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Pizarro y la importancia de llamarse Beckham

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LOS ÁNGELES -- Declarado alguna vez símbolo sexual mundial, David Beckham ha dejado claro que puede seducir a cualquiera. Hasta a Rodolfo Pizarro, a quien le ofreció el sol de Miami, la luna, las estrellas… y un equipo en Europa.

Citando a Óscar Wilde (La importancia de llamarse Ernesto), es la importancia de llamarse Beckham.

Claro, hay condiciones en este pacto. La de Beckham es que Pizarro tenga un rendimiento top, óptimo, de protagonista absoluto de la MLS. Es decir, como nunca lo tuvo en la Liga MX.

Simplemente, Beckham espera que Pizarro, con Miami, pueda superar lo hecho por Zlatan Ibrahimovic o Carlos Vela o Josef Martínez o Maxi Moralez o Eduard Atuesta o Diego Rossi. Es decir, espera mucho.

Pizarro deberá ser en Miami lo que nunca fue en Pachuca, Chivas o Monterrey: el conductor absoluto y explosivo, líder en goles y asistencias, capaz de alborotar a equipos europeos.

La promesa más sólida de Beckham hacia Pizarro es no etiquetarlo en cifras prohibitivas para su traspaso, sino sólo recuperar la inversión. Miami pagó 11.8 millones y no lucraría, según el pacto, con la carta del jugador.

La MLS no ha sido plataforma para jugadores mexicanos hacia Europa. Por el contrario, ha sido el resumidero de los mexicanos que de Europa se asilan con un generoso fondo de retiro en el paraíso estadounidense.

Claro, Pizarro tiene el derecho de ilusionarse con que a partir de este sábado, cuando cumpla 26 años, su carrera será un fulgurante traslado a fines de 2020, hacia las verdes y venturosas praderas de Europa.

Hay que recordar que Duilio Davino puntualizó que ningún equipó europeo se interesó en comprar a Pizarro, y que el único que se acercó fue un equipo ruso, pero con opción a compra. Mientras estuvo en Chivas y Pachuca la única manera de que llegara a Europa era a través de un paquete vacacional.

A excepción de Carlos Vela, la cuadrilla de jugadores mexicanos en la MLS galopó con más pena que gloria, incluyendo a Hugo Sánchez, Rafa Márquez y en su momento el más costoso, Giovani dos Santos.

Este torneo, además de Pizarro se han sumado Javier Hernández y Alan Pulido. El primero huyendo de las bancas europeas, y el segundo sintiendo que el futbol mexicano le quedaba chico y que sólo le fue útil para sus fantasías dignas de Marvel y DC Comics, como la crónica de su secuestro.

Bueno, si quiere agregue a Oswaldo Alanís, a quien sólo va a encontrar en el directorio telefónico de San José, pero no como protagonista de la MLS, en la que figurará tanto como en su aventura fallida por la segunda división de España.

La historia lo confirma: la MLS no ha sido puerta de embarque para que jugadores mexicanos regresen o incursionen en Europa. Acaso el más exitoso caso sea el de Zlatan Ibrahimovic, pero queda claro que el sueco está hecho de otra sustancia.

Lo de Carlos Vela al Barcelona quedó en claro. Ni el equipo catalán se acercó al jugador, ni la MLS recibió siquiera un susurro de los blaugranas. Fue una hermosa fantasía que nació, creció y murió en la calenturienta mente de su representante.

¿Será Rodolfo Pizarro el primer jugador mexicano que utilice a la MLS como catapulta a Europa? Algo es indudable: es un futbolista con mucha calidad y facultades. El problema ha sido su inestabilidad y la fragilidad que lo expone a lesiones. Le falta ese vigor ambicioso para rendir al nivel de sus condiciones.

¿Podrá Pizarro encontrar en la MLS esa consistencia que no ha mostrado en sus años en la Liga MX? Tiene dos necesitados de que así sea: Diego Alonso, quien llega fresco de sus fracasos en Monterrey, y el otro interesado es David, ejerciendo ese argumento de la importancia de llamarse Beckham.