Millar ganó, pero el béisbol perdió

Millar usó pretextos como la posible guerra entre Estados Unidos e Iraq, para no querer ir a jugar a Japón. (AP)
El Kevin Millar que se integró a los campos de entrenamientos de los Medias Rojas de Boston en Fort Myers es lo que se llamaríamos un hombre realizado, pero el episodio que llevó al jugador a dejar de cumplir un contrato con los Dragones de Chunichi podría marcar el "antes y después" de las relaciones entre Major League Baseball (MLB) y la pelota de Japón (NPB).

Las relaciones entre las dos ligas viene de antaño, aunque fue después que comenzó el éxodo de los estelares japoneses a los Estados Unidos, iniciando con el impactante derecho Hideo Nomo, cuando se realizó un acuerdo oficial.

Antes de que Nomo firmara como agente libre con los Dodgers de Los Angeles, lo usual era que los peloteros japoneses comenzaran y terminaran sus carreras en su país, mientras que muchos norteamericanos y un puñado de latinos viajaron al lejano oriente para buscar la fama, el dinero y las oportunidades que no tuvieron en Estados Unidos.

Entre esos últimos cabe destacar al inicialista Cecil Fielder, quien triunfó en Japón y regresó a América para convertirse en rey de los jonroneros por algunos años. Los norteamericanos Kevin Bass y Tuffy Rhodes y el dominicano Domingo Martínez también rescataron sus carreras viajando a Japón.

El protocolo entre la MLB y NPB ha permitido que el relevista Kazuhiro Sasaki y el jardinero Ichiro Suzuki igualen a Nomo con el premio de Novato del Año y que Ichiro sea uno de los mejores jugadores de las mayores en apenas dos años.

Para la próxima temporada, los Yankees de New York tendrán al mejor jonronero asiático de la actualidad jugando en uno de sus jardines. Y nadie se atrevería a apostar en contra de Hideki Matsui para correr por el cuarto premio de Novato del Año para un japonés en ocho años.

Después de ser un jugador promedio con los Marlins de Florida, Millar fue vendido a Chunichi por 1.2 millones de dólares. Posteriormente firmó un contrato de 6.2 millones por dos temporadas y una opción del club para un tercer año elevaría el pacto a cerca de 10 millones. Definitivamente, un dinero que Millar no podría soñar con los Marlins.

Lo bueno vino cuando los Medias Rojas de Boston hicieron un movimiento legal, pero poco ético, escogiendo a Millar de la lista de waivers, donde fue colocado por los Marlins para poder completar el negocio con Chunichi. Millar se había comprometido a rechazar cualquier intención de otra franquicia de las mayores para poder completar su acuerdo de caballeros con los Dragones.

Millar y sus agentes nunca sospecharon que Boston podría estar tan interesado en que jugara para ellos y cuando se percataron decidieron acudir a todos los argumentos, incluso a faltar a sus compromisos profesionales, para liberarse del trato que de buena fe hicieron con la franquicia japonesa.

Desde que se enteró que podría jugar con los Medias Rojas, Millar comenzó a encontrar razones para no viajar a Japón, incluyendo la posibilidad de una guerra entre Estados Unidos e Irak, Estados Unidos y Corea o entre New York y Boston. ¿Acaso fue el mes pasado cuando nació la posibilidad de que George Bush marchara contra Saddan Husseim para desarmarlo?. ¡Por Dios!.

Ahora finalmente lo consiguieron. Los Marlins pagaron una compensación económica a los Dragones (entre 1.2 y 1.5 millones) para que no lo pierdan todo y entonces vendieron a Millar a los Medias Rojas. Pero mientras Boston tendrá a Millar, el dominicano David Ortiz y a Jeremy Giambi peleando por la primera base, los Dragones se quedaron sin inicialista y cuarto jardinero cuando los entrenamientos en Japón están super avanzados y no hay muchos sustitutos en el mercado. ¿Quién recompensa moralmente a los Dragones?.

Y hay que aclarar que el caso de Millar no tiene ningún parecido con el del antesalista Norihiro Nakamura, quien se arrepintió en el último minuto y prefirió quedarse en Japón a firmar con los Mets de New York.

Además de que era un agente libre, Nakamura nunca llegó a firmar nada con los Mets. Con todo su derecho, decidió la oferta más adecuada. Tal y como hicieron Tom Glavine, quien firmó con los Mets cuando se creía que ya era un Filis, y Cliff Floyd, quien también prefirió jugar en Shea Stadium aunque estuvo cerca de quedarse en Fenway Park.

Solamente el tiempo dirá que tanto daño causó a las relaciones MLB-NPB el "Millargate", pero es casi seguro que lo veremos muy pronto. Posiblemente a la hora de que los equipos de Grandes Ligas comiencen a tratar de conseguir al torpedero Katzuo Matsui, quien es considerado el Alex Rodríguez de Japón.

TIPS... TIPS...

CAMBIO DE ESCENARIO: La adquisición del derecho Kerry Ligtenberg y el nacimiento del venezolano Jorge Julio como un cerrador confiable ha provocado que el dominicano Willis Roberts se convierta en dispensable para los Orioles de Baltimore.

Roberts, quien tuvo una efectividad de 1.96 antes de caerse en la segunda parte de la temporada, para terminar con marca de 4-1, efectividad de 3.36 y un salvamento en tres oportunidades, podría ser cambiado a los Rockies de Colorado para que sirva como preparador de mesa de su compatriota José Jiménez.

Pero este sería un movimiento muy arriesgado para los Orioles pese a que tienen a Buddy Groom buscando su octava temporada de 70 o más apariciones y una rotación abridora llena. Roberts es un swingman que puede venir desde el bullpen y abrir ocasionalmente. Además, y muy importante, tiene 27 años de edad y solamente ganó 260 mil dólares en el 2002.

COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS: Felipe Alou, un Gigante, dijo que su equipo irá todo el camino hasta la Serie Mundial. Tom LaSorda, un Dodger, sintió que el primero estaba siendo arrogante y minimizando a sus rivales divisionales, incluyendo a Los Angeles.

Asi era la rivalidad entre Gigantes y Dodgers desde que jugaban en New York, pero hace rato que solamente los recuerdos la mantienen viva.

Alou, quien cumplirá 68 años en mayo próximo, está de regreso a los Gigantes de San Francisco, ahora como manager, donde comenzó su carrera profesional hace más de cuarenta años.

LaSorda, de 76 años, dirigió a los Dodgers por 22 temporadas y fue elevado al Salón de la Fama de Cooperstown tras su retiro obligatorio por deficiencias del corazón en 1996. Alou y LaSorda formaron parte del mismo equipo, los Leones del Escogido de la Liga Invernal Dominicana, a principio de los años setenta. Luego LaSorda dirigió a los Tigres del Licey, archirrivales del Escogido.

PREMIOS DEPORTIVOS LATINOS: Miguel Tejada, el Jugador Más Valioso de la Liga Americana; Osvaldo Virgil, el primer dominicano que jugó en las Grandes Ligas, y el ex intermedista Julián Javier estuvieron entre los atletas latinoamericanos reconocidos en la séptima versión de los "Premios Deportivos Latinos", que se realizan anualmente en Miami, Florida.

"Es bueno que alguien se recuerde de uno de vez en cuando", dijo Virgil, quien debutó en las ligas mayores con los Gigantes de New York en 1956 para ser el pionero del país extranjero que más peloteros aporta al béisbol organizado.

Virgil, quien cumplirá 80 años en mayo próximo, vive en su ciudad natal, Montecristi, en la frontera de República Dominicana con Haití.

Javier, de 67 años, fue un exraordinario segunda base defensivo que brilló con los Cardenales de San Luis entre 1960 y 1972. Durante su carrera estuvo en cuatro Series Mundiales y dos Juegos de Estrellas.

Tejada se disculpó por no poder asistir a recibir su premio debido a que estaba realizando los preparativos de su viaje a Arizona para integrarse a los entrenamientos de los Atléticos de Oakland.

Desde que fueron creados en 1994, los "Premios Deportivos Latinos" han reconocido a grandes figuras del deporte latinoamericano, incluyendo a los beisbolistas Juan Marichal, Dennis Martínez, Pedro Martínez, Magglio Ordóñez, Orlando Cepeda, Tany Pérez, Sammy Sosa, Alex Rodríguez, los tres hermanos Alou (Felipe, Mateo y Jesús) y Albert Pujols.

ENRIQUE ROJAS es redactor deportivo del Diario Hoy de Santo Domingo, República Dominicana y corresponsal stringer de AP en República Dominicana.

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