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Victor Wembanyama está destinado a salvar el All-Star de la NBA

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¡Gigantesco bloqueo defensivo de Victor Wembanyama! (0:20)

¡Gigantesco bloqueo defensivo de Victor Wembanyama! (0:20)

El unicornio francés fue para el Juego de las Estrellas lo que Kobe Bryant fue para el Redeem Team de 2008: un ícono de actitud que empujó al resto.


Victor Wembanyama está destinado a salvar el All-Star de la NBA. No fueron las volcadas, que bien podrían desaparecer sin que nadie se queje demasiado. Los triples sirvieron para cumplir, lo mismo que la jornada entera del viernes, que tuvo a VJ Edgecombe como el más destacado del Rising Stars, con Cooper Flagg fuera de acción por lesión.

El domingo fue, a diferencia de años anteriores, lo mejor del fin de semana. Por lejos. El nuevo formato de round robin con el resto del mundo contra Estados Unidos, funcionó. No fueron los 12 minutos, no fue tampoco el todos contra todos, fue, básicamente, Wembanyama. El unicornio francés fue, para el All-Star 2026, lo que fue Kobe Bryant para el Redeem Team de 2008. Un ícono de actitud que quebró un orden establecido. Invitó a todos a subirse a la competencia con energía. Sentó el tono del juego. Le devolvió a los fanáticos del básquetbol justamente eso: básquetbol en su máxima expresión.

No se trata de ganar o perder. Se trata de disputar. De empujar al resto. De desafiar rivales y también exponer compañeros. Porque todo lo bueno de Wembanyama dejó en evidencia lo triste de Luka Doncic y Nikola Jokic en este fin de semana. Tanto el esloveno como el serbio supusieron que sería un continuado de ediciones anteriores, jugaron dos minutos y no entendieron lo que la gente quería de ellos. No respetaron lo que significa ser elegidos dentro de los elegidos. Y quedaron expuestos.

Esto que vimos en 2026 se pareció mucho más a lo que tiene que ser un All-Star Game: Anthony Edwards imponiendo su juego, Kawhi Leonard brillando en el Intuit Dome, su casa en temporada regular, los fanáticos vibrando al ritmo de un sueño extraviado. Todos juntos, una vez más, siendo cazadores en conjunto de una narrativa que parecía perdida: la de querer las cosas de verdad.

El alien francés le devolvió dignidad al fin de semana de Los Angeles. Su chispazo de energía contagió al resto. Se sumaron así Cade Cunningham, Karl-Anthony Towns, Scottie Barnes. Hubo tiempos muertos serios y ganas de quedarse con el triunfo por el triunfo mismo. El honor por encima de cualquier otra cosa. En medio de polémicas continuadas acerca del tanking en la Liga, con multas severas para Utah Jazz e Indiana Pacers, y rumores fuertes acerca de cambios profundos para combatir prácticas deportivas indignas, volver a vivir algo así es un bálsamo. Una bendición que puede servir como nuevo punto de partida para lo que viene.

A excepción de la final entre ambos equipos de Estados Unidos, que terminó con un marcador abultado para las estrellas emergentes, el resto pareció sacado de décadas anteriores. Hubo defensa, hubo tiros emocionantes, hubo ‘buzzer beaters’. Hubo también tiempo extra y todo lo que se armó tenía un morbo detrás: primero, el mundo contra Estados Unidos, situación que apela al nacionalismo. Y luego, los jóvenes contra los veteranos, decisión que alienta al desafío para entender si el cambio de guardia ya es un hecho.

"[Wembanyama] marcó la pauta y definitivamente fue competitivo con los tres equipos", dijo Edwards. "Él marcó el tono, hombre. Y me despertó, seguro", dijo Antman, MVP merecido del Juego de las Estrellas, al cierre de la edición.

"Creo que definitivamente fue un paso adelante desde lo competitivo en comparación con la temporada pasada", dijo el alero de Houston Rockets, Kevin Durant. "Kawhi estuvo genial. Ant estuvo genial. Creo que hicimos lo que se supone que debemos hacer por los fanáticos".

Lo empezó Wembanyama, empujó a compañeros y rivales, e invitó al resto de los fanáticos a seguirlo. Quizás en 2027, cuando la edición viaje hacia Phoenix, Doncic, Jokic y los lesionados Shai Gilgeous-Alexander y Giannis Antetokounmpo, se sumen de una buena vez por todas a una idea que parecía extinguida.

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Bonus track: ¿Adiós a las volcadas o cambio rotundo de concepto?

El Rising Stars cumple, los triples están bien, pero las volcadas se han puesto realmente difíciles de ver. El de 2026 fue el peor certamen de la historia, con Mac McClung desafiando a todos, a la distancia, con videos en redes sociales acerca de las volcadas que hubiese hecho. Cada una una expresión única de elasticidad y dinamismo en la era de la inteligencia artificial.

El problema, más allá de que creemos haber visto todo, es que el torneo no tiene morbo. Los jugadores que participan del Slam Dunk Contest son ignotos y por ende no se percibe una competencia interesante de fondo. Más allá de la volcada en sí, queda poco espacio para el guion. Para la narrativa. Por ende, a modo de aporte a la causa, voy a una posible solución: solo pueden competir en el torneo de volcadas jugadores que estén dentro de los 24 elegidos en el All-Star.

Digo esto, porque no es lo mismo una definición entre Keshad Johnson y Carter Bryant que, por ejemplo, entre Wembanyama y Edwards, con Scottie Barnes, Cade Cunningham, Giannis Antetokounmpo (si estuviese sano, claro) o incluso LeBron James con chances de competir. El cartel y la narrativa entre figuras, con la carga previa de la experiencia, hace a la cuestión. Completa la marquesina y quizás sea, en el mundo de hoy, lo más importante. Recuerden a Michael Jordan contra Dominique Wilkins, dos All-Star frente a frente, con acción, reacción, triunfo y revancha.

El All-Star 2026 deja, a diferencias de ediciones anteriores, un buen sabor de boca. De ser un evento solo colorido, volvió a ser una fiesta de básquetbol. Quizás todavía no sea suficiente en los tres días completos, pero es un paso adelante enorme. Una ruta sin dudas mejor. El mundo, y sobre todo el fanático puro de la NBA, lo agradece y esboza una expresión de deseo: que todo esto sea regla, no excepción.