Un año después del traspaso de Doncic a Lakers, la franquicia está en punto muerto rumbo a una agencia libre decisiva.
De un año a esta parte, Luka Doncic cambió todo. En Dallas primero, en Los Angeles después. Aniquiló esperanzas y edificó nuevas. Destruyó un futuro y dibujó otro. Pasó un año del que para muchos fue el cambio más significativo de la historia de la NBA, por la magnitud de los personajes, por lo inesperado, y hay un punto común que separa ambos mundos en la Conferencia Oeste: la mente de Doncic.
El esloveno es un jugador todopoderoso. De su muñeca derecha se despega el virtuosismo del básquetbol; corcheas, semicorcheas, fusas y todas las figuras musicales posibles sobre una partitura obligada a cambiar cada noche según las circunstancias. Si Drazen Petrovic fue el Mozart del básquetbol, Doncic bien podría emular a Chopin, dibujando rutas imposibles con un balón que emula una varita. La crítica, siempre presente, hoy en diferentes canales, se detiene en su defensa porque no puede decir demasiado de su ataque. Luka es, como alguna vez le tocó a Diego Maradona en el fútbol, la síntesis imperfecta de un deporte que lo tendrá siempre bajo la lupa: a veces gordo, a veces flaco, pero siempre único.
Los Lakers ficharon a Doncic para lograr un primer gran triunfo: desenredar, como Harry Houdini, las cuerdas de una gerencia que ató vínculos con doble nudo. Hay cosas que se sospechan pero no se dicen: los Lakers estarían mejor si el grupo que acompaña a Luka fuese otro. Palabras más, palabras menos, los intérpretes no están a la altura del director y por ende la orquesta desafina seguido. Lo mejor de este equipo ocurre cuando Doncic toma por arrebato el instrumento para tocar él. Ahí llegan los 45 puntos, 15 asistencias, 10 triples, etc, pero... ¿Esta ruta llega a algún lado?
Absolutamente no. Doncic es el Aleph de Jorge Luis Borges: en sus manos está el brillo. Y de ahí tiene que repartirse la genialidad. Si el tira mucho, créanme, no es una elección, es lo que el propio juego le permite. Porque el problema es que los demás no están a su ritmo. Es duro decirlo, pero es evidente: con este plantel, Los Angeles remará y morirá en la orilla. Quizás en un play-in, quizás en una primera ronda de playoffs, pero el futuro luce tan oscuro como inevitable. Para poder volar, los Lakers necesitan quitarse de encima algunos sacos de arena.
Luka Doncic tiene que derrotar a LeBron James
Donċić enciesta el triple para poner a los Lakers a 4 puntos de ventaja ante los Knicks.
Si esto fuese Star Wars, sería algo así como Luke Skywalker contra Darth Vader. Si fuese Stranger Things, Eleven infiltrándose en la mente de Vecna. Hay una relación entre ambos fenómenos que no se dice, pero que está presente.
¿Quién puede dudar del talento de LeBron James? Nadie. Pero una cosa es el LeBron de Miami Heat, o el de su regreso a Cleveland Cavaliers, y otro es este a sus 41 años de edad. Para su edad, James está haciendo una temporada fantástica. Pero nadie puede vencer al tiempo. Cronos siempre logrará devorarse a sus hijos.
El contrato que le firmó la gerencia de Lakers a LeBron, que no permite un intercambio sin el consentimiento del jugador, ha sido una prisión para Doncic. Porque, entiendo, se pueden vender millones de camisetas, podemos contemplar la pulverización de récords uno tras otro, pero no se puede tapar el sol con un dedo. Alguien deberá decir, alguna vez, que el Rey está desnudo. ¿Dos años de contrato por más de 100 millones de dólares? ¿Fichar a Bronny James? ¿Traer a un coach novato como J.J. Redick que era su compañero de podcast? Algún día esta tormenta de caprichos pasará. Y entonces en Los Angeles podrán ver la luz.
Los Lakers, con este compromiso, han hecho lo que pudieron, no lo que quisieron. Al cierre de la temporada 2025-26, ya con nuevos dueños en la toma de decisiones, se terminará este vínculo y podrán rodear al esloveno de los jugadores que corresponden para pelear por el premio grande. Para que el guión de Hollywood pueda de una buena vez por todas tener final feliz. Más allá del título de la burbuja, en una instancia del mundo realmente inusual, la era post Kobe Bryant ha sido un tropezón tras otro.
La libertad de James le permitirá a Doncic jugar diferente. Lo mejor de su básquetbol no está en su tiro, está en aprovechar las ventajas utilizando lo mejor del resto. Es un maestro en el uso del cuerpo, pero también en aprovechar la velocidad de los demás. Eso sí, necesita otra estructura que lo acompañe, principalmente figuras jóvenes, sangre nueva emergente de la NBA 3.0: mejores defensores, mejores atacantes, mejor coro. El final de este curso verá también los contratos expirados de Rui Hachimura, Gabe Vincent, Maxi Kleber, Jaxson Hayes y Nick Smith Jr., entre otros.
Borrarán de los libros, para la temporada 2026-27, algo así como 90 millones de dólares. Doncic tiene contrato hasta el final de la temporada 2028-29, pero ya sabemos lo que pasa cuando una estrella así se frustra. La mente de Luka, entonces, puede influir tanto dentro como fuera de la cancha.
La agencia libre que viene será una de las más importantes de la historia para la franquicia púrpura y oro.
Los Mavericks, sin Doncic, entraron en un limbo
Donċić enciesta el triple para poner a los Lakers a 4 puntos de ventaja ante los Knicks.
La decisión de traspasar a Luka fue una apuesta a todo o nada. Sobre todo para Nico Harrison, que se quedó sin trabajo y padeció un tumulto de gente insultándolo en cada partido que los Mavericks hicieron de local. Lo peor de todo, para el ex gerente general de la franquicia y también para los fanáticos de Dallas, es que el tiempo les dio la razón.
Se sumaron las constantes lesiones de Anthony Davis, la rotura de ligamentos cruzados de Kyrie Irving que aún no le devolvió a la acción, la lesión de Derek Lively por toda la temporada, un Klay Thompson en el ocaso de su carrera, un grupo de jugadores con pasos recurrentes por la enfermería y un Jason Kidd en el puesto de coach tratando de adivinar de qué manera continuar.
Dallas empezó la temporada siendo candidato a todo y hoy ni siquiera figura entre los pasajeros al play-in. La única noticia buena es el crecimiento de Cooper Flagg, destinado a ser lo que todos pensamos que sería: una figura de lujo en la NBA de los próximos años.
Los Mavericks tienen más problemas que los Lakers porque su nómina contractual tiene a Davis e Irving, propensos a lesiones, comprometidos hasta la temporada 2027-28 inclusive, lo mismo que Lively. Klay Thompson, hasta 2026-27. Solo culminarán este curso sus contratos Dante Exum, Dwight Powell y Brandon Williams, además de jugadores de valor menor, liberando menos de diez millones de dólares para el curso que viene. Tendrán que juntarse de paciencia, pero cuando vuelven sobre sus pasos y ven que sacrificaron a Doncic por nada, la sangre tiene que hervir.
Luka Doncic es un jugador extraordinario, de época, pero no puede ganar solo. Tiene problemas defensivos y también tiene vicios a corregir, como su trato con los árbitros, pero dudar de su genialidad es absurdo. El básquetbol es un ajedrez en movimiento y por más comodín que se tenga, se necesitan peones, alfiles, caballos y torres para escudar a las piezas más relevantes.
Una decisión en el silencio, entre hombres de saco y corbata, surcó dos caminos. Marcó a dos franquicias. La decisión de mover a Doncic, hacia un lado u otro, trae aparejadas nuevas decisiones que se resolverán en el verano.
El piso de la NBA crujió con un sismo inesperado. El alcance de este traspaso, lejos de terminar, recién empieza a escribirse.
