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Valenzuela nunca irá al HOF y no lo necesita para ser inmortal

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"Mi boleta del Salón de la Fama tiene siete nombres" (2:41)

Enrique Rojas menciona a los jugadores que recibieron su voto para tener su placa en Cooperstown y aclara que en ella no hay ningún primerizo. (2:41)

El mexicano Fernando Valenzuela no necesita ingresar a Cooperstown para convertirse en un inmortal


Hoy que estamos en la época del año que son elegidos los peloteros que se integrarán al Salón de la Fama del Beisbol, siempre surge la duda entre los aficionados de Los Ángeles Dodgers: ¿Puede Fernando Valenzuela entrar? ¿Por qué no está?

Bueno, después de lo acontecido a finales de 2025 en la selección del Comité de la Era Contemporánea del Beisbol, donde obtuvo menos de cinco votos, podemos asegurar que Fernando Valenzuela nunca será parte del Salón de la Fama, no, a menos que las reglas actuales cambien. Pero también es pertinente recordar que el gran ídolo mexicano del equipo de Los Ángeles, nunca necesitó ingresar a Cooperstown para tener la etiqueta de leyenda, ídolo y figura indispensable de este deporte.

Este texto no es un berrinche ni una defensa, que, por cierto, no necesita ‘El Toro’, menos una perorata de despecho por el desprecio de los votantes al nativo de Etchohuaquila, Sonora. En el mejor de los casos es un intento de ejemplicar la adoración y reconocimiento que Valenzuela tuvo, tiene y tendrá en el mundo del beisbol y su trascendencia universal, la cual que tiene su foco central en California.

Las odiosas, pero precisas, estadísticas que marginaron a Fernando del Salón de la Fama, sus 173 victorias, .531 de porcentaje de triunfos con 3.54 de ERA, 2,074 ponches y 41.4 de WAR , 113 juegos completos y 31 blanqueadas no toman en cuenta los valores intangibles de la carrera de Valenzuela.

El furor que causó su temporada de 1981, donde el público desangelado por el papel del sindicato de jugadores y la MLB se alejaba de los estadios, fue el catalizador más importante que reconcilió a la tribuna con el juego de pelota.

No es que si hubieran enaltecido a Valenzuela a Cooperstown habría sido la primera vez que se tomara en cuenta el inmenso impacto de un pelotero en el beisbol, aunque luego alguna circunstancia cortara una carrera de gran excelencia y con ello no tuviera números impresionantes.

Parecerá sacrílego decirlo, pero Dizzy Dean (150) y Candy Cummings (145) están en el Salón de la Fama con menos victorias que Valenzuela y con periodos similares de brillantez, siete y seis años, respectivamente, y nadie, por supuesto menos el que esto escribe, le escatiman ni cuestionan los méritos para ser ‘inmortales’. Sería una necedad.

Valenzuela no inventó la curva ni es un pionero indispensable del beisbol como Cummings, pero su screwball redefinió el dominio sobre la lomita y es un icono de su tiempo, dentro y fuera del beisbol.

Valenzuela tampoco ganó 30 juegos, ni fue el MVP de la Liga Nacional el mismo año que ganó la Serie Mundial como Dizzy Dean en 1934. Pero el famoso ‘Gordo’ fue el Cy Young, Bat de Plata de la Nacional y campeón de Serie Mundial en 1981.

No vamos a caer en comparar de igual a igual con Dean o Cummings con Valenzuela. El deporte era uno en el siglo 19, otro en la década de los 30 del siglo 20 y otro muy diferente en los 80 y 90. Es una sinrazón, pero también lo es pretender medir la altura de una trayectoria solamente por los insípidos guarismos.

Sólo por poner un ejemplo, han pasado 45 años desde que explotó la ‘Fernandomanía’ y no es una exageración decir que en los murales urbanos de Los Ángeles esos que a golpe de pintura en spray son plasmados por los artistas urbanos que inscriben en las paredes la memoria del pueblo, la figura de Valenzuela convive y sólo rivaliza en tamaño y cantidad con los grafittis dedicados al otro gran ídolo angelino, el fallecido Kobe Bryant.

Finalmente, qué es la fama, según el diccionario: “El estado de ser conocido o mencionado por muchas personas, especialmente debido a logros notables”, bueno pues eso ya lo tiene Valenzuela.

La inmortalidad, trascendencia, legado, ejemplo, identidad, poder de cambio, grandeza, originalidad, impacto en la sociedad, excelencia en el deporte y brillantez, que, con humildad e identificación, a pesar de las circunstancias que rodearon su carrera, portó Valenzuela durante su vida, que se apagó el 22 de octubre de 2024, ahora se reflejan, de forma orgánica y natural en su ciudad adoptiva, una de las más importantes de la geografía beisbolera mundial.

Así como Dizzy Dean, Valenzuela no volvió a ser el mismo luego de una lesión. La del mexicano provocada por el excesivo uso de su prodigioso brazo izquierdo, promovido por Tom Lasorda, sólo que él se empeñó en seguir en el deporte, tal vez en innecesario detrimento de las estadísticas totales de su carrera.

Lo deportivo es fulgurante, aunque quizás en un espacio corto de tiempo. Más su leyenda, han hecho a Valenzuela un sinónimo de beisbol, algo que, por ahora, sólo se ve que pueda ser equiparado con lo que pueda lograr Shohei Ohtani entre los fans de Dodgers.

Si el Salón de la Fama le ha cerrado las puertas para siempre, el Salón de la Fama se lo pierde y sus razones muy válidas tendrá, pero Fernando Valenzuela no lo necesita para ser inmortal y, tal vez, no era necesario este texto para recordarlo.