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Verstappen es la pimienta de una F1, que es todo menos desabrida

Max Verstappen se ha convertido en el principal rival de Lewis Hamilton en la temporada, incluso por encima de Bottas. Getty

Hace unas semanas algunos daban por muerta y enterrada a la Fórmula Uno porque Lewis Hamilton los ganaba casi todo. Hoy después del Gran Premio de Hungría, Hamilton volvió a ganar, pero sólo un necio diría que la categoría es aburrida y que no hay ningún interés en verla.

La chispa que ha prendido la categoría es un chico de 21 años que, aunque nació en Bélgica, es el ídolo de las mareas naranjas que inundan las tribunas pista tras pista.

Se llama Max y se apellida Verstappen. En Hungría quedó segundo, pero porque su equipo, Red Bull, se durmió en la estrategia y no pensó que Hamilton fuera capaz de recortar 19 segundos de desventaja.

Sonará trillado, lugar común o frase hueca, pero el resultado no importa. Desde el Gran Premio de Francia a la fecha ‘Hammer’ y ‘Mad Max’ se han repartido triunfos; hay competencia, existe réplica al pentacampéon del mundo y viene de un joven que seguirá en la parrilla cuando Hamilton esté gozando de su retiro.

Y Max ha podido amenazar a Hamilton porque sus manos han forjado el progreso de los motores Honda, los mismos que hace meses Fernando Alonso y McLaren llamaban incapaces de alcanzar a los poderosos Mercedes.

Tendremos cuatro semanas para degustar la fina y metódica labor de Hamilton para alcanzar a Verstappen, pero también la forma y el poder con que Max dominó la calificación y tramitó el Hungaroring, cuando se hizo ancho no dejó que la épica de Lewis se diera a media carrera.

Y Hungría se perfilaba para ser el clásico desfile sin rebases ni emociones, porque la pista así lo ha sido con el reglamento actual. No habría sido raro, pero esta Fórmula Uno tiene un sistema circulatorio vivo que bombea sangre no sólo a Hamilton, Verstappen, sino también a Vettel quien le enseñó quién es el jefe a Leclerc o a Sainz que es el mejor “del resto”.

En momento de ponerse la servilleta en el cuello, sentarse con apetito y saborear los ingredientes que la F1 pone en nuestro plato: duelos entre pilotos que o ya son históricos o, les garantizo, que lo serán.