<
>

Nunca preguntes por quién doblan las campanas, Juan Reynoso

play
Reynoso: El sueño es lograr lo que ha sido esquivo estos años (2:12)

El estratega destacó cuales son sus objetivos al frente de La Máquina esta temporada. (2:12)

LOS ÁNGELES -- The Last Dance. La poderosa expresión generada en ESPN durante la serie, y la semblanza absoluta, sobre Michael Jordan, se avecinda, se enquista, ahora en Cruz Azul.

El técnico Juan Reynoso fustiga a jugadores de La Máquina con esa exquisita expresión, convertida en amenaza: es su último baile, The Last Dance.

Azota así, las jorobas de frustración y fracaso de sus jugadores, de sus frustrados y fracasados jugadores. El Guard1anes 2021, les instiga, es su última esperanza de ser campeones con Cruz Azul.

Nunca preguntes por quién doblan las campanas, Juan Reynoso, están doblando por ti, parafraseando el poema de John Donne, inspirado en la novela de Ernest Hemingway.

Durante 23 años, Cruz Azul ha mantenido una voracidad insaciable. Se ha atragantado de jugadores y entrenadores, algunos de los cuales fueron campeones antes y/o después de haber pasado por ese andén implacable de La Máquina, capaz de zamparse de un bocado prestigios, carreras, esperanzas, futuros.

Por eso, Juan Reynoso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. The Last Dance en Cruz Azul tiene en su guardarropa un smoking listo para tu propio funeral.

Tras su letargo luctuoso, tras esas semanas de padecimiento y miseria, tras la #MegaCruzazuleada ante Pumas, La Máquina reapareció ante Santos el domingo pasado. Fue lamentable: los muertos seguían velando a sus propios muertos. La derrota por 1-0 mostró a un equipo indigente, tanto, que hasta los laguneros parecieron equipo de futbol.

En una entrevista imperdible con León Lecanda de ESPN, Juan Reynoso ratificó que no sabe dónde está parado. Le entregaron un desahuciado, urgido, al menos, de primeros auxilios, de maniobras de resurrección. El técnico peruano elige darle un zape al cretino que yace en la plancha de autopsias.

Ciertamente, por la torpeza de los bisoños directivos de Cruz Azul, esos que tienen la autoridad, aunque no el poder ni el mando sobre el equipo, culpa de ellos, pues, Reynoso ha podido trabajar poco. Y encima, lo ha hecho mal.

Los jugadores de Cruz Azul no han olvidado ni jugar al futbol, ni cómo debe jugar Cruz Azul. En esa indigencia de la autocompasión en que terminaron, necesitaban primero de un líder moral, y después, de un entrenador. Y lo que menos necesitaban era que alguien los amenazara públicamente con que este torneo puede ser su último baile en La Noria.

El futbolista, en general, es un ser humano frágil. Mucho más endeble de lo que parece. Elige, muchas veces, el cinismo, la fanfarronería y la altanería, para montar una trinchera, detrás de la cual se agazapa para refugiarse entre los estertores de la duda. En tiempos de crisis, necesita más ayuda de la que parece.

Y ante la legión de leprosos futbolísticos, Juan Reynoso se equivocó de diagnóstico. Primero debe erigirlos, levantarlos, erguirlos, espiritualmente. La memoria futbolística llegará sola, si ellos se sienten sanos, respaldados, fortalecidos, perdonados, y que les recuerden que el futbol ofrece una maravillosa revancha cada siete días.

El entrenador peruano desdeñó o perdió de vista las esquirlas clavadas en el organismo, en el espíritu del competidor. El fracaso fue monumentalmente histórico. Había ganado 4-0 en la ida con una embelesadora supremacía, pero, después, en el Juego de Vuelta, al otro lado del paraíso, en el abismo, sucumbió 4-0, sin meter las manos, sin alzar la voz, sin levantar la mirada.

¿Cómo se puede ser tan poderoso verdugo y 72 horas después ser un guiñapo, un despojo, una aberración de sí mismo?

play
1:25

Juan Reynoso: Tenemos dos semanas de trabajo, es como si fuera un partido de pretemporada

El DT habló sobre el poco trabajo que ha tenido desde su llegada a Cruz Azul.

Reynoso no entendió. No se trata de enseñar a jugar al futbol al plantel de Cruz Azul. No puede y no sabe, por más que quiera. De eso se encargaron antes Caixinha y Siboldi. Lo suyo debió comenzar en el diván, jugador por jugador, individuo por individuo. Lo suyo debe ser sacar esquirla por esquirla, astilla por astilla, del descomunal fracaso.

La directiva de Cruz Azul hace un razonamiento falaz, dentro de sus cabecitas locuaces y poco lúcidas. “Traigamos a uno de nuestros últimos campeones”. ¡Zas! Juan Reynoso llega al mando, apoyado por Óscar Conejo Pérez y Joaquín Moreno. Decisión bobalicona a todas luces. ¿No estuvo ahí ya Luis Fernando Tena, técnico del más reciente título ganado por La Máquina? Y no funcionó.

En las paupérrimas condiciones morales y mentales empotradas en todo el organigrama y en todo el paraninfo deportivo de Cruz Azul, era urgente la llegada de un personaje que estuviera por encima de todo y de todos, excepto, claro, la institución misma. Pero, eligieron a Juan Reynoso, cuyo mayor logro como técnico fue derrotar a los ya derrotados Rayados del Turco Mohamed en el repechaje del torneo anterior.

Y no, no hablo de Hugo Sánchez, cuya llegada habría sido otro craso error. Me refiero a un tipo capaz de identificarse con el paciente y de identificar el daño absoluto. Nombres y hombres, abundan.

Así como prácticamente generalizábamos, para dejar en claro que hay excepciones que confirman la regla, aclaremos que el futbolista es también cínico, sinvergüenza, calculador, oportunista, como reflejo de su propia fragilidad.

El jugador de futbol, antes que cuestionarse, cuestiona a su técnico. Son expresiones de vestidor. Es lenguaje propio de la guarida más íntima del futbolista. “¿Qué ha ganado este tipo (el técnico en cuestión)?”. “¿Cómo me grita o me regaña si es un pobretón que gana menos que yo?”. “¿Cómo me va a ordenar si fue un futbolista mediocre?”. No se ría, son cavilaciones mezquinas de jugadores en apuros. Ningunear a la autoridad fortalece la insurrección.

Hoy, el daño en Cruz Azul es profundo. Tal vez, el peor cataclismo en su historia, especialmente, porque esa afición irredenta, ilusionada, masticaba fantasiosamente, que esta vez sí, que finalmente Cruz Azul sería campeón.

Y La Máquina sufre de un vacío de autoridad, un vacío de poder. En la pirámide de la burocracia habrá quién ordene y organice, pero el poder se ejerce o se desperdicia. Y así ha pasado durante los últimos 23 años, bajo el cacicazgo estercolado de los Álvarez Cuevas.

La Noria se pobló de mercenarios. El organigrama se saturó de kamikazes a sueldo. El sentido y el sentimiento de pertenencia no existe. Prevalece el código fariseo del sálvese quien pueda y llevándose lo que pueda.

Por eso, advertir que es The Last Dance para muchos jugadores en La Noria, equivale a un extravío absoluto de quién debe asumir el almirantazgo de un Titanic sumido en las más profundas aguas de la quintaesencia del fracaso.

Y por eso, insisto, nunca preguntes por quién doblan las campanas, Juan Reynoso, porque las campanas –también–, están doblando por ti...