<
>

La doble cruz de Renato Ibarra

play
VIDEO: ¿Por qué Atlas si y América no? John Sutcliffe responde sobre el caso Renato Ibarra (3:04)

El futbolista ecuatoriano ha recibido una segunda oportunidad en el futbol mexicano con los rojinegros. (3:04)

LOS ÁNGELES -- Para desmentir la verdad, hay que mentir. Pedro Portilla (achichincle de Grupo Orlegi en el Atlas) sabe de ello. Desde el América lo hacía tan bien que lo hace muy mal. ¿Recuerda usted aquello de que “’Chaco’ Giménez no es un buen futbolista’? Así, de ese tipo.

Por eso, cuando Portilla desportilló la presentación de Renato Ibarra con Atlas, le fue fácil mentir para desmentir la verdad: “Renato es inocente”. Olvida que no fue declarado inocente, sino que la parte vejada, mancillada, ultrajada, decidió retirar los cargos.

(Permítame este acápite imprescindible. Como ya habrá intuido, el nombre de Renato significa “natus (nacido de nuevo)”, “renacido”, pues. Ad hoc, sin duda ¿o no?)

La jueza Esperanza Medrano Ortiz lo acusó oficialmente de violencia familiar y tentativa de homicidio y aborto (desprendimiento parcial de la placenta) después de que Lucely Estefanía Chalá lo demandó por violencia doméstica. Claro, video adjunto.

La familia Chalá entendió que con Renato preso ni Lucely, ni su hijo en embrión, dispondrían de casa, comida y sustento. Lucely no lo perdonó, lo liberó; no lo indultó, se compadeció.

Cierto, alguien en ese clan Chalá, además, lucró con el drama. Mercenaria, farisea y facinerosamente, vendió entrevistas, videos, fotos, rumores, intimidades. No se escandalice lector: Usted y yo consumimos toda esa parafernalia de la abnegación, somos cómplices.

play
24:04
Renato Ibarra se sincera en mano a mano con John Sutcliffe

El comentarista de ESPN platicó con el futbolista del América sobre su escándalo y presente.

Hoy, el futuro de Renato Ibarra está en el Atlas. Llega ahí después de torpes, escabrosos y bobalicones intentos por retenerlo en América, y termina reclutado en un equipo donde la desesperación (fue campeón en 1951, hace 69 años) enquista más poderosamente que la bonhomía y la nobleza. Ojo, Atlas, que no es ni Messi, ni Cristiano… vamos, ¡ni el Berna García siquiera!

Habíamos establecido en este espacio que “segundas oportunidades implican segundas decepciones”, y que todos necesitamos de segundas oportunidades aunque no todos las merecemos. Afortunadamente, para Renato, “el renacido” le llega de inmediato.

En todo este entramado, este Teatro Guiñol, en el que Renato es el títere y bufón, quienes más daño han hecho han sido el América y sus artilugios de simulacro de plebiscito, tratando de calibrar entre la muchedumbre la reintegración del ecuatoriano.

En ese ejercicio, los medios mostraron bayonetas, y los aficionados amnesia y una alfombra roja. América se acobarda más ante las bayonetas mediáticas que ante el descontento de su prole. Y puso a Renato en el aparador.

Y agrava todo el escenario el que Atlas, para desmentir la verdad, lo declare inocente, en los afanes leguleyos de Portilla. Mentir en casos así, es estercolarse agregando estiércol a una situación ya estercolada. No hay que ser inteligente para entenderlo, apenas un ápice de sentido común.

Ir del América al Atlas es enviarlo de paseo al purgatorio. Dueño de una historia fascinante de romanticismo e hidalguía (algo que no entienden sus más recientes directivos), el Atlas goza de una afición que ha hecho del sufrimiento un apostolado genuino. Ney Blanco lo resumía así: “Le voy al Atlas hasta cuando gana”.

Pero, obviamente Atlas tiene un problema: ya no se trata de si está herrumbrosa su sala de trofeos, sino de saber dónde está o si hay sala de trofeos todavía, o incluso si ese magnífico ejemplar de Jurassic Park aún existe 69 años después.

No crea usted que a Renato Ibarra le espera una fiesta. Está obligado a tener sólo notables actuaciones. Cada partido lo jugará bajo la lupa. Será sometido a escrutinio desde todos los balcones del morbo.

Si de repente lo embarga ese Jürgen Damm que lleva dentro (el de los centros a la tribuna, no el de TikTok), la propia tribuna rojinegra lo llevará al paredón. Si por el contrario, engarza a la perfección, júrelo, no querrá regresar al América, como son los planes.

No parará ahí. En la cancha, hay depredadores verbales, y Renato, “el renacido”, será puesto a prueba. Ha habido jugadores con alfileres u otras mañas para azuzar al adversario, en especial a los atacantes. No va a falta uno, de su misma ralea, que le musite carraspeadamente al oído, en un tiro de esquina: “Te manda saludos Lucely...”.

Ciertamente el ecuatoriano se salvó de un infierno, porque los agresores de mujeres, en los penales de todo el mundo, reciben un trato muy especial, de noches agitadas. Pero, le espera un infiernillo cada jornada cuando se enfrente a alguno de esos adversarios malasangre. La penitencia, leve, pero continúa...

Atlas sale ganando, por eso mismo, no había necesidad de desmentir la verdad mintiendo, dejando Portilla un portillo en la credibilidad de la institución.

Insisto: gana un buen atacante, obligado a matarse en la cancha. Por él y porque tiene obligaciones de paternidad pendientes. Y está en un equipo en el que la afición, o “la aflicción”, es incondicional del jugador, hasta de este tipo de pelaje.

Quedan dos dudas, pero preguntarle al Atlas es exponerse a una mentira como respuesta. Pronto tendremos la verdad para que la desmientan:

1.- ¿Es cierto que parte del trato con el Atlas es que Renato Ibarra no debe jugar contra el América?

2.- ¿América paga el 100 por ciento o sólo el 50 por ciento del salario de Renato? Pésimo negocio para El Nido de Coapa. Hábil negocio de Irarragorri por su “Ibarragorri”.

Recuerde que América lo ofreció en Brasil, porque en Ecuador hay resquemor hacia Renato, pero el jugador no puede abandonar el país.

Que disfrute Renato, “el renacido”, este segundo nacimiento, porque estuvo muy cerca de la muerte deportiva. Insisto, las segundas oportunidades encierran segundas decepciones, y las segundas oportunidades todos las necesitamos, aunque no todos las merecemos...