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La dolorosa verdad detrás de los 83 puntos de Bam Adebayo

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¡Noche histórica en la NBA: Adebayo marcó 83 puntos para la victoria del Heat! (1:54)

El interno sumó la segunda máxima anotación en la competencia, superó a Kobe Bryant (81) y quedó detrás de Wilt Chamberlain (100). Fue 150 a 129 frente a Wizards. (1:54)

Para entender la verdad detrás de los 83 puntos de Adebayo hay que haber visto muchos partidos. Fue el triunfo de lo artificial por encima de lo natural.


Los 83 puntos de Bam Adebayo para Miami Heat, ante Washington Wizards, provocaron impacto. Por ser la segunda marca histórica detrás de los 100 convertidos por Wilt Chamberlain en 1962 y sobre todo por destronar la marca de 81 que había alcanzado Kobe Bryant el 22 de enero de 2006 ante Toronto Raptors.

Adebayo recibió el saludo de todos en el Kaseya Center. Se tomó la fotografía con el número 83, emulando la producida por Harvey Pollack con el hombre récord en la mítica tarde en Hershey's. Hasta ahí, todo fantástico, pero claro, vivimos en la era de los highlights y uno se ve obligado a preguntarse lo inevitable: ¿Acaso vieron el partido? Más allá de la foto... ¿Se detuvo alguien a analizar la película?

El último cuarto de la gesta de Bam Bam fue un bochorno. Los jugadores del Heat cortando con falta a sus colegas de los Wizards (un equipo malo, pero con varias bajas a cuestas evolucionó en inmirable) para acelerar las posesiones. Adebayo recibiendo en cualquier posición, tirando absolutamente todo, despatarrado, con marca encima, yendo con complicidad del entorno por un número para los diarios. Alguna vez dijo Maquiavelo que el fin justifica los medios.

La realidad es que no todo lo que reluce es oro.

El arranque de Adebayo es el memorable. Sus 31 unidades en el cuarto inicial. Tuvo, en todo el primer tiempo, 13-24 en tiros de campo, 12-14 en tiros libres y 5-11 en triples. Fantástico. Pero la segunda mitad fue algo así como usar un cheat code en un videojuego (7-19 en TC, 24-29 en libres y 2-11 en triples). Encontrar la fisura del básquetbol y atacar por ahí. Forzar un récord, no conquistarlo. Recibir todos los balones para tirar como sea, de cualquier posición (literal) en un partido definido hacía rato. Intensificar el camino a la línea de personales. Más que la NBA pareció un cumpleaños, o un homenaje en un partido de maxibásquet. Porque el Heat estuvo siempre por encima del marcador, porque Bam jugó 42 minutos en un partido que ganaron por 21, porque tiró 43 tiros libres, porque es el único jugador en la historia que lanzó menos del 50% de campo en un juego de 70 puntos.

No se parece en nada a lo que conquistó Kobe en 2006.

Lo sabemos, por supuesto, los que ya peinamos algunas canas.

El partido de Bryant contra los Raptors fue totalmente distinto. Lo llegaron a marcar entre tres jugadores. Al término de la primera mitad, los Lakers perdían 63-49. Toronto llevaba 65% de campo. El banco de Lakers se había combinado para un 2-11 en tiros de campo. Lamar Odom llevaba 1-7 y Kwame Brown 1-5. Lo de Bryant, que en el primer tiempo había hecho 26 unidades, entonces, fue una necesidad. Para entender la época hay que remontarse a un mes antes. Más precisamente al 20 de diciembre de 2005: los Lakers le ganaron a los Mavericks 112-90, pero la historia principal fue que Kobe, que llevaba anotados 62 puntos en tres cuartos (todo Dallas, en ese lapso, llevaba 61), no pisó la cancha en el cuarto decisivo.

Un abordaje distinto el de Phil Jackson, coach de Los Angeles en esos años, y Erik Spoelstra en la construcción de lo extraordinario.

Comparamos con Kobe, y no con Wilt, porque ni siquiera hubo un registro fílmico del partido de los 100 de Philadelphia Warriors ante New York Knicks. Vivimos en la era del impacto, de la superficie por encima de la profundidad. De la cantidad de seguidores por encima de la calidad del contenido. Que sea lo que tenga que ser, pero que sea rápido. Importa solo el qué, pero dejó de importar el cómo.

Para entender la verdad detrás de los 83 puntos de Adebayo hay que haber visto muchos partidos de básquetbol. Fue el triunfo de lo artificial por encima de lo natural.

Supimos ser diferentes. No todas las cosas, por más bonitas que parezcan, valen ni significan lo mismo.