antes". Tatum no es ni será un refuerzo tradicional, pero rumbo a playoffs puede ser el mejor "refuerzo" de todos. Mucho más que cualquier movimiento en agencia libre.
Los Celtics, lejos de tirar la toalla por un futuro mejor, han decidido competir. Con lo que tienen, con lo que quedó, con lo que moldearon. La reconstrucción silenciosa, puertas adentro, enseña que existe una manera distinta de hacer las cosas.
La dignidad de pelear en la adversidad les puede dar, llegando al mes de abril, alegrías tan merecidas como a priori impensadas.
