<
>

Cenicienta se vistió de rojo: Cincinnati Reds 1990, de lo más improbable al título de Serie Mundial

play
La celebración del jonrón para dejar tendido al rival (1:47)

Tim Kurkjian recuerda algunas historias grandes sobre cuadrangulares para acabar un juego, incluyendo a novatos de los Dodgers que conectaron batazos así por tres juegos consecutivos. (1:47)

PARA APRECIAR MEJOR al equipo campeón de la Serie Mundial de 1990, quizás debemos hablar primero del equipo que cayó vencido en dicho Clásico de Otoño.

Aquellos poderosos Oakland Athletics fueron, para bien o para mal, uno de los equipos más sobresalientes y notables de la época. Impulsados por el MVP Rickey Henderson y los Bash Brothers de José Canseco y Mark McGwire, Oakland llegó a la Serie Mundial como el primer equipo desde los New York Yankees de finales de los 70 en alcanzar tres Series Mundiales consecutivas y buscaba ser el primero desde esos mismos Yankees en repetir como campeón.

Bajo la dirección de Tony La Russa, Oakland ganó 103 juegos en la fase regular, ocho más que cualquier otro equipo, y 12 más que el equipo que terminaría vistiéndose de Cenicienta contra ellos.

MÁS: Serie campeones improbables de la Serie Mundial: Marlins, Diamondbacks, Nationals, Twins

La ofensiva metía miedo con nombres como Henderson (.325, 28 HR, 65 estafadas, 119 anotadas, .439 embase, .577 slugging y 1.016 OPS), Canseco (37 HR, 101 RBI), McGwire (39 HR, 108 RBI) y un grupo estelar de apoyo como el otro Henderson (Dave), el antesalista Carney Lansford, el siore Walt Weiss y el receptor Terry Steinbach. El grupo finalizó tercero en promedio de embase (.336) y cuarto en jonrones (164) y anotadas (733).

El pitcheo de los Athletics no se quedaba atrás, y se puede argumentar que era su carta ganadora. Tuvo al ganador del Cy Young en Bob Welch, cuyas 27 victorias esa campaña todavía son la mayor cantidad en la Liga Americana desde las 31 de Denny McLain en 1968. El as Dave Stewart (22-11, 2.56 ERA) ganó 20+ juegos por cuarta temporada en fila, mientras que Dennis Eckersley (0.61 ERA, 48 rescates) seguía siendo el cerrador por excelencia en las Mayores. En total, la efectividad de 3.13 de Oakland fue la mejor en las Mayores por un cómodo margen (Expos tuvieron 3.37), y también tuvo el mejor WHIP (1.223).

Oakland entró como amplio favorito en la postemporada, y tras barrer a los Boston Red Sox en la Serie de Campeonato de la Liga Americana, parecía que no tendría oposición mayor en la Serie Mundial ante el representante de la Liga Nacional.

LOS CINCINNATI REDS de 1990 no prometían mucho en papel antes de la temporada. Tras finalizar en el segundo lugar de la División Oeste del Viejo Circuito de 1985 a 1988, cayeron a 87 derrotas en 1989 en parte por el escándalo que resultó en la expulsión de Pete Rose del deporte por hacer apuestas.

La mancha gris que el manager ídolo de la franquicia infligió en el deporte terminó siendo una distracción muy grande para un grupo sólido de peloteros que se fue formando en Cincinnati desde mediados de la década de 1980. A través del draft llegaron jugadores estelares como el siore Barry Larkin, los patrulleros Eric Davis y Paul O’Neill, el antesalista Chris Sabo, los abridores Tom Browning y el relevista Rob Dibble, entre otros; por la vía del cambio llegaron los lanzadores José Rijo y Danny Jackson y Norm Charlton.

Con Rose fuera del béisbol, los Reds contrataron a otro manager de mecha corta en Lou Piniella antes de la temporada de 1990. Varios cambios reconfiguraron al equipo alrededor del talento establecido: el intermedista dominicano Mariano Duncan, el inicialista Hal Morris, el jardinero Billy Hatcher y el cerrador Randy Myers llegaron esa campaña para completar el grupo.

Y así fue como los Reds abrieron la temporada 1990, sin mucha publicidad y con bajas expectativas ante la presencia de los últimos dos campeones de la Liga Nacional en su misma división. Debimos saber mejor.

Cincinnati abrió la temporada a las millas y lució acoplado desde el principio, aprovechando su versatilidad en el campo y su química en el camerino para tomar control del Oeste con una racha de 9 victorias para abrir la campaña. 153 juegos más tarde, los Reds ganaron la división con 91 triunfos pasando cada día de la fase regular en primer lugar. Otra señal de que este equipo quizás estaba destinado para más.

Los Reds tuvieron cinco jugadores en el Juego de Estrellas en Sabo, Larkin, Dibble, Myers y el lanzador Jack Armstrong, quien abrió el clásico de mitad de temporada. Aunque sus números de poder en general no impresionaron (solo dos jugadores con más de 20 jonrones y cuatro en doble digito en general), Cincinnati terminó quinto en las Mayores en promedio (primero en la Nacional con .265), quinto en slugging (.399) y séptimo en OPS (.724).

No cabe duda de que la gran carta de victoria de los Reds era su gran bullpen, en específico el trío de los Nasty Boys de Myers, Dibble y Charlton, que dejaría su marca como uno de los grupos más dominantes en la historia. La presencia de los Nasty Boys acortó los juegos para Cincinnati; básicamente, si los Reds tenían ventaja después de la sexta, probablemente no iban a perder. Su marca de 74-6 liderando tras la sexta fue la tercera mejor en las Mayores en 1990.

"Ese fue un bullpen muy unificado", dijo Dibble a ESPN en 2008. "Sabíamos lo buenos que éramos, y fue divertido realmente torturar a los bateadores de otros equipos. Fue una maravilla, nunca me divertí tanto. No fue solo béisbol, fue como si estuvieras en las Pequeñas Ligas de nuevo".

Myers (2.08 ERA, 31 rescates, 98 ponches en 86.2 entradas), Charlton (2.74, 117 K como abridor y relevista en 154.1 innings) y Dibble (1.74, 136 K en 98 innings) lucieron en grande para complementar al grupo de abridores que en papel no necesariamente asustaba: Browning (15-9, 3.80 ERA) y el dominicano Rijo (14-8, 2.70) tuvieron sólidas temporadas, pero Jackson tuvo lesiones y Armstrong se cayó tras una gran primera mitad. A pesar de eso, los Reds finalizaron segundos en la Nacional en efectividad y ponchetes, y primero en salvados.

Cincinnati perdió impulso desde finales de julio cuando alcanzó su ventaja más amplia en la división (11 juegos con balance de 59-34 el 24 de julio), jugando para menos de .500 (32-37) el resto del camino. En agosto, Piniella protagonizó uno de los arranques de ira más famosos por un manager, cuando lanzó la almohadilla de primera base en dos ocasiones durante una discusión con los árbitros. Eventualmente, los Reds aguantaron un empuje tardío de Dodgers y Giants para ganar su primer título divisional desde 1979.

De cara a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, Cincinnati se encontró con los Pittsburgh Pirates que tenían al MVP en Barry Bonds, al Cy Young en Doug Drabek y contaba con estrellas como Bobby Bonilla y Andy Van Slyke.

El pitcheo de los Reds fue clave contra los Pirates, permitiendo un total de 15 carreras en seis juegos, incluyendo una joya de dos hits en el Juego 6 de los zurdos Jackson, Charlton y Myers para asegurar su primer banderín de la Liga Nacional desde 1976. El grupo monticular limitó a Bonds (.167), Bonilla (.190) y Van Slyke (.208) a 12 hits sin jonrones en 63 turnos. Por sus esfuerzos, Myers y Dibble compartieron el premio del Más Valioso de la Serie de Campeonato.

La escena estaba preparada para una Serie Mundial que muchos anticiparon podía terminar en barrida. Simplemente se equivocaron de equipo.

MÁS: Ranking de las 10 mejores Series Mundiales de la historia

ERIC DAVIS ERA probablemente el jugador más talentoso de esos Reds, una mezcla fugaz de velocidad y poder en el jardín central que en 1986 estuvo a tres jonrones de completar un 30-80 y en 1987 quedo a tres jonrones del 40-50. Sin embargo, las lesiones fueron su constante acompañante desde que debutó en las Mayores en 1984.

El juego eléctrico de Davis en el terreno le ganó el apodo ‘Eric the Red’ como uno de los pilares de la franquicia. Y de cara a la Serie Mundial, el toletero era sin duda uno de los hombres clave - y probablemente el más peligroso - en la alineación de Cincinnati.

El Juego 1 de la serie entre Reds y Athletics se jugó en el parque de Cincinnati, y Davis sentó la pauta para lo que vendría con un memorable jonrón en la primera entrada contra Stewart. La victoria 7-0 afectó la confianza de Oakland, similar al Clásico de Otoño que perdieron ante los Dodgers en 1988.

Para Marty Brennaman, el legendario narrador de los Reds, ese cuadrangular de Davis es el más importante en la historia de la franquicia.

"Para mí, no hay jonrón más grande en la historia de esta franquicia que el que Davis le conectó a Dave Stewart", dijo Brennaman en una entrevista con MLB.com. “Estableció el tono para toda la Serie Mundial. Envió un mensaje a Oakland que era un equipo de pelota muy engreído”.

En el Juego 2, los Reds anotaron contra el usualmente infalible Eckersley en la décima entrada para ganar 5-4 (¡Billy Bates con su último hit en las Mayores!) y dirigirse a Oakland al frente 2-0. El juego es recordado también por el va y viene de Browning pendiente a su esposa que se preparaba para dar a luz y el discurso de la propietaria Marge Schott (mientras menos de ella quizás mejor) hablando de la guerra del 'Medio Oeste en el Lejano Oriente'.

Dos días después, los Reds castigaron al zurdo Mike Moore en el Juego 3 al son de seis carreras (solo dos limpias) en menos de 3 entradas - Sabo conectó jonrones en la segunda y en la tercera - para colocarse a la puerta de completar una improbable barrida.

Rijo tomó la bola para el Juego 4 luego de siete entradas en blanco en el Juego 1. El as dominicano lanzó pelota de dos hits en más de 8 entradas, mientras que sus compañeros lograron anotar en dos ocasiones en la octava para llevarse la victoria, completar la barrida y ganar la primer Serie Mundial de Cincinnati desde la ‘Gran Maquinaria Roja’ a mediados de los 1970.

Rijo (2-0, 0.59 ERA) cargó con el MVP para ser el primer lanzador latino (tercer latino en general y segundo dominicano después del boricua Roberto Clemente y el quisqueyano Pedro Guerrero) en ganar el premio. Hatcher bateó un récord de Serie Mundial de .750, logrando siete hits consecutivos para abrir la contienda. Los Nasty Boys y el resto del bullpen dejaron a Oakland sin carreras a lo largo de 13 entradas, y Myers, Charlton y Dibble escribieron su lugar en la historia como quizás el trío de relevistas más intimidante de un mismo equipo en la historia.

Los Reds de 1990 no dieron para más; no tenían que hacerlo. La palabra en esos momentos era Cenicienta, no dinastía. Cayeron a 88 derrotas la siguiente temporada a medida que el equipo lentamente se fue desmantelando.

No obstante, esa memorable victoria contra Oakland en la Serie Mundial que cumple 40 años en 2020 vivirá para siempre, dejando a los Reds de 1990 plasmados en la historia como uno de los campeones más improbables de la historia reciente.

MÁS: Diez juegos memorables de la Serie Mundial