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Tras los pasos de Federer

Roger Federer y sus bolsos, juntos, solo en la cancha Getty

NUEVA YORK -- Son las 9:43 en Nueva York, y las raquetas de Roger Federer comienzan su viaje rumbo a Flushing Meadows. Van cargadas en un bolso que cuelga de las espaldas de Ron Yu, uno de los responsables de Priority 1, la firma especializada en encordar, balancear y cuidar las raquetas de algunas de las grandes estrellas del tenis profesional. ¿El cliente más famoso? Su Majestad.

"Cada vez que Roger juega, hay que encordar sus raquetas de nuevo. Anoche llovió, su partido se suspendió hasta hoy, y entonces tuvimos que cortar las cuerdas de todos sus marcos, y volvimos a empezar", me cuenta Ron, mientras llegamos a la esquina de la Avenida Lexington y la calle 39, en el East Side de Manhattan.

Federer está programado para jugar en el tercer turno del estado Arthur Ashe, en esta segunda jornada de acción del Abierto de los Estados Unidos. Entonces Rom debe llegar al Billie Jean King National Tennis Center al menos cuatro horas antes, para entregar las raquetas en mano. Por eso camina rápido por las calles neoyorquinas.

"Tengo ocho raquetas aquí. Nuevas", me dice, al tiempo que acelera sus últimos pasos hasta la esquina de la calle 42, desde donde salen los buses de la organización que lo llevarán hasta Queen's. Cuando llega allí, guarda el bolso con el logo de Priority 1 en la bodega del colectivo y se acomoda en un asiento. Los violines de Federer ya van camino al torneo.

El encuentro de Yu con el resto del team Federer se produce a las 10:54, en un jardín que funciona como antesala a la entrada de los jugadores, al pie de esa montaña invertida que son las tribunas del Ashe. Primero llega Paul Annaconne, coach del 17 veces ganador de títulos de Grand Slam. Él recibe las 8 raquetas, prolijamente embolsadas en plásticos con el logo de "RF", y las guarda en un bolso rojo, vacío, que él mismo trajo. Detrás llega el suizo. Gorro celeste que hace juego con sus shorts, remera azul de manga larga, saluda y conversa unos momentos con Ron, hasta que encara rumbo al pasillo que lo llevará a los vestidores.

Curioso: Federer nunca toca las raquetas. La tarea de cargar el bolso recae en Severin Luthi, quien trabaja con Roger desde 2007 y es un hombre orquesta, ya que apoya en cuestiones técnicas tanto a Annaconne como al mismo jugador, es capitán de Copa Davis de Suiza, pero también se convierte en, cómo decirlo, el cargador oficial del bolso de Su Majestad.

"Roger no tiene problemas en firmar autógrafos, aunque sea antes de los partidos", me cuenta Luthi, mientras observa cómo el ex número uno del mundo le pone su sello a pelotas, papeles y todo lo que le acerquen. Son pasadas las 12 del mediodía, y Federer terminó hace momentos un calentamiento liviano en la cancha de práctica P1. Compartió court con Tommy Haas, otro de los "over 30" que siguen brillando en el ATP Tour. ¿El bolso y las 8 raquetas? Sobre las espaldas de Luthi.

"Roger, esto es para ti", le dice un hombre con sombrero estilo años 40, interceptando a FedEx en su camino de regreso al vestuario. Rog lo toma y sigue su ruta. "Ese era mi libro sobre Marcelo Ríos. Yo sé que él es fan de Ríos, y por eso le quise regalar una copia", me cuenta el autor de la obra, Scoop Malinowski. Según el catálogo de Amazon, hay más de diez libros que tienen a Federer como sujeto.

La acción en el Ashe se extiende más de lo esperado. La checa Petra Kvitova demora una hora y 55 minutos en ganar y pasar a la segunda ronda. Caro Wozniacki se toma otra hora y 41 minutos. Federer, paso relajado, va del Players Lounge al vestidor durante la espera. Es su torneo de Grand Slam número 56. No hay espacio para los nervios. Ni ahora, ni tampoco durante su partido ante el esloveno Grega Zemlja, un jugador que viene de recuperarse de una mononucleosis y ahora combate problemas respiratorios.

"Me diagnosticaron la enfermedad el día posterior a perder contra Federer en Rotterdam. Y ahora ni siquiera puedo jugar puntos largos. Por eso es un poco difícil decir cómo lo vi hoy a Roger. Solo tengo espacio para pensar en mis problemas de salud", diría Zemlja, 62º del mundo, luego del partido. "Pero él logró tanto, es el mejor de todos los tiempos, que no puedo creer que alguien pueda decir algo no positivo de su persona. Si es 7°, 4° o 1° preclasificado, para mi es irrelevante".

También parece serlo para Federer, quien en el mismo estadio en el cual levantó 5 veces el trofeo de campeón, ahora domina la acción. Desde cerca, sus gestos tenísticos se ven con mayor claridad. Cuando saca, sus piernas empujan mucho para arriba y poco para adelante. Es el torso primero, y su brazo después, los que se meten adentro de la cancha. Cuando genera poder con su drive, mentón y hombro derecho se acarician. Hoy los gestos de emoción escasean. El partido no tiene ritmo, y tampoco está en peligro para el suizo.

"¡Aaaaayyy!", grita Roger mirando al suelo con el score 4-3 en el tercer set. Es una de sus únicas reacciones del día. Su derecha ha quedado en la red, y el error le abre la puerta del break point a su rival, que la aprovechará. Con este tipo de situaciones debe convivir ahora Federer, un microsegundo más lento, un milímetro menos preciso, un poco más cerca del resto que antes.

Pero en minutos el suizo ajusta, y vuelve a quebrar. Una derecha plástica, angulada, acompañada por su cuerpo casi suspendiéndose en el aire, sella el contrabreak. Y, casi, el partido. Lo que sigue es un trámite: segundo servicio ganador, ace, stop volley hermosa y puño cerrado mirando a su banco. Es 6-3, 6-2 y 7-5 en una hora y 33 minutos.

"¿Si mi pasión sigue tan elevada como siempre? Sí, eso es lo que creo. Claramente, cuando ganas todo, es divertido", explica Roger, después del partido. "Eso no significa que ames más el tenis, sino que amas ganar, estar en la portada, levantar trofeos. Es bonito. Pero yo sé que ganando o perdiendo, compitiendo o practicando, yo amo esto".

Y ese amor por el deporte que Federer transmite, es similar al que los fans le devuelven en la ovación final de esta tarde en el Arthur Ashe. Después de saludar a los cuatro costados del estadio, Roger se queda unos diez minutos más firmando autógrafos. Y luego se va directo a las canchas de práctica, a tratar de ganar más ritmo.

¿Su bolso? Su bolso con las ocho raquetas se lo lleva Fabrizio Sestini, manager de comunicaciones de la ATP. Ron ya lo espera, para que el Planeta Federer comience a girar un día más en Nueva York.