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Stephen Curry es el mejor jugador del mundo

Noah Graham/NBAE via Getty Images

Stephen Curry inicia su rutina de precalentamiento. Trabaja con dos balones al mismo tiempo. La mirada al frente, la espalda erguida y la concentración como hoja de ruta. El dribbling es enloquecedor y adictivo: primero es vertical y luego oblicuo, con cambio de manos en la recepción. Los ojos del público se detienen ante la escena: ese rebote permanente, esa técnica fascinante de cinetismo acelerado, provoca una sensación sin precedentes. Los balones van, vienen, regresan: dos amantes que cruzan miradas para perderse luego en la infinidad de la noche.

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Curry y otra noche de MVP en la victoria 105-90 frente a los Clippers

La estrella de los Warriors terminó con 33 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes. Además, Otto Porter tuvo un gran juego con 18 unidades y 10 recobres. Paul George mostró la cara a pesar de la derrota: 30 tantos, 5 tableros y 5 asistencias.

Curry ahora se ríe. Un ilusionista que modela sus artes, que entiende que lo que hace es único. La piedra Rosetta del lanzamiento a distancia. Conoce, en su despliegue de maravilla, su pragmatismo despiadado. Se sabe superior sin caer en la arrogancia: es una realidad inexpugnable que se traduce en confianza. Empieza con su rutina de tiro y se aleja cada vez más. Diez centímetros, veinte, un metro, dos, tres, cinco. En sus manos descansa el sueño de los primeros héroes de este deporte: tener la habilidad para inflar las redes desde donde sea, como sea, sin procedimientos rígidos ni limitaciones físicas.