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Gil Marín, enemigo público número uno de la FMF

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Gil Marín se dio un golpazo en la nariz al llegar a México y querer cambiar espejitos por oro (1:49)

Rafa Ramos cree que es una locura que el consejero delegado del Atlético de Madrid crea que se pueda erradicar la multipropiedad en el fútbol mexicano. (1:49)

LOS ÁNGELES -- Miguel Ángel Gil Marín se ha convertido en el enemigo público número uno de los intereses de la Liga MX, la FMF y los patrones de Yon de Luisa.

En su afán de precursor del cambio en el futbol mexicano, Gil Marín deja embarcado a su hijastro, el presidente del Atlético San Luis, Alberto Marrero, quien en verdad debe lidiar con las fieras que ha azuzado — ¿inconscientemente? — su jefe, amigo y padrastro.

Gil Marín quiere derribar algunos de los pilares que sostienen la Casa de la Pureza del futbol mexicano: la Multipropiedad, las casas de apuestas (Xolos y América), y la comercialización de las transmisiones de los partidos de la Liga MX.

Por un momento, Alí Babá se sintió capaz de dictar un seminario de probidad y equidad ante los 40 ladrones. Una oveja negra hablando de piedad ante lobos sanguinarios.

Quiso recular y dijo que no se le contemple como “un españolito que llega a decirles cómo hacer las cosas”.

No, fue más grave, fue a pisotear el sembradío de impunidad de quienes controlan al futbol mexicano. Metió las manos a los bolsillos de quienes tienen hasta el poder pernicioso para hasta desaparecer su poderosa inversión en el Atlético San Luis.

La Multipropiedad, ésa que primero prometieron desaparecer en 2015 y después en 2018, ahora se encuentra en su apogeo. TV Azteca controla parte del Atlas, al Morelia y al Puebla, y si se aumenta a 20 el número de equipos, le han prometido revivir y entregarle la franquicia en Veracruz, ¡sí, en Veracruz!

Mientras tanto, Xolos de Tijuana ostenta su hermandad con Querétaro, mientras León y Pachuca tienen el mismo apellido, Martínez, un mismo nombre, Jesús, y un solo capital.

Y la multipropiedad de los multipropietarios, con el Grupo Orlegi, es decir Alejandro Irarragorri, controlando a Santos y a Atlas.

Seguramente, Gil Marín debió tener un ataque de envidia, de rabia, de egoísmo, al ver la capacidad del futbol mexicano de diversificar la violación a una de las exigencias de FIFA, que es prohibir la Multipropiedad.

Seguramente, utilizando su aguda y perspicaz auto percepción hecha expresión, a ese “españolito” no se le habría ocurrido esa fascinante iniciativa para delinquir, ante y sobre los bigotes de la mismísima FIFA.

Pasmado se quedaría Gil Marín si supiera de todos los ardides y estratagemas empleados por la FMF y sus achichincles, para librarse de las emboscadas del FIFAgate, y de las que ni la astuta e implacable Loretta Lynch jamás se enteró.

Además, Gil Marín cree que a los dueños del futbol mexicano les preocupa maquillar esa vinculación entre las casas de apuestas patrocinando a equipos de la Multipropiedad y del futbol mexicano.

Inocente, el directivo del Atlético de Madrid, postula a una comercialización global el manejo de los derechos de televisión, porque considera que es la forma de fortalecer financieramente a los clubes de forma homogénea.

Y de nuevo se equivoca. Ninguna televisora pagará por su San Luis, ni aún tras una exitosa campaña, la misma cantidad que a Chivas, el equipo mejor remunerado de México, pese a que sus directivos se han equivocado en la comercialización global del club con mayor potencial financiero en la Liga MX.

Hace muchos años, el Guadalajara llevó una petición a la entonces Asamblea de Presidentes. Quería cobrar un porcentaje de la taquilla y de los derechos de transmisión en sus juegos como visitante.

Su argumento era inapelable entonces: plaza en la que jugaba, plaza en la que provocaba llenos, y claro generaba mayor audiencia para esos encuentros.

Claro, la moción fue rechazada de manera unánime, incluyendo el voto del América, que bien podría haberse amparado en esa propuesta, pero la negativa fue de orden institucional, es decir, Televisa.

Así que Gil Marín empezará a darse cuenta de cómo el futbol es un deporte que en México se juega de manera igual que en todo el mundo, pero se administra, se dirige, se consume, se corrompe y se manosea de manera muy distinta, muy peculiar e impune.