Las arrancadas de las carreras son uno de los grandes desafíos de la nueva F1 y Ferrari tiene un truco en su motor por el que sacará ventaja.
La Fórmula 1 de 2026 llegó cargada de promesas sobre sostenibilidad, sobre más importancia de la electrificación, sobre un futuro más verde que haría felices a los activistas y a los patrocinadores por igual, pero nadie anticipó que el problema más inmediato no vendría de la aerodinámica activa sino de la arrancada de las carreras.
El problema es simple: los nuevos motores ya no cuentan con el MGU-H, ese ingenioso recuperador de energía térmica que durante más de una década hizo girar el turbocompresor de manera electrónica, y sin ese componente, ahora los pilotos enfrentan un procedimiento de largada muchísimo más lento que al que están acostumbrados. Tienen que mantener el motor revolucionado por casi diez segundos para presurizar el turbo mientras simultáneamente evitan sobrecargar la batería, todo antes de que las cinco luces rojas se extingan y el caos de la primera curva comience.
Ferrari o cómo anticiparse cuando nadie más lo hizo
Mientras la mayoría del paddock llegó a los test en Barcelona en enero con ingenieros rascándose la cabeza y pilotos practicando procedimientos que parecían coreografías de ballet mecánico, Ferrari apareció en escena con una solución que tenían guardada desde mediados de 2024: un turbocompresor más pequeño.
El truco es tan obvio que duele: un turbo pequeño alcanza su presión ideal más rápido que uno grande. Mientras Mercedes, Red Bull y el resto necesitan esos diez segundos completos, Ferrari lo logra en considerablemente menos tiempo, dándole a Lewis Hamilton y Charles Leclerc segundos extra para afinar otros parámetros sin el estrés existencial de preguntarse si el turbo estará listo.
Los videos de las pruebas en Bahrain se volvieron virales. Hamilton, arrancando desde la novena fila en una simulación, despegó con una velocidad que para cuando alcanzó la primera curva del circuito, ya estaba liderando tras rebasar a Max Verstappen y Kimi Antonelli que partían desde la pole. Esteban Ocon en el Haas y Valtteri Bottas en el Cadillac, ambos con motor Ferrari, mostraron arrancadas igual de explosivas. El patrón era inconfundible: Ferrari había encontrado oro donde otros apenas veían complejidad y obvio, a nadie le gustó.
Ferrari avisó… pero no le hicieron caso
La realidad es que cuando el resto de la parrilla vio las largadas de Ferrari varios equipos empezaron a presionar a la FIA para modificar el procedimiento, con Andrea Stella de McLaren siendo la cara de la protesta al argumentar que el tema de seguridad era crítico.
La propuesta era darles más tiempo a los pilotos para preparar sus turbos antes de las luces del semáforo, cambios que en la práctica nivelarían el campo y eliminarían la ventaja de Ferrari.
Pero como Ferrari no es tonto ni perezoso, la escudería bloqueó el cambio, y su argumento es sólido. El jefe de la escudería, Fred Vasseur, reveló que Ferrari había advertido a la FIA sobre este problema exactamente un año antes, explicándoles que las largadas serían complicadas, que el turbo lag sería un tema. La FIA escuchó y decidió no cambiar nada.
Ferrari diseñó su motor específicamente para sobresalir bajo esas condiciones. Ahora que tienen la ventaja, ¿por qué cambiar las reglas? "Todos tomamos decisiones sobre la arquitectura del motor basados en este reglamento”, declaró Vasseur.
La solución que a nadie le gustó
Al final, la FIA implementó un cambio de compromiso: una luz azul parpadeante que se enciende por cinco segundos cuando el último coche se coloca en la parrilla, dándoles a todos una ventana clara para comenzar el procedimiento antes de las cinco luces rojas tradicionales.
Ferrari aceptó el cambio invocando razones de seguridad, rechazarlo los habría hecho ver como villanos egoístas, aunque es evidente que diluye parte de su dominio. Su turbo más pequeño todavía les da ventaja, pero ya no es el dominio total que vimos en Bahréin.
Leclerc lo resumió con cautela diplomática: "Tal vez estamos un poco del lado mejor de las cosas en ese aspecto. En Australia va a haber muchas posiciones por ganar o perder, y particularmente este año va a ser muy complicado". Traducción: vamos a volar en las largadas, pero no lo voy a decir explícitamente.
La realidad es que Ferrari jugó el juego largo mejor que nadie, anticipando un problema que otros trataron como secundario hasta que fue demasiado tarde, y ahora tienen una ventaja tangible precisamente donde más importa: cuando las luces se apagan y veinte pilotos pisan el acelerador al mismo tiempo, confiando en que la ingeniería los lleve hacia adelante en lugar de dejarlos plantados mirando cómo el equipo rojo desaparece en la primera curva.
