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El Vasco y El Indiecito, por un botín más grande que la Concachampions

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Posibilidad de doblete enciende el debate Picante (1:40)

Revive las frases más candetes de nuestro show, de cara a la Final de la Concacaf Liga Campeones, entre Monterrey y América. (1:40)

LOS ÁNGELES -- Dos urgencias y una sola pócima curativa. Así el entorno de la Final de la Concachampions entre América y Monterrey.

El Nido ya necesita un trofeo. La vigilia prolongada lo amenaza de inanición. Santiago Solari es el campeón aritmético del 2021. Las estadísticas revolotean festivas, pero sin títulos, todo queda en anécdotas. Las cifras levantan respeto, pero no trofeos ni prestigio.

Rayados, en tanto, vuela y se arrastra, y vuelve a volar y vuelve a arrastrarse. Son los coleópteros del torneo mexicano. Escarabajos indescifrables: a veces fascinan, a veces aterran. Y vivir de las gestas de 2019, mientras dilapida fortunas en refuerzos, no agrada en Monterrey.

Por eso, como una cataplasma curativa para ambas --y tan distintas-- urgencias, la Final de la Concachampions se materializa, oportuna, para ambos equipos, que en la Liga marchan de manera casi polarizada: América es el señor feudal (34 puntos), y Rayados repta entre la desgracia del Repechaje y una Liguilla directa con 20 unidades.

Hasta entre las formas de los entrenadores de ambos equipos hay marcadas diferencias. El Indiecito Solari eligió una ruta poco obsequiosa con el espectáculo, pero generosa con los objetivos: juega feo, aburrido, pero desarrolla de manera casi perfecta su forma de, ojo, maquilar puntos, porque esa es la descripción perfecta del América: maquila puntos.

Javier Aguirre aún oscila entre la ilusión y el desorden. De manera consecutiva, golea en semifinales de la Concachampions a Cruz Azul (4-1), humilla a Tigres (2-0), exorciza a los Diablos de Cristante (2-0), y le tunde a Santos en su casa (1-2). Y todo esto lo hace con un futbol preciosista. Medio Monterrey, preparaba el carnaval.

Sin embargo, luego, tropieza cuatro veces y ante rivales en desgracia, y lo hace ridículamente, apenas marcando dos goles en esos cuatro partidos. Sucumbe goleado ante Juárez (3-1), León (0-1), Querétaro (1-0), y Necaxa (0-1). Y apagaron las luminarias en Monterrey.

Y claro, al inicio de 2021, se esperaba muchísimo más de Javier Aguirre y muchísimo menos del Indiecito Solari.

Al final, ese es otro ingrediente que embellece de morbo esta Final de la Concachampions este jueves: los perfiles de ambos entrenadores. Santiago Solari (45 años) y Javier Aguirre (cumple 63 el primero de diciembre) llegan con hojas de vida muy diferentes, pero que poco sirven en el juego de cartas marcadas que es la Liga Mx.

Ambos tipos culturizados, inteligentes, astutos, con personalidad imponente ante el jugador, alimentados con cuchara de plata, y con un amarre más –poco presumible--, en su pasado, los dos deambularon con más pena que gloria por el Atlante.

Solari tiene un único prendedor de mérito en su escaparate: haber ganado un Mundial de Clubes con un Real Madrid, que con él, sin él, y a pesar de él, lo habría conseguido. Después, a la deriva, hasta que saltó la oportunidad con el América. Y sus números son concluyentes: oro puro, que, sin embargo, debe alcanzar para manufacturar un trofeo, o serán páginas muertas.

Javier Aguirre se atrevió en Europa. Regresó al Osasuna y al Atlético de Madrid a torneos europeos. Poco disfrutó con Zaragoza, Espanyol, y el paso por Leganés tuvo pasajes altamente emocionales, pero igual, el equipo descendió, en un ajusticiamiento arbitral ante el Real Madrid.

Además, su peregrinaje lo llevó a levantar dos veces de la plancha de autopsias a la Selección Mexicana, y llevarla a los Mundiales de Corea del Sur/Japón 2002 y a Sudáfrica 2010. En su recorrido con selecciones nacionales, no trascendió ni con Japón ni con Egipto.

Evidentemente, El Indiecito ha rebasado a El Vasco en el coliseo común de la Liga Mx, aunque evidentemente Solari envidia un recorrido como el de Aguirre.

La realidad es que el técnico argentino eligió una forma pragmática de jugar al futbol, y ha logrado un elevadísimo compromiso de sus jugadores. El técnico mexicano aún balbucea o al menos su equipo aún balbucea en lo que finalmente quiere hacer en la cancha.

Curioso que Aguirre, que hace de la palabra y su facilidad para el arrumaco con los jugadores, dos argumentos poderosos, no haya logrado aún esa química explosiva para garantizar la entrega y el compromiso de sus jugadores. A veces parecen hastiados, abotagados, vencidos.

Por otro lado, sin duda, ambos equipos han sido afectados por la Fecha FIFA, pero cada uno ha reaccionado de manera distinta. Evidentemente, Santiago Solari ha sido más inteligente o más cauteloso o más astuto, o todo lo anterior.

La forma de juego del América, le permite una exigencia menos desgastante físicamente a los futbolistas, y de esta manera controla los trámites, con extrema paciencia. Prueba de ello es que ha conseguido triunfos con el reloj ya desangrado: ante Santos, Sebastián Córdova anota al ’87; ante San Luis, Roger Martínez al ’97, y ante Pumas, Mauro Lainez marca al ’98.

Monterrey ha tenido un Apertura 2021 accidentado. Siete jugadores cedidos a selecciones nacionales, más una larga estela de jugadores lesionados, hasta totalizar eventualmente 10 ausencias de jugadores que tentativamente son titulares.

Javier Aguirre hizo una limpia al inicio del torneo. Y después rescató a futbolistas que parecían perdidos: Ponchito González, Maximiliano Meza, Celso Ortiz e incluso a Matías Kraneviter. Por otro lado, apenas empieza a rehabilitar a Erick Aguirre, y a recuperar la mejor versión de Charly Rodríguez, sin alcanzar aún el nivel pleno con Joel Campbell, y Vincent Janssen aún manifiesta secuelas de su lesión.

Para esta Final de Concachampions, ambos equipos agregan misterio. América especula con la disponibilidad de Pedro Aquino, además de un velo de suspenso con Emanuel Aguilera, Bruno Valdez, Sebastián Cáceres y Jorge Sánchez, más allá de que Miguel Layún no puede jugar esta Final, por haber iniciado el torneo precisamente con Rayados.

Por Rayados, Janssen sigue con la resaca de una pubalgia, pero al igual que los lastimados Duván Vergara y Héctor Moreno, Javier Aguirre encendió veladoras para tenerlos disponibles. En la práctica del miércoles, se insinuó esta alineación: Esteban Andrada; Stefan Medina, César Montes, Sebastián Vegas y Erick Aguirre; Carlos Rodríguez, Celso Ortiz y Arturo González; Maxi Meza, Rogelio Funes Mori y Jesús Gallardo.

Y si quiere enriquecerse el perímetro emocional y morboso de esta Final de Concachampions, agregue esa ansiedad de los equipos de Monterrey por ser tomados en cuenta para ese olimpo, falso, farsante, embustero, de la supuesta grandeza de clubes en el futbol mexicano. Vencer al América, le permitiría de nuevo atisbar las narices en un entorno prohibido.

Y claro, el América se pavonea, desafiante, insoportable, con ese bellísimo tocado que despierta ira y envidia, al proclamarse bajo el insulto del #ÓdiameMás.

¿Y quiere entrar al mundillo lúgubre del fanatismo? Bueno, medio Monterrey, es decir, la afición de Tigres, que normalmente es antiamericanista, este jueves por la noche, se vuelve americanista.

¿Otra más? Cierto sector de entrenadores mexicanos, estará apostando por “Javier Aguirre Onaindia Arraskaeta Landeta Goyado Alberdi Uriarte Garechana y Lanetarzúa”, y no por un amor desmesurado hacia él, sino porque la coronación de un técnico bisoño en la Liga Mx, como Solari, la sentirían ellos como una bofetada a su rancio nacionalismo.

Como puede verse, El Vasco y El Indiecito tiene un botín mayor que ser campeones de la región más turbia del mundo futbolero, sí, ese el de la Concacaf.