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Cristian Calderón, de Chicote a 'chivote' expiatorio

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¿Por qué siempre Chivas? (2:09)

Rafa Ramos no puede entender que siempre le pase a Chivas que sus jugadores se descarrilen como pasó a Calderón el pasado sábado. (2:09)

Chivas está corriendo un maratón a campo traviesa, con callos y juanetes. Cada zancada es dolorosa. Dentro de la cancha y fuera de ella.

No había comenzado la Liga MX y Chivas ya desfilaba el minado camino de los escándalos: Víctor Guzmán y un “negativo adverso” (así se le dice ahora) en exámenes antidopaje en el laboratorio de Cuba, y en otros análisis ordenados directamente por Chivas.

La audacia, la astucia y la vertiginosa decisión de Ricardo Peláez evitó un escándalo. En cuanto se enteró del estado incróspido en que el Pocho llegó a los entrenamientos, ordenó exámenes de sangre y orina.

Y pasando por alto el voluptuoso “meneaíto” del Pollo Briseño, como dotado artista del perreo y anexas, salta a escena del morbo, antes que en la cancha, Cristian 'el Chicote' Calderón.

Vapuleado por Tigres, sometido por Cruz Azul, eliminado de la Copa MX por Dorados, parecía un escenario más luctuoso que festivo, pero el Chicote decidió azotar sus penas con singular alegría.

La Inolvidable Banda Agua de la Llave y su ritmo, significaron la presentación del Chicote, zapateado incluido y voz destemplada, como cantante folklórico en una fiesta en la que hubo más euforia que en las últimas cinco semanas en la mismísima tribuna del Guadalajara.

La afición rojiblanca convertida en el hazmerreir de la crueldad y sorna de las aficiones de los otros 17 equipos, mientras que Calderón se regodeaba y le sacaba chispas al piso, en un pachangón, en el que videos y fotografías confirman la presencia de alcohol, lo que, no significa que el paladín del jolgorio hubiera ingerido alguna bebida prohibida por el convenio colateral firmado con el Rebaño.

Versiones hay de que la aurora del domingo lo saludó aún en el regocijo y, de que por algún motivo el Chicote Calderón, el lunes tempranito se reportó a entrenamientos con severas manifestaciones de síntomas fáciles de asociar con una monumental cruda, especialmente de orden digestivo.

Calderón ya ofreció disculpas. Chivas tomará decisiones internas, desde multa hasta alguna sanción deportiva pero, al menos, Peláez podría o debería esclarecer públicamente si el frágil estómago del Chicote cedió ante una torta ahogada o fue producto de algo más, como insinúan testimoniales, videos y fotografías.

Aunque, en el Guadalajara, coinciden en que “no aclares que oscurece”, ciertamente la afición encontraría como un acto responsable de la institución, revelar si hay o no irresponsabilidad del jugador.

La cabalgata festiva del Chicote el fin de semana pasado, sirvió como inesperado paliativo y como distractor, para el mal paso del Guadalajara, y apaciguó de manera radical el creciente tsunami en redes sociales del #FueraTena.

Después de la indeseada, indeseable e inoportuna aparición de Peláez, manejando su baraja del santoral, invocándolo para que Chivas no fuera eliminado desde el manchón penal por Dorados, penúltimo en la Liga de Ascenso, el directivo se ha mantenido en silencio.

Debe ser complicado para Peláez contemplar cómo el gran proyecto se desmorona por puntos frágiles de sus jugadores, cuando la fortaleza del equipo debía ser la fortaleza prevista en los refuerzos.

Es una situación crítica. No sólo por los resultados recientes, el descenso en la Tabla General, el nivel de futbol, sino porque, de no manejar adecuadamente esta papa caliente apodada Chicote, podría estar mandando un mensaje equivocado.

Alguien ha sugerido al interior del club que se mantenga el hermetismo, y una actitud pasiva de “no ha pasado nada”. Peligroso sería, porque el mensaje incorrecto sería la tolerancia abierta a futuro.

Por lo pronto, el mejor partido para Tena y para Chivas, el Chicote lo jugó en Ameca, Jalisco, porque desvió la atención y bajó de los 'trending topics' del sábado, domingo y lunes, el #FueraTena, y las críticas acumuladas por las tembleques semanas rojiblancas.