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Nueva lección de la MLS a la Liga MX

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'¡Mi papi cambió al mundo!': Emotivo momento de la hija de George Floyd (0:20)

Stephen Jackson se puso a la hija de George Floyd sobre sus hombros para gritar una poderosas palabras al mundo. (0:20)

LOS ÁNGELES -- La MLS no es –y no será—, futbolísticamente, mejor que la liga mexicana. Sin embargo, la rebasa en solidez moral y congruencia.

Este viernes, el Galaxy de Los Ángeles rescindió contrato a su delantero Aleksandar Katai. Su esposa Tea, en un abuso de sus redes sociales, usó execrables términos racistas en inglés y en serbio contra la esencia de las manifestaciones por el asesinato de George Floyd.

La MLS invitó al Galaxy a la cordura. Katai, recientemente contratado, y con pobre rendimiento, aceptó la rescisión y negoció sobre su salario de casi poco más de 600 mil dólares.

La MLS raya la cero tolerancia en términos de disciplina, especialmente en temas como el racismo o cualquier tipo de discriminación.

En la Liga MX. Históricamente, se ha obrado de manera contraria. El racismo no se castiga, por el contrario, se fomenta, se prohíja.

Entiéndase esto partiendo del hecho de que quien no reprime, no castiga, fomenta, y se convierte en cómplice. El fuego, si no se le apaga, se le aviva.

Y la FMF no sólo promueve, no sólo aviva el racismo en la tribuna con esa actitud contemplativa, sino que también lo hace en la cancha.

Insisto: tolerar es una forma de respaldar el racismo y la discriminación, y en México lo han sufrido jugadores e incluso árbitros.

Entiendo la diferencia del entorno. Los mensajes de Tea Katai calificaban como odio racial, y en México se ha manejado con la liviandad de considerarlo casi autóctono, folklórico.

Casos abundan. Recientemente, el árbitro Adalid Maganda denunció haber sido tratado de manera discriminatoria por parte de la Comisión de Arbitraje, y de ésa manera explicó el haber sido borrado de la lista de opciones de Arturo Brizio Carter, quien negó esas acusaciones.

El mismo Adalid Maganda, sufrió por esas conductas por parte de los jugadores de Pachuca. En 2015, pitando un juego en Cancún ante Atlante, los Tuzos imitaron sonidos de simios a su paso.

¿Qué hizo Pachuca? Reaccionó como si tuviera un plantel capacitado más para comportarse como antropoides que como futbolistas. Ni una multa.

Como estos casos, las acusaciones reiteradas contra los jugadores de Pumas, Darío Verón y Pikolín Palacios, especialmente por parte de Carlos Darwin Quintero, que la FMF pasó por alto al igual que la mismísima UNAM, y cuyo caso fue a dar a Conapred (Consejo Nacional para prevenir la discriminación), sin que se procediera al menos con una advertencia severa.

Y así como Darwin Quintero fue acribillado, ocurrió con Felipe Baloy, Enner Valencia, Jefferson Cuero, Christian Chucho Benítez y Walter Ayoví. ¿Y la FMF y los clubes involucrados por los insultos de los aficionados? Con la contemplativa aprobación de los cómplices.

Incluso en México se dio un caso vergonzoso en torno a Ronaldinho. El ex secretario de Desarrollo Social de Querétaro, Carlos Manuel Treviño llamó dos veces simio en un mismo tweet al astro brasileño, y de nuevo tolerancia extrema afloró tras una forzada disculpa.

Cierto, esto no sólo ocurre en México, sino es una pandemia de odio. El Chucky Lozano en la Liga de Holanda reveló que también ha sido víctima de este tipo de agresiones.

Incluso lamentó en ese momento, que quien debería tomar cartas en el asunto, el PSV, fingía no darse por enterado. "Siempre te dicen mexicano, mierda, vete a la … todo. Te dicen de todo. Te jalan, te empujan, te hacen de todo, de mucho. Algunas cosas no lo ven las personas o tratan de ver lo que quieren”.

Habrá quien piense que el entorno dantesco tras el asesinato de George Floyd y que ha desatado protestas violentas, rebasa con mucho si las acciones eventuales en el futbol mexicano.

Pero, sin duda, la acción enérgica del Galaxy contra Katai marca una línea de conducta, de tolerancia cero, así como la FMF marca otra línea, como podría interpretarse respecto al famoso grito homofóbico al que en su momento, como directivo, Guillermo Cantú fue tajante: “Para nosotros no es discriminatorio, es parte del folklor del mexicano”.